La pastorada de Yebra

Dichos burlescos hacia cada uno de los danzantes

En este apartado, el mayoral inicia un recorrido burlesco danzante a danzante, consiguiendo de forma fácil el regocijo del público a través de los dichos de cuatro versos. Su temática se puede agrupar en cuatro bloques: los vinculados a las características psíquicas de los danzantes -vagos, cobardes, amantes de la soltería, etc-; los asociados a la relación de sexos -interés de un danzante por una moza de Sobrepuerto, descrédito del rol femenino en el inicio de relaciones, etc.-; los relacionados con los excesos en el comer y en el beber por parte de los danzantes; y finalmente, los que conjugan alusiones a la vida, martirio y milagros de la santa con la mala prensa de estos últimos. En 1824, de los ocho dichos dedicados, en tres se imputa a sendos danzantes el ser malos estudiantes -aspecto que refuerza la tesis de la intervención de jóvenes universitarios en la composición de la pastorada; a dos se les acusa de gula y a otros tres de cobardía.

Elogios a la santa.

Con este título se abre un apartado en la pastorada a través del cual se intenta retomar su finalidad esencial: la de servir de instrumento didáctico para que la mentalidad popular asumase el fervor a la santa. Frente a la repetitiva intervención del mayoral y el rebadán, este bloque intenta dar juego en la representación a los danzantes, hasta el momento bastante relegados.

El conjunto de los ocho danzantes se reparten la alucución sobre la vida y martirio de la santa, así como el relato del amor que los de Yebra y comarca profesan a esta; lo hacen siguiendo desde el primero al último una secuencia lineal y encadenada -desde el origen en Bohemia hasta el martirio en los puertos de Yebra-.

Este apartado comenzaba, al menos durante el siglo XIX, con un aviso musical ordenado por el mayoral y seguido de una pequeña melodía tocada por el músico o gaytero, mientras los danzantes daban una pequeña vuelta: "Y cada uno por su orden/ los dichos vayan diciendo/ y toca ro chiflo chuflar/ que baylaremos contentos".

Desde el siglo XIX se observa claramente como los elogios describen la vida de la santa según los principios de la hagiografía tradicional dominante, es decir, siguiendo a Alavés y la Sala Salvador A. Alavés y la Sala, Compendio de la vida (...) de Sta. Orosia, Zaragoza, 1702..

De cualquier forma, la transmisión oral o la copia año a año de los distintos elogios hacía incurrir en deformaciones progresivas: "Allá en el antiguo Egipto/ en el reino de Balencia/ en Praga su corte ilustre/ mas relumbrante que estrella/" (1910) Este elogio parte de la primera estrofa del romance popular del siglo XVIII que dice: "De Bohemia era Orosia/ y de Egipto natural, / por venir a honrar a España, / vino a Yebra a coronar". (E. Satué, op. cit., III.6.2)..

Tanto en el siglo XIX como en el XX cada danzante hacía una brevísima introducción de lo que iba a tratar su elogio; técnica didáctica que pretendía la motivación del auditorio: "yo diré de su llegada/ a los altos Pirineos/ y se escondió en nuestras cuevas/ con todos sus compañeros Elogio correspondiente al tercer danzante en una pastorada de mediados del s. XIX.".

Culminación de los elogios a cargo del mayoral

Este apartado refleja una vez más el magnífico diseño pedagógico con que estaba estructurada la pastorada, acomodada a la mentalidad y conocimientos populares, y que refleja de nuevo la presencia del clero local entre sus inspiradores; así, el mayoral acometía con tono altivo la valoración y exaltación de lo que representaba la santa y su vida: "Que os paice oyentes mios/ que vida tan milagrosa/ que inocencia de costumbres/ y que muerte tan dichosa." (1824). También realizaba un repaso por las desgracias de las que creía a la santa abogada: "malignas tronadas, grandes abenidas, endemoniados, rayos y centellas, partos peligrosos y calenturas perbersas".

Finalmente, y siguiendo las pautas de la historiografía tradicional, el mayoral describía lo sucedido desde el martirio hasta el traslado de los restos de la santa a Yebra y a Jaca.

Despedida

Con la despedida, también efectuada por el mayoral, se cerraba la pastorada. Se realizaba cuidando el criterio jerárquico: al rector, al capellán de Sta. Orosia, al predicador, al ayuntamiento de Yebra, y finalmente, al público en general: "Para dar fin a este asunto/ será una razón devida/ que a todos los superiores/ y componentes de esta villa/ mis compañeros y yo/ les demos la despedida". (1844).

En la despedida también se apreciaba la línea de la religiosidad popular de la zona, tendente al animismo; así, eran despedidos la fuente del santuario, su agua, el puerto del martirio y la cueva que tanto representaban para mentalidades en las que lo precristiano, inconscientemente y por la inercia, aún estaba vigente.

La refinada educación con que el mayoral cerraba el acto, al igual que sucedía en la introducción, trataba de paliar la socarronería y tosco humor utilizado en gran parte de la pastorada; así, se perpetuaba una vez más la bipolaridad de esta representación: el mayoral no sólo pedía perdón a la santa, sino que lo hacía también al público en general: "En cuanto a los dichos burla/ yo les encargo y les pido/ que los escriban Vds./ en el libro del olvido". (1840).

Finalmente, se pedía salud para los vivos y la gloria eterna para los fallecidos, rematando con una muletilla repetida año tras año para dar un punto de humor al triste tono de la despedida: "Toca ro chiflo, chiflar/ que de todo me acabo/ que tengo una grande sed/ que quiero hechar un trago".

Orígenes y autores

Entre el largo centenar de pliegos de pastorada hallados en Yebra y que recogen la alocución que cada danzante debía de aprender, ninguno esta fechado en el siglo XVIII, siendo la de 1814 la más antigua; sin embargo, es lógico suponer que en el siglo XVII el dance de Yebra ya tendría constituido un embrión de pastorada. El que no hayan aparecido fragmentos de los siglos XVII y XVIII cabe atribuirlo simplemente a que si se guardaba en las casas se hacia con sentido práctico: para recitarlos año tras año con pequeñas variantes; sin embargo los problemas y la mentalidad de los siglos XVII y XVIII, reflejados en la pastorada, dejaron de ser aprovechables en el presente siglo por lo que los propios danzantes irían desechando dichos textos.

Como bien supo ver Ricardo del Arco en los dances monegrinos Ricardo del Arco, Notas del folklore altoaragonés, Madrid, 1943, p. 263., tras toda pastorada se vislumbra una pluma clerical. En el caso de Yebra se observa clara la intervención del clero local así como en algún estudiante de dicha villa en la Universidad de Huesca; ambos sectores eran los únicos capaces de utilizar simultáneamente tanto el lenguaje culto como la más tosca fabla, para a través de cualquiera de las dos vías, provocar la hilaridad o la devoción del público.

Los textos reflejan la mentalidad pedagógica propia de un clero acostumbrado en el siglo XIX a ser el único elemento instructor del pueblo José Garcés y Enrique Satué, "Jaca, 1811: requisición de subsistencias", Jacetania, nº 107, Jaca, 1983., así como el riguroso seguimiento que estos hacen de la historiografía tradicional de la santa.

La intervención de estudiantes también es clara: pastoradas de la primera mitad del siglo XIX inspiradas en la picaresca del s. XVII, y que atribuyen al rebadán el rol de pícaro estudiante de la Universidad de Huesca La Universidad de Huesca fue declarada extinguida por decreto de 17 de septiembre de 1845 (Laura Alins, "Aspectos de la Universidad sertoriana en el siglo XIX", Argensola, nº 88, 1979, p. 466)., y constantemente a los danzantes la mala inclinación de estos para con los libros.

Influencias

La pastorada de Yebra, al igual que las mudanzas del dance, acusan una gran vinculación tanto con el Valle de Tena como con Tierra Baja; no pasando desapercibido el papel que en estos trasvases de modelos de pastoradas tendría la ruta trashumante central que unía el Pirineo axial con los Monegros y Ribera del Ebro. En este sentido, no ha sido extraño encontrar entre los documentos de Yebra fragmentos de la pastorada de Panticosa (primera mitad del XIX) en honor a su patrón San Roque La Virgen de Agosto era la fiesta mayor de Panticosa, y San Roque -o día siguiente- concentraba en Panticosa a todos los pastores que cuidaban las cabañas en las altas montañas (vid. V. 3.1.); evidentemente, cualquier pastor los habría llevado a Yebra para aportar ideas a la de dicha localidad, de estructura similar aunque divergente en que la del Valle de Tena utilizaba doce danzantes. Sin embargo, serian los dances monegrinos Ricardo del Arco, op. cit., p. 350 (dances de Lanaja, Almudévar, Sena, Pallaruelo de Monegros, Torres del Obispo, etc.), del Somontano y de la Ribera del Ebro los que mas se verían reflejados, con constantes alusiones a los tópicos baturros del s. XIX, a la Virgen del Pilar, a la de Leciñena -dance de la localidad-, a la de la Carrodilla -dance de Estadilla-, e incluso a lugares geográficos de las márgenes del Ebro: "Este mozo es cortejante/ y luego le darán premio/ alla en la azequia del Rey/ el canal que baja del Ebro" (1840).


CONTINUARA.