1931-1938 Sabiñánigo. Serrablo

B. La Guerra Civil.

HUESCA

En lo que respecta a la capital oscense, en la noche del viernes día 17, las armas de los polvorines militares de Fornillos son trasladadas por el Ejército a sus cuarteles. El día 18 transcurre en medio de una gran expectación y una ausencia total de información sin que el Gobernador Civil, señor Carrascosa, se atreva a tomar medidas enérgicas dada la relativa calma. La guarnición de Huesca, compuesta por una Media Brigada de Montaña al mando del general Gregorio de Benito, se encontraba en sus cuarteles.

Desde primeras horas de la tarde se concentra en el centro de Huesca ante el Gobierno Civil gran cantidad de gente, parte de ella venida de los pueblos vecinos. Entre la multitud destaca el diputado Ildefonso Beltrán que arenga a la masa que acaba exigiendo armas. El Gobernador, indeciso como tantos otros colegas, no osa tomar tal decisión. Entre tanto, la Guardia Civil, los Carabineros y las Fuerzas de Asalto, fieles en estos momentos a la autoridad republicana, están apostados en las tapias de la estación frente a los cuarteles.

Al amanecer del día 19, el teniente coronel Jefe de la Guardia Civil, señor Saenz Quintanilla, entra en el Gobierno Civil para entrevistarse con su titular, saliendo al poco tiempo. Inmediatamente, los guardias parapetados en la estación se retiran. Sólo permanecen fieles al Gobernador los guardias de Asalto que se refugian en el Gobierno Civil. La población ha asaltado las armerías de la ciudad, incluso alguna lo ha sido por dos veces.

A media mañana el Regimiento Valladolid al mando del coronel García Conde sale a la calle y tras vencer aisladas resistencias, proclaman el estado de guerra en la ciudad. Carrascosa, detenido, será fusilado y es fácil imaginar cómo acabaron los guardias de Asalto Relación de víctimas del Ejército. 19 de julio de 1936. Muertos: Capitán: José Soto Pérez (35 años); fallecido al ser trasladado a Huesca. Tenientes: Eusebio González Noriega y José Álvarez Pacheco. Cabos: Blas García Gómez, José Tomás Laplaza y Mariano Martínez Bustamante. Cornetas: Angel Torzano Ecet y Alfonso Viñuales. Heridos: Alférez: Arturo Mansillas. Sargentos: Francisco Gómez Gómez, Pedro Casajús Calvo y Alfonso Mayoral González. Cabos: Ángel Félez Agarra, Pedro Ruíz, Crescencio Sosén y Enrique Roca. Soldados: Víctor Miguel, Feliciano Guzmán, Julián Herrán, Crisanto Pérez y Pedro Lamoneda. Carabinero: Juan Zapata. En cuanto a los civiles no hay dato alguno, pero es claro que presentaron fuerte resistencia como puede deducirse de las bajas adversarias que provocaron. .

Se nombran inmediatamente nuevas autoridades civiles, pero curiosamente con personal militar. Como Gobernador se nombra al teniente coronel Saenz Quintanilla, Jefe de la zona de la Guardia Civil. El nuevo Alcalde será José María Vallés Foradada, capitán retirado y abogado. El Presidente de la Diputación Provincial pasará a ser Ignacio Pérez Cano, capitán de veterinaria retirado.

Pero Huesca también se ve obligada a defenderse, primero en el campo, a distancia de la ciudad, y luego en el inmediato extrarradio. El martes 21 de julio se produce la primera agresión aérea por parte de aviones de la Generalitat en la que se buscan directamente los cuarteles, cayendo las bombas en el patio del cuartel adyacente a la estación. La primera víctima es el cabo Juan Meca Hernández y otros dos soldados son heridos. Los raids continúan en esta semana el jueves y el viernes. En el del jueves muere el civil Mariano Durán en su casa del Paseo de la Alameda. En el del viernes una bomba cae en la huerta de las hermanitas de los pobres resultando herida una religiosa.

El asedio de Huesca, que acaba de comenzar, durará cerca de dos años.

Los primeros refuerzos llegan desde Navarra a las seis menos cuarto de la mañana del día 26. Se trata de 275 requetés que son alojados en el Círculo Oscense.

BARBASTRO

La suerte de esta ciudad va a ser contraria a las anteriores ya vistas. La guarnición de Barbastro estaba compuesta por la 2ª Media Brigada de Montaña que contaba con dos batallones, los números 3 y 4 (Madrid y Ciudad Rodrigo). Estas fuerzas, aún acantonadas en territorio aragonés, dependían orgánicamente de Cataluña, lo cual resultaría de suma importancia para la marcha del alzamiento en la ciudad del Vero.

Como sucediera en Huesca, las plazas y calles de Barbastro y frente al cuartel, se va concentrado una gran cantidad de gente, muchos de ellos procedentes de los pueblos del Bajo Cinca, de fuerte implantación anarquista. Estos últimos, en sus respectivos pueblos, ya se habían hecho cargo de la situación cercando los cuarteles de la Guardia Civil y haciendo rendir a sus moradores.

El coronel Villalba, jefe de la guarnición barbastrense, pasaría todo el día 18 y gran parte del 19 pendiente del teléfono para saber la marcha de los acontecimientos y decidir. Se ha dicho que Villalba había conectado con los sublevados, pero no se ha podido demostrar. Se le culpó posteriormente de la pérdida de Málaga, cuyo sector mandaba y se le abrió una investigación oficial. Terminada la guerra no tuvo problemas para residir en España y no fue represaliado. Lo cierto es que a este coronel se le podría dar el calificativo de «leal por razones geográficas». Tampoco consta que sintiera muchas simpatías hacia la revolución popular, sobre todo por la forma de tratar con los anarquistas. Michael Alpert cuenta que en los primeros tiempos del asedio de Huesca un periodista argentino entró en el puesto de mando del coronel Villalba en Barbastro y saludó puño en alto, llevándose la sorpresa de que ningún oficial le respondió y todos quedaron mirándole fríamente. Villalba mandó una división del Ejército de Cataluña y fue nombrado como ya se ha dicho, jefe de la defensa de Málaga. Al perderse, investigaciones posteriores arrojaron sospechas sobre su conducta en ese cargo y estuvo encarcelado algún tiempo. Exonerado a fines de 1938 pasó a las órdenes del Jefe del Estado Mayor. En 1939 se refugió en Francia volviendo más tarde a España, donde fue absuelto de los cargos que se le imputaban, siendo admitido en situación de reserva con el grado de coronel.

Decidió, por fin, casi en el último momento, no rebelarse. Parece que hubo revueltas entre la oficialidad y los soldados con enfrentamientos en la compañía de ametralladoras. Al salir a la calle soldados y paisanos se fundieron en un abrazo fraternal. Inmediatamente se comenzaron a organizar columnas que se dirigieron hacia Huesca.

JACA

El sábado 18, tras los rumores de alzamiento, los jacetanos de izquierda se echan a la calle. Les dirigen su Alcalde, Julián Mur, el Diputado a Cortes por el PSOE Julián Borderas Pallaruelo y el líder local Antonio Beltrán «el Esquinazau». Entre las primeras medidas, el mando de Carabineros, fiel a la república, envía a buscar al destacamento del fuerte de Canfranc, se confiscan vehículos particulares y se construyen barricadas. Los puestos de Carabineros de los alrededores de Jaca se concentran en la ciudad.

Es también este Cuerpo el que en la madrugada del día 19 hace entrega de 60 mausers a los voluntarios civiles que se apostan en los Llanos de la Victoria y en la Residencia Universitaria.

Hacia las seis de la mañana una patrulla de quince hombres del Regimiento Galicia nº 19, al mando del comandante de la Vega sale de su cuartel a declarar el estado de guerra. Los civiles hacen nutrido fuego contra ellos y de la descarga resultan ocho muertos [1]. Un joven de dieciséis años resulta accidentalmente muerto por el fuego cruzado. La refriega dura más de cuatro horas. Dado lo difícil de la situación es todo el Regimiento el que se pone en movimiento tomando los lugares estratégicos de la ciudad. Los tiroteos continúan, pero ante tal desproporción de fuerzas, los voluntarios se ven desbordados y se retiran al Grupo Escolar, alrededor del Molino y Casa de Misericordia donde cesará la resistencia. El coronel Don Rafael Bertomeu Masip, comandante militar de Jaca, dicta su bando por el que declara el estado de guerra en toda la comarca Bando declarando el estado de guerra en la ciudad de Jaca y su comarca. Don Rafael Bertomeu Masip, coronel del Ejército español y Comandante Militar de Jaca: Ordeno y mando que: 1º Con esta fecha y por esta Orden se declara el estado de guerra en la plaza de Jaca y su comarca. 2º Queda prohibido circular por las calles en grupos de a tres o más personas. 3º Los cines, teatros, casinos, bares y demás establecimientos de recreo estarán cerrados mientras dure el estado de excepción. 4º La huelga de cualquier clase o por cualquier motivo se considera revolucionaria como protesta o rebeldía contra esta Orden y de ello se harán responsables a los directivos o a quienes ejerzan esta función en las correspondientes agrupaciones obreras, quedando garantizada por la fuerza la libertad de trabajo. La misma responsabilidad alcanzará a los obreros que trabajan en artículos de primera necesidad para el consumo público. 5º En el plazo improrrogable de seis horas a partir de la publicación de este Bando serán entregadas todas las armas al jefe de las fuerza militares y en su defecto al comandante de la Guardia Civil o Autoridad local, que con licencia o sin ella posean los vecinos de esta localidad, castigándose con la máxima dureza a los contraventores de este artículo. .

Las fuerzas militares cierran todos los accesos de la ciudad de modo que los vecinos de los pueblos circundantes que van acudiendo, incluído Sabiñánigo, conforme llegan van siendo registrados y, normalmente, detenidos. Los detenidos son encerrados provisionalmente en la torre de la Cárcel, donde en la tarde del 19 se intenta un motín que no tiene éxito. Desde aquel encierro todavía se escuchan algunos tiros. Al llenarse este recinto los prisioneros son trasladados al Rapitán que se convertirá durante los años de la guerra en un verdadero centro de prisión y muerte. De aquí los detenidos más destacados también irán siendo «sacados». El 25 de julio, por la noche, 25 hombres son llevados desde el Rapitán hasta el próximo campamento militar de las Batiellas donde serán fusilados. Serán enterrados en una fosa común en el cementerio. En el Rapitán un detenido pasaba información a su mujer sobre la situación que él observaba. Las cartas que le entregaba se las daba a un tal Manolo de Osán. Pero una carta fue perdida por la mujer a la salida de la prisión. El matrimonio y el presunto espía fueron fusilados.

De inmediato en Jaca se empieza a organizar efectivos para asegurar el control de la comarca. Se crea un batallón de voluntarios cuyas compañías llevan el nombre de los oficiales muertos el día 19. El martes 28 de julio se incorporan a este batallón 200 voluntarios del Requeté riojano que desfilan por las calles de Jaca. Existen muchas quejas de los habitantes de la comarca acerca del comportamiento de estos requetés, que en su mayor parte se dedicaban a tareas de represión. En Polituara al ir a detener a un vecino matan a un hijo suyo que intentó escapar por la ventana; el padre huye. Al hijo le quita las moscas su hermano pequeño en la puerta de su casa.

Se forma una nueva Gestora en el Ayuntamiento de Jaca teniendo como Alcalde a Don Antonio Pueyo Bergua y como gestores a Don José Maria Lacasa González, Don Martín Juan Ortiz, Don Enrique Bayo y Don Clemente Barat.

El día 29 Heraldo de Aragón informa que en Jaca «hay tranquilidad» y que «el comercio está abierto». Pero, lo cierto es que han pasado 11 días desde la sublevación. El día 28 pasa por primera vez el Canfranc con salidas desde Zaragoza a las 8,15 horas y 15,16 horas. El 29 un destacamento del Regimiento Galicia toma los pueblos de Hecho, Ansó, Aragüés y Urdués; hasta esta fecha no llegó el movimiento a estos valles.

SABIÑÁNIGO

En Sabiñánigo los acontecimientos devienen mucho más tranquilos. Ello se debió a que dada la proximidad de Jaca y la importancia de esta plaza, hizo que la mayoría de los frentepopulistas sabiñaniguenses acudieran a aquella ciudad, ya que lo que allí se decidiera iba a ser imprescindible en cuanto a la suerte que ellos pudieran correr.

La huelga general llegó a las fábricas: Energías paró en su totalidad (recordemos que la CNT era mayoritaria); Aluminio, y por acuerdo entre director y obreros, como no se conocía aún el cariz de los acontecimientos, conservó sus turnos y solamente pararon los servicios (aquí era mayoritaria la UGT).

El puesto de la Guardia Civil y el de Carabineros se mantuvieron expectantes. Lógicamente aguardarían hasta el final. También es lógico que recibieran algún tipo de orden; pero, sabían que si se sublevaban iban a estar en minoría ante los obreros. Por eso cuando los militares triunfaron en Jaca se unieron a ellos.

El primer hecho que se produjo en Sabiñánigo relacionado con el alzamiento fue la interceptación de un mensaje telegráfico por el cual, el Gobernador Civil hacía saber al Alcalde de Jaca el envío de varios camiones de milicianos armados. Sería, sin duda, una medida tranquilizadora, que por supuesto, nunca se cumplió. Era la noche del 18 al 19.

Con la derrota en Jaca, la mayoría de los que habían marchado y no fueron detenidos optaron por huir.

En Sabiñánigo, los que habíanse quedado se iban concentrando poco a poco en las sedes de sus sindicatos: la UGT en «la Mascota» y la CNT en el local que tenían en el Ayuntamiento viejo. La documentación de la UGT fue quemada y no quedó rastro alguno de papel que pudiera comprometer por este motivo a alguien. De ello se encargaron destacados dirigentes locales de la UGT como Villacampa y Teodoro Ascaso. Es de suponer que lo mismo harían hombres como Abós y Torres con los documentos de la CNT. En el local de la UGT algunos más osados como Viñuales, Fernando Gállego y uno que llamaban «pardina» planeaban hacer una mirilla en la casa del primero para poder disparar contra los que vinieran de Jaca.

Dominada por el Ejército la situación de Jaca, el enclave más importante por controlar y pacificar era Sabiñánigo. En previsión de resistencia y, más que nada, por cautela, los militares forman dos columnas: una avanza sobre los Capitiellos y la otra por la carretera para converger juntas sobre Sabiñánigo. Llegados, ponen guardia en las principales esquinas y en la Estación y se dirigen al Ayuntamiento. El Alcalde, Don Antonio Muñoz Loriente Don Antonio Muñoz, Alcalde de Sabiñánigo, era, como tantos otros, un obrero emigrante que vino a trabajar a Sabiñánigo. Afiliado a la UGT, ocupó el Cargo de Alcalde tras la victoria electoral del Frente Popular, sustituyendo a Don Hilario Ipiéns. Huido de Sabiñánigo tras el 18 de julio se refugió en su pueblo natal, Agüero, de donde escapó a la zona republicana. Murió exiliado en Francia. , para esas horas ya estaba lejos del lugar. El teniente de Carabineros Hipólito Cuadrado proclama de viva voz el estado de guerra por las calles y una copia del bando se transmite a las comandancias de Carabineros de los pueblos Los puestos de Carabineros en el Valle de Tena se encontraban en Polituara, Tramacastilla, Panticosa y Sallent. . En todos estos pueblos y de manera provisional el Ejército organiza una vigilancia local encargándola a los vecinos afines al movimiento, sin más armas que las propias de la caza.

Pacificada la comarca es importante que la vida vuelva a la normalidad y, sobre todo, que las fábricas produzcan tal y como lo venían haciendo. Las bajas producidas por las fugas se suplen con nueva mano de obra. En cuanto al control interno de los establecimientos de trabajo, las fábricas de Sabiñánigo serán militarizadas. El 21 de agosto se crea la Jefatura de Movilización de Industrias Civiles del Ejército del Norte que será la encargada de coordinar los esfuerzos industriales y dirigirlos para un mejor aprovechamiento bélico. Al lado de la fábrica de explosivos se construye un gran refugio que sirva de almacén para las producciones; parte de este refugio todavía hoy existe. Las normas sobre militarización de industrias civiles se reordenan por O. de 24 de noviembre de 1937 y se revisan por O. de 3 de diciembre de 1937. La desmilitarización se producirá por O. de 12 de abril de 1939 (BOE, 14 de abril). El régimen interno de los centros de trabajo pasa a ser estrictamente militar, produciéndose las asimilaciones correspondientes entre la cualificación de los empleados y el grado militar Las asimilaciones eran las siguientes: -Ingeniero industrial con práctica en la profesión: capitán ingeniero jefe de taller. -Ingenieros: capitán o teniente. -Ingenieros industriales subjefes de taller: teniente. -Ayudantes de ingenieros, peritos mecánicos, representantes: teniente. -Contables, peritos e intendentes mercantiles: tenientes. -Estudiantes de ingeniería o arquitectura con la mitad de carrera y que sean jefes de destacamento de más de treinta personas: teniente o alférez. -Maestros de taller: alférez. -Jefe de destacamento entre diez y treinta personas: sargento. -Auxiliares de oficina en servicio: sargento. -Jefe de destacamento inferior a diez unidades con algunos conocimientos mecánicos y que sepan las cuatro reglas aritméticas: cabos. -Demás obreros: cabos y soldados. -Aprendices: soldados. .

Como es de suponer, estos establecimientos van a ser el objetivo primordial de bombardeos, primero de aviación y después de artillería y aviación, aunque éstos últimos más esporádicos. Una semana más tarde, el 18 de julio, y coincidiendo con la festividad local de Santiago, el sargento piloto de aviación Jaime Buyó, a bordo de un Breguet XIX bombardea por primera vez en la historia Sabiñánigo. La orden le venia directamente del capitán Bayo (el que iba a mandar la expedición sobre Mallorca). Este sargento, con destino en Granada, se encontraba de permiso en Barcelona. El avión había salido del Prat y se quedó después de la acción en el aeródromo de Sariñena, sede del grupo de combate «Alas Rojas» El Breguet XIX era un avión biplano de reconocimiento y bombardeo. Su capacidad ofensiva era muy limitada, pero era con lo mejor que se contaba, tanto en uno como en otro bando. (J.J. Maluquer: La aviaci6n de Cataluña en los primeros meses de la guerra civil, pág. 69). .