
En todas las casas había una habitación para amasar el pan: la "masedria". Allí se guardaban todos los elementos necesarios para dicha tarea: el torno de cerner, la artesa (bazía), arca de guardar el pan, pala de madera, recogedor, palo largo (foricón), etc.
El horno era generalmente de planta circular, con cubierta de bóveda, de toba (tosca), al que se accedía por una pequeña ventana desde la "masedría". Junto a la ventana estaba la chimenea, en la parte interior.
Este trabajo era casi exclusivo de las mujeres y se repetía cada 20 ó 25 días.
La levadura consistía en un trozo de masa de la última masada, que se guardaba en una cazuela de barro, tapada con un paño. A veces, se compartía incluso con otra casa. La víspera se ponía a remojo con un poco de agua y se vertía en un rincón de la "bazía" para que fermentase hasta la mañana siguiente. Entonces se mezclaba con harina y unos tres cántaros de agua templada y la dueña iba haciendo la masada. Cuando ya estaba bien compactada, se recogía hacia un lado con una pequeña tabla y se tapaba con una tela de cáñamo o lino. Así quedaba hasta que fermentaba todo el conjunto (subir la masa), momento en que se comenzaba a partir los panes y colocarlos con la pala en el horno (enfornar). Se hacían unas 18 ó 20 piezas de un par de Kg., aunque se pesaban por libras.
Con los residuos de masa que quedaban por la "bazía" se hacían unos panecillos llamados "de rasura" o "pan moreno", muy apetecido por los niños. Era muy sabroso, pero más indigesto que el normal.
También se preparaban:
Si de una masada a otra faltaba pan, se pedía a otra casa (amprar), devolviéndoselo más tarde (golber) en la misma cantidad, siempre pesado en libras.
En el horno se quemaba leña de pino: daba más calor y mejor sabor el pan. Los residuos de brasas se separaban a un lado y se barría bien el suelo con unas ramas de boj atadas al extremo de un palo (escopallero).
La crianza del cerdo era fundamental para la economía familiar de los pueblos. El número de ellos que se sacrificaba por año dependía del nivel económico de la casa, es decir, de la hacienda disponible para poder alimentarlos. Por término medio solían sacrificarse un par, pero había muchas casas donde se mataba sólo uno, o bien uno grande y otro pequeño.
Con el fin de no tenerlos que comprar, en todas las casas se tenía una cerda para hacerla criar una vez por año: se dejaban para vida los que se creía conveniente y los demás se vendían. Los cerdos de matar se criaban de forma especial: en primer lugar se castraban y, desde el verano, se ponían aparte para que engordasen más.
La "matanza" se hacía a principios del invierno. Unos días antes se preparaba todo lo necesario: especias, arroz, se ponía a remojo la "bazía" para que no se saliese el agua, se afilaban los cuchillos y se preparaba leña delgada (ramilla) .y "tiedas" para alumbrar. La matanza se compartía con otra familia, con el fin de ayudarse mutuamente en las distintas tareas.
La víspera ya no se les daba de cenar a los cerdos y se les ponía "buena cama" para que no se manchasen mucho. Por la mañana acudía la dueña a despertarlos y sacarlos del corral para que hiciesen sus necesidades. Los amos se levantaban "buena mañana", llenaban el caldero de agua y encendían el fuego para calentarla.
En cuanto estaba todo dispuesto y se había reunido la gente, se almorzaba bien y se comenzaba con el primer cerdo. Estos estaban muy inquietos, como si barruntasen lo que se les venía encima. La dueña les llamaba, mostrándoles una "capazeta" de grano para que se saliesen de la "zolle". En el momento oportuno, el amo le clavaba un gancho de hierro en la parte inferior del cuello, sujetándole fuertemente entre todos los hombres y colocándolo a la vez sobre la "bazía" invertida. El "matachín" le degollaba y la dueña recogía la sangre en un pozal.
Una vez muerto el cerdo, se metía dentro de la "bazía" y se le vertían varios pozales de agua hirviendo, dándole varias vueltas para que se le mojase bien el pelo. Cuando ya se pelaba bien, se le sacaba del agua, poniéndolo sobre unas estacas, donde se le quitaba el pelo raspando con los cuchillos. A continuación se colgaba del techo para proceder a extraerle sus vísceras. Mientras un hombre se encargada de este menester con ayuda de alguna mujer, los demás se encargaban de matar el segundo cerdo y así se iba escalonando el trabajo. Una vez que ambos cerdos estaban limpios y en canal, se almorzaba por segunda vez: sopas de ajo y una buena fritada de hígado, chicharros de los cerdos y sangre, acompañada de algunos tragos de vino.
CONTINUARA.