Rogativas o veneraciones en demanda de agua

Continuación

Rogativas a Santa Orosia

Las rogativas o veneraciones al santuario de Santa Orosia de Yebra, eran polarizadas por la Hermandad de romeros del campo de Jaca. Esta institución cuyos estatutos fueron configurados a lo largo de los siglos XVI y XVII, Y que partía de la motivación religiosa de rendir culto bipolarmente a la santa en Yebra y en Jaca, era quien, una vez concedido permiso obispal Archivo Diocesano de Jaca, Carpeta núm.84, ("Asuntos varios arciprestazgo de Biescas"). A comienzos de 1847 los romeros de Santa Orosia cursan una petición al obispo para poder realizar la rogativa al santuario de Yebra., y ante la sequía acuciante, acudía a la parroquia de Yebra para que el rector de ésta fijase la fecha de celebración y avisase con un pliego a todos los curas y alcaldes de la zona de influencia del santuario para que confluyesen en él el día señalado con sus cruces procesionales.
El Archivo Diocesano de Jaca y el Parroquial de Yebra demuestran cómo la concurrencia de pueblos -cruces parroquiales- que acudían a Yebra era mucho mayor en el caso de las rogativas que en el de la ,romería principal del 25 de junio: mientras que a finales del siglo XVII acudían a esta romería 34 cruces, a las rogativas lo hacían 81; cifra que realmente era mayor, pues en ella iba englobado el crucifijo de los romeros de Jaca que representaba a 34 pueblos, núcleos que en el siglo XIX ya aparecen con sus cruces respectivas ADJ, carpeta citada: "a comienzos del siglo XIX acudían a las rogativas de Yebra las siguientes cruces parroquiales: 10 del valle de Basa, 10 del de Avena, 34 del Campo de Jaca, 16 de la Varonía de Biescas (incluidas las de Ainielle y Berbusa), 8 de Sobrepuerto (incluido Ayerbe de Broto), 5 de la ribera de Fiscal, 14 del valle de Sarrablo (Guarga superior), 8 de la Solana (margen derecha del Guarga desde Villacampa a A venilla), 10 de la Ribera del Guarga (curso medio e inferior), y 15 de la Ribera del Gállego (desde Ipiés al Valle del Matriz); en total 130 pueblos"..
Evidentemente, los pueblos dependientes de los romeros del campo de Jaca, aun siendo minoría dentro del conjunto que pedía agua a Santa Orosia, por estar estructurados bajo una entidad religiosa capitalizaban dicho culto.

Rogativas a San Úrbez

Si en el caso de las rogativas a Santa Orosia de Yebra, su estructuración era sencilla y giraba en torno a una hermandad o cofradía, en el caso de las de San Úrbez el hecho era más enrevesado; la ubicación del santuario y las peculiaridades geográficas e históricas que éstas suscitaron explicarían tal complejidad.

Geográficamente el santuario de San Úrbez se ubica al pie de la cara norte de la Sierra de Guara, alineación calcárea del Prepirineo que separaba a las gentes de la montaña de las de Tierra Baja. El templo se encuentra en una pequeña unidad geográfica o corredor transversal: es el valle de Nocito que desde el siglo XIV al Decreto de Nueva Planta del siglo XVIII tuvo entidad jurídica propia bajo distinta terminología: junta, honor, etc F. BALAGUER, "Serrablo, un topónimo en expansión", Revista Argensola, núm. 65-70, Huesca, 1968-1970, pp. 113-129.. Al norte, adosada a esta unidad,y antaño estrechamente relacionada socio-económicamente con la primera, se extiende la cabecera del río Guarga. Al sur, en el piedemonte meridional de la Sierra de Guara se extiende el Somontano y la cuenca del río Alcanadre, zona mediterránea cuya situación a sotavento agudizaba la constante necesidad de agua, y que por lo tanto sería la máxima peticionaria al santo.

Si lo geográfico aportaba ya las tres zonas confluyentes en las rogativas sobre San Úrbez, circunstancias históricas delimitarían la dinámica interna que seguirían aquéllas para organizar las romerías: en el siglo XI el rey Sancho Rarnírez donó al monasterio de San Úrbez el cenobio narbonense de Saint Pons de Thomieres, al que había confiado la educación de su hijo, el futuro rey Ramiro II; esta donación la hizo unida al priorato de San Pedro el Viejo de Huesca D. BUESA y A. DURÁN, Guía monumental y artística de Serrablo, Madrid, 1978, p. 148.. Una vez rotos estos vínculos, en el siglo XVI San Pedro de Huesca cedió sus derechos de señorío y jurisdicción civil sobre San Úrbez a la ciudad de Huesca y a su colegio mayor e imperial de Santiago. Estas circunstancias históricas harían que desde la Baja Edad Media el valle de Nocito y su santuario dependiesen civil y eclesialmente de Huesca, y que por lo tanto las rogativas a dicho santuario fuesen organizadas conjuntamente por los valles de Sarrablo y Nocito así como por esta ciudad.
Ya desde el siglo XVII J. A. CARRERA, op. cit., pp. 115 Y ss., está documentada la presencia en las rogativas a San Úrbez, y en el primer banco del santuario, de los representantes de los valles de Sarrablo y Nocito (bayles, síndicos, etc.) Al menos desde el siglo XVI, los Villacampa de Laguarta ocuparon sucesivamente los cargos de junteros, bayles, justicias, síndicos, etc., de Serrablo. En una lápida de la iglesia de Laguarta del siglo XVII se refleja este liderazgo: "Aquí esta sepultado Francisco Villacampa señor de Botillo y Tuartas caudillo y justicia de Serrablo y los que an sido su casa mas antigua solar y palacio de los Villacampa"., así como el de la ciudad de Huesca. Estos tres personajes, una vez peticionada la rogativa por cualquiera de las zonas citadas, se reunían en San Úrbez para acordar la fecha del acto religioso; día en el que abrían cada uno con una llave el arca y la urna que contenían al cuerpo del santo J.A. CARRERA, op. cit., p. 115. El arca de madera que servía de altar tenía un cerrojo que se corría y era abierta por la llave del representante del concejo de Huesca; esta arca llevaba impreso el escudo de dicha ciudad. La urna contenida, que encerraba el cuerpo de San Úrbez, era abierta en primer lugar por la llave del bayle de Nocito y en segundo lugar por la del de Serrablo. Este orden llevaba implícito un simbolismo de jerarquización de los grupos humanos representados. -ritual que garantizaba como en otros santuarios el "disfrute" equitativo de la acción divina-. En el siglo XIX la desamortización hizo que el santuario se desligase de Huesca, por lo que las atribuciones de esta ciudad, y como símbolo: su llave, fueran transferidas al valle de Rodellar cuenca incrustada en el Somontano-.
Según documentación oral y escrita, eran los pueblos del piedemonte meridional de la Sierra de Guara quienes más veces solicitaban la concurrencia general para pedir agua a San Úrbez, especialmente Angüés y Sieso, quienes ordinariamente la solían solicitar y costear conjuntamente, aunque a veces era solamente uno de ellos o incluso una familia potentada quien lo hacía J. A. CARRERA, op. cit., pp. 120 Y ss. Según este autor; que dice haber consultado en el siglo XVII los archivos de Sieso; este pueblo del somontano costeó desde 1622 a 1701,22 veneraciones en las que en total invirtió 600 libras. En 1632 asumió el coste de la veneración un infanzón de dicho lugar -Miguel Capdevilla- invirtiendo 70 libras. La financiación de las rogativas consistía en el pago de la estancia de los romeros en San Úrbez, de los oficios de los curas y de las dádivas otorgadas al santuario (albas, palios, mortajas, etc.).. Estos pueblos acudían a San Úrbez de Nocito en dura caminata y atravesando la Sierra de Guara por el collado de Vallemonta (1.800 m.) El itinerario final que seguían los romeros del somontano para superar la sierra y acceder a San Úrbez, era: Sieso-Labata-Panzano-Santa Cilia-Mallata d'as Pauletas-Fuente Arrés-Subida Arrancapedo s-Collado de Vallemonta-Fenales de Used Used-San Úrbez.; lo hacían con su estandarte y cruz parroquial y a su paso las gentes de los pueblos hacían sonar las campanas -fenómeno común en las romerías- al tiempo que se les obsequiaba con vino rancio y pastas. Los romeros de Angüés pernoctaban en Used y los de Sieso en Bentué de Nocito, aldeas muy próximas al santuario. Cuando las rogativas resultaban positivas, volvían a subir, celebrando juergas y bailes ante el templo.

La dinámica de las rogativas, al igual que sucedía en la mayor parte de los santuarios, constaba de tres fases; exc1uyentes si el santo concedía el agua. Para análisis es primordial el consultar a Juan Agustín Carrera (siglo XVII-XVIII), principal hagiógrafo de San Úrbez; aunque Andrés Deza, a finales del XIX también aporta nueva información. En síntesis, la zona afectada por la sequía comunicaba por oficio a los otros dos la necesidad de celebrar rogativa; inmediatamente se reunían los tres representantes en San Úrbez (Serrablo, Nocito y Huesca o Rodellar) y tras celebrar misa acordaban el día de la primera veneración; llegada esta fecha, todos los pueblos confluían con sus romeros descalzos a las proximidades del santuario; seguidamente por medio de las tres llaves se abrían arca y urna para que uno a uno fuesen besando los romeros una pierna del santo, dejada asomar entre las sucesivas mortajas de lino que lo envolvían -donadas en agradecimiento por los pueblos- J. A. CARRERA, op. cit., p. 115. Este autor señala que en San Úrbez de Nocito existía la costumbre de que cada pueblo que demandaba agua al santo, antes de realizar la veneración ponía a la reliquia una mortaja nueva.; tras la misa de terno se efectuaba alrededor del santuario una procesión de 2 km. de recorrido y se acordaba la segunda veneración, que si llegaba a ser necesaria se efectuaba bajo similar esquema al de la primera. En caso de ser necesaria una tercera, intervenía una casa predilecta: casa Don José de Laguarta, familia infanzona de los Villacampa que hasta el siglo XIX dominó moral y económicamente la cabecera del Guarga y parte de la Ribera de Fiscal y que poseía la llave perteneciente a Serrablo para abrir la urna de San Úrbezo Esta familia amparándose en su poderío sobre la zona requería y albergaba a los Romeros de Albella (pueblo de la Ribera de Fiscal), curiosa institución que contaba con estatutos, y que creada para pedir agua, jalonaba en el peregrinar de los romeros el tradicional espacio vital de San Úrbez: desde la Cueva de Sastral -valles de Añisclo y Vío- hasta su santuario en Nocito, teniendo como punto de partida Albella, lugar donde sirvió el santo (uno de los romeros era siempre de casa Aineto Una buena descripción de la institución de los romeros de Albella y de su peregrinar se encuentra en A. DEZA, Vida de San Úrbez, 1885, cap. XVI, pp. 59-62. De cualquier forma, cabe aclarar el corriente equívoco de distinguir la peregrinación que estos dos romeros hacían a la Cueva de Sastral de la que efectuaban a Nocito: la primera la realizaban cuando en Albella hacía falta agua, y la segunda cuando eran requeridos por las comunidades que basculaban sobre San Úrbez de Nocito., familia a la que según la tradición sirvió San Úrbez como pastor. Según la tradición la llegada a Nocito de los Romeros de Albella en la tercera veneración aseguraba la lluvia.
En suma, las rogativas a San Úrbez eran un complejo ejemplo de cómo las circunstancias históricas y la dinámica interna de los grupos sociales que vivían en la zona repartían la acción del santo y los rituales para acceder a ella.

La moja de reliquias

La inmersión de reliquias, o mojas, que aparece documentalmente en los macrosantuarios de Santa Orosia y San Úrbez hasta al menos el siglo XVII, era un ritual muy corriente en el orbe cristiano cuando se celebraban rogativas.

Por otra parte, este es uno de los rituales en el que se aprecia con mayor claridad la imbricación entre el substrato pagano y el nivel cristiano. En este sentido, Mircea Eliade habla de la inmersión de estatuas de divinidades en el mundo antiguo, generalmente dioses de la fecundidad y de la agricultura, que al recibir el baño sagrado regenaraban sus poderes gastados, provocando lluvia y buenas cosechas Mircea ELlADE, Tratado de historia de las religiones, Madrid, 1981..

Son numerosos los autores que refieren estas inmersiones de santos o de reliquias como hechos vividos en la sociedad rural hasta su desaparición en el presente siglo; así, Violant i Simorra realiza un detenido recorrido por el Pirineo mostrando varias modalidades de mojas: rociar la imagen de un santo para que lloviese, bañarle los pies, etc.; algunas idénticas a las recogidas en Serrablo: en Perarrúa (Pallars) sumergían la urna que contenía reliquias de los Santos Inocentes en un estanque, al igual que ocurría en San Úrbez de Nocito con este santo R. VIOLANT i SIMORRA, op. cit., pp. 484 485., o en el cercano monasterio de Leyre con Santas Nunilo y Alodia J. Ma. IRIBARREN, De Pascua a Ramos, Pamplona, 1970, p. 13.. Otra variante curiosa era sumergir al santo local en el río para evitar crecidas; esta costumbre practicada en el norte de Zaragoza -Val de Onsella- se ha recogido de forma difusa en Serrablo J. Ma. IRIBARREN, op. cit., cita el ritual en la Val de Onsella. En Serrablo, a comienzos del siglo XX, un deficiente de Gavín sumergía la imagen de San Juan Busa en el Gállego, aunque lo hacía inducido por otras personas que habían oído hablar de dicho ritual.; en suma, esta amplia gama de ritos evidencia la riqueza soterrada del culto pagano a las aguas.
Todas las fuentes coinciden en señalar que la desaparición de estos ritos aconteció a comienzos del siglo XVII ALAVÉS y LA SALA, Padre HUESCA, GARCÍA CIPRÉS, etc., en una centuria de vocional y rígida, influenciada por lo trentino. Los prelados, en cumplimiento de lo acordado por la Sagrada Congregación de Ritos, ordenaban dicha prohibición durante sus visitas pastorales en los libros de actas; de este modo, en 1622, el obispo de Huesca Belenguer de Bardají lo hacía en San Úrbez de Nocito.
"La baña" de Santa Orosia, como recoge el Padre Huesca, hasta el siglo XVII era un fenómeno corriente tanto en Yebra -con la cabeza- como en Jaca -con el cuerpo-; más concretamente, según se desprende de la lectura de Alavés, la no marginalidad de Jaca hacía que en la centuria decimoséptima ya no se practicase A. ALAVÉS y LA SALA, Compendio de la vida (...) de Santa Orosia, Zaragoza, 1702, libro 11, cap. 11, p. 257.. De cualquier forma, el primer autor asegura que el descarnamiento de la cabeza y el cuerpo de la santa que se observaba en el siglo XVIII se debía en gran parte a dicho ritual R. DE HUESCA, op. cit., tomo VIII..
En San Úrbez de Nocito, lugar marginal en medio de la inhóspita Sierra de Guara, la práctica debió de ser más retardataria, resistiéndose a desaparecer -como señalan las reiteradas prohibiciones- durante el primer cuarto del siglo XVII Según G. GARCÍA CIPRÉS, Anuario de la diócesis oscense, Huesca, 1917, pp. 202-203, el obispo Belenguer de Bardají prohibía la moja de San Úrbez en el año 1622. Sin embargo, en 1619 el prelado Moriz de Salazar solamente prohibe la inmersión de langostas de tazas de vino, porque las del santo no se realizaba (D. BUESA y A. DURÁN, op. cit., p. 148); hecho que refleja el debate que en este santuario se producía a comienzos del siglo XVII entre la tradición y las prohibiciones.. El "Santo de las aguas", como es llamado el Padre Huesca, era sumergido con su urna durante las rogativas en una pequeña balsa ubicada ante el santuario, al tiempo que los montañeses realizaban una puja por ver quién entregaba más trigo destinado al culto al santo G. GARCÍA CIPRÉS, ibídem.. Paralelamente, se realizaba otro ritual de componentes simbólicas parecidas: la colocación de un mantel de tazas de vino para que cayesen dentro langostas y desapareciese así el peligro de sus plagas.

El cuerpo de San Úrbez, que fue quemado en la guerra civil El cuerpo lo quemaron milicianos del bando republicano el 17 de octubre de 1936. MARIANO ORÚS VILLACAMPA, Quemaron un santo de carne y hueso, Barbastro, 1963, p. 220 Y ss., hace un interesante relato al que se le puede aplicar una lectura antropológica de valor: los milicianos montañeses de la zona del santuario- se debatieron sucesivamente entre su aparente ideología política y el lastre profundo de la filosofía ancestral aprendida en su entorno familiar. estaba envuelto por numerosas mortajas o linzuelos, tejidos artesanalmente con lino en los telares locales, y donados por comunidades o particulares agradecidos al santo. Esta circunstancia, añadida a la de las mojas, hacía que el estado de estas telas fuese deplorable como indica la visita de un obispo en 1619: "paños de lienzo harto grosero y poco limpio y todo lleno de dobleces y arrebujos" D. BUESA y A. DURÁN, op. cit., p. 148.; por ello, con relativa frecuencia las mortajas eran sustituidas, y las viejas, repartidas entre los romeros para que implorasen desde su lugar de origen al santo A comienzos del siglo XX la reliquia de San Úrbez estaba envuelta en ocho mortajas. La octava la donó una devota de la zona: doña Petra Martínez. Esta tela sustituyó a otra que fue partida en trocitos de 1,5 x 1,5 cm. pegados a una estampa de 15 x 8 cm. que los romeros podían comprar para sufragar gastos del santuario; en la estampa se podía leer la fecha de 24 de octubre de 1904, "recuerdo de San Úrbez", y que el obispo de Huesca daría indulgencias al que ante ese fragmento de mortaja del santo rezase tres veces el Padre Nuestro y el Ave María. A nivel popular se cree que este reparto "ofendió" al santo, y que el hecho justificaría sequías sucesivas.. La tradición popular recuerda cómo hasta la guerra civil, en las rogativas, era descosida la mortaja del santo desde la cabeza al pecho al tiempo que los romeros besaban una rodilla protegida con un cristal, colocado para evitar posibles arrebatos de endemoniados.