Castillos del Alto Gállego

Larrés.

Aunque en lo geográfico queda un poco apartado de la Galleguera, por encontrarse a la entrada del valle de Acumuer, regado por el río Aurin, afluente del Gállego, el castillo de Larrés es una pieza capital de la historia del Alto Aragón.

Ya en la temprana fecha de 1035, siendo baile de Aragón Ramiro I, existía la tenencia de Larrés, a cuyo frente se encontraba Iñigo Garcés. En la segunda mitad del siglo XIII, la torre de Larrés era propiedad de Ferrant Pérez de Pina, quien la dejó a su hijo Ruy Ximénez de Ribas, que a su vez la vendió en 1299 a Martín Pérez de Arbea. Años más tarde pasó a depender de la corona, hasta que Pedro IV la otorgó a Iñigo de Larrés en 1383 (11). La rebelión de Anton de Luna se hizo notar en la comarca, apoderándose los sublevados del castillo. Fue recuperado inmediatamente y pasó a la corona en 1414. Desde 1483, hasta fines del siglo XIX, el castillo fue propiedad de los Urríes, quienes lo renovaron completamente en el siglo XVI, dándole el mágnifico aspecto que hoy ofrece. El comprador del edificio fue don Sixto Antonio Belío, hijo de una ilustre familia de la localidad, a la que estuvo sujeto hasta que los hermanos Castejón Royo, últimos propietarios, lo cedieron, en un gesto digno de todo elogio, a la Asociación “Amigos de Serrablo”, que son en definitiva quienes lo han restaurado, devolviéndole el esplendor perdido. En él ha sido instalado el único museo de dibujo existente en España. [Museo de Dibujo]

El castillo actual responde a los conceptos de la arquitectura pirenaica tradicional, con formas arcaizantes que pueden llegar a ser confundidas con las del arte románico, y que alcanzan en el Alto Aragón su cenit durante los siglos XVI y XVII, aunque la arquitectura llamada popular continúe hasta los años cuarenta de nuestro siglo.

El actual castillo se debió de comenzar utilizando parte de lo existente, y derribando el pequeño muro perimetral, en la segunda mitad del siglo XVI, en tiempos de Isabel de Urríes, señora del lugar, que acababa de recibir una dote de once mil sueldos, por aquel entonces existiría la torre grande, que es la que se encuentra en el ángulo suroccidental, y un edificio anexo -domo plana- hacia el norte, en el que se encuentra la escalera, y al que se accede a través de una puerta apuntada, quizá la más antigua del edificio. Esta puerta está protegida por una aspillera, al modo de muchos de los castillos aragoneses del siglo XV. Posteriormente se renovarían y ampliarían los muros, y se levantaría una torre en la esquina opuesta, como en otros castillos -Rueyta, Lavelilla, etc.- a los que Cristóbal Guitart denomina "de montaña" (12). Poco después se construiría el patio porticado y se cubrirían las tres alas restantes, que fueron organizadas en doble piso.

Tal y como hoy podemos contemplarlo, tras la magnífica restauración, el castillo se asemeja a un noble caserón de agradable aspecto, con la puerta abierta en la fachada de mediodía, que queda realzada por la gran torre en la que se abren aspilleras para protegerla. Las ventanas, sencillas, de corte palaciano, se sitúan en el piso superior. Disponía el castillo de una suerte de barbacana, de la que quedan restos, al este, con dos aspilleras para arcabuz, y de una coracha aspillerada que bajaba al río, por la parte norte, que hoy forma parte de una cuadra.

El rectángulo central sobrepasa los 20 m por 15 m, lo que concede una considerable superficie habitable, en tanto que la torre grande tiene 8,5 m por algo más de 7 m.

Traspasado el umbral de la puerta se incide sobre la sala sur, lado en el que el patio no es abierto, que forma L con la crujía oeste del patio. Este ala es la más digna de ser destacada por estar articulada mediante dos fajones apuntados, entre los que se abre, al Oeste la antigua puerta de entrada. y al este uno de los grandes arcos del patio, también apuntado. El tramo norte se abre igualmente a este ala. A nuestra izquierda, seguimos en el umbral de la entrada, hay una pequeña puerta que conduce a la abovedada cámara inferior de la torre. Curiosamente, en la pared norte de esta sala se abre una pequeña puerta, en altura, y por tanto sólo accesible mediante escalera manual, que da paso a la escalera intramural que comunicaba con la planta noble de la torre, y que hoy, restaurada, permanece cerrada en la salida superior para evitar accidentes.

La amplia escalera que conduce a la planta superior, desemboca en un rellano distribuidor al que dan sendas puertas que comunican con las salas norte y sur, y con la torre. Las dos primeras son idénticas a las situadas en el piso inferior, cubiertas con hermosa viguería, sin embargo el piso de la torre, aun siendo casi idéntico en dimensiones al inferior, aparece ante los ojos del visitante como algo distinto. La bóveda, cuya directriz es perpendicular a la de la planta inferior, es rebajada, y arranca sobre dos arcos, semicircular el situado al sur, y rebajado el opuesto, que no tienen otra misión que la de reducir el espacio para aumentar así la seguridad de la obra. Además de la puerta de ingreso comentada, y la de la escalera intramural que llega de la planta inferior, hay una tercera, que da a otra escalera, asimismo intramural. que permite acceder a la tercera planta. Existen algunos otros detalles dignos de destacarse en la planta noble, como una chimenea, una aspillera de gran caída para vigilar y defender la puerta principal de la fortaleza. y una ventana con asientos. La tercera y cuarta planta de la torre no tienen nada de particular sino vanos abiertos al sur, y en la última algunas aspilleras, al este, que sin duda serían operativas cuando todavía no se había ampliado el castillo.

La comunicación entre las salas de la planta alta, se resuelve mediante puertas adinteladas y semicirculares, estas últimas en el entorno de la torre pequeña. Esta no presenta ninguna novedad digna de ser destacada, ya que posee escasísimos vanos y aspilleras, y sus pisos cubren con viguería tradicional.

Sobre la clave de la puerta hay un pequeño escudo con las barras de Aragón, y en el interior el de los Sanz de Latrás, rescatado del castillo de Latrás, situado aguas abajo del río Gállego.

Continuará...