Semblanzas de mi lugar: Escartín

DERIVADOS DE LA LECHE.

La leche era un alimento importante en la dieta del montañés, obteniéndose de las vacas, cabras y ovejas. La de estas dos últimas se usaba, casi exclusivamente, para obtener queso. La leche se tomaba de diversas formas: sola, con sopas, puré de patata, en "farinetas", etc.

Las vacas se ordeñaban cuando estaban criando, procurando no perjudicar al ternero y pastando en las proximidades del pueblo. La leche de las vacas recién paridas (2 ó 3 días) se cuajaba en parte al hervirla, formándose el "culiestro" que se tomaba con azúcar. El del primer día resultaba muy fuerte, siendo preciso añadirle un poco de agua.

A finales de mayo se esquilaban las ovejas y se separaban los corderos (desbezar), haciéndose dos rebaños: los corderos y "mardanos" por un lado y las ovejas por otro, que se ordeñaban en el mes de junio. En este tiempo se hacía dormir al ganado (amallatar) en los campos próximos al pueblo y en un cercado portátil de vallas de madera (cletas): cada noche en diferente espacio para estercolar el campo. Por la mañana (antes mañana y tarde) se encerraban en un cercado de pared (mosal), de forma alargada y rectangular. Los ordeñadores se colocaban como una barrera con su "ferrada" de madera y su "burro" e iban ordeñando una tras otra (cada uno las suyas), avanzando hasta el final del "mosal". Cada oveja ordeñada se echaba fuera del recinto. Todos en grupo regresaban al pueblo con las "ferradas" llenas de leche.

Ya en cama las mujeres preparaban el caldero, donde vertían la leche una vez colada y se entibiaba. Al mismo tiempo se le echaba el cuajo y se removía bien. Después se dejaba reposar para que cuajase.

El cuajo se obtenía del estómago de los ternascos lechones. Cuando se mataba alguno, se guardaba el estómago atado con una cuerda para que no se cayese su contenido. Se pasaban por la ceniza del hogar y se colgaban en la chimenea para su conservación. De un año para otro eran mejores. A la hora de utilizarlo se le hacía un corte, se ponía dentro de una bolsa de tela y seguidamente a remojo en una cazuela con agua templada. Más tarde se exprimía bien en el agua y se vertía sobre la leche. Últimamente se usaba al cuajo artificial.

Una vez cuajada la leche, se templaba de nuevo y se iba compactando en bolas (preto) con las manos, que flotaban sobre los residuos de leche (siero).

Previamente se preparaba una "bazieta" de madera, colocada sobre un banco y los aros de diferentes formas y tamaños, que iban rellenando, apretando bien con las manos. Se echaba sal por encima y se dejaba en los moldes hasta el día siguiente. Cuanto más prieto estaba, resultaba mejor.

Los residuos de la leche (siero) se calentaban de nuevo, cuajando parcialmente por segunda vez. Esta segunda cuajada se llamaba "requesón" y, tomado con el líquido residual (siero), constituía la "sericueta", que, fresca, sabía mejor.

Relacionado con esto, las gentes de fuera decían: "si no por a sericueta, o requesón y o preto, no en habría gente viva, en to Sobrepuerto".

El queso de Sobrepuerto era muy apreciado por su calidad. Antiguamente se vendía a los arrieros; una libra de aceite por otra de queso. Más tarde a los tenderos de Broto y Fiscal, siempre a trueque de otros productos.

De la leche de vaca también se obtenía la mantequilla. Previamente se recogía la nata de la leche durante unos días. Se colocaba en un bote de cristal con un poco de agua y se agitaba de forma continuada hasta que se formaba una compacta bola. Después se ponía en un molde.

LA LIFARA.

Consistía en una comida, merienda o cena extraordinaria, con motivo de una fiesta o para celebrar el principio o el final de alguna actividad.

Los mozos y mozas hacían varias lifaras a lo largo del año: el 4º día de las fiestas mayores (3º domingo de septiembre), para la fiesta pequeña (S. Julián, 7 enero), para Santa Águeda (5 febrero), para San Sebastián (20 de enero), para Santa Orosia (25 de Junio), etc.

La víspera iban de casa en casa recogiendo comestibles diversos que voluntariamente les entregaban (longaniza, judías, patatas, carne, huevos, tortas, chocolate, azúcar, etc.). Con todo esto preparaban una buena merienda, a la que asistía toda la juventud del pueblo. Allí se comía, se gastaban bromas, se contaban chascarrillos y solían terminar en animado baile, amenizado por músicos aficionados de entre los mismos mozos (guitarra, acordeón, bandurrias).

Los pastores hacían una lifara antes de marcharse a Tierra Baja y otra al regresar en la primavera, contribuyendo de forma especial los ganaderos mayores. Cuando se terminaba alguna cama, pajar o "buerda", también se hacía una comida especial, denominada "a lebantadera".