Ruta de Ramón y Cajal. O una propuesta sin respuesta

Cuando estos pensamientos en forma escrita vean la luz, estarán celebrándose en Aragón los diversos actos que, como homenaje a la figura científica y humana de don Santiago Ramón y Cajal, conmemoran el 150 aniversario de su nacimiento en Petilla de Aragón, el día 1 de mayo, fiesta de los trabajadores, a las 9 de la noche.

Y aunque en el último trienio se han ido sucediendo algunos actos en su honor, han llegado después de un olvido popular que arranca desde 1952, año en que se celebró el centenario de su nacimiento. Los motivos de este giro han venido favorecidos por las siguientes fechas conmemorativas: en el año 2000, el centenario de la concesión del premio Moscú; en el 2001, el de publicación de su obra Recuerdos de mi vida; y en el 2002, el 150 aniversario de su nacimiento.

Al acabar el presente año, la población de Aragón habrá agasajado por todo lo alto a dicho sesquicentenario conmemorativo. Pero cuatro años después, en el 2006, en el centenario de la concesión del Nobel, el evento cajaliano lo festejará la comunidad científica mundial, previéndose una importante repercusión. ¿Estamos preparados para recoger dicho pico de interés que incidirá en los ámbitos científico, cultural y turístico?

Larrés

Es de suponer que existe el plan sobre como afrontará nuestra región dicha efeméride, que se conmemorará especialmente en los meses de octubre y diciembre, en numerosas lenguas y países de todo el mundo. Lo cierto es que, si no existiese un proyecto, debería comenzarse.

Mi desconocimiento técnico me impide realizar propuestas en el terreno científico, pero en el aspecto divulgativo y turístico de la obra humana de Cajal, basta recoger las opiniones de sus conocedores para disponer de un manojo de ideas que sirven de base con la que comenzar a trabajar.

La primera aportación útil viene cuando nos avisan de la cercanía de varias celebraciones que tienen expectante a la comunidad científica y que deben mantener alerta a nuestros administradores intelectuales. El hecho es que se encuentran con los siguientes centenarios: 2004, fin publicación de su obra Textura del sistema nervioso del hombre y los vertebrados; 2005, concesión en Berlín de la medalla Helmholtz; 2006, concesión del premio Nobel de Medicina.

Las propuestas que aquí se plantean no son las únicas, ni las mejores, solo desean ser una aportación en la reflexión común sobre el futuro de los Ramón y Cajal en nuestra región, como elemento cultural de primer orden. Pero la historia de la familia Ramón y Cajal en Aragón, no ocupará el lugar que se merece en el mundo, si no existe un programa anual pensado para mantener vivo su recuerdo. El lema podría ser: Aragón, ningún año sin Ramón y Cajal.

Entre los conocedores de la vida del sabio, se teme que los actos que se desarrollarán con fuerza hasta el año 2006, sean el preludio de otra época de sequía que alcanzaría hasta los aledaños del 2034, centenario de su muerte en Madrid. Pero como no resulta fácil realizar actividades sin altibajos, año tras año, durante un cuarto de siglo, quizá la solución podamos encontrarla en el acuerdo tomado por unanimidad por las Cortes de Aragón en fecha 23 de diciembre de 1999, por el que instaban al Gobierno de Aragón para que creara la ruta de Ramón y Cajal Pese a ello, la decisión se quedó en idea, necesitando un nuevo, urgente y continuado apoyo político que la saque del letargo.

La impulsión de la ruta podría dejar muchas estructuras fijas que, añadidas a las ya existentes, conformarían un patrimonio cultural único e irrepetible en el mundo. Dichas estructuras resultarían ser la garantía de continuidad del homenaje.

Aunque se opina que no resultará fácil ofrecer a los expertos algo suficientemente atractivo sobre la vida científica de don Santiago, que no se encuentre en los centros de documentación dedicados a su memoria en las grandes ciudades. En esa lógica, se aconseja que se resalte sus facetas humanas de niño y joven, relatando su vida hasta los treinta años, antes que incidir demasiado sobre sus años de investigador, sucedidos en Valencia, Barcelona y Madrid.

Hecha la reflexión, parece ser más útil enfocar la ruta recogiendo sus vivencias en tierras aragonesas. Como el genio las relató magistralmente en su biografía Mi infancia y juventud, resultaría aconsejable dejarnos llevar por sus palabras escritas y acompañarle en su viaje por el Aragón del siglo XIX.

Dispondremos del mejor embajador si le seguimos por los lugares aragoneses a los que la vida le llevó en el seno de una familia que, con un devenir algo nómada en sus primeros 20 años de vida, deambuló por Petilla de Aragón, Larrés, Luna, Valpalmas, Ayerbe, Jaca, Huesca, Gurrea de Gallego, Zaragoza, Panticosa y San Juan de la Peña, poblaciones que desfilan ante nuestros ojos, en sus palabras plenas de naturaleza e historia.

Otras poblaciones aragonesas nombradas son: Alagón, Almudévar, Ansó, Anzánigo, Verdún (Berdún), Biescas, Bolea, Canfranc, Egea (Ejea), Fontellas, Hecho, Javierre de Latre (Javierrelatre), La Peña, Linas de Marcuello, Loarre, Losanglis, Murillo, Pina, Riglos, Santa Cruz de la Seros, Sierra de Luna, Sos del Rey Católico, Tardienta, Tiermas, Uncastillo, Vicien, Villanueva (Villanúa). Pese a que no lo cite en su biografía, debería tenerse en cuenta a San Juan de Mozarrifar, donde investigó durante unos meses. Dudas existen sobre su estancia en Castejón de Valdejasa que de momento no aparece documentada.

Siguiendo sus vivencias, ante nosotros van apareciendo los parajes aragoneses que no abandonaron su retina infantil. Casi medio siglo después, cuando escribe, sus neuronas le trasmiten recuerdos y nos habla de los Mallos de Riglos, Monte Pano, Sumport (Somport), Picos de Panticosa, Uruel (Oroel), Valle del Aragón, Cinco Villas y Coll de Ladrones, de las sierras de Gratal, Linas, San Juan de la Peña y Santo Domingo, o de los ríos Ebro, Aragón, Huerva, Isuela y Gállego (*). Personas, arte y arquitectura, costumbres, objetos, plantas, animales y experiencias, aparecen en una lectura que nos transporta al siglo XIX.

No existe mejor guía de la ruta que la proporcionada por el mismo genio. Debido a ello, propongo desde estas líneas que tome el nombre de "Ruta de los Recuerdos de Ramón y Cajal" y se base en su obra autobiográfica, ya traducida a numerosos idiomas. Dispondremos así de un guión difundido por todo el mundo.

Otro aspecto a resaltar son las poblaciones relacionadas con sus antecesores más directos, Biescas, Larrés, Isín, Aso de Sobremonte y Senegüé. También se habla de una parte que podría estar dedicada a su familia como médicos: a su padre, a su hermano y a sus descendientes en la profesión. El esfuerzo debería ser mayor sobre su hermano Pedro, excepcional investigador. Médicos y científicos agradecerían este apartado sobre un sabio que llegó solo un poco menos lejos que su hermano, en un mundo donde se recuerda a los primeros. Pero no olvidemos que, si Santiago no hubiese sido hermano de Pedro, Aragón entero celebraría a don Pedro con parecida solemnidad que a don Santiago. Lo certero es que los dos fueron grandes hombres para la ciencia mundial y que, el 2004, sesquicentenario del nacimiento de Pedro Ramón y Cajal, resulta el mejor momento para demostrar que nuestra región así lo entiende.

Una oportunidad excelente para conmemorar a quién logró sacar de la agricultura a toda su familia y propició que Aragón, España y el Mundo, contasen con dos nuevos sabios, es el próximo 2003, centenario del fallecimiento de don Justo. ¿Qué mejor manera encontraremos de homenajear a los Ramón y Cajal, que hacerlo con su cabeza de familia?

También se comenta la posibilidad de dar una doble vertiente turística y escolar al conjunto de las exposiciones de la ruta, dotándola de un enfoque curricular más amplio que el de la sola figura de Santiago. Se trataría de ambientar la ruta en la época en la que vivieron los Ramón y Cajal, con información gráfica de cómo eran las poblaciones, de la lengua que se hablaba, de los momentos históricos, de la fauna y la flora que Cajal coleccionaba para estudio. Recientemente recibimos la noticia de que el departamento de Renovación Pedagógica del Gobierno de Aragón, está preparando un proyecto para dar a conocer a don Santiago en los niveles escolares de la E.S.O. Felicito la idea y pienso que debería extenderse también a escolares de menor edad.

Es fundamental indicar que, de recuperarse el sentido más costumbrista del relato de Ramón y Cajal, bien pudieran recrearse, en algún punto del recorrido, una barbería y una zapatería de época en recuerdo de sus experiencias como trabajador sobresaliente en ambos gremios. Lo mismo podría hacerse reproduciendo un taller de tejedores, oficio en el que trabajaron sus abuelos y bisabuelos, o una botica en la que trabajó don Justo.

Tampoco estaría mal crear un lugar en el recorrido donde se explique y se reproduzcan las sensaciones físicas que Cajal experimentó cuando descubrió por sí solo la Cámara Oscura. Resultaría atractiva y didáctica ya que pocas personas han vivido conscientemente tal experiencia. Podría formar parte de un lugar específico para tratar otra gran afición de Santiago: la fotografía.

Cajal, como amante del dibujo, retiene en su cerebro lo que vio y, cuando lo traslada a su literatura, consigue un resultado plástico inmejorable. Cualquiera de sus aventuras puede reproducirse fielmente en el cine, el dibujo o la escultura, por lo que se comenta la posibilidad de crear monumentos basados en algunas de las escenas más dinámicas, como la coz que casi acaba con él, el eclipse de sol que tanto le hizo reflexionar sobre el valor de la ciencia, sus estudios en la cueva del Fraile, el famoso cañonazo que le costó tres días de cárcel, su encuentro con los libros en un merodeo por los tejados, etc.

También se apunta que un descuido de medio siglo ha sumido en el olvido a una parte de las referencias que vinculan a los Ramón y Cajal con nuestra tierra y nuestros paisanos. Es necesario promover una actuación en la que salgan a la luz pública, elementos vinculados a los dos sabios que hoy se encuentran guardados, casi perdidos, entre los objetos y papeles de algunas familias aragonesas. Debe ser un objetivo catalogar los recuerdos existentes. Pongo el ejemplo de Ayerbe donde se ha iniciado la búsqueda y se han localizado cinco interesantes cartas, entre otros elementos más. También Jaca, en reciente y elaborada exposición organizada por las Escuelas Pías, ha dado a conocer algunos documentos escolares de don Santiago.

Necesario para completar históricamente el recorrido resultaría llegar a un acuerdo con el Gobierno de Navarra e incluir a Petilla de Aragón en un programa conjunto. Las ideas recogidas, junto con otras que a buen seguro habrá, deberían completarse con una buena señalización y folletos en varios idiomas.

Las oportunidades que nos brindan los próximos años, llenos hasta el 2006 de efemérides cajalianas (o ramóncajalianas, como sería más real decir), son un objetivo para Aragón. Nuestra comunidad debe saber recordar a quienes construyeron su futuro y, realizando un trabajo que permanezca, demostrar que sabemos cuidar y extender su memoria.

Ayerbe a 1 de mayo de 2002

NOTA (*)
No debo dejar pasar la ocasión de resaltar que don Santiago nombra al río Gallego como lugar de algunas de sus andanzas cuando vivía en Ayerbe. Es de suponer que parte de sus experiencias como niño naturalista, investigando sus meandros y orillas, y estudiando sus animales, acrecentarían su enorme sensibilidad e influyeron en los conocimientos que le llevaron a la cima de la ciencia. Siento una tremenda pena al pensar que ese lugar tan especial está amenazado de inundación por la incoherencia del pantano de Biscarrués.