Desde la Manchoya


La Manchoya (2030 m.) es la cima más alta de las sierras que circundan el Sobrepuerto, perteneciendo al monte de Escartín. Vigía de extensas tierras, valles y campos lejanos, se recorta en lo alto su verde y pelada silueta, simulando una gigantesca M. Su inconfundible perfil es visible desde toda la comarca, a excepción de barranqueras y vaguadas. Por sus pendientes laderas discurren varios barrancos, a modo de profundos surcos, casi siempre secos. El agua escasea, las fuentes son de poca entidad, parece que sus enormes entrañas la absorben toda. Es maravilloso el panorama que se divisa desde esta cumbre. Vamos a contar el ambiente que se vela antes de la despoblación de todos los núcleos de sus alrededores.

En otros tiempos la Manchoya era el punto de reunión de los pastores de Ayerbe de Broto, Oto, Yosa y Escartín. En las mañanas del verano "acarrazaban" (soltaban a pastar) los rebaños por las laderas de sus respectivas sierras, iban ascendiendo hacia el cerro, en cuyas proximidades se ponían a "acalorar" (dormir y descansar), agobiadas por el calor del mediodía. Las ovejas se colocaban junto a los "terreros" (pequeños aludes de tierras provocados por las lluvias y nevadas), todas amontonadas para hacerse más sombra, con la cabeza pegada al suelo, parecían racimos... Entonces los pastores aprovechaban para reunirse durante varias horas, hasta que, caída la tarde, las reses comenzaban "a mover". Allí daban cuenta de sus respectivas meriendas, "haciendo correr la bota" y, si el calor apretaba, se ponían en unas pequeñas cuevas en la cara norte, a la vista del valle de Broto. Se charraba de todo: los acontecimientos más importantes de los pueblos, la recogida de la hierba, de la siega, las enfermedades de las reses "patera", etc.), los preparativos para las fiestas, de todas las mozas de la comarca... Incluso quedaba tiempo de echar una siesta. En el mismo cerro hay un "pilón" de piedras, que los pastores se encargaban de reparar todos los años. No se comprende bien su significado: Servía de "güega" (límite) entre los montes, también tenia sentido de posesión, de testigo de la presencia humana, protector del monte...

Por la tarde los rebaños iban descendiendo por las laderas, siendo "arreadas" al anochecer hacia las "mallatas" (majadas) o bien se "amallataban en los campos" para "femarlos". En este caso había que "rodiar", es decir, dormir el pastor a la intemperie, vigilando para que las reses no se saliesen de las "fajas" de los campos.

Los caminos eran como limpias arterias a los distintos campos, las sendas y senderos discurrían a través de montes y partidas... Los campos colgados en las laderas, sostenidos por grandes "paretazos"... Los "cerraus" ("campos cercados" perfectamente "charticados" (limpios de maleza...). Todo estaba bien organizado por el hombre en un medio difícil y en continua lucha por controlar la naturaleza y adecuarla a sus necesidades...

Desde la Manchoya se observaban las actividades que en el verano se hacían en los diferentes pueblos. Se apreciaba cómo iban amarilleando los campos de trigo de acuerdo con la altura y orientación de los mismos. La recogida de la hierba de "fenales" (prados) y "foñadas" (márgenes) que se "carriaba" a los pajares. A mitad de julio se comenzaba a "dallar" el trigo: si había algún trozo verde se dejaba unos días más ("coda") que, a veces, se segaba con la "falz" (hoz). Se valoraba la cosecha por los "fajos" de mies que se veían en los campos. Se veía trillar en las distintas eras, incluso se oían los gritos a los "machos", según cómo iba el viento. O cómo recogían la "pallada" cuando una imprevista "tronada" amenazaba con mojarla. A la tarde se ponían a aventar, si el cierzo "movía"...

El humo salía por las chimeneas de las casas, anunciando que las "dueñas" estaban en el "fogaril" preparando el potage, un "guisadé" en la "caseroleta" o calentando la "pastura" para los cerdos en el negro caldero colgado en el "cremallo".

Por los Coronazos de Cillas aparecían pequeños "rezagos" de reses que pastaban mansamente por los campos, acompañadas del agudo sonido de sus "esquillones" y "garrapitos".

Después de la trilla se comenzaba a "espedregar" los campos, sobretodo los "capiteros" (parte superior), que las ovejas llenaban de piedras, a hacer paredes y sacar el "fiemo" de las cuadras para ir preparando la futura siembra, que por San Miguel estaba muy avanzada.

El tiempo desapacible del otoño hacia descender los rebaños de la sierra y, cuando las lluvias se "quedaban de temporal", permanecía oculta tras la espesa niebla y, al "espazar" (mejorar el tiempo), aparecía su cumbre cubierta por una ligera capa de nieve...

El paisaje lejano era el mismo prácticamente, pero Sobrepuerto presentaba un aspecto bien distinto al actual, que camina hacia sus orígenes, hace varios siglos, quizá un milenio, cuando unos aventureros de las tierras bajas decidieron asentarse en estas montañas para forjarse un mundo mejor. Es como si la Historia volviese atrás, como arte de moviola, y las gentes se hubieran marchado en busca de tierras más fructíferas...