Los primeros testimonios de la Liturgia hispana, que poseemos, pertenecen a la época visigótica con San Isidoro, San Leandro y San Ildefonso, entre los siglos VI-VIII: pero con reminiscencias ya anteriores. Ellos fueron, sin duda, los promotores que influyeron especialmente en la creación de una Liturgia de esa época cuyos rasgos fundamentales se pueden equiparar a las formas litúrgicas de entonces predominantes en Constantinopla, Milán y Roma. Sin embargo, las nuestras tienen un sello marcadamente hispánico.
Los manuscritos que contienen estos textos litúrgicos presentan unos neumas que no son anteriores al siglo X, por lo que se demuestra que no fueron escritos antes de la invasión árabe en nuestro país. Estas formas litúrgicas de cantos y melodías son conocidas con el apelativo de mozárabes.
Sirvan de ejemplo el "Antiphonaríurn Legionense", del siglo X; el "Troparium Oscense", del siglo XI; el "Prosarium Oscense", de los siglos XI y XII; los "Troparia Vicensia", del siglo X; el "Codex Aemilianensis", del XI; el "Tropariun Aemilianense", de los siglos XI y XII; el "Codex Legionensis", del siglo X, etc. etc. Todo esto ha hecho posible que nos hayan llegado de los talleres de San Millán de la Cogolla, de Silos, de Albelda, etc., numerosos y valiosísimos manuscritos.
Es curioso notar que el "MISSALE MIXIUM" se prodigara tanto en todas las iglesias del Serrablo que incluso a fines del siglo XV podía considerarse rara la que no tuviera varios "Missalia Mixta" en uso para el culto diario, como puede demostrarse mediante documentos existentes en el Archivo Diocesano de Huesca, felizmente hallados por el M.I. Sr. Don. Mariano Oliveros Claver. En Lárrede, Senegüé, Biescas. Barbenuta, Sabiñánigo, etc. etc., contaban con varios de ellos.
Es en la segunda mitad del siglo XI cuando se romanizó el culto en nuestra patria, desapareciendo progresivamente los cantos de típico sabor hispano. Nadie ignora, por otra parte, los esfuerzos tan enérgicos, secundados por los reyes de Aragón y Navarra, y los de Castilla, para implantar en nuestro territorio las nuevas reformas litúrgicas. Esto, no obstante, atrajo cierta oposición por parte de algunos prelados serrableses, como ocurrió precisamente con el abad Bancius de la sede falense, que hubo de refugiarse en el cenobio de Cercito.
En Toledo quedó un centro que tuvo períodos de gran brillantez y, gracias a las copias existentes de los manuscritos toledanos del siglo XII consérvense la liturgia y la música mozárabe. Esta liturgia se desarrolló posteriormente en Toledo al amparo del Cardenal Cisneros, que fue el fundador de la Capilla "Corpus Christi" e hizo que se imprimieran el "Miessale rnozarabicum" en 1500, y el "Breviarium mozarabicum" en 1502. Más tarde el Cardenal Lorenzana reimprimió en 1775 e1 Breviarium mozarabicum". El mismo Cardenal Cisneros que de siempre feliz memoria para la Imperial Ciudad, ordenó que fueran escritos los célebres libros que contienen los cánticos de la Misa y las laudes para la Misa Solemne.
Muchas de las melodías transcritas en la época de Cisneros en los "Libros de Cánticos" se remontan, como puede apreciarse, a la época mozárabe, a pesar de ciertas críticas, no muy ortodoxas al respecto; esto podría comprobarse con las obras habladas del "Liber omnium Offerentum", libro de misa en original contenido en el "MISSALE MIXTUM" toledano.
No es de extrañar que hayan surgido grandes dificultades en torno a la cuestión de trascripción ya que las antiguas melodías hispanas, que dejaron de utilizarse, estaban en su mayoría escritas en neumas y el único vehículo para su conocimiento posterior fue la tradición oral, dado que la notación de Guido d'Arezzo no había sido implantada hasta entonces y los cantores de los siglos siguientes no estaban muy capacitados, por así decirlo, para descifrar les neumas carentes de líneas.
Profunda satisfacción causó en tierras serrablesas la celebración de la Misa de rito mozárabe el día 20 de Junio, festividad de San Pedro, titular de la Iglesia de Lárrede, por los Capellanes de la M.I. Capilla del Corpus Christi, allí llegados ex profeso desde la Imperial Ciudad.