Continuación
En el Pirineo estaba generalizada la costumbre de echar una piedra sobre el lugar del camino donde había muerto una persona, también se depositaba a veces un ramo de boj y casi siempre se rezaba una oración.
En el camino que desde Javierrelatre lleva a la Virgen de los Ríos, al pasar por un determinado lugar, era costumbre echar una piedra a un lado concreto de la vereda; se decía que allí había alguien enterrado y también se rezaba un padrenuestro M.J. Berraondo, "Costumbres y creencias de Javierrelatre". Jacetania nº 109, 1984.. En Isún de Basa colocaban en el lugar de la desgracia un manojo de boj, una flor, una firma en una losa, un ramo o una piedra. Una costumbre similar se daba en Fablo, donde en una fisura de una roca ubicada en la margen del camino que conduce de esta núcleo a la Virgen de Fragen, se colocaban ramos de boj - dicen los del lugar que recordando el sitio donde "descansó" la imagen de la Virgen cuando la compraron para el templo.
De Mircea Eliade se deduce que estas prácticas tienen como misión fijar el alma del muerto para que influya favorablemente en el mundo de los vivos Mircea Eliada, op. cit., pp. 229-230..
En Serrablo, a los muertos hallados lejos del pueblo se les trasladaba hasta él en una especie de parihuela denominada escaño y que se guardaba en la torre de la iglesia.
Anecdóticamente cabe indicar que en algunos pueblos abandonados y cuyos antiguos habitantes regresan ocasionalmente de excursión, el grado tan elevado de asimilación de estos rituales les lleva a repetirlos desde su mentalidad aculturada En el camino que une los dos pueblos abandonados de Escartín y Bergua falleció un hombre de Casa o Royo de la primera localidad hace algunas generaciones; los miembros de esta familia, que viven en la emigración urbana repiten cuando visitan su viejo pueblo el ritual de poner en el lugar de la desgracia una rama de boj y una piedra. Lo mismo sucede en el camino de Otal a Ainielle, donde se recuerda a un antepasado de Casa o Royo de Otal, que se heló cuando volvía de Tierra Baja agotado por la nieve..
En los rituales de los entierros unos elementos primordiales son las velas, símbolo de una vida particular, en contraposición a la vida cósmica y universal.
En Artosilla las velas las hacían las mujeres de la cera virgen recogida en bruto de las colmenas para San Juan o septiembre; ellas eran quienes la refinaban y vertían en un pandero con un palo en medio para guardarla colgada en la bodega (pan de cera). Cuando necesitaban velas derretían la cera, ataban el cabo de un ovillo de hilo basto o mapil a la pared y retrocedían agachadas mientras que frotando las manos envolvían de cera; posteriormente fraccionaban la pieza en velas de 20 cm.
Cuando moría alguien en la casa, llevaban un capazo de cebada con varias velas clavadas a misa y ardían al lado de la pila bautismal, en una repisa que existía generalmente para este fin en muchas iglesias.
En los libros de cuentas de la Cofradía del Rosario de Senegüé, a partir del S. XVIII suele aparecer en el capítulo de gastos cestos para velas que emplearía la Cofradía por los hermanos difuntos J. Garcés, "La cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Senegüé", Rev. Serrablo, nº 558, pp. 11-13..
Violant i Simorra recoge la tradición en el Pirineo navarro y Périgord de que los miembros de la casa del finado colocaban un paño negro en las colmenas y "comunicaba" la desgracia a las abejas golpeando el panal para que ese año produjesen cera y así poderla ofrecer en velas al difunto R. Violant, op. cit. p. 315..
Mención aparte requiere la costumbre propia de carnaval y consistente en vaciar los jóvenes calabazas dándoles la forma de una calavera, iluminada al introducir una vela en su interior para conseguir asustar a los vecinos (Sobrepuerto).
Esta costumbre, de intensidad oscilable, influenciada por la aculturación y la religiosidad, hacía que en Biescas, a comienzos de siglo las mujeres llevasen el luto un año, las viudas siempre y que los hombres sólo llevasen una muestra: pañuelo negro en el cuello durante poco tiempo; y que en zonas más marginales y por lo tanto de costumbres más rígidas como la Guarguera las mujeres llevasen el luto dos años.
En todo el Pirineo según recoge Violant y Simorra, el luto se transfería a toda la institución de la Casa, incluidos los animales; así en Pallars, si moría el dueño de la casa estando la cabaña en trashumancia, se enmudecían los cencerros quitándoles el badajo y cuando marcaban las reses para llevarlas a la feria, en vez de hacerlo con tinte rojo, lo hacían con polvos de carbón R. Violant, ibi, dem..
Una costumbre similar procede de Escartín de Sobrepuerto, donde se marcaba a las ovejas en el lomo -enrollar- con negro y azul y cuando volvían de Tierra Baja se tapaba los collares claveteados de los chotos en señal de luto.
Durante las fiestas, en Isún de Basa, al hacer la ronda, los músicos pasaban silenciosamente ante la casa que estaba de luto y luego proseguían los cantos.
Los danzantes de Yebra de Basa, si alguno estaba de luto, no llevaba gala (cascabeles, cintas, etc.).
CONTINUARÁ.