Esta zona se extiende a lo largo del cauce del río Gállego, desde la Tierra de Biescas hasta la inflexión que realiza este cauce fluvial al llegar a las Sierras Exteriores (fot. 119). Antaño poseía una economía esencialmente cerealista, siendo la ganadería mucho menos importante que en las zonas montañosas de Serrablo, hecho que se plasmará en la arquitectura popular.
La estructura urbana de los núcleos de esta zona es variada (vid. 3.2.), aunque predomina el modelo constituido alrededor de un eje comunicativo, disposición propia de fondo de valle, canalizador de caminos. La renovación arquitectónica llegó más tarde al sector meridional de La Galleguera que al Serrablo septentrional, hecho motivado por sus limitaciones económicas; en conjunto, el porcentaje mayor de edificios que han pervivido hasta nuestros días se decanta hacia los construidos en el s. XIX (un 41%, frente a un 35% de los correspondientes al s. XVIII).
En La Galleguera -al contrario de lo que sucede en otras zonas septentrionales- no prima claramente un determinado modelo de casa; sin embargo, hacia el norte, más rico, se hace notoria la presencia de amplias casas-patio del s. XVIII: casa Isábal de Lárrede, Botero de Latas, Aso de Senegüé, etc.
Lo llano del terreno y la poca importancia del sector ganadero origina bordas de un solo piso; la inexistencia de pastos alpinos impide la trashumancia, por lo que los menguados rebaños pastan cerca del pueblo y pasan la noche en parideras, edificio restringido en Serrablo a esta zona: Ipiés, Latre, etc.
Su situación meridional conlleva también la existencia de construcciones inevitablemente relacionadas con esa latitud: es el caso de los arnales o colmenares, que no superan la línea del río Basa (Yebra) como límite septentrional; o el de las casetas de cúpula por aproximación de hiladas, en conexión con el foco de las Sierras Exteriores.
En los pueblos próximos a Sabiñánigo, y mejor comunicados, el estado de la arquitectura se halla considerablemente alterado por materiales constructivos modernos (Senegüé, Aurín, Larrés, Cartirana,...).
Situado en el pequeño valle del Matriz (popularmente Mangueta), subsidiario del río Gállego, a 690 m sobre el nivel del mar, Aquilué se asienta sobre dos lomas de cierta suavidad. La carretera que discurre desde Caldearenas a Escusaguat divide al pueblo en dos barrios, hallándose la iglesia ligeramente aislada al este. Aunque se encuentra en buen estado de conservación, resultan bastante patentes las muestras de remodelaciones con materiales modernos.
En el s. XV tenía Aquilué 10 fuegos; a mediados del XIX, había aumentado a 33 fuegos y 204 almas (quizá deba ponerse en duda esta cifra, a no ser que en este censo de MADOZ vaya incorporado algún pueblo más), y en 1981 los habitantes eran 36, con tendencia a disminuir.
Del conjunto de casas, cabe destacar una portalada con arcada de medio punto en casa Mateu, con una leyenda que indica el año de su construcción, el dueño de la casa y el albañil que la realizó. Otra portada, de forma conopial, presenta un par de fechas, una de ellas de las más antiguas de toda la comarca, 1518. Del s. XIX se aprecian un par de dinteles de ventana y otro de puerta. Resulta curiosa la presencia en un cernillón de un crucifijo de piedra. Alguna portalada de corral, ventanas con motivos vegetales en su solarete, tres buhardillas, un balcón tradicional de madera y decoración pintada debajo de un alerao completan el cuadro de los elementos arquitectónicos de interés.
Las bordas se sitúan hacia el sur, en la parte más alta del pueblo. Destaca una por sus grandes dimensiones y otra que presenta una placa con una cruz y la fecha de su realización. En las proximidades del pueblo hay numerosas casetas de campo. Sobresalen dos: una de ellas se denomina caseta de Lárrede (fig. 130), con tejado a cuatro aguas y dos plantas, la primera que sirve de pesebre y la segunda de vivienda ocasional, con el correspondiente fogaril; la otra, de reducidas dimensiones, llamada casetón de Pelaire (fig. 110), resulta en extremo curiosa por hallarse cubierta con bóveda por aproximación de hiladas.
FECHAS. Casas: 1518, 1608, 1800, 1822, 1866, 1875. Borda: 1848.
A 857 m de altitud, esta pardina, deshabitada desde la guerra civil, se encuentra en las proximidades de Ipiés. A mediados del s. XIX, junto con Abenilla y Atós, sumaban 9 vecinos y 88 almas. Su estado actual es de ruina absoluta, en la que queda una puerta adintelada fechada, otra con decoración (cruz y rosa de seis puntas) y una ventana conopial con cruz en huecorrelieve.
FECHAS. Casa: 1755.
El pueblo de Arto se asienta en un pronunciado tozal, en la margen derecha del río Gállego, a 800 m de altura (fot. 22). Presenta calles con estructura irregular y en notoria pendiente. Actualmente habitado por cuatro o cinco familias, posee un aspecto ruinoso en su mayor parte, mientras que el resto aparece bastante remodelado con uralitas y revoques. En la parte más elevada se yergue su iglesia, restaurada entre 1984-85 por “Amigos de Serrablo”.
Su población ha ido decreciendo con el paso del tiempo, pues si a finales del s. XV contaba con 12 fuegos, y a mediados del siglo XIX con 6 vecinos y 44 almas, en el censo de 1981 se había reducido el número a 24 habitantes.
De lo poco que se conserva de su primitiva arquitectura, hay que destacar una puerta adovelada de medio punto (con decoración en su clave); otra conopial, en casa Bonis (con una estrella enmarcada en círculo en la clave), y una ventana de mediados del XIX. Asimismo, aún queda en pie alguna chimenea troncocónica y una solanera de madera. El acceso al cementerio se realiza a través de una puerta conopial con varias cruces incisas en las jambas y el dintel; la puerta de la iglesia es de medio punto, con la fecha en la clave.
En cuanto a las construcciones agropastoriles, puede mencionarse una borda de amplias dimensiones, en la parte más baja del pueblo, y un cubierto con corral destinado a zolles en la planta baja y conejar en la primera planta.
FECHAS. Casa: 1848. Iglesia: 1769.
A 787 m de altitud, se asienta en terreno totalmente llano, en la confluencia de los ríos Gállego y Aurín, muy próximo al núcleo industrial de Sabiñánigo. Las edificaciones se alinean en torno a una sola calle, muy remodeladas con las consabidas uralitas y revoques. Es por todo ello por lo que Aurín conserva escasísimos restos de su arquitectura popular.
Su evolución demográfica va desde los 3 fuegos de fines del s. XV, a los 7 vecinos y 62 almas a mediados del XIX, hasta los 57 habitantes que le otorgaba el censo de 1981.
La única casa que destaca del conjunto es casa El Royo, que conserva su primitiva arquitectura popular; pues presenta encanetado de piedra, una gran balconada de hierro, ventanas echadas, puerta conopial, portalada, pozo, etc. De forma aislada, queda en el resto del pueblo algún elemento de cierto interés, como un balcón tradicional de madera, alguna portalada, balcones de hierro, encanetados de piedra, algún palomar, etc.
FECHAS. Casas: 1833, 1839, 1841, 1844, 1852, 1859.
Es una pardina enclavada a 840 m, en un llano junto al barranco de Abena. Su conservación es aceptable, pues, a pesar de hallarse deshabitada, continúan su explotación los dueños, que residen en Sabiñánigo.
Conserva chimenea prismática, con una piedra que la remata a modo de espantabrujas. Lo más curioso son unas pequeñas esculturas incrustadas en la fachada, que parecen de alguna edificación anterior (un animal, un rostro humano y un pequeño capitel). Adjunta a la casa existe una pequeña iglesia (tal vez de origen románico), un horno con su pequeña chimenea (fot. 63), una borda y un pajar con conejares adosados.
FECHAS. Pajar: 1942.
A 780 m de altura, esta pardina se sitúa en ligero desnivel en la margen derecha del Gállego. Su enorme caserón e iglesia se hallan en la ruina más absoluta, debido al incendio que sufrieron hace un par de décadas.
A fines del s. XV tenía Baranguá 3 fuegos; a mediados del XIX, 4 fuegos y 25 almas (junto con Puente Fanlo), y en el censo de 1981 se contabilizaban 13 habitantes, pero en lo que se conoce como Baranguá Nuevo (caserío junto a la vía férrea).
De lo que debió de ser una casa-palacio, sólo quedan muestras de algunas ventanas muy bien trabajadas. Una borda se utiliza todavía para refugio de ganado. Resulta llamativa asimismo una pared ciclópea. De la iglesia barroca puede apreciarse su estructura y la torre.
FECHAS. Iglesia: 1886.