La obra de Arendt, al menos tal y como nos la presenta la Editorial Hinstorff de Rostock en la única edición de 1986, no es un relato ordenado cronológicamente a la manera clásica, sino mas bien una elaborada selección de textos, escritos en los mismos frentes de batalla en los que el autor fue testigo de excepción en aquellos cruciales momentos. Por consiguiente, resulta difícil y complicado realizar un resumen ordenado de su periplo aragonés; aunque este detalle queda sobradamente compensado por la profundidad de su pensamiento, y por la calidad literaria de los escritos, amén del toque social que se respira en toda la obra; algo que se echa tanto en falta en el discurso político actual.
Los primeros capítulos de la obra son una serie de poesías, con títulos tan significativos como: La balada de la colina de Biarritz (Ballade vom Hügel in Biarritz), referencia a la acción nacionalista contra Irún; Los camaradas cuentan sobre Madrid, sobre las penalidades de los soldados en la ciudad sitiada; Barcelona; La tormenta de arena (Der Sandsturm) etc. Sigue la obra en prosa, que puede considerarse importante para Aragón, y muy especialmente para la Provincia de Huesca: "En las trincheras de la Sierra de Alcubierre" (In den Schützengräben der Sierra de Alcubierre); "El pueblo de Robres y la Brigada 123" (Das Dorf Robres und die Brigade 123); "Ofensiva al sur de Huesca" (Offensive im Süden von Huesca) etc., cuyos títulos son suficientemente ilustrativos.
Después de media docena de capítulos en los que cuenta la vida en las trincheras, y como ve la realidad social y cultural de España a través de los soldados (Relata con sentimiento que en la división hay no menos de 1.200 soldados que no saben leer ni escribir), encontramos a Arendt en el frente de la Galleguera, durante la ofensiva de Septiembre de 1937. Este primer contacto con la comarca, con los Pirineos como telón de fondo, fue definitivo para el autor y lo recordará en ulteriores escritos. De este momento se conservan unas frases, precediendo al capítulo titulado "Ataque a la cota 750" (Attacke auf Höhe 750), en las que se entremezclan retazos de lírica.
PIRINEOS
Titulo:
PIRINEOS revista/94/pirineos
Las pequeñas aldeas pirenaicas
han sido apartadas brutalmente
de la monótona tranquilidad,
en la que han permanecido dormidas largos años,
sin apenas darse cuenta de ello.
Al igual que antes,
como vienen haciendo de toda la vida,
conducen sus rebaños
y una pesada carga a sus espaldas,
mientras los soldados sujetan las riendas...
Hombres, mujeres,
muchachas adolescentes, y niños,
abandonan los otoñales campos
y se ponen en camino.
Ríen, y saludan
al paso de los vehículos militares...
Los caminos giran una y otra vez,
ganando altura,
y del mismo modo se hacen
cada vez mas altos
los grises muros pirenaicos
que les sirven de fondo.
Y sobre las blancas cumbres ya nevadas,
plomizos nubarrones...
Las alturas de la orilla izquierda del Gállego, con la excepción de una gran parte del valle de Basa, eran la línea del frente entre Biescas y la desembocadura del Guarga. De este modo el ferrocarril quedaba totalmente en manos nacionalistas. Para cortarlo, y facilitar de este modo el avance hacia Jaca, los republicanos realizaron una gran ofensiva al sur de Sabiñánigo, en Septiembre de 1937 (Véase: López Arruebo, Salvador: "Esquema general de la guerra en Serrablo", Rev. Serrablo, Nos. 70, 72 y 74). De esta ofensiva, y de lo que él llama "Pueblos liberados del Alto Aragón", nos da Arendt amplios detalles, especialmente de Lasieso y Orna, a los que dedica sendos apartados.
De Lasieso el relato es particularmente atractivo:
"Un arado permanecía abandonado en medio del campo; una parte de la tierra en su entorno estaba a medio labrar; en el hogar de una casa abandonada estaba todavía el puchero de barro; los cerdos reñían en las zolles faltos de comida; en el zaguan de la casa parroquial gruñía otro cerdo sobre un saco de alforfón (trigo negro, o sarraceno); las asas de la carretilla estaban rotas. Había agua en el suelo; algo que allí era imprescindible, y que habría sido traída de la fuente en el último minuto. ¡Así de rápida había sido la acción de nuestra compañía, hasta el punto de asustar sin querer a los habitantes que aún quedaban en el pueblo! -En el texto original, el autor repite una y otra vez la palabra Bauer: cuya traducción por "campesino" parece hoy trasnochada por la evolución semántica-. En el peldaño de la puerta de la iglesia estaba sentado un anciano, que aprovechaba el aún notable calor del sol de otoño, con la boina calada hasta las orejas; parecía darle todo igual. Los nacionalistas, que decían que "los rojos" lo destruían todo, no habían dejado en el pueblo más que a un irreductible anciano.