Todos los años se marcaba un "leñero" en el "caxicar" para todo el pueblo. El día acordado acudían uno de cada casa, acompañados por el Guarda forestal, buscaban una zona con "caxicos" viejos, los marcaban y adjudicaban un volumen aproximadamente igual para cada vecino. Además se sorteaban para que ninguno se sintiera perjudicado: a unos les correspondía junto al camino o al lado de una senda, a otros en lugares alejados, teniendo que trasladar la leña hasta un cargadero accesible. El guarda controlaba si se había talado más de la cantidad autorizada o algún árbol joven. Cada uno hacía la leña cuando le parecía más oportuno, generalmente en otoño o invierno, y completaba sus necesidades cortando más "caxicos" en sus "cerraus". Se apilaba en fajinas y se "carriaba" a casa una vez seca.
Los pinares eran escasos y situados en la zona noroeste del monte (o Bezuelo y o Fulco Estrecho). Cada cierto tiempo se solicitaba al Distrito Forestal (hoy ICONA) el señalamiento de una subasta. Una vez obtenido el permiso y el volumen correspondiente, se ponía en conocimiento del guarda, que, acompañado de una comisión de vecinos, procedía a marcar los pinos maderables. Después había que buscar un contratista que le interesara su explotación, pues era muy costosa, debido a la larga distancia hasta la carretera Broto-Fiscal. Los maderistas talaban los pinos y luego los arrastraban con varios mulos a través de una "tiradera" que discurría en parte por el barranco o glera de Otal hasta Forcos (desembocadura en el río Ara), para cargarla en camiones.
Muchos años no se encontraba contratista, bien por falta de demanda o por el volumen poco rentable y se acumulaba para subastas posteriores.
El importe de la misma iba a parar a las arcas del municipio, que lo invertía en mejoras para el pueblo: reparación de caminos, acequias, fuentes, etc.
La tala de madera proporcionaba un suplemento de leña de pino para el pueblo. Se repartía para todos los vecinos. Era muy apreciada para calentar los "fornos" de amasar el pan.
De las "tozas" o tocones de los pinos cortados se obtenían las "tiedas" para alumbrado de las casas. Debían transcurrir varios años para poder ser utilizados, una vez iniciada su descomposición. Cada cual arrancaba las "tozas" que necesitaba.
Para cortar "maderos", necesarios para la construcción de casas, casetas o pajares, se debía solicitar autorización al guarda, salvo que se cortasen en fincas particulares.
En inviernos demasiado largos, con los pajares casi vacíos, había que ir a cortar ramas de pino (pinarra), como alimento de subsistencia para las cabras. El guarda autorizaba cortar las ramas laterales, como una poda.
Era un complemento alimenticio para las familias. Abundaban jabalíes, liebres, conejos, perdices, "trucazos" (paloma torcaz)... Se utilizaban todos los procedimientos: caza convencional con escopeta (al ojeo, a la espera...) y con trampas de todo tipo (chuelos, losetas, cepos, lazos,...). Además se cazaban otros animales por su apreciada piel: "fuinas", "raposas", "tachones", "gato montes", etc. Eran tiempos y lugares en que se carecía de casi todo, lógico que se aprovecharan todos los recursos.
Para cazar los jabalíes solían participar varios vecinos: unos iban a "resacar" con sus perros y otros a colocarse en las "esperas" pertrechados con sus escopetas. Se repartía equitativamente la "cazata".
Las propiedades de los vecinos estaban delimitadas por paredes y empalizadas o "barzadas": unas estaban reservadas al pastoreo de cada casa y otras permitidas al común. En el primer caso debían respetarse estrictamente: si alguien se dejaba pasar el ganado, era objeto de protesta por parte del interesado, a veces podía ser motivo de enemistad, más o menos prolongada. Si se trataba de campos sembrados, el problema era mas grave, cuanto más próxima estaba la siega. En estos casos se llamaba a algunos vecinos, incluso al juez municipal, para acordar la sanción a imponer, siempre en especie (cuartales o talegas de trigo, cebada o avena). El juez enviaba dos peritos de otro pueblo vecino para que tasaran los daños y se entrevistaba con las dos partes.
En general se tenía bastante cuidado en no "correr" los campos del vecino, pero siempre había algún descuido, que quedaba zanjado con una riña.
Debía acudir uno de cada casa, mayor de edad. Si por cualquier causa alguien faltaba, debía realizarlo en otra ocasión, durante el mismo tiempo y en otra tarea similar. No había sanciones pecuniarias, pues era más práctica la realización posterior del trabajo. Todo esto no estaba escrito, es lo que se había hecho desde siempre.
Podían ser peatonales o con caballería. El alcalde anotaba el servicio que cada vecino realizaba, por turno.
Hasta que se difundió el sistema métrico decimal, se empleaban las medidas tradicionales en el resto de la región, aunque persistió siempre la dualidad de sistemas.
En todas las casas se disponía de una romana, con la que podían pesarse hasta 12 kg. = 1 arroba. Además había un "carrazón" (romana grande) para todos los vecinos, que alcanzaba hasta los 100 kg.
Todas estas medidas se usaban en los intercambios o trueques de distintas cosas, en las ventas, etc. Se decía: "biengo a amprar un par de cuartales de trigo, sos los golberé con caramuello, pa que estez contentos". Es decir: vengo a que me prestéis 2 cuartales de trigo, os los devolveré con creces, para que estéis contentos.
O también las dueñas apuntillaban: "en a nuestra romana a pesau 3 libras y dos onzas, miá a ver en a güestra si pesa o mesmo". Con esta indirecta quería significarle que le devolvía exactamente lo prestado.
Cuando había alguien que devolvía de menos: "chicá, ¿s'a mermau por o camino u qué?"...
El pueblo nunca tuvo ayuntamiento propio: hasta la década de los 50 perteneció al de Basarán, donde había secretario, boticario, juez y otros servicios. Después fue trasladado a Bergua, con el nombre de Bergua-Basarán, hasta que este último quedó despoblado en la década de los 50. Al quedar abandonados todos los pueblos de Sobrepuerto, pasaron a depender del Ayuntamiento de Broto. En Escartín había un alcalde pedáneo.
Al ayuntamiento había que acudir a pagar la contribución, a las campañas de vacunación de personas, antirrábica para perros, gestionar asuntos diversos, etc.
Las tierras de regadío eran muy escasas: se reducían a unos pequeños huertos cerca de la "glera" o barranco de Otal, a una altitud de 1.000 m., unidos al pueblo por un sinuoso y fatigoso camino. La mayor parte de los huertos se regaban con el agua de la denominada fuente "Os Moros". En verano disminuía bastante, pero nunca llegó a secarse. Estaba acordado que cada vecino regase un día a la semana, si bien se podía tomar la sobrante, siempre que el azud estuviese a mas baja cota del anterior. Las acequias generales se limpiaban "a vecinal" una vez al año, antes de iniciarse los riegos.
Continuara.