En nuestro Serrablo, como en tantos lugares de España, muchos pueblos deshabitados desaparecerán del todo porque su situación geográfica o su estado de deterioro, impedirán cualquier actuación razonable y sólo se podrá mantener, con grandes esfuerzos, sus edificios más significativos, si los tienen. Otros, porque las alternativas posibles a su reutilización difícilmente podrán garantizar su pervivencia por lo que no se justifica una inversión en infraestructuras y servicios. Son los probables casos de los pueblos situados en Sobrepuerto o de Secorún, Cañardo, lbirque, Fablo, Alavés, Fenillosa, Villacampa, etc.
Actualmente existen varias alternativas, diferentes entre sí que, con mayor o menor eficacia, están contribuyendo a la recuperación de parte del patrimonio tradicional rural.
En algún caso han sido pueblos enteros que la Administración ha llevado a cabo su total restauración para su utilización como centros de estudio y campos de trabajo, como el de Búbal, en el Valle de Tena. En el Sobrarbe, pueblos como Morillo de Tou o Ligüerre de Cinca han sido recuperados por los sindicatos para lugares de recreo y turismo.
Una alternativa espontánea a la recuperación de los pueblos deshabitados viene siendo su ocupación por los, eufemísticamente llamados, "neo-rurales", en su mayoría jóvenes universitarios y licenciados, que han huido de las ciudades en busca de naturaleza. Aineto, Artosilla e Ibort son los claros ejemplos en Serrablo.
Esta experiencia ya lleva muchos años funcionando, siempre con los recelos de la Administración y de algunas gentes que todavía les llaman hippies y que los ven extraños (será por no adoptar una forma "convencional" de vida). La cuestión es que gracias a ellos se van rehabilitando los pueblos que habitan, se dotan de accesos y servicios, se mantiene una cierta actividad agropecuaria y artesanal, así como se consigue un esperanzador rejuvenecimiento demográfico.
Caso aparte, por su singularidad, es el de Lanuza, donde sus antiguos propietarios han conseguido de la Confederación Hidrográfica del Ebro, la reversión de las casas que no quedan anegadas por el pantano y se disponen a recuperar el pueblo.
Un caso reciente es el solicitado al Ayuntamiento de Sabiñánigo, por un promotor privado, para la rehabilitación de Gillué, para destinarlo a pueblo de vacaciones con una serie de atractivos muy interesantes de actividades en la naturaleza, cuya viabilidad urbanística ya ha tenido el visto bueno de la D.G.A.
El Plan Especial de Protección del Pirineo, prevé alguna fórmula para recuperar pueblos abandonados, mediante expedientes de ruina, cesiones a la iniciativa privada y asociaciones, etc.
Prueba reciente de ello es el concurso publicado por la D.G.A. para la concesión administrativa de tres núcleos deshabitados situados en montes de utilidad pública, a Asociaciones sin ánimo de lucro y con un carácter eminentemente social.
Se trata de reconstruir (literalmente: volver a construir) una completa ruina, dotar al núcleo de todos los servicios urbanos a costa de alguna "Asociación sin ánimo de lucro y de carácter social", además de otras condiciones bastantes rigurosas. No se si existe un mirlo blanco de Asociación capaz de soportar tales condiciones, como no sea una Fundación millonaria. Uno de esos tres núcleos es el de ISIN.
No obstante, a pesar de las citadas reservas, toda iniciativa oficial tendente a la recuperación de nuestro patrimonio arquitectónico rural, debe ser bien acogida y hasta celebrada, aún cuando las fórmulas y modos sean de difícil acierto.
Pero el fenómeno social más notable y efectivo está siendo la recuperación de pueblos por los particulares que rehabilitan las casas antiguas como segunda residencia, para pasar temporadas.
Un caso cercano es él de Gésera, donde sus propietarios, residente en Huesca y Zaragoza, han rehabilitado prácticamente todas las casas, en unos 10 años a esta parte. Lo mismo se está empezando a hacer en nuestro lejano y bello núcleo de Bara (numantina familia la de D. Luciano Ciprés.
No digamos ya de los núcleos más cercanos a Sabiñánigo, con servicios y comunicaciones, como Acumuer e Isún de Basa, prácticamente considerados ya como habitados y los que se van incorporando a su recuperación como Rapún, Allué, Bentué de Nocito, Used, Cortillas o Susín.
Como se aprecia, la tendencia en la recuperación de los pueblos rurales, se está produciendo por métodos naturales, no forzados. El proceso es sencillo: antiguos habitantes que vuelven con ilusión a sus casas, las arreglan para pasar sus vacaciones o los fines de semana; Ayuntamiento que dota de servicios al pueblo; el pueblo colabora en mano de obra; la primera obra en común es la Iglesia, luego un centro de reunión que, normalmente, es la antigua escuela pública; recuperación de la fiesta del pueblo; inauguraciones; comida con autoridades, empadronamientos y . .. otro pueblo que se ha librado de la horrible expresión de pueblo abandonado.
En todo caso, en la ejecución propiamente dicha que a diario se da en todos los núcleos rurales, conviene siempre insistir en que debe informarse y formarse adecuadamente a la sociedad y a todos los intervinientes en el proceso, sobre el conocimiento preciso de esta arquitectura y los criterios de intervención, así como instar a la Administración a que no sólo se incluyan en sus normas urbanísticas las ordenanzas de protección específicas para esta arquitectura popular, que ya se empiezan a incluir, sino que, aunque parezca paradójico y casi insultante decirlo, se hagan cumplir; o sea, que haya una eficaz disciplina urbanística.
La acertada combinación entre iniciativas como las apuntadas, el apoyo económico oficial y el tratamiento administrativo y técnico correcto, traerá consigo, necesariamente, una intervención coherente y sabia en la acción rehabilitadora de este patrimonio rural, cada vez más apreciado y sentido.