Visión Epistemológica de dos momentos significativos de la obra de Don Santiago Ramón y Cajal

I- De las posibles lecturas de la obra cajaliana

Stricto sensu, la obra de Cajal admite tres modos de lectura, a saber: ontológica, axiológica y epistemológica. Ahora bien, la copiosa literatura existente en torno a la vida y la obra del conspicuo hijo de Aragón, a juicio de quien esto escribe, tiende a coincidir las más de las veces con los primeros dos modos. En efecto, lo relativo tanto a la dimensión ética como al ser del maestro está reflejado suficientemente en la miríada de ensayos surgidos de estudiosos de la vida y obra respectivas en ambas orillas del Atlántico.

Empero, el modo de lectura epistemológica es infrecuente en lo que a la obra de Cajal concierne, pese a la competencia manifestada por don Santiago en lo tocante al manejo y dominio del método científico. ¿Cómo se explica tan extraño estado de cosas? Hallamos en Pérez [1] un indicio clave al respecto: Por lo menos entre los científicos, el estudio serio de la filosofía de la ciencia se ve como una extravagancia diletantista, cuando no como una simple pérdida de tiempo y esfuerzo; me imagino que, como pertenecen a la misma especie animal, entre los filósofos debe existir una opinión semejante, pero inversa. Esta situación descrita por Pérez es más bien típica de la vida universitaria moderna cual reflejo de la guerra contemporánea entre las ciencias de la naturaleza y las del hombre.

Así, en el fondo, no sorprende la precaria lectura epistemológica de Cajal a 150 años de su nacimiento. En general, los científicos y filósofos hispanos poco o ningún interés tienen en lo atinente a la historia secreta de nuestros países, esto es, la historia de la ciencia hispana. El Congreso Mundial de Filosofía de 1998, celebrado en Boston, captó tal síntoma. En esa ocasión, hubo gran sorpresa entre el público a raíz del interés reciente por la filosofía de la tecnología en el mundo hispano, hecho explicado por los filósofos españoles Gonzalo Munévar y Miguel Quintanilla tanto por la influencia de Ortega y Gasset como por la tendencia actual de los filósofos hispanos a interesarse más por lo que nos falta que por lo que tenemos en abundancia, manifiesto en los motivos principales de la filosofía hispana reciente: la libertad, la modernidad y la tecnología [2] . No obstante, este despertar aún no implica adquisición de conciencia hacia nuestra historia secreta según la percepción de quien esto escribe. Una golondrina no hace verano.

De otro lado, acaso podría alegarse que, junto con los tres modos de lectura antedichos, es menester considerar la lectura de Cajal en clave pedagógica. Empero, esta dimensión envuelve a las otras tres, esto es, en Cajal, por el hecho de ser maestro en el sentido riguroso del término, se imbrica su ser con lo cognoscitivo y lo valorativo.

II - De la perennidad del estilo epistemológico de Cajal

En 1880, ve la luz, en Zaragoza, el primer fruto científico de Cajal: Investigaciones experimentales sobre la génesis inflamatoria y en especial sobre la emigración de los leucocitos [3] . Según su autor, se trata de un trabajo modesto y poco original, el cual fue el pretexto para adquirir soltura con las técnicas de investigación histológicas. Pese a tal apreciación, destaca en dicho ensayo el descubrimiento de las plaquetas de la sangre circulante de los batracios, amén de su capacidad fagocítica [4] . Así mismo, Cajal demostró que los estómatas endoteliales de Arnold son dilataciones del cemento, mas, en ningún caso, aberturas preformadas. En general, dicha apreciación es lugar común en escritos de o sobre Cajal.

Ahora bien, la lectura detenida de tal ensayo, junto con la de otro bastante ulterior, las sensaciones de las hormigas [5] , publicado éste al dar inicio la merecida jubilación de don Santiago, en 1921, sugiere un Cajal modesto en demasía y todavía inseguro de su valer en sus primeros días como investigador. Por su parte, el ensayo de 1921, si bien refleja justo la misma, y encantadora, actitud modesta, deja ver a un Cajal en extremo seguro al estar en la cumbre de su gloria. Según lo anterior, cabría distinguir entre ambos textos la actitud de don Santiago hacia la forja y adquisición de conocimiento. Sin embargo, al cotejar los dos ensayos antedichos desde una mirada epistemológica, nos percatamos de lo ilusorio de tal distinción.

¿Cuál es el significado de una carencia de distinción tal? En una palabra, con total independencia del momento de la vida de Cajal sobre el cual posemos nuestra mirada, esto es, o a sus 27 años, o al jubilarse, el manejo y dominio rigurosos del método científico son una constante a lo largo de la fructífera existencia de don Santiago. En mayor detalle, quiere decir lo previo que los tres principios constitutivos de dicho método, es decir, el de inteligibilidad, el de objetividad, y el dialéctico, figuran con gran claridad tanto en los primeros balbuceos investigativos de Cajal como en su obra científica madura. Vemos en esto el beneficio proporcionado a don Santiago por su estudio frenético de la filosofía en sus años de estudiante de medicina en Zaragoza.

De otro lado, la lectura detenida de los dos ensayos en cuestión sugiere así mismo la perenne actitud de asombro filosófico, consustancial al genuino investigador científico en el uso del método. En esto, tenemos el sentido planteado por de Kruif [6] : Un hombre de ciencia, un investigador verdaderamente original de los fenómenos de la naturaleza, es como un escritor, un pintor o un músico: buscador desapasionado y artista inspirado al mismo tiempo.

Y, como bien se sabe, la confluencia de las dotes tanto artísticas como científicas de Cajal tiene su máxima expresión en sus fascinantes dibujos histológicos. En ambos ensayos de don Santiago, se capta el sentido de las palabras de Paul de Kruif en la prosa respectiva. En efecto, si bien Cajal presenta los resultados de sus investigaciones, no puede sustraerse, por momentos, a un cierto lirismo, circunstancia que contribuye a la amenidad del estilo. En esta óptica, Cajal se ajusta a la máxima pedagógica aristotélica de enseñar divirtiendo.

Conviene ilustrar lo previo desde las fuentes primarias respectivas, es decir, los dos ensayos de don Santiago en cuestión. Tal ilustración puede hacerse según tres aspectos, como son: (1) la modestia; (2) la ascesis; y (3) el manejo y dominio del método científico.

En las líneas iniciales del ensayo de 1880, aflora la modestia del Cajal que hace sus primeras armas en las nobles lides de la investigación científica. En efecto, declara lo que sigue:

Hace más de tres años que emprendimos una serie de investigaciones microscópicas sobre la inflamación experimental, movidos, no por el deseo de darlas a publicidad, sino más bien con el exclusivo objeto de saber a qué atenernos en ese dédalo de opiniones diversas, frecuentemente antagónicas, que hoy reinan en la ciencia acerca de los fenómenos íntimos que se desenvuelven en la trama de los tejidos flogoseados. Desde entonces, raras veces hemos interrumpido estos trabajos de verificación y de análisis; al contrario, hemos procurado suministrarles una base más extensa, y hoy, por fin, aunque con poca confianza en el acierto, dada la extrema dificultad de la materia, nos atrevemos a darlos a la estampa.

Por su parte, comienza el ensayo de 1921 como sigue:

Requerido bondadosamente por D. Ignacio Bolívar, [...], escribo las presentes cuartillas, pobrísima ofrenda con que intento colaborar a la celebración del cincuentenario de la Sociedad Española de Historia Natural, [...]. Esta breve y descosida contribución constituye – huelga decirlo– fruto en agraz, prematuramente arrancado del árbol, todavía en vivero, de mis investigaciones sobre la psicología de las hormigas.

Vemos así la constancia de la modestia intelectual de don Santiago con el paso del tiempo, elemento clave para la investigación científica fructífera. Naturalmente, dicha modestia coexiste, al igual que la ascesis y el manejo y dominio del método científico, con una actitud mental ambiciosa y descontentadiza, manifiesta en los fragmentos representativos.

Del ensayo de 1880, la ascesis de don Santiago queda bien ilustrada con el siguiente fragmento: Durante las seis u ocho primeras horas del experimento no se advierte ningún cambio notable ni en el exterior ni en el interior de los capilares. Desde luego, significa esto que Cajal permanecía ante el ocular del microscopio el tiempo que fuere menester a fin de captar los hechos que respaldasen sus descubrimientos. Así, la ascesis en cuestión se imbrica con el principio de objetividad del método científico. En cuanto al ensayo de 1921, ilustra sobremanera tal ascesis el siguiente trozo: Previas las precedentes reservas, pasemos a formular las principales conclusiones desprendidas de nuestras observaciones y experimentos; conclusiones – huelga repetirlo– sujetas todavía a contraste y revisión. Aquí, se capta, amén del de objetividad, el principio dialéctico del método científico. En cuanto al principio de inteligibilidad, su mejor expresión está en la fina interpretación que Cajal realiza de los hechos acopiados.

Conviene precisar que la ascesis cajaliana se ha beneficiado de la manía gimnástica del Cajal adolescente, puesto que el hecho de estar sentado ante el microscopio durante un buen número de horas requiere un estado físico apropiado a la situación. Además, dicha ascesis ha recibido el beneficio no menos estimable de la manía filosófica aludida más arriba a fuer de la disciplina intelectual concomitante. Por lo tanto, confluyen en tal ascesis ambas "manías" de don Santiago.

Cuando del manejo y dominio del método científico se trata, nos topamos en ambos ensayos de Cajal con un Potosí de ejemplos ilustrativos. En primer lugar, el principio de objetividad de dicho método queda expresado con elocuencia en el siguiente pasaje del ensayo de 1880:

En el orden de investigaciones en que vamos a entrar procuraremos ante todo ser fieles intérpretes de los hechos, y no imponer a la naturaleza nuestros prejuicios, sujetándola al estrecho molde de nuestras concepciones. Aspiremos a comprender la organización tal cual es, no como quisiéramos que fuera; achaque general del espíritu humano, que tiende siempre a contemplar en las obras de la naturaleza una imagen de su propia inteligencia.

De otro lado, en el ensayo de 1921, tal principio está en este fragmento, a propósito de las contradicciones detectadas por Cajal entre diversos investigadores:

Séanos lícito manifestar, aun a riesgo de repetir ajenos juicios, que las aludidas contradicciones provienen casi siempre de no haber tenido en cuenta o justipreciado suficientemente la influencia perturbadora de ciertos estados psicológicos actuales o preexistentes, que modifican mucho los resultados obtenidos.

Por su parte, el principio dialéctico aflora en este trozo, a propósito de los estómatas (1880):

Si esos orificios no tienen existencia real, si no son otra cosa que una de esas hipótesis inventadas para servir de punto de partida a la explicación de un fenómeno, ¿por dónde emigran las células blancas de la sangre en los casos en que es posible la diapédesis?

Principio ilustrado a su vez en el ensayo de 1921 como sigue:

Estimamos, sin embargo, que para los efectos de la marcha las impresiones táctiles dominantes son recogidas por los garfios córneos y pelos de las patas. Nada más fácil que demostrar experimentalmente la sensibilidad táctil de las hormigas.

La inteligibilidad científica, vista en tanto comprensión lograda merced a la comprensión de los hechos, es patente en el pasaje siguiente (1880):

Las conclusiones que se desprendan de nuestro estudio experimental en la inflamación de la córnea, bien podremos generalizarlas sin escrúpulo, al menos en lo fundamental, a las demás sustancias conjuntivas, y acaso a las más lejanas formas derivadas de la hoja media del blastodermo.

Como también salta a la vista en este trozo (1921):

Como en todas las especies animales, el mundo exterior percibido por la hormiga es un mundo aparte, específico, fundamentalmente diverso del nuestro, salvo la comunidad de ciertas propiedades geométricas y de determinadas emanaciones materiales.

Hasta aquí este muestrario sucinto en el sentido que nos ocupa. Por supuesto, hay muchos más fragmentos significativos al respecto. Empero, lo dicho deja claro lo básico: Cajal, desde sus inicios como investigador, mantuvo una constante en el buen uso del método científico. Así, no sorprende la vasta magnitud de la obra científica cajaliana habida cuenta de la talla epistemológica de su artífice, amén del uso potencial de sus ensayos científicos para la formación de nuestros investigadores noveles en su propio contexto.

Carlos Eduardo Sierra Cuartas
Universidad Nacional de Colombia, Escuela de Procesos y Energía
Member of the British Society for the History of Science
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[1] PÉREZ TAMAYO, Ruy: "¿Para qué le sirve al científico la filosofía de la ciencia? " en ¿Existe el método científico? Fondo de Cultura Económica, México. 1998. p 265-276

[2] QUINTANILLA, Miguel A.: "Un programa de filosofía de la tecnología (veinte años después)." en MUGUERZA, Javier; CEREZO, Pedro: La filosofía hoy. Crítica, Barcelona. 2000. p 251-265

[3] RAMÓN Y CAJAL, Santiago: Investigaciones experimentales sobre la génesis inflamatoria y en especial sobre la emigración de los leucocitos. Imprenta de El Diario Católico, Zaragoza. 1880.

[4] FERNÁNDEZ SANTARÉN, Juan: El legado de Cajal en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. , Revista de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Vol. 91.. , nº.N° 3-4. 1997. p. 181-202

[5] RAMÓN Y CAJAL, Santiago: "Las sensaciones de las hormigas." en REAL SOCIEDAD ESPAÑOLA DE HISTORIA NATURAL. Tomo del 50° aniversario. Real Sociedad Española de Historia Natural., Madrid. 1921. p 55-572.

[6] DE KRUIF, Paul: Los cazadores de microbios. Porrúa, México. 1996. p. 52.