Castillos del Alto Gállego

Introducción.

El Alto Valle del Gállego, situado entre la Jacetania y el Serrablo, en la Provincia de Huesca, comprende tres pequeñas subcomarcas con una cierta identidad propia. Al norte el Valle de Tena, prácticamente rodeado por el Pirineo Axil, y las llamadas Sierras Interiores, que parten de él; algo más al sur, la Tierra de Biescas, donde el valle se abre definitivamente; y por último La Galleguera, presidida en su centro por la única entidad de población de relativa importancia en estas latitudes.

En esta pequeña zona se conservan todavía en pie un buen número de torres, casas fuertes y blasones, pertenecientes a los Infanzones, pero también algunos castillos, cuyo denominador común, aparte del marco geográfico, es el haber sido levantados o, en ocasiones, reconstruidos entre mediados del siglo XV, y fines del XVI. Esta circunstancia les da una cierta unidad en el tiempo, y por tanto en las connotaciones y accidentes históricos. No obstante todo lo que antecede, los tres castillos de los que vamos a tratar aquí, no tienen entre sí casi nada en común, y cada uno de ellos parece una muestra aislada, digna de ser estudiada en sí misma: algo por otra parte muy común en castillología, que no tiene parangón en la arquitectura religiosa.

Circunstancias Históricas.

Históricamente está probada la ocupación musulmana de la Galleguera, donde existían al menos dos castillos con guarnición dependientes del walí de Huesca (Waska), situadas en Senegüé y Acumuer (1). La presencia de estas fortalezas no tendría otro objeto que el de recaudar impuestos, y a la vez, controlar el tráfico de grupos humanos. Ambos castillos fueron conquistados en la campaña relámpago de 920, por el entonces conde de Aragón, Galindo II (2). Senegüé se convirtió a partir de aquel momento en una plaza importante para el control de los caminos del Gállego, y fue especialmente mimada por los reyes de Pamplona-Aragón durante la etapa de unión de ambos estados, hasta la muerte de Alfonso I en 1134, quienes nombraron tenentes a miembros de las familias más allegadas y de su confianza (3).

No lejos de Senegüé, al otro lado del río, se encontraban las tenencias de Oliván y Susín, a cuyo frente estaba Ato Azones, documentado entre 1044 y 1061 (4). El cercano lugar de Lárrede tenía torre o castillo en los últimos años del siglo XI, como se adivina por el aparejo de la parte inferior de la torre del actual castillo, de hecho, la documentación nos habla de una familia principal en estos predios en los comienzos del siglo XII (5). En el Valle de Tena existían al menos las tenencias de El Pueyo de Jaca, Lanuza, Hoz de Jaca, y Tena, esta última ubicada probablemente en Lartosa. Al sur se localizan las de Sabiñánigo y Javierrelatre (6).

De los castillos de aquella etapa altomedieval, apenas quedan más restos que las partes bajas de las paredes de las torres de las fortalezas de Biescas, Lárrede y Javierrelatre. Todos los demás edificios fortificados que se conservan en esta zona, pertenecen a los siglos XV y XVI.

Los motivos para el levantamiento de estas construcciones fueron varios pero cabría destacar, entre otros:

  1. La inseguridad social debida al auge del bandolerismo y a los enfrentamientos entre la ciudad de Jaca y los habitantes del Valle de Tena (7).
  2. La no aceptación por parte de muchos nobles aragoneses, partidanos del conde de Urgel, del resultado del compromiso de Caspe, que ponía la corona de Aragón en manos de un Trastámara (8).
  3. La inseguridad de la frontera. lo que motivó. junto con el desagradable incidente de Antonio Pérez, que el propio Felipe II enviase a su ingeniero militar Tiburcio Spanochi a inspeccionar los valles para una ulterior edificación de fortalezas y torres en los mismos (9).

Lárrede.

El topónimo Lárrede aparece citado por primera vez en un documento que forma parte del Cartulario de San Juan de la Peña, fechado en el año 920. En él se menciona el «Cuellu Larede», como uno de los límites de las tierras que pertenecían al monasterio de San Martín de Cercito. En el Cartulario de Santa Cruz de la Serós se hace referencia a Lárrede en dos documentos de fines del siglo X, que Duran Gudiol considera muy sospechosos, y Ubieto Arteta falsos (10). Hemos de esperar al siglo XII para ver aparecer a un don Galín de Lárrede, probablemente un senior, como testigo de una concordia entre los obispos Esteban de Huesca y Pedro de Zaragoza. Esto sucedía en 1121, cuando los aragoneses, pamploneses y bearneses, mandados por Alfonso I el Batallador, hacía tres años que habían conquistado Zaragoza. Señala Durán que este tal Galín debía de ser el tercer miembro conocido de una misma familia, al parecer importante en el lugar, que podría estar relacionada con la construcción de la singularísima iglesia románica y de la torre del castillo.

La torre está ubicada a más de cien metros de altura sobre el nivel del río, en una estribación de la loma de San Martín. El muro norte de la misma se apoya atrevidamente sobre el borde de un estrato de fuerte pendiente. El acceso se realiza desde el barrio alto de la población, siguiendo un cómodo sendero que asciende por la falda de la montaña, describiendo una amplia curva, primero en dirección norte, y despúes noroeste.Torre de Lárrede.

La torre se conserva en excelente estado, manteniendo intacta la corona de merlones, habiendo perdido únicamente lo que era de madera: suelos que apoyaban en los retranqueos, escaleras y cierres de los vanos. El postrero destino de este edificio ha sido el de servir de establo de ganado, motivo por el que los muros este y oeste aparecen perforados; lo que dicho sea de paso permite el ingreso sin dificultad en el mismo. La entrada original se hacía por medio de una escalera de mano, fácilmente retirable desde el interior, que permitía alcanzar la puerta, situada en altura, en el muro sur.

Antes de entrar en detalles puramente descriptivos. es importante observar, sobre todo en el muro oeste, que el aparejo, mezcla de sillarelo pseudoisódomo, no es igual en la base que en el resto de la construcción. Ello no se debe a la utilización de distintos materiales pétreos, puesto que todo procede del plegamiento flysh que allí aflora, sino a que la parte baja de la torre corresponde a una edificación de época románica, cuya construcción será coetánea a la de la mencionada iglesia. Es fácil deducir esto porque el tratamiento del material es idéntico: así como el desgaste originado por la erosión. Los sillares y el sillarejo no presentan aristas afiladas. En las partes media y alta de la torre se utilizó la pizarra, que muestra sus particularidades y la agudeza de las aristas de corte.

En los primeros años del siglo XVI, o quizá, en los últimos del anterior, se construyó sobre la base de la torre primitiva, disminuida en altura, la espléndida construcción que hoy podemos admirar.

La gran curva descrita por el sendero, nos lleva directamente al muro este de la torre, el único que no es visible desde los distintos caminos que conducen a Lárrede. Aquí la fortaleza presenta un aspecto más aguerrido, con tres aspilleras, dos en lo que corresponde interiormente a la tercera planta. y una en la cuarta. En el muro sur, además de la puerta. que se abre en la segunda planta. hay un vano con asiento, la única concesión de carácter no militar que hay en la torre, en la tercera. Al tener solamente un asiento lateral, podría pensarse que se trata de una necesaria o evacuatorio, pero no es así. La amplitud del vano, el estar situada cerca de la puerta, y la simple comprobación desechan la idea. En el muro oeste no se abre sino una aspillera en la cuarta planta, lo que confiere a la construcción un carácter verdaderamente austero. La solución más insólita de pared fuerte, se encuentra en el muro norte, en el que no aparece ningún tipo de vano en lo que eran plantas cubiertas, aunque sí una aspillera en el parapeto superior, donde en los demás lados se ubican los merlones. Esto no tiene nada de particular si se tiene en cuenta que por este flanco las condiciones del terreno hacen inviable el ataque, pero sí es preciso destacar que se trata de una solución atípica y singular, que no se puede encontrar en casi ningún otro castillo.

Interiormente presenta los clásicos retranqueos, que hacen posible asentar los pisos, y a la vez que se aligeran los muros, y aumenta la superficie utilizable.

La puerta es estrecha, midiendo 74 cm por el exterior, y 94 cm por la parte interior.

      MEDIDAS DE LA BASE DE LA TORRE  Lado  Exterior  Interior  Espesor del muro   N.    6,88 m    4,20 m    1,34 m   E.    6,37 m    3,71 m    1,36 m   S.    6,55 m    3,87 m    1,36 m   O.    6,48 m    3,73 m    1,39 m

Esta segunda torre debió ser construída por los López, familia documentada en Hoz de Jaca ya en 1062, y ampliamente difundida por todas las localidades del alto Gállego. Una de las ramas era propietaria de la mitad de Lárrede en el siglo XVII. Los descendientes de los López continúan viviendo en el lugar, en su antigua casa solariega, que se puede visitar, y que muestra en uno de los muros y en la clave de un arco sendos escudos con sus armas. En la primera mitad del siglo XIX, el pueblo y su castillo eran propiedad de la duquesa de Hijar.

Continuará...