Texto leído por la doctora Lacarra en la presentación del último libro publicado por D. Antonio Durán, con su presencia

EXCELENTÍSIMAS E ILUSTRÍSIMAS AUTORIDADES; REVERENDÍSIMO SEÑOR OBISPO; QUERIDO DON ANTONIO:

Nos hemos reunido aquí esta tarde para presentar en sociedad la publicación número 89 de don Antonio DURÁN GUDIOL que lleva por título: Iglesias y Procesiones. Huesca, siglos XII-XVIII, editado por IBERCAJA que se terminó de imprimir, según dice su colofón, el día 13 de junio de 1994, festividad de San Antonio de Padua.

Desearía comentar como se gestó la edición de este libro antes de proceder a su valoración científica.

Fue la tarde del miércoles 30 de marzo de este año, en casa de doña Alicia Mur Callén, amiga de todos los que queremos a don Antonio, por quién tanto se ha preocupado y se preocupa. Supe, a través suyo, de la existencia de un manuscrito de don Antonio que estudiaba las procesiones y cofradías en las épocas Medieval y Moderna de la ciudad de Huesca, obra ya terminada. Venciendo la natural humildad de don Antonio, le comuniqué mi decisión de ponerme en contacto con IBERCAJA para que el texto fuera publicado. Porque después de la edición, en el verano anterior, por dicha institución del libro de don Antonio dedicado a Ramiro I de Aragón, era IBERCAJA una de las instituciones aragonesas que podía tener mayor sensibilidad para responder afirmativamente a mi petición.

De regreso de un viaje de estudios e investigación que me retuvo en Grecia durante dos semanas, el día 13 de abril, solicité una entrevista a don Juan Alfaro, Director General Adjunto de IBERCAJA, quién acogió con todo cariño mi propuesta. Había que ponerse en marcha inmediatamente si queríamos que la obra estuviera terminada para el día de San Antonio y darle una sorpresa.

No puedo dejar de agradecer aquí el interés y afecto mostrados por el Departamento de la obra cultural de IBERCAJA que se puso a mi disposición para el logro de este proyecto sin regatear esfuerzo alguno. Igualmente, fue fundamental la ayuda prestada por los señores don Fernando Alvira Lizano y don Fernando Biarge, así como por el Servicio de Fototeca de la Diputación de Huesca, al ceder sus negativos y, en ocasiones, realizar otros nuevos que sirvieran de ilustración al texto.

Hay que mencionar, igualmente, a STUDIO TEMPO, de Zaragoza, que cedió fotografías de su archivo; y que agradecer a TIPO LÍNEA, S.A., el interés que ha puesto en la edición del libro, tan cuidadosamente presentado.

De acuerdo con don Antonio Durán se solicitó la colaboración para el "Prólogo" de don Rafael Puertas Tricas, doctor en arqueología medieval, consejero del Instituto de Estudios Altoaragoneses y director del Museo de Bellas Artes de Málaga, quien lo llevó a cabo con rigor científico admirable.

El resultado de las actuaciones de un grupo de amigos que tiene don Antonio en Huesca y en Zaragoza, -que no son sino una pequeña parte de los que le quieren y admiran en otros muchos lugares de la geografía aragonesa y española-, lo tiene el lector en sus manos: un hermoso volumen de 166 páginas y 59 ilustraciones en blanco y negro y en color, entre las que se incluyen dibujos de Ramón Acín y fotografías del casco urbano de Huesca y de sus inmediaciones, antiguas y modernas.

El texto se haya distribuído en dos partes, proporcionalmente similares. En la primera, que lleva como título "Iglesias y Cofradías", se analizan pormenorizadamente las iglesias oscenses y las principales cofradías que hubo en cada una de ellas, según la cronología de su fundación, desde el siglo XII hasta el siglo XVIII. Es decir, desde la Reconquista de la ciudad de Huesca, en 1096, con la antigua iglesia mozárabe de San Pedro "el Antiguo o el Viejo", que sobrevivió a la conquista, pasando luego a las mezquitas cristianizadas comenzando por la mezquita aljama, en la que se estableció la catedral, para seguir con las iglesias extramuros y las de las Ordenes militares de Santa María del Temple y de San Juan del Hospital de Jerusalén.

Continua con el estudio de las iglesias del siglo XIII, parroquias, monasterios y conventos situados dentro y fuera de Huesca, para analizar luego las iglesias de los siglos XIV, XV y XVI, incluyéndose en este apartado la iglesia de las Mártires, la de Santa María de Fuera y la de Santa María de Loreto, entre otras. Se termina esta parte con las iglesias de los siglos XVII y XVIII, de las que la información documental es abundante, incluye las iglesias de conocidos conventos oscenses, masculinos y femeninos, que desempeñaron un importante papel en el aspecto religioso y cultural de la ciudad.

Como indica el doctor Puertas Tricas, en esta primera parte «se nos ofrece un censo de las iglesias existentes en la ciudad de Huesca desde los siglos XII al XVIII, con muy buena información, precisa y clara».

En la segunda parte que se titula "Procesiones" se analiza las principales procesiones que tuvieron lugar en la ciudad de Huesca entre los siglos XII y XVIII, con sus advocaciones, a lo largo de los doce meses del año. Se han distribuido en cinco apartados según el calendario litúrgico cristiano y la tradición religiosa oscense. En el primero se citan las procesiones que tenían lugar entre los meses de enero y marzo, ambos incluídos; destacan entre ellas, la Procesión de San Vicente, el día 22 de enero, la de la Bula de la Santa Cruzada, que tenía lugar en la segunda dominica de Cuaresma, y la Procesión a Santa María de Salas cuyo santuario era visitado procesionalmente dos veces al año, el 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, y el 19 de septiembre.

Interés especial ofrece la descripción de la Penitencia pública celebrada en la catedral en el Miércoles de Ceniza como comienzo de la Cuaresma. El segundo apartado trata de los especiales ritos de la Semana Santa, desde el Domingo de Ramos hasta el Sábado de Gloria, con el protagonismo de la catedral donde presidía el obispo acompañado de su Cabildo. En el tercero se analizan las procesiones de los meses de abril y mayo, entre las que se incluyen la procesión a la ermita de San Jorge, construída en las inmediaciones de la ciudad de Huesca en época medieval, cuya fiesta, de una gran devoción popular, celebrada el 23 de abril se mantiene hasta nuestros días.

En el apartado cuarto, que comprende los meses de junio, julio y agosto, destacan la Procesión del Corpus Christi, cuya festividad no fue universalizada hasta 1316, por disposición del pontífice Juan XXII, para festejar la presencia real de Cristo en el pan y el vino consagrados, la de los santos Justo y Pastor, el día 6 de agosto, de gran solemnidad en Huesca por custodiarse sus cuerpos en la iglesia de San Pedro el Viejo, y la Procesión de San Lorenzo, patrón de Huesca, cuya festividad se sigue celebrando el día 10 de agosto.

El apartado quinto, que cierra el calendario procesional oscense, abarca los meses de octubre, noviembre y diciembre, destacando durante ese tiempo las procesiones de las Santas mozárabes Nunila y Alodia, de origen oscense, y de la Inmaculada Concepción. Esta última se vería favorecida por el acrecentamiento de la devoción mariana en Huesca, motivado por la serie de pestes que asolaron a la ciudad durante los siglos XVI y XVII.

Se termina esta parte del estudio con un último apartado dedicado a "Rogativas extraordinarias". Allí se describen las causas más frecuentes que las provocaban, como eran la sequía, las epidemias o las guerras, siendo detallada la serie de rogativas que provocó la llamada guerra de Sucesión (1702-1714) a la muerte del rey Carlos II de la Casa de Austria, de una particular incidencia en tierras oscenses.

El volumen se enriquece con unos "Apéndices" que figuran al final del texto; en ellos se indican los itinerarios procesionales y las iglesias objeto de visita, el Clero Secular en el siglo XV, quienes lo constituían, su número y rentas en sueldos y dineros, lo mismo para el Clero Secular y Regular en el siglo XVIII, y un listado completo de las Cofradías oscenses ordenadas cronológicamente según la fecha en que se las menciona docurnentalmente, indicando la iglesia a la que pertenecen.

Para concluir, nada mejor que dar lectura a las primeras frases del libro en el que su autor comenta y justifica la razón de la obra:

«Se pretende en el presente trabajo ofrecer una visión de la ciudad de Huesca en su vertiente religiosa, profundamente cristiana, desde la Baja Edad Media hasta el siglo de las luces».

Entre las fuentes consultadas por Durán Gudiol para la redacción de su texto, se señalan junto con su Colección diplomática de la catedral de Huesca, I, Zaragoza, 1965 y II, Zaragoza, 1969, la obra de Francisco Diego de Aynsa, Fundación, excelencias, grandezas y cosas memorables de la antiquísima ciudad de Huesca, Huesca, 1619 (edición facsímil, Huesca, 1987), y la del Padre Ramón de Huesca, Teatro histórico de las iglesias del Reyno de Aragón, VII, Pamplona, 1797.

Para el apartado de las Procesiones, recorridos por calles, plazas, iglesias, arcos y puertas de la ciudad, se ha valido de las noticias contenidas en tres manuscritos inéditos del Archivo de la Catedral de Huesca: la Consueta Oscensis, según recopilación de hacia 1470, el Libro del maestro de ceremonia, texto anónimo de la segunda mitad del siglo XVII con anotaciones marginales de hasta principios del siglo XVIII, y el Ceremonial de la santa Iglesia de Huesca, dispuesto e ilustrado con notas que indican su origen y expresan su variación, dividido en cinco tomos, obra del canónigo doctoral Vicente de Novella, de 1786.

Quizá sea este segundo apartado el más original, -sin desdeñar la primera parte dedicada a la Historia de las Iglesias de la ciudad de Huesca y de las cofradías que albergaron, llevada a cabo con encomiable minuciosidad-, por tratar un tema tan nuevo como el de las procesiones que permite recuperar la topografía urbana de la capital oscense durante la Edad Media, el Renacimiento y el Barroco. A través suyo conocemos el urbanismo medieval y moderno, las calles y sus gentes, sus devociones públicas y privadas... Es una obra fundamental para los habitantes de la ciudad de Huesca y para cuantos se aproximen a ella con deseos de conocerla mejor y hacerla suya.

Gracias, una vez más, don Antonio, por este fruto de su trabajo como archivero e historiador del pasado de los aragoneses.

(Huesca, día 15 de Julio de 1994. Iglesia de San Pedro el Viejo).