La pastorada de Yebra

El uso del aragonés.


La pastorada de Yebra, dada la falta de textos escritos, se constituye en un elemento imprescindible para el estudio del aragonés del s. XIX en la comarca de Serrablo.

Llama la atención el ver como la depreciación burlesca de esta lengua y su asociación en los ambientes letrados, de clérigos y estudiantes en este caso, al habla primaria de los sectores mas burdos de la sociedad, no ha sido privativo del siglo XX, sino que en la centuria anterior ya ocurría de lleno; por lo que, como en otras pastoradas altoaragonesas AA.VV. El aragonés: identidad y problemática de una lengua, Zaragoza, 1977, p. 97., dicho lenguaje fue asociado esencialmente a la figura primaria del rebadán. Así, en los textos donde mas presencia hace el aragonés, este se encuentra muy castellanizado, especialmente en la sintaxis, y acusándose menos en la morfología y en el vocabulario; hecho lógico viniendo la autoría de clérigos y estudiantes que se servían de la contraposición "castellano-aragonés" para conseguir el que el publico espectador aceptase con gracia la ordinariez de su propia habla.

El aragonés de la pastorada de Yebra pertenece a la modalidad central, es decir la que desde los valles de Tena y Bielsa baja hasta el Somontano AA.VV. op. cit., pp. 81 y ss.. Entre sus características mas significativas están el uso de los artículos ro, ra, ros, ras: "len tira ta ros morros", "y ra grande guitonaza"; que aparecen combinados con los más generalizados a, o, as, os, desde el siglo XIX hasta 1933, intentando con la primera variante -más arcaica- acentuar la rusticidad del habla del rebadán. Y finalmente, en segundo lugar, se utiliza la terminación del participio en -ato, -ata: escudillatas, etc.

En un brevísimo repaso por las características lingüísticas de los textos, como más significativas y al margen de las dichas, aparecen: en fonéticas, diptongación en ie de la E breve latina en algunos fonemas del verbo ser: ye 'es', ye 'eres', yera 'era'; conservación de consonantes iniciales simples: fatos 'tontos', fambre 'hambre', fa 'hace', feba 'hacía', fallo 'halló', etc; aparición de cambios fonéticos esporádicos como soluciones antihiáticas -reyir 'reir', rodiaron 'rodearon'- y metátesis -crabitos 'cabritos', diminutivo de craba-. En lo morfológico aparición de la desinencia de segunda persona del plural en -z: hez 'habeis'; aparición de la partícula pronominal o adverbial 'allí' en el presente de subjuntivo del verbo haber: yayga 'haya allí'; conservación de la -b- intervocálica en el imperfecto de indicativo de algunos verbos de la segunda conjugación: meteba 'ponía', feba 'hacía', caleba 'era preciso'; utilización con valor diminutivo del típico sufijo altoaragonés -eta: chanzoneta, torteta, chireta, etc; uso de los complementos pronominal o adverbial en/ne: "y len tira ta ros morros", "no len pudo encajar toda", etc.

Lectura sociológica

La pastorada, como estructura insertada en un instrumento religioso, tenía unas connotaciones globalmente conservadoras, máxime cuando en ella se reproducía fielmente al ambiente mas jerarquizado, conservador y arcaico de la sociedad montañesa: el pastoril E. Satué, "El arte de nuestros pastores pirenaicos", Andalán, nº 364-365, Zaragoza, 1982, pp. 69-73.. Esta identificación iba pareja a un respeto total hacia las jerarquías oficiales, aun hoy mantenida por inercia en las dedicatorias de los brindis; no rebasando jamás el cuestionamiento jerárquico el estrato "mayoral-rebadán-danzantes". Como derivación lógica de esta mentalidad, se aprecia constantemente una queja y crítica a las innovaciones que desde el siglo XIX traían los tiempos: "que como el mundo varea/ no habra nada que durar/ de que ro piso de a falsa/ pa vodega ra pondran".

El rebadán ve ahogada su crítica en el conjunto global de la representación, en el que la oficialidad y lo establecido anulan a lo carnavalesco, aunque en algunas ocasiones su rebeldía ante el poder alcanza un carácter drástico: "quien pudiera hacer asi/ del paviso de mi amo/ el remedio de la gallina/ para que no podese contarlo". Se queja también de la dureza de su oficio trashumante: "Desde la Sierra de Guara/ a los altos pirineos/ del cabezo de Moncayo/ a la Sierra de Monearos/ con las calores y frios/ tras de cabras y borregos/ tras de bosques y mardanos/ tras de ovejas y corderos/ quisiera mudar de oficio/ que este para mi no es bueno" (primera mitad s. XIX); al tiempo que defiende la vituperada figura pastoril, argumentando que siempre fue la primera en ser escogida por la divinidad: traslados de los restos de Sta. Orosia, adoración en la Noche Buena, apariciones de la Virgen, etc. El "rebadán" solo anecdóticamente dirige su rebeldía hacia la cúspide del poder: a comienzos del siglo XIX, una pastorada recoge la supuesta historia de un soldado del rey al que no se le quiere pagar la contribución -Yebra era lugar de realengo en la época- y al que además se le escarmienta radicalmente: "el Rey que se mete en eso/ Si todos estos brivones/ quando vienen por dineros/ los despachasen así/ yo se que vendrían menos/ Estoy por acabar/ con todos los contribucioneros".

Temáticamente, dos argumentos de la pastorada que aparecen repetitivamente en los siglos XIX y XX merecen un comentario etno-histórico y sociológico especial: la xenofobia hacia el francés, marcada por la Guerra napoleónica, y el rechazo de la mujer hacia el mundo rural en el contexto del éxodo del presente siglo.

Dos hechos explican la repetitiva alusión a la xenofobia contra los gabachos: en primer lugar la impronta dramática que dejaría en la zona, al menos durante la primera mitad del S. XIX; y en segundo, el que fuese precisamente el clero quien inspirase dichos textos, estamento preocupado por la Revolución francesa y que tomó parte activa en la contienda.

Si bien es cierto que este tema aparece en la pastorada especialmente en a segunda década del s. XIX, también lo es que llegan retazos hasta finales del primer tercio del presente siglo: "Avibareis nuestra fe/ en estos tan malos tiempos/ que los gabachos malditos/ a fe nos la obscurecieron/ (1930).

Un documento de la primera mitad del siglo XIX, aporta la pieza mas interesante que sobre el tema se ha recogido en la pastorada de Yebra; historia insertada al comienzo de la representación, tras la salutación, habla de las desgracias que paso el rebadan en la guerra: "tantas tragedias/ con los gabachos perversos/ les quiero burlar un poco/ ya que estamos libres de ellos", realizando con cierto rigor histórico un análisis de la contienda, como cabe esperar de la pluma que lo inspiraría -clérigo seguramente-: se alude a la situación socioeconómica del siglo XVIII, en que inversamente a lo que ocurría a finales del siglo XIX y comienzos del XX Anie Brives, Pyrénéés sans frontiére, Argelés - Gazost 1984, p. 127., el empuje económico alcanzado en la vertiente meridional del Pirineo atraería a una pléyade de personajes ambulantes de la opuesta, que realizaban faenas artesanales: reparar ollas, vender cribas para la cosecha, castrar cerdos, afilar dallas, limpiar chimeneas, cuidar el ganado que no trashumaba, etc. Se hace un recorrido histórico a través de los principales hitos de la contienda, imitando el lenguaje francés como recurso cómico, y citando a generales franceses y españoles, así como a guerrilleros que actuaron en Aragón: Los Minas -Espoz y Mina-, Malleu, El Cantarero -Manuel Alegre-, Sarrasa -Miguel Sarasa- etc Eloy Fernández Clemente, "El Alto Aragón contemporáneo", El Alto Aragón, su historia, cultura y arte, Sabiñánigo, 1977, pp. 128-157.; al tiempo que se pone aun mismo nivel los "nefastos valores" que representaban los términos "Lutero -Napoleón- la liberté y Godoy", encadenamiento conceptual de claro o- rigen histórico: "Soltaron a la liberté/ y siguieron a Lucero/ y al maldito Napoleón/ para ir con el al infierno,/ les asistiu el mal Godoy/ aquel traidor perverso/(...)". Concluye el recorrido histórico con la victoria final, la llegada de Fernando VII y una declaración de intenciones en la que la humilde pastorada recoge la filosofía de toda una época de la Historia de España: "y lo que aora conviene/ es cerrar los pirineos/ y tambien mudar de vida/ que todos nos enmendemos/ porque entiendo que hay muchas faltas/ y vicios en estos pueblos".

Otro tema repetitivo que aparece en la pastorada desde finales del primer tercio del siglo XX, como reflejo del panorama socioeconómico que se avecina, es la infravaloración femenina del modelo rural ante el deslumbrante mundo urbano que aparece aculturizante ante sus ojos. El rebadán se queja ante la dificultad para casarse y aboga por formulas extremas que no se daban en la sociedad tradicional, donde primaba la endogamia: "Si no hallo de Ribera/ me subire a Sobrepuerto/ pronto me quiero casar/ porque me lo pide el cuerpo"; llegando en 1955, ultimo año de la pastorada y en plena aculturacion, a proponer soluciones de vigente actualidad en el actual mundo pirenaico -solteros de Plan-.


FALTA NOTA 14: Antonio Beltrán Martínez, op. cit., p. 46.