Revista SERRABLO Edición Nº 93 Septiembre 1994 - Mosen José Pardo Asso.

Sumario

Editorial.

José Garcés Romeo

La Honor de Senegüé y la de Matidero.

Ana Isabel Lapeña Paul

Historia de Satué de Arto y Blasco de Sandiás.

Ricardo Mur Saura

Sobre los orígenes del arte Serrablés.

Adolfo Castán Sarasa

El testamento espiritual de Cajal.

J. Antonio Gascón Sánchez

Vocabulario de Sobrepuerto.

José María Satué Sanromán

Mosen José Pardo Asso.

Chaime Marcuello

El escritor alemán Erich Arendt y el Alto Aragón.

Bernd Bauske

XXI Salón Internacional de Fotografía.

José Antonio Duce

1931-1938 Sabiñánigo. Serrablo.

José Carlos Castán Ara

Noticias.


Amigos de Serrablo
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Mosen José Pardo Asso.

Chaime Marcuello

Este artículo y los próximos se deben al ánimo y empuje brindado por Julio Gavín. El conoció personalmente a mosén José y en su memoria se guardan agradables recuerdos de amistad. Sin los datos e información facilitada por Julio este trabajo nunca habría existido. El es quien se preocupó de la motivación, además de preguntar a la sobrina de don José, Gloria Muro.

[Siguiente entrega]

De la vida y sus avatares.

Mosen José nació hace más de cien años. Era un diecisiete de agosto de 1880. Vino al mundo en Santa Cilia de Jaca al final de uno de los siglos más complejos de la historia de la península. Era hijo de gentes del país. Su padre, Mariano, del mismo lugar. Su madre, Mariana, de Biniés.

Don José padeció los ajetreos, las alegrías y los sinsabores de la vida como cualquiera de nosotros. Como nuestro mosén, venimos al mundo y nos vamos de él sin apenas dejar rastro. Si algo perdura, está en la memoria de los que nos suceden. La transcendencia, si existe, la tenemos en nuestras manos. No perecen quienes mueren, sino los que nunca han vivido. Y una vez que se ha vivido, poco importa el después. Si algo hicimos, –de bueno– retornaremos a palpitar en el recuerdo, aunque sea de los menos. Tampoco se trata de hacer mucho ruido y conquistar la fama. Basta con calar en el corazón de los que pasan a nuestro lado.

Hoy pocas personas tienen noticia de este señor, vestido a veces de sotana oscura, otras con traje negro, cleryman, y boina. No fue un personaje estruendoso y de grandes batallas. Lo suyo tiene que ver con el ingenio. Una inteligencia que le hizo gozar con el lenguaje y con las cosas sencillas de cada día. Debió ser un hombre afable, curioso y entregado a las gentes.

Estudió en el Seminario de Jaca la carrera eclesiástica. Fue ordenado sacerdote y, con su trabajo, recorrió varias iglesias del país. Fue un párroco a la usanza de entonces. Comenzó en Yésero, siguió en Jasa, Santa Cruz de la Serós, Santa Eulalia de Gállego, Larrés y terminó en Sabiñánigo. Ahora bien, no fue un camino llano. Los altibajos, las sorpresas de susto y de congoja también atravesaron la vida de mosén José.

En el año 1931 se proclamó la República, lo que significó la supresión de la dotación del clero. Entonces para poder sobrevivir, mosén José dejó la tierra de la montaña y bajó a Zaragoza. Creó su residencia de estudiantes con academia particular incluída. En ella enseñó a un buen número de jóvenes de la época, preparándoles para el bachiller y el ingreso en la universidad.

Antes de esto, siendo párroco de Larrés enfermó de fiebres maltas. Medio inválido tuvo que bajar a Zaragoza a visitarse en la consulta de D. Pedro Ramón y Cajal. De esa visita, recuerda su sobrina que el médico, después de darle un golpe en la rodilla, dijo: – "¡tenemos hombre!" . Ciertamente, debió ser una temporada dura. Tardó en recuperarse, pues la convalecencia fue lenta y las mejoras muy pocas. Debido a la enfermedad pasó un tiempo en la Facultad de Medicina, en la sala de distinguidos. En ella tuvo como compañero a un personaje de la CNT, si la memoria de su sobrina no falla, éste se llamaba Mariano Ascaso. Les unió la amistad que continuaron mientras mosén José vivió en Zaragoza hasta la muerte de Mariano al que acompañó en su entierro.

Esta fidelidad, –por encima de las ideologías y centrada en la persona–, le trajo unas consecuencias desagradables, pues hacía que se significase políticamente. Por esa razón, terminó con sus huesos en el campo de concentración de San Juan de Mozarrifar. Fue en 1942. Allí pasó dos meses encerrado. El supuesto motivo era que acogió a un arquitecto hermano de un amigo. Este señor tenía que presentarse a la policía en Madrid todos los meses. Por miedo, se escapó a Zaragoza. Mosén José le dió cobijo en su casa. Al poco tiempo, llegaron noticias de la familia de que lo buscaban en Madrid. El tal señor decidió que lo mejor era regresar a Madrid y mosén José le acompañó a la estación. Como dice su sobrina: "A los dos días, Mosén José recibió una postal diciéndole que había llegado bien, que todo estaba en orden y que le dijera una misa a la Virgen del Pilar, pero no le dió tiempo porque recibió la postal por la mañana pero a la tarde ya tuvo que ir a la comisaría y después a San Juan de Mozarrifar. Menos mal que gracias a sus amistades pudo salir pronto".

Por encima de todo mosén José fue un hombre vinculado a su gente y a su tierra. Con su gran sociabilidad se hacía pronto con el cariño de los feligreses. Era carpintero, cazador y un hombre dinámico, disciplinado, enérgico y recto, de gran personalidad. Un hombre frugal y sobrio. Sus vicios fueron el café y el tabaco. Comía poco, fumaba mucho y siempre cuarterón y farias. Murió de cáncer de pulmón el veintiocho de agosto de 1957.

Sabía mirar el mundo a través de las entretelas y de las necesidades. Cuan lejos estaba este mosén del que pintó Sender en su Requiem. Don José era todo lo contrario. Se llevó alguna reprimenda de sus superiores por no querer pasar la colecta. Como decía él, cuando estaba en Sabiñánigo: – "¿Qué les voy a pedir, si casi todos son obreros?" .

Ahora bien, no se quedó sólo en el universo de sus alrededores. Por su capacidad y su buen trato, estableció amistad con gentes como D. Miguel Allué Salvador, D. Miguel Asín Palacios, D. Ramón Menéndez Pidal y otros ilustres de su tiempo.

Pero, además de sus amistades y de los avatares de su vida, de mosén José hay que recordar su obra. Se han perdido muchos de sus trabajos y no es fácil encontrar los artículos que publicó bajo seudónimo en el Heraldo de Aragón de sus años de Zaragoza. De lo que hoy se conserva destaca su "Nuevo Diccionario Etimológico Aragonés" y su "Ortografía sin reglas".

Junto a esto, no nos podemos olvidar de sus dos obritas sobre el humor aragonés publicados con el seudónimo de Oscanio, "Ingenio y buen humor. Cuentos, chistes, anécdotas" y su "Cancionero aragonés patriótico y humorístico". Gracias a Julio Gavin sabemos que escribió una obrita de teatro integramente en aragonés. Julio la pudo leer y lo que hoy queda es ese recuerdo. Era una historia similar a la de "Capuletos y Montescos", donde se contaban las correrías de su protagonista, Rosendo. El ejemplar nunca se publicó y, si todavía existe, estará en algún cajón olvidado de los archivos de la diócesis.

Mosén José se preocupó por desmontar la imagen que se tenía de los aragoneses en su tiempo. Fue un aragonés convencido de que las virtudes de la gente de su tierra tenían una etimología especial. Una tarea que tenemos que abordaremos con más detalle.

(Seguiré con el análisis de sus obras)

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Actualización: Jueves, 12/4/2001
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