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Sumario José Garcés Romeo La Honor de Senegüé y la de Matidero. Ana Isabel Lapeña Paul Historia de Satué de Arto y Blasco de Sandiás. Ricardo Mur Saura Sobre los orígenes del arte Serrablés. Adolfo Castán Sarasa El testamento espiritual de Cajal. J. Antonio Gascón Sánchez José María Satué Sanromán Chaime Marcuello El escritor alemán Erich Arendt y el Alto Aragón. Bernd Bauske XXI Salón Internacional de Fotografía. José Antonio Duce 1931-1938 Sabiñánigo. Serrablo. José Carlos Castán Ara
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El testamento espiritual de Cajal.J. Antonio Gascón Sánchez I. La paciente y tenaz búsqueda en los archivos de la biblioteca del Centro Aragonés de Barcelona por parte de la eficiente bibliotecaria Cruz Barrio y el buen hacer del actual mandatario Joaquín Bajén han permitido el hallazgo de una carta manuscrita de Cajal, del año 1933, dirigida al presidente de dicha institución. La carta –auténtico testamento espiritual cajaliano– de veinte líneas de extensión, rezuma afecto hacia Zaragoza y un claro y firme deseo de reposar en su camposanto, llegado el último suspiro. Hecho que el sabio, con sus 81 años, intuía ya próximo.
Hasta la toma de posesión de la cátedra de anatomía en Valencia –lo que ocurrió en 1883, concretamente el 5 de diciembre– la singladura vital de Santiago Ramón y Cajal fue casi en su totalidad aragonesa. Si se exceptúan los veinte primeros meses vividos en Petilla de Aragón (Navarra) en donde nació el 1º de mayo de 1852, la breve temporada como teniente médico en Lérida y los pocos más de docena y media de meses transcurridos en la isla de Cuba, sus primeros 31 años fueron vividos en el viejo Reino de Aragón, con esporádicas estancias en la villa de Madrid. Cajal amó mucho a Madrid y el excepcional esfuerzo que hubo de realizar, a sus 39 años, para obtener la cátedra matritense es uno de los hitos en la inalcanzable trayectoria del férreo don Santiago. Habitó en la capital algo más de 42 años, trabajó incansablemente, publicó un ingente número de libros y artículos originales, recibió premios y honores siendo respetado, querido y admirado, pese a ello, dejó escrito: "Ayerbe es mi pueblo y Zaragoza mi ciudad". Su paso por Luna –a la vera del Santuario de Monlora–, Valpalmas, Jaca, Huesca, Valencia o Barcelona (en donde quedó enterrada su hija Enriqueta, pese a lo cual jamás retornó a la capital de la Marca Hispánica), no dejó en el sabio ni la seña ni el vestigio con que se impregnó en Ayerbe y Zaragoza. De Ayerbe, rememora con cariño no sólo a la villa, sino a vicisitudes en ella transcurridas. De la labor pedagógica paterna recibida a la vera de Gratal, dice textualmente: "Tengo para mí que el futuro disector de Zaragoza, el catedrático de Anatomía de Valencia y el investigador modesto, pero tenaz y activo que vine a ser andando el tiempo, fueron el fruto de aquellas primeras lecciones de osteología explicadas en un granero". "Zaragoza es algo mío, muy íntimo, que llevo embebido en mi corazón y en mi espíritu, y palpita en mi carácter y en mis actos"; escribe el neuroanatómico. De siempre –independiente de la devoción a la Patria común– se mostró entrañablemente vernáculo. Y nos legó un sinfín de ejemplos. II. Solícito acude a prologar un libro de poesías del ainzonero Marcos Zapata. Y no lo haría, evidentemente, en espera de compensación económica pues el dramaturgo, que ya había estrenado en 1871 su nada desdeñable obra "La capilla de Lanuza" era conocido en ambientes literarios como autor de la cuarteta tan ingeniosa como desgarradora:
Un perro me da calor Para el autor de la letra de la famosa zarzuela "El anillo de hierro", con música del maestro Marqués y estrenada en 1878, la liberación y el disfrute de un buen pasar llegaron tarde, demasiado tarde; precisamente al obtener un elevado cargo en la Casa de la Moneda. Irónico destino para quien libró una perenne batalla en la lucha por la diaria subsistencia. ¿Contribuyó don Santiago, ya premio Nobel, en el nombramiento de Marcos Zapata como empleado en la casa de los dineros?. Posiblemente. En la carta-prólogo del cuarto tomo de "Fruta de Aragón", de Gregorio García Arista, puede observar el lector que Cajal estaba al día de cuanto se publicaba concerniente al costumbrismo aragonés. Las consideraciones del neuroanatómico acerca del lenguaje usual, especialmente en la provincia de Zaragoza, son del todo atinadas. Además añade: "Ha sorteado usted con gran habilidad y tacto, dos escollos contra los cuales se han estrellado algunos cuentistas de la tierra; ha evitado vd. el zafio baturrismo cultivado por ciertos graciosos de guardarropía, y ha huido vd. como de peste del chascarrillo verdoso. Todo es, pues, en sus cuentos limpio, diáfano y honestamente regocijable". Lector voraz desde la adolescencia tenía el sabio suficientes elementos de juicio para poder opinar. IndudabIemente nada de lo aragonés le era ajeno. Jorge Puyó, culto y bravío pastor ansotano nos contaba, poco antes de su fallecimiento, que acompañó al sabio recorriendo aquellos valles y hacía hincapié comentando la gran fortaleza física de éste recorriendo a pie gran parte del valle de Zuriza. Un Cajal, ya añoso, que no reblaba ante la empinada caminata y que, codicioso de belleza, llenaba sus retinas con aquellas sobrecogedoras grandezas de quebradas, hoces y desfiladeros de difícil olvido. Ildefonso Manuel Gil, que le entrevistó en el Café del Prado, calle de León, de Madrid, cerca del Ateneo, también coincide en lo muy presente que Aragón estaba en la mente de don Santiago. "Pese a ser ya casi octogenario era un hombre físicamente muy poderoso, de manos fuertes y bien proporcionadas que hablaba a guisa de monólogo de lo que había sido su fecunda vida", apostilla el humanista panicero-darocense. Este Café del Prado está hoy ocupado por una bien surtida tienda de antigüedades, cuyo propietario, don Luis Morueco, de San Leonardo de Yagüe (Soria) nos muestra las dependencias del establecimiento en donde, pese a la reforma llevada a cabo para la transformación del viejo café en el actual local comercial, se pueden ver las columnas originales así como las vigas de madera del techo. Las obras se realizaron en 1965 bajo la dirección del prestigioso arquitecto Chueca Goitia. Nos dice el señor Morueco que la puerta giratoria –por la que tantísimas veces entró y salió don Santiago– se halla, todavía funcionando, en el Casino de Colmenar de Oreja, en el partido judicial de Aranjuez. Por su parte, Eduardo Zamacois escribe: "El maestro habla y su voz es bronca y su conversación un hilado de afirmaciones meridianas y concisas, y sus ademanes violentos, terminantes, cual si en cada uno de ellos pusiera todo el fuego dominador de su voluntad". Voz bronca, dice Zamacois, mientras Josefina Carabias escribió que, en el cuatrienio de 1883-87 en el que explicaba en la ciudad del Turia ... "daba sus lecciones con aire de lotero" al decir de sus alumnos. La señora Durán Muñoz, nieta del sabio, a quien trató muchísimo pues al fallecer éste contaba ella 18 años, afirma: "Ni a la abuela Silveria (a quien, por cierto, no le gustaba su nombre) ni al abuelo les abandonó nunca el acento aragonés". III. Detallista, Cajal, cuando a su discípulo y sucesor en la cátedra Jorge F. Tello se le nombra académico de la Real de Medicina, dice textualmente: "Había nacido en Alhama y crecido junto a las riberas del Jalón, ese pequeño Nilo fecundante, cantado por Marcial y cuyos murmullos arrullaron la cuna de muchos hombres ilustres, entre ellos del profundo pensador e insuperable estilista Baltasar Gracián y del gran estadista, desgraciadamente poco escuchado, Conde de Aranda". En el que sería su segundo testamento, en el año 1927, el ocho de febrero, comparece ante el notario, diciendo ser vecino de la calle Alfonso XII, de Madrid y con célula personal veintiséis mil trescientas veinticuatro, disponiendo una serie de cláusulas entre las que destaca la creación de un premio para la Facultad de Medicina de Zaragoza, otro para la Facultad de Valencia y un tercero para la de Barcelona así como un legado para las academias de Medicina y de Ciencias madrileñas. Posteriormente, en un tercer testamento, por los visos secesionistas que imperaban en Barcelona, anuló su donación a esta ciudad. La actitud de la oligarquía barcelonesa le dolió en lo más profundo de su alma pero no le sorprendió demasiado pues ya, muchos lustros antes, hace decir a uno de sus personajes de su libro "Cuentos de vacaciones" que "el político profesional es la peor aportación que ha dado Europa al mundo civilizado". Clarividencia se llama al hecho. Don Santiago, una vez más, no sólo por sus teorías de la neurona, polaridad dinámica o su genial idea monogenista, sino también por sus reflexiones sobre el comportamiento de la especie humana es portentoso. Su opinión sobre los doctrinarios políticos ya queda reseñada. Antaño como hogaño para algunos sujetos la sed de mando es insaciable. El deseo de ser obedecido es un afán ilimitado. El ansia de poder del iluminado parece proceder de los más hondos relejes del satanismo. Y por tanto el cajalismo es una auténtica filosofía. Una actitud ante la vida. Una forma de entender el compromiso humano. IV. En junio de 1877, en Madrid, ve Cajal los primeros cortes histológicos en la cátedra de Aureliano Maestre de San Juan quien había estado en los Paises Bajos, Alemania y Gran Bretaña. Tenía publicada una Anatomía General, de 1872, apareciendo una segunda edición titulada Tratado Elemental de Histología. Aunque, en verdad, quien enseñó micrografía a Maestre fue Eloy Carlos Ordoñez, venezolano residente en París. Prontamente, de la mano de Maestre, iban a descollar dos jóvenes histólogos: Leopoldo López García y Luis Simarro. Por muerte súbita de Maestre de San Juan, Simarro, brillante y documentado, era el candidato destinado a sucederle. En los ambientes universitarios se daba por hecho. Sólo la excepcional capacidad de Cajal pudo hacer variar el pronóstico. Las oposiciones fueron tan largas como enconadas. Simarro, perdedor, demostró dotes que, ante otro opositor que no hubiera sido el altoaragonés, hubieran bastado para obligar a su rival al abandono de las pruebas. Cajal, ya catedrático en Barcelona desde hacía cuatro años, no podía regresar derrotado, hubiera constituido un insufrible baldón. El triunfo en aquellas oposiciones fue tan sonado como definitivo. Entró Cajal en la Universidad de Madrid y lo hizo por la puerta grande. Generoso, una vez más, tendió la mano a Simarro pero éste, herido en su amor propio, renunció a la docencia. Don Santiago deploró la pérdida que para la universidad supuso la marcha de su antiguo competidor porque se trataba de un excepcional histólogo y pedagogo, pero ya nunca pudo contar en la colaboración del alumno predilecto de Maestre. Con claridad meridiana lo ve uno de los biógrafos, el también histólogo Jiménez de Asúa, al escribir: "¡Era tan difícil luchar contra Cajal!". Fernando de Castro, que tan sagaces estudios fisiológicos llevó a cabo, etiqueta a Cajal como precursor en Neurofisiología... "tal como yo le conocí, con su esplendoroso espíritu, con la genialidad de su obra, con su entrañado patriotismo, como ejemplo y educador de la juventud y como fomentador de la investigación científica...". V. Bello es el recuerdo que tiene el sabio para la ciudad cesaraugustana. Un ejemplo más, por si fueran pocos, de lo mucho que la tuvo presente,... "como tributo de veneración y agradecimiento a los profesores de la Facultad de Medicina de Zaragoza y como estímulo a sus alumnos de Anatomía, asignatura que enseñé como auxillar y director del museo anatómico durante mi juventud, lego a dicha Facultad la cantidad de veinticinco mil pesetas que serán destinadas por el claustro y en la forma que estime conveniente... en igualdad de méritos será preferido el candidato de más modesta condición economíca...". Amó a Aragón y a sus gentes. De Huesca era su esposa Silveria Fañanás, con quien se casó, en julio de 1879, en la zaragozana iglesia de San Pablo. Junto al Ebro nacieron Santiago y Fe. A un hijo le llamó Jorge y a una hija Pilar. En Panticosa y San Juan de la Peña se curó de la grave hemoptisis que le sobrevino jugando al ajedrez en el café Iberia. Paisanos suyos fueron muchos de sus colaboradores: Pedro Ramón, Rafael Lorente de No, Jorge F. Tello, Julián Sanz Ibáñez, Galo Leoz y Ramón Martínez. Y en cuanto a su deseo de ser sepultado en tierra aragonesa, basta con leer la carta autógrafa motivo del presente artículo. Cajal será siempre un hombre inabarcable, de imperecedera huella. Ejemplar. "Espejo para españoles" en acertado apotegma del gran médico y humanista contemporáneo Fernando Solsona. Asevera el profundo fedatario turolense Lain Entralgo que "los médicos españoles estamos en deuda con Cajal". Tras esta afirmación cabe preguntar: ¿Y Aragón? ¿Qué ha hecho y qué hace? Faltan ocho años para el año 2002. Se cumplirá entonces el 150 aniversario de la fecha natal del gran neuroanatómico. ¿Seguiremos en fase de criptocajalización?. Sariñena (Huesca), 1º de mayo de 1994, en el ciento cuarenta y dos aniversario del nacimiento de Santiago Ramón y Cajal. |
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