La ruta de Serrablo

Imagen de Garcés Romeo, José
La comenzamos en Sabiñánigo, en su barrio de El Puente, visitando su Museo de Artes Populares de Serrablo, lo que nos introduce en el ambiente de la vieja sociedad tradicional serrablesa y en la contemplación de una de las casas más emblemáticas de la arquitectura popular de la comarca. Un breve paseo por el pueblo no nos defraudará. Si no vamos apurados de tiempo podemos acercarnos al centro de Sabiñánigo para ver el viejo Molino Periel. Tras dejar la ciudad, y una vez tomada la variante que la rodea, cogemos el desvío en dirección a Lárrede (está convenientemente indicado). Justo enfrente del desvío, en un cerro amesetado, se sitúa el yacimiento romano de Sabiñánigo que esperamos pueda ser excavado en un próximo futuro. A nuestra derecha dejamos la población de Sardas, desde la que se llega en unos tres kilómetros a Isún con una notable iglesia del grupo serrablés. Siguiendo la ruta rumbo hacia Lárrede, pasamos por Latas, con pequeña iglesia románica, Satué, que posee una iglesia mozárabe con uno de los ábsides más “limpios” de todo el grupo, y Javierre del Obispo, en el que destaca la casona infanzona de los Oliván. Todo este recorrido lo vamos haciendo por parajes con majestuosas vistas panorámicas y con las faldas del monte de Santa Orosia a nuestra derecha. Tras dejar Javierre, enseguida salvamos un suave desnivel que una vez coronado nos ofrece una vista extraordinaria del valle del Gállego desde Senegüé, con su morrena terminal, hasta Biescas y las montañas del valle de Tena como fondo y en primer plano, por supuesto, el pueblo de Lárrede. Aquí hay parada obligada. Lárrede nos va a dar plena satisfacción. Una vez que nos hemos deleitado haciendo algunas fotografías de su incomparable iglesia de San Pedro, pedimos la llave en la casa próxima a la misma, Casa Isábal, para visitar su interior. Si el grupo no es muy numeroso puede accederse a su torre. Esta iglesia mozárabe es el ejemplar más representativo de todo el grupo de iglesias serrablesas. Al devolver la llave podemos manifestar a los dueños de casa Isábal, Eduardo e Inmaculada, nuestro interés por visitar la parte antigua de su casa (de parecido empaque que la del Museo de El Puente); accederán gustosamente a enseñarnos su patio, cocina-hogar y su magnífico salón con alcobas. De Lárrede parte un sendero hasta Susín, un lugar que mantiene en buen estado su arquitectura popular y su iglesia mozárabe, además de una arquitectura popular muy atractiva (por ejemplo, casa Mallau). Al poco de comenzar el sendero nos topamos con La Torraza, un torreón vigía que ya divisamos desde el pueblo y que puede visitarse. Pero este recorrido debemos dejarlo para mejor ocasión. Ahora toca reanudar nuestro camino. Recorridos poco más de dos kilómetros llegamos a la ermita mozárabe de San Juan de Busa. Enclavada en una pradera, equidistante de Oliván y Lárrede, permite tomar instantáneas bellísimas desde cualquier ángulo. Podemos acceder a su interior sin ningún problema, pues su puerta no tiene llave, pero deberemos cerrarla de nuevo al marcharnos. Muy próximo está el pueblo de Oliván, al que podemos acercarnos para ver su iglesia mozárabe siempre y cuando el reloj no nos lo impida. Si es verano, cuando el día es largo, puede hacerse. Incluso es posible que lleguemos a Orós Bajo con otra iglesia mozárabe. Dejando atrás estas poblaciones, regresamos a la carretera general atravesando el río Gállego por el puente de Oliván y tomamos dirección a Sabiñánigo. Pasamos por Senegüé, del que destaca por su esbeltez la torre de su iglesia, y a medio kilómetro de Sorripas que tiene una iglesia románica. Enseguida cruzamos el río Aurín y rápidamente cogemos el primer desvío a la derecha que indica Larrés. Después de un par de kilómetros en los que la carretera se empina suavemente llegamos a terreno plano y muy pronto divisamos Larrés con su castillo en primer plano y las sierras pirenaicas al fondo. Una panorámica que alegra la vista. El Museo de Dibujo “Castillo de Larrés” es un brillante colofón a esta jornada. El recorrido por sus salas nos deja un buen sabor de boca al poder admirar a los mejores dibujantes del arte español. De este lugar salió la familia Ramón y Cajal, circunstancia que se recuerda en el propio Museo y en sendas placas en la plaza del pueblo.