El aporte se ve incrementado por el material procedente de las potentes morrenas que obturaban estos valles laterales tras haber sido excavadas por los barrancos afluentes Este hecho ha favorecido además la reactivación de la erosión en amplias zonas del territono. Un ejemplo claro lo constituye el barranco de Aso, donde, si bien la actividad geomorfológica no es muy importante, la presencia de acumulaciones morrénicas en casi un 25% de su cuenca ha supuesto una importante fuente de alimentación de sedimentos gruesos hacia el abanico aluvial, actualmente inactivo.
Los abanicos con áreas inferiores a 0,5 krn derivan de cuencas con un tamaño inferior a 3 km y han sido depositados por canales muy estrechos y empinados. La actividad geomorfológica de sus áreas fuente, caracterizada por movimientos en masa de escasa entidad -pequeños desprendimientos muy localizados- y una erosión moderada, no es muy acusada. La presencia de acumulaciones morrénicas en las cuencas de Iguarra y Biescas, dominadas por vertientes regularizadas, constituye la principal fuente de alimentación de sus abanicos. Estos hechos enlazan directamente con su dinámica actual: son inactivos y relativamente pendientes; en su superticie se aprecian restos de barras sedimentarias y de canales abandonados, algunos muy recientes, sometidos a distintos estadios de colonización por la vegetación. El cauce actual está limitado en algunos de ellos a un solo canal estrecho. El abanico de Lacuastra presenta cierta actividad -muy limitada y favorecida por las fuertes pendientes de las laderas de su cuenca en torno al 60%-, y pequeños desprendimientos que enlazan directamente con el cauce. En superficie, densamente poblada por la vegetación, ofrece un aspecto muy estable.
De lo señalado hasta ahora podemos afirmar que los abanicos no activos derivan de cuencas pequeñas, con una actividad geomorfológica moderada, y son depositados por barrancos con fuerte pendiente longitudinal. Por el contrario, los abanicos semifuncionales, más extensos, proceden de cuencas más grandes afectadas por una dinámica geomorfológica activa, y han sido escombrados por barrancos de menor pendiente. Los casos particulares de los abanicos de Aso y Lacuastra ya han sido explicados anteriormente.
Los abanicos semifuncionales, por su dinámica e importancia dentro del valle, son los que ofrecen un mayor interés. Sus características morfológicas, facies estratigráficas y dinámica son muy similares:
El resto de la superficie de los abanicos se caracteriza por la presencia de depósitos de tipo fluvial: canales abandonados, geométricamente largos y estrechos, y barras adyacentes depositadas por canales distribuidores trenzados. La disposición de las barras es lenticular, normal a la dirección de flujo. Las facies muestran una estratificación laminar y cantos imbricados, de tamaño inferior a los de las coladas de piedras. Esta disposición es más típica de las partes media y proximal; hacia la base, debido al decrecimiento de la pendiente y de la velocidad de flujo, el entrecruzamiento de canales es más acusado. Láminas o barras bajas compuestas por sedimentos finos y disectadas por canales pequeños y poco profundos son características de la zona distal. Canales marginales, levés y depósitos entre canales se han desarrollado en la mayoría de los abanicos semifuncionales del Gállego.