Los abanicos aluviales del rio Gállego

El sector funcional tiene unos límites bien definidos. El cauce adopta la dinámica de un modelo trenzado en Oliván. En el área proximal se divide en uno o dos canales principales y deja entre ellos abundantes sedimentos gruesos, dispuestos a modo de barras, con formas muy variadas. En el centro del cauce se localizan barras muy estabilizadas -se hallan más densamente colonizadas por la vegetación-. Son obstáculos longitudinales con formas romboidales, alargados paralelamente a la dirección de flujo, y márgenes erosionadas. Hacia la parte distal, más inestable, el cauce se ensancha notablemente, se divide en varios brazos muy cambiantes en momentos de máxima crecida -abanicos de Oliván y Sía-. Las barras sedimentarias crean formas compuestas, unidas, con un flujo asimétrico a través de los obstáculos, y alcanzan longitudes de algunas decenas de metros. Las barras diagonales -aparecen en casi todos los abanicos- son restos de barras mayores erosionadas por la divagación e inestabilidad de los canales. En los sectores donde la energía del flujo es más baja se originan obstáculos puntuales y laterales. Tienen formas rectilíneas y estrechas, y, en algunos abanicos como el de Oliván, están muy estabilizadas. En los conos de Escuer y Dos Lucas-Espierre, el cauce funcional actual presenta un solo canal encajonado.

En todos los abanicos, el espesor de la estratificación, el tamaño de los cantos y, en menor medida, el aplanamiento y desgaste de los mismos decrecen desde el ápice a la base, si bien existen dos hechos que alteran esta tendencia y que se hallan relacionados con:

  1. Los clastos procedentes de coladas de piedras y de corrientes. Los primeros son más groseros y peor clasificados; la presencia de cantos rotos, debida al rápido endurecimiento de estos depósitos y a la incisión posterior por canales, es muy notable. Los cantos arrastrados por el agua están más desgastados y redondeados y su tamaño es inferior; predominan en la parte distal.
  2. Los grandes cantos rodados de granito procedentes de las morrenas que atraviesan los barrancos. Su desgaste y esfericidad son muy superiores a los del resto de los materiales acumulados en el cono; son más comunes en torno al ápice.

Los abanicos aluviales son formas del paisaje, dinámicas, que muestran un cambio morfológico progresivo durante su desarrollo. Los procesos deposicionales que crean esa morfología superficial están controlados por el suministro de sedimentos, hecho que refleja las características del área fuente (HARVEY, 1989). Según este autor, es razonable suponer que para abanicos aluviales de historia geológica y climática similares la morfología de cada abanico debería reflejar las características topográficas del área fuente. La aparición, localización y dinámica de este tipo de depósitos es la relación entre generación de sedimentos y capacidad de transporte de los mismos. Los abanicos aluviales se desarrollan donde la generación de sedimentos es alta en relación con la capacidad de transporte. Éste es el caso de los abanicos depositados en el valle del río Gállego.

3. Vegetación y usos del suelo.

Los estadios de colonización por la vegetación y la explotación a la que están sometidos por parte del hombre convierten a los abanicos del río Gállego en paisajes complejos, con un uso del suelo muy diversificado en espacios muy reducidos.

En los abanicos aluviales semifuncionales existe una confrontación entre los procesos de colonización vegetal y los de destrucción por medio de avenidas en el sector actualmente activo. Aquí, la dinámica hidrológica es el factor que determina las zonas de erosión y de acumulación, cambiantes de posición en el tiempo debido a los cambios de curso de los canales por las crecidas que periódicamente afectan a esta área. Sólo los sauces (SaIix eleagnos), en la parte media y proximal, forman comunidades estables en las barras longitudinales más antiguas y menos sometidas a inundaciones. En las barras laterales, donde los sedimentos quedan generalmente fuera del embate de las aguas, los sauces adquieren un mayor desarrollo contribuyendo a la formación de un suelo que penntite la entrada de especies arbóreas y subespecies asociadas. Este hecho ocurre en los abanicos más pequeños, inactivos: su fuerte pendiente, la escasa profundidad del suelo y el material grosero que aparece en superficie no permiten su aprovechamiento agrícola y son colonizados por saucedas -abanico de El Palancar- y en ocasiones invadidos por carrascas (Quercus ilex ssp. rotundifolia) y boj (Buxus sempervirens), especies que predominan en las laderas de sus cuencas; es el caso de los abanicos de Biescas y Arguisal y también de Aso.

En la parte distal, la inestabilidad en el cauce es mucho más acusada y no permite el establecimiento de una comunidad vegetal estable en las barras de sedimentos que quedan entre los canales. En algunos abanicos, los sedimentos transportados en períodos de aguas altas invaden plantaciones de chopos -Oliván- y carrascas -Escuer- y los troncos aparecen semienterrados hasta 1 m de profundidad.

En los meses de verano, los canales, en la mavoría de los cuales no circula el agua, son colonizados muy inicialmente por Clematis vitalba, Ptychotis saxifraga y Molinea caerulea.

Las migraciones laterales del área de deposición permiten reconocer distintos estadios de colonización -Orós, Escuer y Oliván-. El sector más próximo al área funcional actual está colonizado por Hypopheae rhamnoides y comunidades muy fragmentadas de Salix eleagnos. Las especies más comunes que aparecen junto a estas formaciones son: Satureja montana, Sanguisorba minor y Santolina chamaecciparissus. El tomillo (Thymus vulgaris) es la especie más extendida. Un segundo sector de deposición, más antiguo, presenta una vegetación más densa y variada dominada por el boj (Buxus sempervirens) y por Genista scorpius; otras especies dominantes son: Helianthemum italicum, Dichanthium ischaemun, Avenula bromoides, Fumana procumbens, Galium lucidum y Koeleria vallesiana. Pinus sylvestris chaparro con Berberis vulgaris aparece de forma muv diseminada.

La actuación del hombre sobre los abanicos aluviales se da en las partes más alejadas del área más dinámica y en los bordes, sector con escasa pendiente y compuesto por depósitos de material más fino que permite su explotación agrícola. En un valle con tradición ganadera, más del 75% de las parcelas cultivadas en los abanicos -bien delimitadas por hileras de árboles y setos y tanto más pequeñas cuanto más próximas al área funcional- son de pastos de siega; muchas de estas parcelas han sido abandonadas recientemente y otros terrenos entre ellas permanecen sin cultivar -coinciden con sectores con abundante material grueso-.

Los cultivos agrícolas y la presencia de construcciones e instalaciones de todo tipo: canalización de cauces, áreas recreativas (Aso), piscifactorías (Oliván), extracción de áridos incontrolada. etc., están reduciendo y también degradando la superficie y las formaciones vegetales naturales de los abanicos (excepto en el de Dos Lucas-Espierre) de forma muy rápida, a la vez que aumenta la presión antrópica sobre las que quedan. Por otra parte, el predominio de estrechos valles con laderas muy empinadas explica que los abanicos del Gállego, con pendientes mucho más suaves, constituyan las zonas más idóneas -en los bordes externos y en puntos muy próximos al ápice- para la localización de la mayoría de los núcleos de población.

Documentacion:

-BULL, W. B.: Geomorphology of segmented alluvial fans in Western Fresno Country, California.U.S. Geological Survey Professional Paper,. 1964b. 352E: 89-129.
-BULL, W. B.: "Recognition of alluvial fan deposits in the stratigraphic record." en Recognition of Ancient Sedimentary Environments.Society of Economic Paleontologits and Mineralogits Special Publication.RIGBY, J. K. y HAMBLIN, W. K. (eds),1972. 1663-83.