No había ninguna ermita en todo el término, pero se asistía a la de Santa Orosia con todos los pueblos de Sobrepuerto.
Preparativos.
El 24 de junio, día de S. Juan, se preparaban todos los elementos necesarios para partir a la mañana siguiente en dirección al Puerto. Los hombres se encargaban de limpiar los machos, preparar las monturas, sacando brillo a los adornos claveteados de aparejos y "cabezanas". Las mujeres preparaban una suculenta merienda y las decorativas alforjas de lana. El menú: carne asada, conejo o pollo guisado, ensalada de huevos duros, longaniza, salchichón, crespillos, vino rancio y café. También se sacaba a ventilar la manta "colorada" que cubría a las caballerías. Se acordaba la hora de salida para partir todos juntos. Uno de los vecinos, "a redolín", (por turno), portaba la Cruz parroquial y los mozos llevaban el asta de la bandera.
Costumbres en la romería.
El día 25, sobre las 5,30, se salía en procesión desde la iglesia hasta las afueras del pueblo (la Cruceta), presidida por la Cruz y la bandera. Allí se organizaba la marcha en grupo hacia el Puerto, lo mismo que al regreso. Unos metros antes de llegar a la ermita se agrupaban todos los romeros de Sobrepuerto (por lo menos uno de cada casa), organizándose una procesión con las Cruces y banderas, presidida por el cura de Bergua o de Cortillas, hasta la misma, donde se cantaba una salve. A continuación se almorzaba en las proximidades.
Seguidamente marchaban hacia la ermita de la Cruz o del Zoque, donde se concentraban los fieles llevados de todos los pueblos. Los de Yebra subían con la peana que portaba el cráneo de la Santa, acompañados de los danzantes. Una vez reunidos todos en la explanada de la Cruz, los de Yebra colocaban su Cruz y su bandera en lugar destacado: ante ellas rendían pleitesía todas las de los demás pueblos. Posteriormente se agrupaban en dos hileras y todos pasaban a venerar los restos de San Cornelio. Enseguida se formaba la procesión: primero iban las banderas (en cabeza la de Yebra), seguían las Cruces en dos hileras, la peana de Santa Orosia a hombros, los danzantes y, detrás, todos los asistentes.
Al llegar a la ermita, depositaban a la Santa en el altar mayor, escoltada por todas las Cruces y las banderas apoyadas en el coro. Se celebraba una Misa por todos los curas de los pueblos. Al final se trasladaban lo restos de la Santa a un altar situado en la explanada, donde eran venerados por todo el vecindario. Los mozos "bandeaban" las banderas sobre la gente, haciendo alarde de su fuerza y maestría.
Terminadas estas ceremonias, todos se disponían a comer. Tradicionalmente cada pueblo tenía un lugar fijo para comer, junto a una "mata de buxo". Un vecino cuidaba las viandas desde por la mañana, por turno anual. Mientras las mujeres preparaban la comida, los hombres iban a darles un "pienso" a los machos. Allí s saciaba cumplidamente el apetito, en medio del jolgorio popular.
Después de comer, se situaban los danzantes en el pequeño plano, sobre la fuente y toda la gente alrededor. Se iniciaban lo dances con sus típicos brindis. Para animar a la gente, dedicaban los primeros a los de Yebra (Al Alcalde, al cura, etc.). El mayoral recogía los brindis, apuntaba los nombres y recibía las propinas. (antes de la guerra de 2 a 5 ptas.).
El brindis era de la forma siguiente: "Esta va en favor de Fulano de tal, cura de Yebra y viva muchos años". "Esta va en favor Fulano y su prometida, soltero y natural del pueblo de Escartín, banderista de esta santa y solemne fiesta y viva muchos años". U mozos y mozas de los pueblos iban de "picadillo" y daban a escondidas sus dedicatorias al mayoral. En cierta ocasión se oyó el siguiente: "Si no por o requesón, a sericueta y o preto, ya no habría un alma viva en to ro Sobrepuerto". Un tión de casa Cosme de Cortillas, les contestó: "A pesar de os de Yebra y to ro valle Basa, anque vienga un año mal aun tenemos trigo en casa y dejamos pasear a Pedro por valle Basa".
Más tarde se hacían unas ceremonias de despedida en la iglesia y cada cual regresa a sus pueblos de residencia. Hasta la década de los treinta, la fiesta estaba en todo auge: la gente estaba animada con esta celebración, acudían desde los lugares más alejados y era un espectáculo impresionante, multicolor, por aquellas praderas del Puerto.
Se mezclaba el espíritu religioso con la convivencia espontánea y hasta interesada, entre vecinos de distintos pueblos: allí cabía una petición a la Santa o una acción de gracias, un contrato de criados, hasta acordar un noviazgo... La guerra civil, supuso un cambio, motivado por las circunstancias y, aunque se rehizo, fue decayendo a consecuencia de la emigración y despoblación de muchos pueblos. En la actualidad pervive como una fiesta turística y de añoranza para los supervivientes y descendientes de los romeros de antaño.
El regreso.
Lo mismo que a la ida, volvían todos juntos por aquellos serpenteantes caminos. Los que no habían ido al Puerto esperaban a los romeros a la entrada del pueblo, en la Cruceta. Allí se organizaba una procesión hasta la iglesia, acompañados por el volteo general de campanas, donde se rezaba el Rosario en honor de Santa Orosia.
Rogativas a Santa Orosia.
Algunos años, en la primavera, venían grandes sequías que ponían en peligro las cosechas, por lo que se organizaban las rogativas. Previamente acordaban la fecha entre los de Sobrepuerto y valle de Basa. Asistía uno de cada casa obligatoriamente, portando la Cruz parroquial, "a redolín". En el día señalado, los de Sobrepuerto se juntaban en la Cruz de Cartillas, organizándose una procesión -presidida por el cura de Bergua o Cortillas- hasta la ermita de Santa Orosia. Iban cantando la letanía durante cerca de dos horas que supone el camino. Allí en unión de los de Valle Basa, asistían a una misa, para pedirle a la Santa el beneficio del agua.
Si no llovía, a la semana siguiente volvían de nuevo. Caso de no surtir efecto, celebraban otra rogativa en Yebra: el punto de reunión era la ermita del Augusto, marchaban en procesión, con los pies descalzos, hasta la iglesia, donde se celebraba una misa. Caso de ser atendidas sus peticiones, había que volver en acción de gracias. Se cuenta que en cierta ocasión un cura predicaba: "No lloverá, no lloverá porque sois muy malos...". A lo que uno de los asistentes replicó: "¿Tampoco para la feria de Jaca?..". Y es que por aquellas fechas los chubascos son frecuentes en la montaña.
Bendición de términos.
Hasta los años 1.915-20 la iglesia de Escartín tenía categoría de parroquia, con cura residente. El último sacerdote fue mosén José Aranda, posteriormente trasladado a Biescas. El día de Santa Cruz, 3 de mayo, se llevaba a cabo la ceremonia de bendición de términos, para amparar el beneficio de una buena cosecha. Todos los vecinos acudían a la iglesia, desde donde se salía en procesión hasta una de las eras del pueblo, según la zona donde estaban los sembrados: la era "o Ferrero" para la "añada" de la Cruz y la era de "abajo" para ha "añada de "Lacuna". El sacerdote se colocaba en dirección a los campos y efectuaba la bendición.
Continuará.