Sabiñánigo. Serrablo. 1931-1938.

Comportamiento político, conflictividad social Continuación

B. LA GUERRA CIVIL

El contraataque republicano - catalan.
La guerra de columnas.

Como bien dice Salas Larrazábal: el día 21 termina la fase que podemos definir como de golpe de Estado. El País se enfrenta con la terrible perspectiva de una guerra civil en la que desemboca necesariamente la situación de tablas en que había quedado el golpe de mano de los sublevados. Ni éstos habían logrado alzarse con el poder, ni el Estado había conseguido dominarlos.

Los sublevados disponían de la estructura castrense en las zonas donde había triunfado el alzamiento, con un total de fuerzas de choque de 22 regimientos de infantería, 15 de artillería y 7 de caballería, más 47.000 hombres del ejército de África. El Gobierno republicano había disuelto todas aquellas unidades militares que habían quedado en su poder; se le plantea ahora el problema de organizar una fuerza capaz de hacer frente a los sublevados.

En Barcelona, tras el fracaso del alzamiento, la situación es de euforia. Partidos y sindicatos organizan sus propias fuerzas para tratar de recuperar lo perdido; para algunos es la ocasión histórica de poner en marcha la revolución. A los cuarteles tomados a los militares y repartidos entre las organizaciones de masas, comienzan a afluir gran número de militantes y simpatizantes. Cada partido y cada sindicato organiza su propia columna y todos ellos se dirigen hacia la zona más próxima dominada por el golpe militar: Aragón. Para intentar dar cierta coordinación a las columnas y dirigir su acción se crea en Barcelona el Comité de Milicias Antifascistas, que aglutinaba en Cataluña las unidades armadas de CNT, UGT, FAI, PSyCP POUM, Esquerra, Unión de Rabassaíres y Acció Catalana; había, además, una representación de la Generalitat.

La primera columna en salir es la de Durruti, el 23 de julio, con la asistencia técnica del comandante Pérez Farrás. El día 25 ya están en Fraga y Bujaraloz. Con las demás columnas que llegarán en los sucesivos días, el precario frente aragonés se intentó organizar en tres sectores donde operarían tres columnas o agrupaciones de columnas que gozaban de total autonomía y sobre las cuales se tenía escasa informaciones en cuanto a sus actuaciones concretas.

El sector Centro, desde Tardienta hasta el Ebro, estaba cubierto por la columna Durruti, a la que se unió la columna Marx, integrada por militantes del PSUC y de la UGT, al mando de Luis Trueba y José del Barrio, que desde Lérida se dirigió hasta Tardienta, Monzón y Sariñena. Durruti se detendrá a 18 kilómetros de Zaragoza.

En el sector Sur del Ebro operaría la denominada "2ª columna", de predominio anarco-sindicalista, dirigida por Antonio Ortíz y el comandante Salavera, marchando hasta Caspe y Alcañíz, ocupando esta última ciudad a finales del mes de julio. Recibirían refuerzos de algunas columnas valencianas.

En cuanto a la zona de frente al norte de Tardienta, otro hecho tendrá relevancia a la hora de la distribución de fuerzas en la provincia: si bien en las guarniciones de Jaca y Huesca había triunfado el alzamiento, no ocurre lo mismo con la guarnición de Barbastro, que queda del lado de la República. Esta guarnición, a la que se unen los numerosos frentepopulistas y anarquistas del Bajo Cinca, va a dirigir inmediatamente sus esfuerzos al mando del coronel Villalba, sobre Huesca. Con el tropiezo de Siétamo, donde actúan casi por primera vez en Aragón, voluntarios internacionalistas, se estrellan definitivamente ante las murallas de Montearagón. donde tras duros combates obligarán a los nacionales a replegarse en Estrecho Quinto (mes de septiembre), estabilizándose el frente sobre los alrededores de la capital oscense, que quedará sometida a sitio. Ejército y voluntarios juntos pasarán a denominarse "Milicias de Barbastro". A estas milicias se les unirán pequeñas columnas catalanas como "La Roja y Negra" y los "Aguiluchos" de García Oliver y grupos del POUM. Recibirán también el importante refuerzo de la columna anarquista "Francisco Ascaso", dirigida por Cristóbal Aldabaldetrecu y Gregorio Jover.

Del frente serrablés o pirenaico puede decirse que fue el frente menos importante de toda la guerra civil española. Incluso esta llegó hasta nuestras tierras con cierto retraso. Los primeros en organizarse fueron los obreros del pantano de Mediano, entonces en construcción, que, autónomamente, trataron de controlar el mayor territorio posible; no tenían capacidad ni para atacar ni para defenderse, sólo para esperar. A éstos se les unen otros grupos de montañeses que habían huido en los primeros días del golpe y que se habían integrado en las diversas columnas; se les dio libertad para decidir luchar en su tierra y por su tierra. La mayor parte de los republicanos que lucharon en el Serrablo no eran forasteros ni mucho menos, sino que tenían las familias muy cerca.

A finales de agosto, con más refugiados altoaragoneses en tierras catalanas y algunos de aquel país, se comenzó a organizar formalmente en el cuartel barcelonés de Pi y Margall una columna que se autodenominó "Milicies Pirenenques". A su mando se sitúa el comandante retirado Don Mariano Bueno Ferrer[1]. También, y como parte del aún non nato Ejército catalán, se organizó el Regimiento Pirenaico nº 1, militarizado en Cataluña y formado por esquiadores y montañeros de los clubes alpinos catalanes. Entre los mandos de tan heterogéneas fuerzas destacan Julián Mur, Alcalde de Jaca hasta el 18 de julio y el infatigable revolucionario Beltrán "el Esquinazau".

Este contingente, de unos mil quinientos hombres, aunque subordinados al mando de la columna del sector de Huesca, se constituyen en Agrupación Autónoma, operando de este modo durante algún tiempo.

El mando de todo el frente resultaba muy complejo; teóricamente lo ejercería el Consejero de Defensa de la Generalitat, que en este momento era el teniente coronel de aviación Felipe Díaz Sandino. El órgano de ejecución y coordinación era la denominada "Delegació del Front d'Aragó": en este organismo actuaban los jefes de columnas y algunos militares profesionales y su sede se estableció en Sariñena.

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Desde el lado nacionalista las cosas se veían bajo otro prisma. El frente aragonés para el mando no era más que un frente estático y defensivo donde habría que resistir a toda costa, mientras que en los campos de batalla cercanos a Madrid se decidiría la suerte de la sublevación. Por tanto, la resistencia habría de organizarse contando solamente con las fuerzas del Ejército y con la afluencia de voluntarios a los frentes, sin posibilidad, por el momento, de recibir refuerzos. Sólo cuando la totalidad del Ejército de África hubo pasado el estrecho se pudo contar con un pequeño contingente de moros y legionarios.

Se fomentó desde el lado nacional la formación de milicias locales de autodefensa y las organizaciones políticas afines al movimiento iniciaron una amplia campaña de propaganda y captación de voluntarios. De estas organizaciones, la más activa es la Falange, que como en otros puntos de España, se apresta a formar sus unidades de combate denominadas banderas (unidades tipo batallón). La 6ª bandera se organiza el 14 de septiembre englobando a unidades menores ya constituidas. Formaba parte de esta bandera la 2ª centuria de la Falange Española de 1ª Línea de Sabiñánigo, fundada el 22 de agosto de 1936, acto que revistió en nuestra localidad un gran ceremonial, con misa de campaña, entrega de bandera y posterior desfile de los falangistas por la Calle de la Estación. La 40 bandera se crea el 22 de septiembre. Se forman también otras unidades por parte de Acción Ciudadana, que normalmente se trataba de tropas que se situaban en retaguardia cumpliendo funciones de orden público. En el Valle de Tena y, sobre la base de los grupos de vigilancia, se forma la popular compañía de las "Panteras del Valle de Tena", compañía que no llegó a exceder de los setenta y cinco hombres[2]. Los requetés navarros y riojanos se agrupan en sus particulares unidades de combate, denominadas Tercios: "Doña María de las Nieves", "Doña María de Molina"... El 4 de agosto comienza el llamamiento de voluntarios para alistarse a la que se crea bandera de la Legión Sanjurjo por el comandante Pedro Peñarredonda[3]. En todo el frente aragonés actuarán otras milicias locales de menor importancia y cuantitativamente escasas. Otra de las banderas falangistas que operará en el Serrablo será la 10ª bandera, que se constituye en marzo de 1937. Se inician también suscripciones públicas para recoger oro y dinero para la compra de armas; en Jaca se crea una suscripción de este tipo el día 30 de julio.

Pero el peso de la defensa lo lleva el Ejército. Como hemos visto, éste conservaba en su integridad los efectivos de la V División orgánica, con cuatro regimientos de infantería: Aragón nº 17, Gerona nº 18, Galicia nº 19 y Valladolid nº 20; además contaba con el apoyo de dos regimientos de artillería.

El bando nacional precisó de una formación móvil y de alta calidad que actuara como fuerza de maniobra e hiciera frente a las situaciones de peligro que se presentasen en puntos concretos de la geografía aragonesa. Esta fuerza se basó en el Grupo de guardias de Asalto de Zaragoza y en la bandera "Sanjurjo" de la Legión. Al establecerse el enlace entre las fuerzas de Franco y Mola, esta Agrupación se reforzó con algunas tropas africanas. Este fue el germen de la Brigada Móvil, que quedó al mando del coronel Galera.

El frente aragonés no era sino secundario dentro del ámbito nacional en estos primeros tiempos de guerra y no digamos nada de la falta de relevancia del subsector serrablés. La situación de Huesca en los primeros meses de guerra era agobiante y la presión republicana se acentuaba, sobre todo, tras la retirada de Estrecho Quinto. De ahí que del sector de Jaca se detrae la mayor parte del regimiento Galicia nº 19, ya muy ampliado por la incorporación de reservistas quedando solamente en el Serrablo los elementos indispensables para la defensa y amparados en numerosas fortificaciones construidas, en gran parte, por los prisioneros del Rapitán. Al Ejército se unían las milicias falangistas y de derechas, poseídas de un fuerte espíritu combativo.

En octubre de 1936, además de las fuerzas del Ejército que quedaban en nuestra comarca, el despliegue de las demás era el siguiente:

  • Jaca: 2ª compañía de Acción Ciudadana.
  • Biescas: 2ª centuria de Falange.
  • Escuer-Sabiñánigo: destacamento de cincuenta y cinco hombres de Acción Ciudadana.
  • Anzánigo: dos centurias de Falange y un destacamento de Acción Ciudadana.
  • Ayerbe: una compañía de Acción Ciudadana.

Conocemos con cierto detalle las posiciones ocupadas y las operaciones realizadas por la Falange de Sabiñánigo gracias a un libro diario que recoge todas sus actividades desde su creación hasta el final de la guerra. Sus primeras acciones se centran en guarnecer la localidad de Jaca y allí se encuentran el 14 de septiembre junto con parte del regimiento Galicia. Pasan en esta fecha a servir, también de guarnición, a la localidad de Yebra de Basa. Además hay distribuida otra parte de la centuria entre Lanave y el Castillo de Lerés.

Las primeras operaciones que realizan tienen fecha de 12 de octubre de 1936: se trata de sendos reconocimientos armados en la Guarguera; el primero de ellos sobre la Pardina de Estaún, Mesón de Escusaguás, sierra de Monrepós y Caserío de Alavés. El segundo sobre los caseríos de Atós y Ordovés, hasta. entonces territorio de nadie y que pasa a ser ocupado por los nacionales.

El 21 de octubre y, ante la presión enemiga desde el río Guarga hasta Ipiés, se pasa a vigilar permanentemente el puente Fanlo, estableciendo una posición fortificada guarnecida por una escuadra de falangistas. Se refuerzan también las posiciones al noreste del Hostal de Ipiés. En este pueblo se pasa a fijar la plana mayor de la centuria de Falange de Sabiñánigo.

El 22, la guarnición de Yebra de Basa, compuesta por un cabo de la Guardia Civil, cinco números y veintidós falangistas, intenta una incursión armada sobre Orús y Espín, sin éxito. Se produce abundante fuego de fusilaría sin ocupar los pueblos. El 23, la activa Falange sabiñaniguense realiza otro avance por el Río Guarga, pero esta vez, más que a por enemigos, van a por ganado. En Ordovés, obtienen un botín de 279 cabezas ovinas y, ocupando el Caserío de Alavés y el pueblo de Belarra se obtienen 442 cabezas que los falangistas denominan en su diario "ganado del enemigo". Desde el lado republicano se reconoce haber perdido numerosas cabezas de ganado ovino y caprino en Gésera.

En su estrategia defensiva los mandos militares nacionales se apoyaron en el río Gállego como obstáculo natural, estableciendo tres cabezas de puente sobre la orilla izquierda que les sirvieran de base para futuras ofensivas en el sector.

De norte a sur, prescindiendo de la zona que se encuentra más arriba del fuerte de Santa Elena, dominada por los nacionales, el primer entrante en la orilla izquierda comprendía Biescas y Gavín. Descendiendo por el río quedaban en poder republicano las alturas de esta margen izquierda y, entre ambas líneas, una zona de nadie que comprendía los pueblos de Orós Alto, Orós Bajo, Oliván, Larrede, Javierre del Obispo, Satué y Latas. La segunda cabeza de puente comprendía la zona de Sabiñánigo, extendiéndose por la rivera del río Basa hasta Yebra. La línea de frente descendía hacia el sur dominando los nacionales los pasos del río y las líneas del ferrocarril hasta internarse en la sierra de Monrepós, teniendo como posiciones más avanzadas los pueblos de Lanave, Layés y Serué. Pero en esta zona sur del sector, más que de frente, es mejor hablar de un conjunto de posiciones y puntos fuertes de resistencia que debían aguantar, si eran atacados, hasta la llegada de refuerzos. Estas posiciones estaban fortificadas a base de blocaos, construidos con maderos y gruesas piedras y por bunkers de cemento menos rudimentarios.

El fuerte de Santa Elena cerró durante todo el conflicto el paso a los republicanos hacia el Valle de Tena; aunque viejo y desfasado para una guerra moderna, era una posición muy sólida, sobre todo, si tenemos en cuenta los medios con que contaban los atacantes.

  1. El comandante Bueno Ferrer era un militar retirado; detenido en los primeros días de la sublevación en Jaca, consiguió huir. Con la total militarización y la incorporación definitiva al Ejército Popular de la República mandará la 130 Brigada Mixta, siendo sustituido a principios de mayo de 1937 por el mayor de infantería Leopoldo Ramírez Jiménez. A finales de 1937 ascendió a teniente coronel y se le concedió la Medalla del Valor en 1939.
  2. La compañía de voluntarios del Valle de Tena, conocida como las "Panteras del Valle de Tena" y ensalzada por José María Gironella en su trilogía "Los Cipreses creen en Dios" fue formada a principios de septiembre de 1936 y se encargó de la vigilancia y control de los pueblos de este Valle, estando de guarnición, casi durante toda la guerra en el fuerte de Santa Elena y en el Balneario de Panticosa.
  3. La bandera de la Legión "General Sanjurjo", tardó bastante tiempo en ser operativa debido a la escasa afluencia de voluntarios. Hasta bien entrado el mes de septiembre no juró bandera y tuvo muchos problemas de disciplina. Su suerte fue adversa en el Serrablo, donde en las cercanías de Arto perdió a más de la mitad de sus efectivos.