Continuación.
La concepción de la noción temporal en nuestra sociedad es lineal y fatalista, no así en la antigua sociedad rural, donde la dinámica vida-muerte establecía un círculo de actividades y creencias complementarias: sobre la vida se fundamentaba la muerte y viceversa.
Josefina Roma de la simetría complementaria en el ciclo anual. Es evidente que existe tal simetría: a un equinocio le corresponde otro, a la noche más larga le corresponde la más corta, a una consagración de la continuidad de la casa en Navidad, le corresponde las festividades del verano al aire libre, plasmadas en romerías, etc.
En la sociedad ancestral la persona no acababa con la muerte, perduraba e influía en los vivos; el muerto mostraba un carácter ambivalente benéfico-maléfico. En algunos momentos éste atravesaba momentos críticos y era preciso el encaminarlo para tratar de desviar sus efectos negativos: este sería uno de los sentidos del carnaval y de las fiestas que gozaban de su filosofía.
En el presente trabajo se observará como el ruido, la luz o lo gastronómico eran utilizados por la vieja sociedad de la montaña para conducir favorablemente a sus muertos.
El ciclo económico en la montaña comenzaba para San Miguel (29 de septiembre), era el momento en que se renovaban en la feria de Biescas los contratos a pastores y a sirvientes, en que se iniciaban los preparativos para bajar con los ganados a Tierra Baja y que en suma se empezaba a sentir la agonía de la vida en la montaña. La importancia del momento crearía una subestación: la Sanmiguelada este era un momento crítico en el ciclo anual, no en vano la coyuntura estaba tutelada por San Miguel, caballeros a veces sobre un caballo blanco, pues en la antigüedad todos los mensajeros de los difuntos cabalgaban sobre un équido de este color.
En la sociedad tradicional de Serrablo aparecen numerosos rituales a lo largo del ciclo anual encargados de canalizar favorablemente en influjo de los muertos o antepasados. El tizón de Navidad, que tenía por finalidad la consagración de la continuidad de la casa ante la concurrencia de los antepasados; la serie de fiestas pequeñas de invierno con hogueras; COMIDAS; ETC.: (San Sebastián, San Antonio, Sta. Águeda, etc.) en unos momentos críticos en que estaba en juego el difícil paso del invierno a la primavera, en suma de la vida a la muerte; el papel del ruido como orientador de los difuntos en la Semana Santa, que en Serrablo se efectuaba a través de matracas el día de Jueves Santo; las comidas de huevos y judías en época de carnaval y cuaresma, etc.
Un momento cumbre en que el mundo de los muertos interfería sobre el de los vivos era la Noche de ánimas, en que éstas, según creencia popular, vagaban por los caminos. Violant i Simorra recoge la creencia en el ámbito pirenaico de que la Vía láctea o Camino de Santiago era una reata de estrellas o almas en pena. En Serrablo reinaba un gran temor aquella noche: en Biescas creían que las almas, o bien los difuntos, vagaban por los caminos en ringlera (filas) y que se dirigían al purgatorio; también se creía en la misma localidad que aquella noche los antepasados vigilaban la marcha de la institución de la Casa, de sus miembros, etc. por lo que estos guardaban especial compostura en su comportamiento y actividades; en Artosilla, durante la noche de Ánimas tocaban incesantemente las campanas a muerto, después de cenar se rezaba el rosario en todas las casas y al día siguiente se celebraba la misa de almas, en la que cada familia ofertaba a los difuntos un cesto llenos de velas encendidas e hincadas en grano.
CONTINUARA.