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Sumario Editorial 25 Años de «Amigos de Serrablo» «Amigos de Serrablo» Algo mas que unos -amigos- Carta a serrableses Aportación al conocimiento de las fuentes históricas medievales para la comarca de Serrablo Evolución estética y estructural de las torres patricias en el prepirineo Junto a cadiera, una sociedad en extinción Arquitectura popular de Serrablo Dualidad dinámica Onomástica de Biescas y de Gavín en un deslinde del año 1484 A naxetura de samianigo Ibort, en tierras del Gállego Falange española de las J.O.N.S. de primera línea de Sabiñánigo hace sesenta años... Saturnino Otín, un piquero del Serrablo Los carlistas en el Pirineo según la tradición oral La tradición de Santa Orosia ¿un mito osiríaco? Recuperación de los núcleos rurales ¿San Pedro patrón de Aragón? Casetas y casetones El Serrablo y la fotografía Tendencia europea en la pintura altoaragonesa de la segunda mitad del siglo XV Julio Caro Baroja Se nos ha ido un maestro Monasterios medievales de Serrablo El molino del Hostal de Ipiés en el siglo XX El abad Banzo Pastorada de Santa Orosia 96 Índice de artículos (Del nº 76 al nº 100) |
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Leonardo Puértolas Coli
En nuestro Serrablo, como en tantos lugares de España, muchos pueblos
deshabitados desaparecerán del todo porque su situación geográfica o su estado
de deterioro, impedirán cualquier actuación razonable y sólo se podrá mantener,
con grandes esfuerzos, sus edificios más significativos, si los tienen. Otros, porque
las alternativas posibles a su reutilización difícilmente podrán garantizar su
pervivencia por lo que no se justifica una inversión en infraestructuras y servicios.
Son los probables casos de los pueblos situados en Sobrepuerto o de Secorún,
Cañardo, Ibirque, Fablo, Alavés, Fenillosa, Villacampa, etc. Actualmente existen
varias alternativas, diferentes entre sí que, con mayor o menor eficacia, están
contribuyendo a la recuperación de parte del patrimonio tradicional rural. En algún
caso han sido pueblos enteros que la Administración ha llevado a cabo su total
restauración para su utilización como centros de estudio y campos de trabajo,
como el de Búb
al, en el Valle de Tena. En el Sobrarbe, pueblos como Morillo de
Tou o Ligüerre de Cinca han sido recuperados por los sindicatos para lugares de
recreo y turismo. Una alternativa espontánea a la recuperación de los pueblos
deshabitados viene siendo su ocupación por los, eufemísticamente llamados,
"neo-rurales", en su mayoría jóvenes universitarios y licenciados, que han huido
de las ciudades en busca de naturaleza. Aineto, Artosilla e Ibort son los claros
ejemplos en Serrablo. Esta experiencia ya lleva muchos años funcionando,
siempre con los recelos de la Administración y de algunas gentes que todavía les
llaman hippies y que los ven extraños (será por no adoptar una forma
"convencional" de vida). Caso aparte
, por su singularidad, es el de Lanuza,
donde sus antiguos propietarios han conseguido de la Confederación Hidrográfica
del Ebro, la reversión de las casas que no quedan anegadas por el pantano y se
disponen a recuperar el pueblo. Un caso reciente es el solicitado al Ayuntamiento
de Sabiñánigo, por un promotor privado, para la rehabilitación de Gillué, para
destinarlo a pueblo de vacaciones con una serie de atractivos muy interesantes de
actividades en la naturaleza, cuya viabilidad urbanística ya ha tenido el visto
bueno de la D.G.A. El Plan Especial de Protección del Pirineo, prevé alguna
fórmula para recuperar pueblos abandonados, mediante expedientes de ruina,
cesiones a la iniciativa privada y asociaciones, etc. Prueba reciente de ello es el
concurso publicado por la D.G.A. para la concesión administrativa de tres núcleos
deshabitados situados en montes de utilidad pública, a asociaciones sin ánimo de
lucro y con un carácter eminentemente social.
Se trata de reconstruir (literalmente:
volver a construir) una completa ruina, dotar al núcleo de todos los servicios
urbanos a costa de alguna "Asociación sin ánimo de lucro y de carácter social",
además de otras condiciones bastantes rigurosas. No se si existe un mirlo blanco
de Asociación capaz de soportar tales condiciones, como no sea una Fundación
millonaria. Uno de esos tres núcleos es el de ISÍN. No obstante, a pesar de las
citadas reservas, toda iniciativa oficial tendente a la recuperación de nuestro
patrimonio arquitectónico rural, debe ser bien acogida y hasta celebrada, aún
cuando las fórmulas y modos sean de difícil acierto. Pero el fenómeno social más
notable y efectivo está siendo la recuperación de pueblos por los particulares que
rehabilitan las casas antiguas como segunda residencia, para pasar temporadas.
Un caso cercano es el de Gésera, donde sus propietarios, residentes en Huesca y
Zaragoza, han rehabilitado prácticamente todas las casas,
en unos 10 años a esta
parte. Lo mismo se está empezando a hacer en nuestro lejano y bello núcleo de
Bara (numantina familia la de D. Luciano Ciprés). No digamos ya de los núcleos
más cercanos a Sabiñánigo, con servicios y comunicaciones, como Acumuer e
Isún de Basa, prácticamente considerados ya como habitados y los que se van
incorporando a su recuperación como Rapún, Allué, Bentué de Nocito, Used,
Cortillas o Susín. Como se aprecia, la tendencia en la recuperación de los pueblos
rurales, se está produciendo por métodos naturales, no forzados. El proceso es
sencillo: antiguos habitantes que vuelven con ilusión a sus casas, las arreglan
para pasar sus vacaciones o los fines de semana; Ayuntamiento que dota de
servicios al pueblo; el pueblo colabora en mano de obra; la primera obra en común
es la Iglesia, luego un centro de reunión que, normalmente, es la antigua escuela
pública; recuperación de la fiesta del pueblo; inauguraciones; comida con
autoridades, emp
adronamientos y.... otro pueblo que se ha librado de la horrible
expresión de pueblo abandonado. En todo caso, en la ejecución propiamente
dicha que a diario se da en todos los núcleos rurales, conviene siempre insistir en
que debe informarse y formarse adecuadamente a la sociedad y a todos los
intervinientes en el proceso, sobre el conocimiento preciso de esta arquitectura y
los criterios de intervención, así como instar a la Administración a que no sólo se
incluyan en sus normas urbanísticas las ordenanzas de protección específicas
para esta arquitectura popular, que ya se empiezan a incluir, sino que, aunque
parezca paradójico y casi insultante decirlo, se hagan cumplir, o sea, que haya
una eficaz disciplina urbanística. La acertada combinación entre iniciativas como
las apuntadas, el apoyo económico oficial y el tratamiento administrativo y técnico
correcto, traerá consigo, necesariamente, una intervención coherente y sabia en la
acción rehabilitadora de est
e patrimonio rural, cada vez más apreciado y sentido.
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