Los caminos de Sobrepuerto

Queremos dedicar un cálido recuerdo a aquellos caminos por los que anduvieron tantas generaciones de "montañeses" y que ahora han quedado desiertos, como en muchas otras zonas de nuestra geografía aragonesa... Caminos tortuosos, zigzagueantes, para remontar las empinadas laderas... Serpenteaban por ellas para salvarlas con menos esfuerzo. Trazados por los lugares más adecuados, dentro de las pocas opciones que permitía el terreno. Arterias perfectamente ideadas, en muchos casos esculpidos a cincel, por los que circuló durante siglos la gente de Sobrepuerto.

En muchos de sus tramos eran sostenidos por grandes "paredes", imposible hacerlo de otra forma, dada la excesiva pendiente o en terrenos poco "sentados". Con su firme de "enrolladas" (empedrados) y escalones para evitar su desgaste y destrucción por los arrastres de las lluvias. Eran como tupidas redes que ponían en contacto pueblos, aldeas y pardinas. ¡Cuantos sudores de hombres y mujeres que pasaron por ellos! ¡Cuantas paradas en los "descansadores", cuando se cortaba el "aliento" para reponer fuerzas, con el favor de la suave brisa...!

Su conservación exigía una atención periódica, al menos una vez al año había que darles un "repaso", cortando las "barzas", "allagas", "buxos", "artos", y toda clase de árboles y arbustos que impedían el paso. Reparando las "enrolladas" y haciendo de nuevo las paredes que se caían o "espaldaban".

Para estos menesteres se aprovechaban las épocas de menos trabajo en las casas, como en otoño, después de sembrar, o a principios de la primavera. Previamente el Alcalde del lugar convocaba el "concello" o reunión a la que asistía el cabeza de familia de cada casa. Entre todos se acordaba el camino a limpiar, la fecha en que debía efectuarse y si se repartían por distintos caminos.

La mayor parte de las veces el "concello" se reunía al aire libre, en algún punto determinado del pueblo, por ejemplo, en Escartín se hacía en las "escaleretas" de la plaza.

Había unas "leyes de costumbres" que todos acataban desde siempre: así, debía "ir de vecinal" uno de cada casa obligatoriamente, salvo causa de fuerza mayor. En caso contrario tendría que reparar la falta haciendo otro trabajo similar el día que pudiese. La verdad es que había siempre afán de colaboración por parte de todos. La misma "ley" decía que toda pared que se "espaldaba" al camino tenía que rehacerla el dueño del campo, mientras que si se "espaldaba" de la base del camino, debía repararla el "vecinal".

Cada pueblo se encargaba de limpiar los caminos de su término, sin embargo, algunos importantes o tramos de difícil conservación eran reparados por "vecinales" de distintos pueblos. Llevaban herramientas variadas: alguna maza o mallo, "esgarrabarzas", "estraletas", "jadas", etc. ¡Cuántos "vecinales" para mantenerlos transitables! ¡Cuántos esfuerzos para abrir paso a personas y animales! Muchas generaciones se relacionaron a través de ellos.

Hoy, apenas se aprecia su trazado, ya que están borrados por la maleza y las paredes "espaldadas". Sólo quedan sus reliquias para testificar una vida que por allí hubo. Los construyeron gentes que sólo pensaban en la supervivencia, siempre el mismo afán, sin variación en el tiempo. No podían pretender otra cosa en un medio tan difícil y a la vez tan idílico. Preveían que iban a ser eternos, pero la evolución socioeconómica arruinó los modos de vida de la zona.

En la década de los 50 terminaría su esplendor y, bruscamente, vendría su fin. En realidad ya no son caminos, no llevan a ninguna parte... Y es que lo dijo muy bien el poeta: "caminante, no hay camino, se hace camino al andar".

Dicen que los caminos unen, relacionan y son el signo de la vitalidad de las gentes. Así fue aquí durante siglos, quizá milenios, las gentes transitaban a pie o a caballo, pero un buen día el pulso empezó a desvanecerse, poco a poco dejó de latir y sólo sirvieron para "marchar"... Y desde 1965 no hay caminantes habituales que dejen su "rastro" en aquellos caminos...

LOS CAMINOS DE SOBREPUERTO: SU HISTORIA

Hagamos un poco de historia, a veces no descabellada ficción, de estos caminos en el tiempo. Esta abrupta comarca, alejada de los pasos naturales del Pirineo central y carente de vías de comunicación, tardaría mucho tiempo en ser habitada de forma permanente.

Sus difíciles condiciones físicas (clima y suelo) no ofrecería buenas condiciones, perspectivas para organizar allí una forma de vida. Primero serían senderos por donde harían sus correrías avezados cazadores. Más tarde llegarían los pastores de las riberas y valles limítrofes a apacentar sus rebaños en los verdes prados alpinos. Poco a poco se iría conociendo esta "tierra de nadie" y se irían conformando sus caminos. No es aventurada esta suposición teniendo en cuenta los restos arqueológicos hallados en los valles pirenaicos y en el Prepirineo con unas condiciones natur ales similares. La vida sedentaria, estable, indudablemente sería muy tardía. Alguna circunstancia política, social o económica influiría en la iniciación del poblamiento. ¿Cuándo se produciría? He ahí el gran enigma.
Hasta el siglo XI no tenemos ninguna documentación que hable de los pueblos de Sobrepuerto y la arquitectura conservada tampoco nos lleva más allá. Por lo tanto todo lo que se diga al respecto, serán meras hipótesis. Estrabón (siglo I después de C.) da unas breves referencias de los Iacetanos, con capital en Iaca como pobladores prerromanos en el Pirineo central. ¿Pudieron ser éstos los primeros que pisaron y recorrieron esta comarca? La romanización en estos altos valles del Pirineo fue muy débil e indirecta y el proceso civilizador avanzó al compás de la cristianización.
La "urbe" romana inició su decadencia en el siglo II después de C. y se consumó en el siglo VI, por motivos económicos, políticos y sociales. Pudiera ser que en ese intervalo de decadenc ia de la vida urbana, en que la gente huía hacia el campo (proceso de ruralización), se produjeran los primeros asentamientos de población (aldeas y pardinas).

En la época del Islam (comienzos del siglo VIII) no creemos llegaran fugitivos de la dominación musulmana a incrementar la posible población, que, oficialmente, estaba sometida a los recién llegados. Por otra parte, los historiadores sitúan en los valles de Hecho y Canfranc, poco después ampliando a sus aledaños, a los cristianos montañeses que iniciaron la rebeldía contra los invasores. Sobrepuerto es fronterizo entre este primer núcleo aragonés y el alto Sobrarbe.

Las primeras fuentes documentales conservadas en los monasterios del Serrablo, a partir del siglo XI, nos informan de la existencia de varios núcleos: Bergua y Cortillas (1035), Ayerbe de Broto, Basarán y Sasa (1042), Ainielle, Escartín y Otal (1100). En realidad, es cuando podemos asegurar que ya se andaba por los caminos de Sobrepuerto. ¿De qué forma surgiría la vida estable? Se pudieron dar dos formas:

a. Por arriendos, concesiones o donaciones de fincas a particulares por parte del abad de un monasterio.
b. Por concesiones y otorgamientos reales directamente a los particulares. Así surgirían las aisladas pardinas, más tarde convertidas en aldeas y pueblos. Cualquiera de los dos sistemas pudo ser válido y hasta pudieron darse simultáneamente.

Los "pardineros" contratarían criados para roturar tierras y cuidar sus ganados. Así se ampliarían los poblados, hasta alcanzar su apogeo a finales del siglo pasado, en que las roturaciones alcanzaron el máximo, como todavía puede comprobarse.

Este sencillo ensamblaje se fue trazando paulatinamente, los caminos siempre por delante... Unían, enlazaban los núcleos de esta zona totalmente aislada de la circundante. Por aquellos caminos andarían pidiendo trigo, patatas, tocino, carne, etc. los frailes de S. Pedro de Rava (término de Ayerbe de Broto), a cambio de misas y oracio nes por los religiosos montañeses. En más de una ocasión las "barzas" rasgarían sus cuidados hábitos. Los "arrieros" traían productos que allí no había a cambio de otras cosas que sobraban. Innumerables trabajadores ambulantes (sastres, relojeros, capaceros, curanderos, afiladores, etc.) ofrecían sus obras. Los tratantes de ganado compraban ovejas viejas, "rehuses", alguna vaca vieja, corderos, terneros... Los mozos recorrían todos los pueblos de fiesta en fiesta, donde se conocían y estimaban más que si de una familia se tratara. Los novios que iban a buscar a la novia el día de la boda con una "reata" de mulos, perfectamente pertrechados, acompañados de amigos y familiares, en realidad todo el pueblo participaba. Todos los mulos llevaban su monta "colorada", atravesando solanos y umbrías, como si de procesión se tratase.