La gallina del Sobrarbe

Definición y recuperación de una población de gallinas en el Pirineo de Huesca Ricardo Azón Pardo y Amadeu Francesch Vidal

1.- El hallazgo

Como tantas cosas en la vida, y en la Historia, la identificación de la Gallina del Sobrarbe sucede por casualidad. En 1994, se comienza a trabajar en la recuperación del pueblo de Aldea Puy Cinca, a orillas del embalse de El Grado, gracias a su cesión por parte de la CHE a la Unión de Agricultores y Ganaderos de Aragón (UAGA-COAG). Uno de los objetivos era el desarrollo de un proyecto de conservación de aquellas razas de ganado del Pirineo que se encontraban en grave riesgo de extinción, para ello se recorrieron los pueblos de la montaña buscando ovejas churras tensinas y ansotanas, cabras pirenaicas, asnos del país,... pero no gallinas, puesto que nunca se había descrito raza alguna en Aragón. En 1995, en la comarca de Sobrarbe, nos hablan por primera vez de las "gallinas del país", que se conservarían en algunas aldeas, pero sin lograr mayores concreciones. En el otoño de ese año, encontramos en la localidad de Torrelisa unas gallinas muy homogéneas y, sobre todo, muy distintas, tanto de las variedades comerciales como de otras razas autóctonas españolas. Poco después, y también a la sombra de Peña Montañesa ¡y del Monasterio de San Beturian!, van apareciendo otros grupos de estas aves, con diversidad de plumajes pero con gran homogeneidad morfológica, en Oncins y La Mula. También se encontraron restos de esta población de gallinas en otras localidades del Sobrarbe, pero estos animales parecían algo cruzados y, por precaución, no fueron considerados. Como es normal en casos de poblaciones tan escasas, éstas suelen aparecer acantonadas en zonas alejadas de la moderna civilización. En el caso que nos ocupa, las aldeas del entorno de Peña Montañesa también cumplían esta premisa de aislamiento, lo que igualmente las convierte en reductos de gran interés natural y cultural, que conservan los tradicionales usos agropastoriles del territorio y el tiempo todavía se mueve al ritmo que marcan la Naturaleza y el que hacer en el campo, como muy bien ha sabido retratar Severino Pallaruelo en su libro "José, un hombre de los Pirineos" (Ed. Prames), cuyo protagonista también ha sido uno de los últimos conservadores de nuestra gallina. Estas gallinas eran las últimas representantes de una raza pirenaica que, habiendo quedado relegadas a esta comarca, fueron bautizadas como Gallinas del Sobrarbe. Sus propietarios, que las conservaban por añoranza y sentimentalismo, eran conscientes de su escasez, de la grave situación en que se encontraban y de que con ellas desaparecería un retazo más de una cultura pirenaica ya agonizante. De todas formas, nuestras gallinas han demostrado gran afán de supervivencia desde antiguo, ganándose a pulso su derecho a seguir pululando por los corrales pirenaicos. Además de ser una gallina muy fuerte, que se ha desenvuelto desde antiguo en un medio frío y húmedo, ganándose la vida como buenamente podía por eras y cuadras, con raciones poco equilibradas y lejos de los modernos piensos compuestos, han demostrado mucha habilidad para defenderse de los predadores, pues, en sus últimos "gallineros" eran asiduamente visitadas por jinetas, fuinas y rabosas. Como nos decía hace unos años José Pueyo, de Torrelisa, "las gallinas de compra son muy fatas y se las acaban llevando las fuinas, las del país se suben a los maderos de los tejados para dormir y desde ahí observan". El mismo José demostraba gran cariño hacia estas gallinas, ya que, aunque las que le quedaban ya eran algo viejas, y ponían poco y cobaban menos, vivían como reinas correteando a sus anchas por todo el pueblo – seguramente en pago a pasados servicios–, mientras que a "las de compra" –que a la postre le proveían de huevos– las mantenía recluidas en jaulas en una cuadra oscura. Dada la situación de esta población de gallinas, es muy probable que, de no haber intervenido en aquel momento, hoy no existiría, habiendo pasado desapercibido para nosotros una parte irrecuperable del importante patrimonio que las razas domésticas representan, en un momento precisamente en el que las principales instituciones internacionales, como Naciones Unidas (FAO) y la Unión Europea, han vuelto la mirada hacia los recursos genéticos animales, considerándolos un bien cultural, natural y económico de primer orden y habilitando líneas para su conocimiento, evaluación y conservación.

2.- Los primeros pasos

Conscientes de la singularidad e interés de los animales encontrados, intentamos recoger todos los posibles e iniciar su reproducción, con la incertidumbre del resultado, pues muchas aves eran viejas y temíamos que la consanguinidad pudiera jugar malas pasadas. Conseguimos aves y huevos para incubar en Casa La Mula (Torrelisa), Casa Ambrosio (Oncins) y Casa Altemir (Aldea La Mula- . Fosau) Queremos agradecer la preciosa y desinteresada colaboración prestada por José Pueyo, Manuel Puyuelo y Luis Girón sin cuyo esmero, esfuerzo y sensibilidad nunca habríamos llegado a admirar esta gallina altoaragonesa, con lo que habría desaparecido un importante recurso genético de nuestro patrimonio.
Igualmente dedicamos un emocionado recuerdo a José Castillón de La Mula (Fosau), recientemente fallecido, que, al pie de su Peña, siempre nos deleitó con su conversación, sus conocimientos y sus vivencias.
, que se instalan en Aldea Puy Cinca. Estos primeros animales tenían dos coloraciones de plumaje principales, negro (gallos con, manto amarillo paja) y trigueño o royo, pero también había otras blancas, leonadas, rojas,... Eran aves de tipo mediterráneo, ligeras, de pata amarilla, orejilla blanca y, en algunos casos, con un moñito de plumas en la cabeza o copete, detrás de la cresta. Paralelamente, se realizaron numerosas visitas y entrevistas a personas de la zona, no encontrando nuevos núcleos de interés aunque algunos evidenciaban recientes cruzamientos con razas comerciales e incluso de tipo enano. Muchos vecinos recordaban la existencia de estas gallinas "del país", aunque pocos las definían con seguridad. También se recogen testimonios acerca de la tradicional existencia de ejemplares de múltiples coloraciones (se recuerdan mucho los franciscanos o barrados en negro) y también de animales de cuello desnudo, con copete,... según los gustos de cada casa. Opiniones similares se han obtenido en otras muchas localidades de la Jacetania, el Serrablo o la Alta Ribagorza, que siempre han identificado las fotografias de los animales hallados como las gallinas que tenían décadas atrás. Estas aves parecían constituir un núcleo residual de una población mucho más extendida en décadas pasadas por el norte de Huesca, pero que nunca había sido descrita ni mencionada en bibliografía alguna, y que se encontraba al borde mismo de la desaparición. Sin embargo, algunas fotografías antiguas (primeras décadas del siglo pasado) de la Fototeca de la Excma. Diputación de Huesca, así como algunas particulares, confirman la amplia existencia de este tipo de gallinas en el norte de la provincia en épocas pasadas. Así, existen fotografías con gallinas de tipo mediterráneo, orejilla blanca y una gran diversidad de plumajes (trigueños, negros, blancos, barrados e incluso plateados) en Ansó, Aragüés del Puerto, Biescas, Sallent de Gállego, Bielsa, Chistau,... y hasta Huesca capital. Meses después se localizaron otros núcleos de gallinas, uno de ellos en la Ribagorza, que reforzaron nuestra población de plumaje negro, y nos introdujo nuevas coloraciones, ya referidas por la gente de la zona, como azules (cenizosas), barradas y plateadas. Con estas nuevas coloraciones, se había llegado a identificar nueve distintas (trigueña, negra, azul, barrada en negro, barrada en azul, blanca, leonada, roja y plateada), que evidentemente debían reducirse para la selección de variedades puras, escogiendo aquellas más representativas y singulares. En esta situación constituimos una población base de diversos coloridos en Aldea Puy Cinca, donde hemos obtenido variedades puras así como definido y estandarizado una nueva raza (única raza aviar de Aragón), hoy ya reconocida nacional e internacionalmente como Gallina del Sobrarbe, con cinco variedades de color: negra, trigueña, plateada, azul y barrada en negro (franciscanos).

3.- Características morfológicas más destacadas

La raza del Sobrarbe presenta las siguientes características:
  • Conformación ligera de tipo mediterráneo, de dorso corto, rechoncha, con la cola bastante levantada y el plumaje ceñido.
  • Cresta sencilla, delante de un discreto copete, que en los machos se puede confundir bajo la cresta.
  • Orejilla blanca con algo de rojo.
  • Patas con tarsos de color amarillo, aunque en la variedad negra tiende a oscurecerse.
  • Huevos de cáscara color crema y peso de 55-70 gr.
  • Peso: gallina: 2-2,5 Kg. gallo: 2,5-3 Kg.
Hasta la fecha, se ha confeccionado el prototipo de las variedades negra y trigueña (roya) y se trabaja en la purificación de las otras tres variedades: azul con el manto del gallo pajizo, barrada en negro y armiñada con negro. En la variedad trigueña o roya, las hembras presentan plumaje de color crema-salmón con distinta intensidad según la parte del cuerpo mientras los machos presentan coloración tipo silvestre: pecho y partes ventrales negras y manto dorado. En la variedad negra, la hembra es de coloración completamente negra, admitiéndose algunas plumas de coloración pajiza en el cuello. El gallo presenta cabeza, copete, esclavina, dorso y caireles de color amarillo paja brillante y el resto del plumaje negro.

4.- Situación actual

Actualmente se mantiene un núcleo de conservación en Aldea Puy Cinca con un centenar de gallinas, separadas en lotes, buscando uniformizar y consolidar las distintas variedades de color. Se ha constituido una pequeña red de aficionados que colaboran en este trabajo, y se ha intentado difundirla todo lo posible, por lo que hoy ya es posible encontrarla en localidades de Zaragoza, Valencia, Andalucía, Ciudad Real, Valladolid, Madrid,... La variedad trigueña se encuentra altamente uniformizada, por lo que se están distribuyendo pollitos de un día entre los aficionados que lo solicitan. En tres campañas se han suministrado más de 500 pollitos y varios centenares de huevos para incubar. La variedad negra, también uniformizada, se está utilizando como base para avanzar en las variedades azul y barrada, y por ello todavía no ha sido puesta a disposición de criadores. En la variedad azul se ha avanzado mucho y en la actualidad estamos intentando fijar el manto amarillo-paja del macho, ya que en la población azul inicial el manto era dorado. Por el contrario, las variedades barrada en negro (franciscana), con manto amarillo-paja, y plateada se encuentran en una fase menos avanzada. Con el tiempo, tampoco se descarta recuperar la variedad barrada en azul. El futuro de esta población pasa por un estudio sobre su potencial. Se trataría de controlar la puesta de diversos lotes de gallinas además del crecimiento de los pollitos. Sin embargo, este trabajo no podrá hacerse sin un apoyo serio y continuado de las instituciones públicas, lo que todavía no se ha producido. Hasta la fecha, todo el esfuerzo de recuperación y selección ha sido realizado por la Fundación Pirineos, y este trabajo ha permitido que la raza esté reconocida por el Ministerio de Agricultura y por las distintas organizaciones de avicultura de España y Europa, siendo admitida en exposiciones tanto nacionales como europeas. La identificación de esta posible nueva raza, la única en el panorama avícola aragonés, ha despertado gran interés en la opinión pública y son muchos los criadores aficionados dispuestos a mantener pequeños núcleos. Superado el peligro de su desaparición, sería posible que ocupase de nuevo un puesto en los corrales y caseríos del Pirineo de Huesca, que nunca debió haber perdido.