Romancero popular de Serrablo

Imagen de Amigos de Serrablo

La guerra de África

    Los hombres ya nos cansamos    de ir a Larache y Melilla,    pero lo tenemos a bien    que se ofrecen las mocitas.    Un, dos, tres,    ahora va bien.    Con gran ánimo y valor    entusiasmo y alegría,    nos prometen acabar    con la Guerra de Melilla.    De Madrid y de Toledo,    de Sevilla y de Granada,    se han presentado veinte mil    muy valientes y muy vizarras.    De Zaragoza y Valencia,    de Alicante y de Vizcaya,    otras veinte mil saldrán    y todas muy animadas.    Tenemos más de cien mil mozas    que se ofrecen con valor    acabar con el moro    y tranquilizar la nación.    Cuando estas mocitas vayan    a la guerra de Melilla,    los moros se retirarán    de verlas tan decididas.    Ayer tarde en el correo    vino un parte que hoy    las mocitas de España    a Melilla van a ir.    Si va mi novia tan fea    ya sé que va a ocurrir,    cuando en Melilla la vean    vereis los moros huir.    Ella tiene ese entusiasmo    deseando llegue el día,    por ver si algún moro    le hace bien la puntería    Una quinta de mujeres    se sabe que han de marchar,    y con este feliz acuerdo    la guerra se acabará.    Pero si piensan los moritos    que van a entrar en las filas,    de esto no se librarán    ni las pobres ni las ricas.    Sólo se librarán las tuertas,    las cojas y jorobadas,    las gordas y lagañosas,    las tontas, feas y chatas.    Se remitirá la quinta    desde quince a veinticinco,    e irán muchachas bonitas    que apunten a tiro fijo.    Aprendida la instrucción    se destinarán a cuerpos,    y todas con ilusión    cuidarán sus armamentos.    Las de elevada estatura,    irán a Ingenieros,    y las más guapas y rubias    para el escuadrón de Lanceros.    Las delgadas y morenas    irán a Caballeria,    y todas por igual    las pondrán de Infantería.    Les pondrán el uniforme    de paño muy elegante,    fusil, cartera y machete,    y un revolver muy brillante.    Unas botas de charol    que lleguen a las rodillas,    y unas espuelas de plata    que luzcan las pantorrillas.    Y cuando los moros vean    a las chicas asturianas,    sin andar con rodeos    se entregarán pronto a España.                                    

Informante: D. HILARIO LÓPEZ LARDIÉS, de ISÚN.

Recogido por: D. JOSÉ MIGUEL NAVARRO LÓPEZ. Sabinánigo, 1984.