La alabanza, tras el fallecimiento de una persona, es un recurso fácil; es, incluso, un tópico. Pero, en este caso, las alabanzas seguro que se quedan cortas. Como Vds. ya saben, hace poco tiempo fallecía en Huesca Don Antonio Durán Gudiol tras una larga enfermedad. Referirse a él en este momento es triste y doloroso, pero a la vez reconfortante pues su recuerdo es siempre agradable. Los artículos que sobre él se incluyen en este Boletín dan buena muestra de lo apreciado que era por todos Don Antonio. No podía ser de otra manera.
“Amigos de Serrablo” y Don Antonio formaban siempre una simbiosis perfecta. El redescubrió las iglesias serrablesas y propició el nacimiento de nuestra Asociación y su posterior labor restauradora. ¿Hablaríamos hoy de estas iglesias, hablaríamos de Serrablo,... si no se hubiera cruzado en el camino Don Antonio?, seamos sinceros: no. Fíjense lo que le debemos los serrableses. ¿Quién hablaba por entonces de Serrablo?, él, sólo él. Un grupo de gentes de Sabiñánigo se hizo eco de los estudios de Don Antonio y de sus sugerencias y así surgió “Amigos de Serrablo”.
En su momento nuestra Asociación ya rindió un homenaje a Don Antonio cuando fue nombrado Socio de Honor. Pero creo que sería el momento de reafirmar el agradecimiento hacia su persona por parte de los serrableses, y nada mejor que dejar plasmado su nombre para siempre en Sabiñánigo. Así, no sería descabellado que el Ayuntamiento pensara en ello. Hay sobradas razones para no dejar caer en el olvido toda la vida y obra de Don Antonio, y Sabiñánigo y comarca le debe mucho.