Sobre los orígenes del arte Serrablés

Santa María de Espierre.

También en el año 1986, una vez ejecutada la planimetría y estudio de San Julián de Espirilla, efectuamos la misma operación con la ermita de Santa María de Espierre, a nuestro entender inmueble practicamente gemelo de anterior, eso sí, francamente mal ejecutado. Fue dado a conocer por Durán-Buesa Durán, AntonioBuesa, Domingo Guía Monumental de Serrablo. Bilbao 1978
y creemos se le ha prestado poca atención en investigaciones posteriores, pasando desapercibidos algunos detalles, como los tres vanos del paramento meridional y el verdadero desarrollo de la cabecera.

Su estructura es exactamente igual a la de San Julián: nave rectangular y ábside tendente al cuadrado (3,38 al E. por 3,25 m. al 5.). Ambos se cubrían con tejado a dos aguas y soporte de madera.

El ábside no se acusa al exterior, sí por dentro, aunque meramente testimonial -7 cm de resalte-. Por el testero no se aprecia vano alguno al ser imposible su examen, dado la masa vegetal que lo oculta en su tramo bajo. En el s. XVIII se efectuó idéntica operación que en Espirilla, apoyando al interior absidial dos muretes que permitieran desarrollar una bóveda de cañón. Se hizo y no resultó, pues los empujes terminaron por volcar parte del muro de la epístola e inclinaron el del evangelio.

El sur de la nave acoge la puerta de ingreso, con el arco de herradura resuelto a base de ripios, muy distante de la limpieza del de Espirilla. Tal cual puede decirse de los tres vanos, más anchos en la base que en la coronación, que también han perdido todos, y con jambas inclinadas. El más cercano a la cabecera conserva el salmer izquierdo, con lo cual culminarían mediante falsos arcos de herradura. Tras limpiar el vano próximo a los pies, se hallaban cegados los tres, nos dió la impresión de que el antepecho estaba escalonado.

Parece claro que todos los muros, desde los arranques hasta la altura de las ventanas meridionales, son originales, puesto que el aparejo es homogéneo, repetimos que estéticamente peor articulado, y la unión interparamentos perfectamente ligada con sillarejo grueso. Igual que en Espirilla, la piedra se trabajó a maza, se utilizó el puntero en la portada y esporádicamente en piezas sueltas. La apertura de las ventanas es poco fina e incluso la distribución no se hizo con simetrismo, instalando el vano central sobre la puerta de ingreso.

La forma de trabajar la piedra, metrología, vertebración interna y distribución de vanos, traducen de forma transparente que los inexpertos constructores de Santa María de Espierre conocían el proyecto de templo puesto en servicio para la comunidad de Asprilla, u otro similar, y lo copiaron al pie de la letra, pero con caligrafía muy distinta, en algún momento del s. X.

Relación cercana es observable en los templos de San Bartolomé de Gavín y San Juan de Espierre. Santa María de Espíerre. Fachada meridional

Santiago de Yosa de Broto.

Yosa de Broto es lugar despoblado que pertenece al ayuntamiento de Broto. El acceso más cómodo se realiza por bellísimo sendero que arranca de Oto, en la orilla derecha del río Ara -1 h. de fuerte ascensión-.

Santiago de Yosa figura en una reciente y meritoria publicación que adjunta planimetría, datándola en el s. XVI García Guatas, Manuel Inventario Artístico de Huesca y su provincia Madrid 1992 t. III, v. II,
. Este plano tiene un defecto, que obvia lo interesante, pues traza el testero de la nave principal rectilíneo y no figura ninguna de las tres ventanitas, seguramente porque al exterior las ocultaba una fina capa de enfosque, lavado que hicimos saltar, apareciendo la agradable sorpresa de dos arcos de herradura -el vano del sur no lo descubrimos-.

Sintetizando, la parroquial de Yosa se vió profundamente alterada en el s. XVI, reformándose los pies de la nave, abriéndose una capilla lateral a septentrión y adosándose al costado meridional otra nave secundaria de menor luz, pero de igual longitud. Lo trascendente es que, afortunadamente, respetaron el sector de cabecera de la nave antigua que abre tres vanos derramados con arquito de herradura al exterior y arcos de medio punto por la cara interna. El testero simula compartimentación tripartita, sobresaliendo levemente el vano central, división que no debió de materializarse interiormente, como en San Bartolomé de Bergua. Los tres vanos y el resalte absidial simbolizan sin duda esa división no formal -ver plano-.

Al sur de Yosa, en la población de Bergua, se alza la ermita de San Bartolomé que estudiamos hace unos años Castán Sarasa, Adolfo Románico e iglesias de cabecera triple en la ribera del Ara y valle de Vio. Instituto de Estudios Altoaragoneses Huesca 1990
. Se estructura según nave rectangular con cabecera tripartita de testero común plano, perforado por tres vanos derramados al interior, adintelados por fuera y con arco de medio punto al interior, de despiece similar a los de Asprilla y Espierre, y con antepechos escalonados. Es Monumento Histórico Artístico -incoado expediente-.

Santiago de Yosa y San Bartolomé de Bergua son edificios íntimamente relacionados, eslabones de una cadena amplia, testimonio de un grupo de iglesias levantado en el s. X a lo largo de la ribera del Ara. Fieles a la tradición hispanovisigoda el modelo probable será la iglesia monástica de San Pedro de Rava, con dedicación triple: San Salvador, San Pedro y San Juan. Santiago de Yosa.

La cuestión cronológica.

Es difícil de abordar por cuanto no hay datos explícitos de ninguna de las construcciones descritas; tan solo sabemos a ciencia cierta que San Julián de Asprilla estaba en pie en 1049. Sin embargo, por distintos caminos, intentaremos llegar a la conclusión de que son obras erigidas en el s. X.

San Julián de Asprilla y Santa María de Espierre son templos de poblaciones medievales desaparecidas. En el primer caso conocemos el nombre del poblado -Asprilla-, como ocurre con Busa, Iguácel o Medianeta. En el segundo lo ignoramos, como acontece en San Juan de Espierre o San Bartolomé de Gavín, cuyos habitantes además de alzar la iglesia, armaron una presa colosal en la barrancada; alrededor de San Bartolomé de Gavín, como en Asprilla, emergen tumbas de loseta.

Los fundadores de Asprilla, Espierre y San Bartolomé de Gavin no tuvieron muchas opciones a la hora de elegir un lugar para vivir y se alejaron de los fértiles fondos de valle, tal vez ya ocupados, mejor comunicados pero mas inseguros.

Asprilla fue la población mas abierta, por ello las aproximadamente 12-15 familias que aglutinaba, dispusieron un refugio seguro en un montículo cónico que primero aterrazaron y después amurallaron con una cerca de piedra, como en Castillón de Ainielle, La Torraza de Used, Castellar de San Juan -Matidero-, Castillón de Ginuábel, Muro de Solana o la Virgen de Murillo de Broto. En todos estos lugares, también en Espierre y San Bartolomé de Gavín, hemos detectado la presencia de una cerámica de pasta clara que conecta cronológicamente los despoblados medievales cristianos situados al norte de las tierras prepirenaicas.

Tanto las poblaciones mencionadas o desconocidas, como las fortificaciones de tipo muro, no pueden ser fundaciones del s. XI, han de ser anterior. En la primera mitad del s. X se da el clima preciso para el establecimiento de nuevos núcleos de población, con las conquistas de Galindo II, como ya hemos referido, que llega a controlar hasta el valle de Acumuer, fundando hacia el 920 el monasterio de Cercito. Mayor importancia pudieron tener los deseos expansivos de los monarcas navarros Sacho Garcés I y García Sánchez I. Aquel penetró en Sobrarbe a través del Serrablo y valle del Guarga, levantando castillos y fortalezas, según la Crónica de San Juan de la Peña Durán Gudiol, Antonio Historia de Aragón. Guara Editorial Zaragoza 1985 t. IV, pág. 26.
. En este sentido en el valle del Guarga en dirección a Boltaña, hemos localizado los siguientes puntones fortificados: Pardina Estaún, Castiello de Guarga, probablemente Secorún, Castellar de San Juan y Espierlo.

En esta primera mitad del s. X aparecen los monasterios de San Juan de Matidero y San Pedro de Rava. El primero se instaló cerca de un poblado indocumentado -tumbas de laja- y al pie de El Castellar, siendo visitado por el conde de Aragón Fortuño Jiménez entre 943 y 948 Durán Gudiol, Antonio De la Marca Superior de al-Andalus al reino de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza. Huesca 1975
y por el rey García Sánchez I poco después. El segundo se emplazó en el tramo medio del valle del Ara, junto al torrente de San Pedro, en la desembocadura del barranco de Forcos, aguas arriba de Fiscal. Se desconoce su fundación, apareciendo citado en un documento de compra-venta que Ubieto Ubieto Arteta, Antonio Historia de Aragón. La formación territorial. Anubar Ediciones Zaragoza 1981
fija en 941 ó 942 y otros autores en 962.

Parece evidente que a mediados del s. X hay una organización político-militar y religiosa en el territorio donde se ubican las iglesias estudiadas. Es el momento, por tanto, para consolidarse poblaciones establecidas y para la floración de otras nuevas. Algunas se protegerán con castillos de tipo muro, cercos de mampuestos sin trabar cuya macicez depende de la cantidad de pedruscos acumulados; este es el caso de Asprilla.

El XI es el siglo de oro de los castillos altomedievales oscenses, mucho más numerosos, voluminosos, sólidos y estéticos que los alzados en el s. X. Su mensaje es: organización, control, objetivos y futuro. Las poblaciones del norte miran con esperanza las tierras bajas del sur; buen número de aquellas desaparecerán a lo largo de este siglo y en el siguiente; jamás serán documentadas, como las gentes que alzaron San Bartolomé de Gavín, San Juan y Santa Maria de Espierre, y otros muchos en Serrablo y Sobrarbe.

Parece fundado que Asprilla, "Santa María de Espierre", "San Bartolomé de Gavín", Yosa de Broto y Bergua estaban vivos en el s. X. ¿Cuándo construyeron sus templos?. Hay posibilidades indirectas al respecto.

Las iglesias de naves y ábsides rectangulares adquieren amplio desarrollo en el prerrománico de todo el norte peninsular durante los ss. IX-X. Casi todas las iglesias asturianas culminan con cabecera tripartita y en Cataluña se da un movimiento constructivo, a fines del s. X, de iglesias con tres santos titulares y tres santuarios dispuestos en la cabecera Junyent, Eduard L'arquitectura religiosa en Catalunya abans románic. Publicaciones de l'abadia de Montserrat Barcelona 1983
. Una de las pocas conservadas de este tipo es San Miguel de Grevalosa, con "nave única y tres Santuarios rectangulares, estrechos y profundos, el central más destacado que los laterales que abren directamente a la nave mediante tres arcadas; una ventana iluminaba cada uno de estos ábsides, dos de ellos con arco de herradura al exterior; el pie del altar es un bloque rectangular que abre cavidad para las reliquias en la parte superior" Ibidem. .

La descripción de San Miguel de Grevalosa es absolutamente coincidente con la ermita de San Bartolomé de Bergua, con dos detalles diferenciadores: que en el testero de San Miguel sobresale ligeramente la nave central y que los vanos absidiales culmina con arquitos de herradura. Así precisamente acontece en Santiago de Yosa, el testero insinua brevemente la nave central y los arcos externos de las ventanas son de herradura.

Debieron levantarse en la ribera del Ara varias iglesias como San Bartolomé de Bergua y Santiago de Yosa, puesto que en el s. XVI fueron reinterpretadas en Fiscal, Berroy, Borrastre y Escartín.

El modelo originario pudo ser el monasterio de San Pedro de Kastilgone o Rava, cuya iglesia tenía dedicación triple en honor de San Salvador, San Pedro -¿ábside central?- y San Juan Durán Gudiol, Antonio Colección Diplomática de la catedral de Huesca. V.I. Zaragoza 1965
.

Del primer tercio del s. X, con dedicación doble, de dos naves por tanto, es la iglesia baja del monasterio de San Juan de la Peña.

Como conclusiones finales:

  • San Julián de Asprilla, Santa María de Espierre y Santiago de Yosa son edificios de tradición hispanovisigoda, anteriores a la eclosión del arte serrablés, y que pueden datarse a partir de mediados del s. X.
  • Los constructores serrableses tienen modelos en la propia comarca y consecuentemente de ellos adoptan: disposición general de la nave con puerta y tres ventanas abocinadas a mediodía, a veces con antepecho escalonado; vano absidial de doble derrame y arco de herradura en puertas y ventanas.