Continuación
Hasta principios del siglo actual había un boticario en Basaran, que atendía las necesidades medicinales de parte de los pueblos de Sobrepuerto, entre ellos Escartín. Es de suponer que los medios con que contase serían mínimos. El médico residía en Fiscal, a tres horas de camino, y la farmacia más próxima estaba en Broto, a cuatro horas. Cuando alguien se ponía enfermo, se le aplicaban en primer lugar todos los remedios caseros (permanecer en cama, sudar, ayunar, infusiones de plantas, inhalaciones, cataplasmas, etc.) y, finalmente, caso de no remitir la enfermedad, se iba a buscar al médico con una caballería. Después se compraban las medicinas en Broto: si eran inyecciones, cualquier vecino del pueblo se las ponía, pues en muchas casas se disponía de jeringuilla, que se desinfectaba con agua hirviendo. Naturalmente no había practicante.
En el supuesto de que hubiese que trasladar al enfermo, se llevaba a caballo o en una parihuela, portada por dos personas (familiares o vecinos). La solidaridad del exiguo vecindario era total en estos casos. La actitud de impotencia por la falta de medios era bien manifiesta. El sacrificio que significaba transitar en esas condiciones por aquellos tortuosos y pendientes caminos, se puede imaginar con facilidad.
A veces se acudía a los curanderos, citando entre los más conocidos uno de Gavín, otro de Guaso y un tercero de Piedrafita, apodado Chafurras.
Manzanilla.Tradicionalmente se utilizaban mucho las plantas medicinales, a las que desde antiguo se les tenía mucha fe y que, clasificadas en sus diferentes usos, pasamos a relacionar:
Té: decaimiento, cansancio...
Malva: tumores. Se cocía para hacer emplastos.
Los animales de carga y labranza (machos y burros) jugaban un papel importante en la economía familiar, tanto por el trabajo que desempeñaban, como por su precio. En los años 50, por un "sobraño" se pagaban de 10.000 a 15.000 ptas.; por un "trenteno", de 20.000 a 30.000 ptas. por un burro, unas 4.000 ptas. Eran unos precios prohibitivos para el poder adquisitivo de época. Su perdida constituía una autentica desgracia para la casa, capaz de provocar su ruina. Conscientes de la situación, se les cuidaba al máximo: en su alimentación, en el trabajo... También se valoraban los demás animales domésticos, pero en una escala bastante menor.
El veterinario residía en Broto (a 4 horas), únicamente se acudía a él para administrar vacunas, guías para las trashumancia y, en contados casos, para ver animales enfermos.
Había una serie de remedios caseros, de los que se echaba mano en caso necesario: el denominador común o la base científica radicaba en la experiencia tradicional y popular. En muchas ocasiones eran similares a los utilizados para los humanos y, por lo mismo, tenía mucho de mágico.
A las caballerías enfermas se les hacía sangrar, cortándoles una vena en el cuello: "así se iría la sangre mala"...
Algunos animales morían de un "torzón", provocado por beber mucha agua fría después de darles sal, o por haber comido mucho "amielcón" verde...
Eran frecuentes las picaduras de víboras (fizau), especialmente a las ovejas, alrededor de mandíbulas o en las mamas. Les provocaba una hinchazón que duraba mucho tiempo, aplicándoles remedios caseros. Algunas reses morían...
Continuará