Recuerdo de cuando se descubrió el arte románico-mozárabe del Serrablo

La dirección del Boletín de "Amigos de Serrablo" me pide, mi modesta parte en el número 50 de su Boletín. Gustoso y honrado aporto mi modesta intervención , que se me pide. Siempre recordaré, hace la friolera de 61 años, como pasé el mes de Agosto de 1922. Creo recordar que en uno de los primeros domingos de ese mes tenía lugar la inauguración del tren del Ferrocarril de Jaca a Canfranc, (Arañones).

El conocido fotógrafo de Jaca, Francisco Lasheras, me invitó a acompañarle al viaje; pues actuaría profesionalmente; llegados a la Estación, me ayudó a tomar parte en el viaje. Creo que a su petición el Ingeniero de Obras Públicas don Pedro Montaner me autorizó para que pudiera tomar parte en la inauguración. Se habían preparado varios vagones de primera clase y un breck, que presentaba cabina en su cuarto posterior para poder contemplar el hermoso paisaje que íbamos a recorrer.

Llegados a la Estación del final, el Obispo jaqués Monseñor Frutos-Valiente procedió a bendecir los vagones que iniciaban su primera ruta. Se repartieron pequeños folletos ilustrativos de la nueva línea (Jaca -Canfranc), con descripción detallada de las importantes obras y perfil del trazado; creo recordar que por los servicios de Montes nos entregaban postales de las obras de defensa de la Estación de Arañones.

Siguiendo mis recuerdos de ese agosto de 1922, una semana la pasé invitado a una excursión por la Selva de Oza, Guarrinza, Aguas Tuertas, organizada por Don Emilio Gastón Huarte, desgraciadamente desaparecido tres años después.

Formose un numeroso grupo de excursionistas, veraneantes en Echo, y otros que concurrían de Zaragoza. Recuerdo que en la expedición figuraba: José Camón Aznar, que entonces preparaba su ingreso o formalización en la Facultad de Letras, sección de Historia, en la Universidad de Zaragoza; realizaba la excursión en compañía de un resumen de los Anales de Zurita, que nos leía en los descansos de nuestro caminar, y también pr esenciamos como Don Emilio Gastón, en compañía de su hijo pequeño, procedía a excavar los círculos de pequeñas piedras que aparecían en las praderas de Guarrinza, afirmando que eran prehistóricas, supuesto que oíamos con escepticismo, y que el tiempo, después de la investigación, ha confirmado plenamente, con el descubrimiento de dólmenes en esos lugares.

Y comenzó para mí, esos finales de mes, con el acontecimiento que origina la presencia mía, siempre modesta, en nuestro querido Boletín.

Al concluir ese mes de agosto, del cual ya han pasado 61 años, mi buen amigo Rafael Sánchez-Ventura, me dijo que un Funcionario de Energías, cazador de afición, le había dicho haber encontrado una Iglesia Parroquial, que ostentaba puertas y ventanas en arcos de herradura.
Nadie, hasta entonces, había reparado la existencia del que resultó tan notable e interesantísimo monumento. Sánchez-Ventura me pidió le acompañase en esa investigación que proponíase realizar en Lárrede, lugar de la obra que se le había señalado.

Y un día, saliendo de Jaca al mediodía, me dirigí a la Pardina de Sabiñánigo.
Allí me acogieron Rafael y sus padres: don Mariano Sánchez-Gastón, y doña María Ventura; que también hospedaban a toda la familia de Gastón-Burillo, y creo, igualmente, recordar, al amigo de Rafael, don Eusebio Oliver Pascual, que tan brillantemente lució en la Medicina española.

Nos dirigimos hacia Lárrede, pasamos el cruce con la carretera a Jaca, después Senegüé. Íbamos, desde luego, Sánchez-Ventura, creo que Oliver, y desde luego Rafael Gastón Burillo, entonces de 14 ó 15 años, y yo, cargado con mi cámara de placas, tamaño 9 x 12 y con un pequeño trípode, que todo había de emplear en lo que esperábamos encontrar.

Sobre las 5 de la tarde, en un día claro pero ya no en muy favorables condiciones de luz: nos encontramos en Lárrede. Pero la sorpresa, sobre todo para Sánchez-Ventura fue extraordinaria.
El monumento objeto de investigación nos pareció extraordinario.
Los arcos de herradura de su puerta principal y ventanas, todas provistas de alfiz, no tenían en el Pirineo Jaqués, más antecedentes que San Juan de la Peña. Pero en Lárrede se presentaba su piedra desnuda y sin ningún enmascaramiento.
Su torre lucía su esbeltez con las triforas de su coronación, un detalle entonces desconocido, (al que he de referirme luego). Pero lo que nos trascordó fue el ábside: con sus siete arcoaciones ciegas y friso de rollos. Todos estos extremos desconocidos hasta entonces en el Pirineo y que generaban el conocimiento del Arte del Serrablo.
Por fin, el interior de la iglesia presentaba, igualmente, los arcos de herradura. En el presbiterio lucía, conservado perfectamente, su altar; bella obra de fin del Renacimiento, sin influencia ninguna barroca.
En la iglesia aparecía un coro de madera, accesible por escalera del lado de la Epístola. Trepé por ella, instalé mi cámara sobre trípode, y con una exposición de media hora, necesaria entonces por el material que se empleaba, completé mi primera colección de obras del Románico-Mozárabe del Serrablo. Regreso a Sabiñánigo, ya de noche, sobre las ocho, nos encontramos con las personas que nos esperaban, y que no comprendían nuestra tardanza y que se obtuvieran fotos con media hora de exposición, pero cuyo resultado justificó su empleo.

Corrieron los años, recorrí con Rafael la orilla izquierda serrablesa del Gállego. Nos encontramos con San Bartolomé de Gavín, la iglesia parroquial de este lugar, en perfecto estado entonces, Orós Bajo, San Juan de Busa, no recuerdo si algún otro lugar.

Después, tratado el asunto por Gómez Moreno, Camón Aznar, Ricardo del Arco, y al final la restauración de Lárrede por Íñiguez Almech en 1934.
Y después, pasadas muchas tragedias, muchos años, la labor de Mosén Antonio Durán Gudiol, Buesa Conde, Julio Gavín, etc. ...., arte original del Serrablo y que está sólo en la orilla izquierda del Gállego. Y para final recobrando en mi archivo fotográfico las pruebas de las primeras "fotos" de Lárrede, que he tenido la inmensa satisfacción, por su origen, de ofrecer a los Amigos de Serrablo.