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Sumario José Garcés Romeo La Honor de Senegüé y la de Matidero. Ana Isabel Lapeña Paul Historia de Satué de Arto y Blasco de Sandiás. Ricardo Mur Saura Sobre los orígenes del arte Serrablés. Adolfo Castán Sarasa El testamento espiritual de Cajal. J. Antonio Gascón Sánchez José María Satué Sanromán Chaime Marcuello El escritor alemán Erich Arendt y el Alto Aragón. Bernd Bauske XXI Salón Internacional de Fotografía. José Antonio Duce 1931-1938 Sabiñánigo. Serrablo. José Carlos Castán Ara
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La Honor de Senegüé y la de Matidero.Ana Isabel Lapeña Paul La honor de Matidero. Otra de las células adjudicadas a la cámara en la división de 1246 fue el priorato de San Juan de Matidero, del que no existen noticias tras su asignación hasta muy avanzado el siglo XIII. Por lo menos desde fines de esa centuria es una de las propiedades pinatenses que no se explotó directamente sino que entró en la dinámica de la obtención de rentas a través del sistema de treudos [393] . Así hacia 1290 el priorato era atreudado con toda su honor y derechos al presbítero Juan de Oriol por un período de diez años, quien a su vez se comprometía a pagar cada año 350 sueldos jaqueses y a cumplir ciertas cláusulas típicas sobre recepción del abad y de los monjes, la retención en manos del monasterio de dos cenas, de la selva y de los homicidios. Esta práctica de atreudamiento continuó en los siglos siguientes. Condiciones más rigurosas se expresan en un siguiente contrato concedido en 1329. El treudero quedaba obligado a pagar en este caso 430 sueldos jaqueses, llevarlos a sus expensas, levantar un molino a su costa en un período de 5 años, mantener las iglesias de esa honor o priorato y atenderlas en lo eclesiástico, repararlas si fuera necesario, pagar la parte que le correspondiera si la Santa Sede solicitaba un subsidio a San Juan de la Peña y también en las cenas del obispo de Huesca. Figuran además las que se habían impuesto anteriormente como el deber de alojamiento del abad, procurador de la cámara y monjes que allí fueran, las cenas, la retención de los homicidios y de la mencionada selva. Un nuevo documento aporta una descripción bastante completa de las pertenencias de este antiguo priorato a principios del siglo XV: las villas de Matidero, Biván, Binueste y Alastrué; los palacios de Gillué, Secorún, Laguarta, San Petrillo, Bagüesta, Murillo, Betatiello y el de la Val de Sieste (¿San Juan?), todos ellos con sus heredades y algunos con sus molinos, más los restantes bienes y términos propios de la honor que no se especifican. Este texto de 1406 detalla las condiciones que los nuevos arrendatarios Fortún de Villacampa y su mujer, se comprometían a observar. Son éstas bastantes similares a las anteriores. El censo que abonaría cada año se había reducido a 250 sueldos. Este documento permite conocer algo más sobre la figura del arrendatario, sus competencias y deberes. Efectivamente el arrendatario pagaba la cantidad concertada y tenía que cumplir todas las fórmulas estipuladas, pero, por otra parte, obtenido el dominio util sobre el patrimonio de Matidero, podía a su vez subinfeudar los diferentes bienes que lo conformaban. De esta forma cobraba los censos de estos subtreudos, los diezmos, primicias y todos los derechos que allí tenía el de la Peña. Con el monasterio se comprometía al cuidado de los bienes, a una atención eclesiástica conveniente para los parroquianos de estos lugares, al abono del censo y otros diversos pagos. En bastantes casos actuaba como recaudador de los censos de otras propiedades pinatenses. Así el pago que los vecinos de Biván tenían que hacer anualmente podían abonarlo al procurador de la cámara o al arrendatario de la honor de Matidero. E igualmente sucedía con el de ciertos treudos como el realizado sobre la iglesia, heredades, términos y puertos de Santa María de las Landas de Torla, o el de un palacio y sus heredades en Gillué [394] . Acordó conceder unas nuevas condiciones que permitieran su repoblación. A partir de ese momento nada más pagarían tres cahíces de trigo, dos de avena, los diezmos y la parte que les correspondía en los monedajes, cenas reales y otras tributaciones que los vasallos pinatenses satisfacían, más las multas y homicidios si venían el caso. La población de esta honor a principios del siglo XV era de 32 casas 396. Con respecto a los vasallos pinatenses que allí vivian, el arrendatario se obligaba a no inquietarlos o molestarlos en sus derechos, a no actuar por su cuenta si surgía algún problema con ellos, a visitar los palacios que formaban la honor y recaudar allí las cenas, pero sólo en el caso que el procurador de la cámara no acudiera personalmente a hacerlo. No estaba autorizado a quedarse con las colonias o multas superiores a diez sueldos ni con los homicidios. Debía, además, recuperar los bienes que estuvieran "disfrahydos e mal separados" . Por su parte los vasallos de Matidero habían de ayudarle prestándole sus animales un día al año para llevar el cereal a venderse. Pero en algunos momentos San Juan de la Peña atreudó propiedades que, según creo, formaban parte de esta honor. Las razones de este comportamiento pueden ser varias, bien porque en ese momento no encontrara a nadie que se comprometiera, o pudiera, cumplir las condiciones impuestas, bien porque se reservara alguna pertenencia y procediera a obtener de manera directa unas rentas y no mediante la subinfeudación realizada por el arrendatario, aunque me inclino por la primera hipótesis. Los casos documentados son dos, el primero es un treudo sobre un casal con sus viñas y huertos en el mismo lugar de Matidero realizado en 1391 y el hecho en 1395 sobre el palacio de Gillué [395] . El hecho de que pocos años después, en 1406, se hiciera el atreudamiento ya citado a Fortún de Villacampa con un censo considerablemente menor que en otras ocasiones, 250 sueldos, cuando a fines del siglo XIII se había fijado en 350 y en 1329 en 430, y que además se concediera a un escudero obliga a pensar que San Juan de la Peña no hubiese podido atreudarlo en los años previos. Aunque San Juan procediera a atreudar esta honor seguía siendo su dueño, y por eso mismo se preocupó de los problemas que surgían dentro de ella. Uno de estos fue el despoblamiento que sufrió esa zona en la primera mitad del siglo XIV, en concreto el lugar de Biván. Para remediar el lamentable estado que atravesaba por las contínuas disputas con sus convecinos, y por las fuertes contribuciones que tenían que pagar cada año al procurador de la cámara, el monasterio acordó conceder unas nuevas condiciones que permitieran su repoblación. A partir de ese momento nada más pagarían tres cahíces de trigo, dos de avena, los diezmos y la parte que les correspondía en los monedajes, cenas reales y otras tributaciones que los vasallos pinatenses satisfacían, más las multas y homicidios si venían el caso. La población de esta honor a principios del siglo XV era de 32 casas [396] . [393]
A.H.N.
carp, 725, nº 18
[394] Lapeña, A. I.: Selección ... doc. 194, 122 y cod. 431 b, fol 45 r. [395] Lapeña, A. I.: Selección ... cod. 431 b, fol.17 r y 45 r. [396] Lapeña, A. I.: Selección ... doc. 194 y 198. |
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