Este romance, del que se desconoce su origen, se ha mantenido vivo desde 1914 por los diferentes pueblos de la zona del Serrablo, Jaca y Huesca, gracias a don Alejandro Avellanas, actualmente residente en Huesca en las Hermanitas de los Ancianos Desamparados.
El lo aprendió en ese año en Used, su pueblo natal, de un romancero ambulante. Recita este y otros romances y también oraciones con gran viveza y estilo muy personal. Es un buen conocedor del Serrablo y sus gentes, constituyendo un ejemplo vivo de la fuerza y el valor de la tradición oral.
Estos versos populares tienen interés etnológico, pues en ellos se da una relación de los objetos y útiles necesarios para una buena boda que muestran las necesidades de una casa rural de principios de siglo. Son interesantes lingüísticamente por el léxico utilizado en los diferentes objetos. Algunos vocablos han sufrido modificaciones.
Al publicarlos, quiero rendir homenaje a las personas mayores, que amablemente acceden a comunicarnos las historias, experiencias y opiniones de la sociedad en que vivieron, contribuyendo con sus relatos a conservar los fondos de nuestra cultura popular.
Deseo dar las gracias a don Alejandro Avellanas por su amabilidad.
Pues me preguntan algunos tontos, necios, mentecatos que por que no me he casado cosa que sólo ejecutan los tontos y los, muchachos ¿Que alcuentran en el matrimonio? sino, pesares quebrantos, luego te dicen tus padres: hijo mío, ahora te falta lo mejor: para la novia regalos a lo menos dos vestidos y aquellos precisos gastos peinetillas, rascamoños, y vasquiña con flecos guapos y otras varias zarandajas abanicos piochas y lazos que aunque todo esto lo compra a precio más moderado más de 50 pesetas debe costar al contado. También se ha de prevenir de todo lo necesario y si alguno se acostumbra cosa con gran aparato también ha de tener el cuarto bien adornado con cornicopias y espejos tablillos acharolados, arrimadillos, cortinas y una colección de Santos y en la alcoba la gran cama con su correspondiente ornato un baúl para la ropa un belerino de mano un tocador y un tapete la silla para el casado un bacín, un orinal y para limpiarse un trapo. También ha de tener prevenidos otros trastos como son en la cocina sillas, ollas y los platos; mesa, librillos, cazuelas, jícaras, tazas y cántaros, cuchillos, salero y jarro, caldera, sartén, perolas, espetera, garabatos, parrilla, badil, embúdo, paleta, piqueta y cazo, asador, tenzas, fuelle y morrillos para el asador cenachos y cucharones y un tiesto en que beba el gato, manteles y servilletas fuentes dé fino vidriado un velón y palmatorias y dos bujías al lado, cubilletes, cuajadera, mandil, escoba y estropajo, el cestillo de las yescas y un clavo para colgarlo arcuza para el aceite y para el vinagre un jarro arriba, arriba, en el corredor almanaques y diarios, un farol en la escalera que de noche está alumbrando cordel en el picaporte dos paises en el patio un sillón u escaño grande tendrá también preparado para que sentarse pueda el que tenga que esperarlo. Todo lo que he referido le costará y no me alargo si ha de hacerlo como he dicho muy cerca de mil ducados. Lo que cuesta una mujer después de tantos cuidados y si ella sale traviesa y de genio alborotado amiga de pelendengues y visitar los estrados inclinada a los cortejos que es común en estos años que Judas cargue con ella con la onda de los diablos y si acaso es Juan su nombre le dice con desenfado: Juan especia, Juan garbanzo, Juan carnero, Juan carbón, Juan zanahorias y ajos, Juan cisco y en el invierno Juan nieve ,en el verano, también es Juan chocolate, es Juan dulce y Juan agrio y enfadado el pobre le responde: Bay chica Juan cuernos me llamo!.