Las iglesias del Valle del Aurin en 1833

En 1831 se hace cargo de la diócesis de Jaca el burgalés Manuel Gómez de las Ribas, que llegaría a ser arzobispo de Zaragoza años después. En su obispado me encuentran situados hechos históricos como la primera guerra carlista (1833), sucesos sorprendentes como el robo de la Custodia procesional de la Catedral de Jaca o momentos graves, como los derivados del peligro del cólera morbo que se extendía por el país (1835). Como buen obispo, don Manuel Gómez recorrió su diócesis para recabar información de su estado y solucionar aquello que fuera necesario. Esta Visita General la efectuó entre el 20 de febrero y el 1 de julio de 1833; es claro que el prelado aún pasaría duras travesías en su recorrido por una zona de difíciles comunicaciones y duro clima. Toda la información que le pidió a los párrocos de la diócesis, destinada a servir como primer contacto con la realidad socioeconómica de la misma, se fue copiando en un valioso libro manuscrito que se guarda en el Archivo Histórico de la Diócesis de Jaca. De él hemos sacado multitud de fichas puntuales y en esta ocasión, ante la llegada del número 50 de esta revista que vi nacer, voy a reconstruir el panorama de la iglesia en el valle del Aurín y en el inmediato territorio de la Val de Ahornes.

EL VALLE DEL RIO AURIN

El 14 de mayo de 1833 el Obispo de Jaca va recorriendo los pueblos del milenario valle, en una jornada apretada y agotadora. Al valle ha llegado desde la zona del río Gállego, en donde el 13 de mayo había visitado el lugar de Senegüé y que bien podría ser el pueblo en el que pernoctara la comitiva episcopal. La zona alta del valle está centrada en Acumuer, que sigue siendo señorío de San Juan de la Peña y tiene 60 fuegos en 1833. Como curiosidad reseñamos que en el siglo XV, según don Antonio Durán, tenía 31 casas por lo que se puede señalar una expansión demográfica en la modernidad. La zona baja del valle la coordina Larrés, lugar del señorío de la Casa de los Marqueses de Aye rbe y que tiene 40 casas. Por último, la salida del río Aurín está enmarcada por el arciprestazgo del valle de Ahornes que abarca las tierras entre Espuéndolas y Senegüé.

ACUMUER Y SU ZONA

Con alrededor de trescientos vecinos, la villa del señorío pinatense tiene una espléndida iglesia que en 1833 no necesita ninguna reparación. Sus seis altares los tiene dedicados a la Asunción, San Hipólito, Virgen del Rosario, Santo Cristo, San José y el de la Concepción. Tienen establecidas sus gentes dos Cofradías -la de San Hipólito y la de San José- que tienen por finalidad socorrer en la enfermedad y enterrar a sus miembros. El maestro de primeras letras, que tiene su sede en Acumuer, cobra 60 libras jaquesas y tiene que enseñar leer, escribir, contar y la doctrina cristiana. Además debe de ser él mismo quien, al anochecer y en la Iglesia, rece el rosario cuando el cura esté malo. A un cuarto de hora de este lugar, está la ermita de la Virgen del Pueyo que es atendida por un ermitaño y a la que se acude tres veces al año.

Bajando por el río está ISIN con sus ocho casas y su iglesia nueva, al decir de su párroco en 1833. Aquí no hay maestro y en su iglesia hay cuatro altares: San Esteban, Santo Cristo, la Virgen y Santa Ana. También en este lugar hay cofradía, la del Rosario, como es habitual en los lugares de la zona. Subiendo hacia Acumuer y a ambas vertientes del río, tiene Isín dos anexos: Bolás y Asqués. Este último lugar, ASQUéS, es señorío del jacetano Mariano Ripa y tiene solamente dos casas.

DE LARRÉS A CARTIRANA

Los dos lugares son señorío del Marqués de Ayerbe y desde el siglo XV sólo ha mantenido su población el lugar de Borrés, siendo claro el crecimiento de Larrés que pasa de 25 casas, en el siglo XV, a cuarenta en el año de 1833. La zona se encuentra marcada por los señores del Castillo de Larrés, los cuales detentan grandes propiedades y mantienen además derechos de señorío jurisdiccional sobre otras tierr as no suyas.

Larrés con sus doscientos habitantes, cifra absolutamente referencial, tiene una iglesia que -en 1833- es considerada "vieja". Sus cinco altares con el de la Virgen, Santo Domingo, Santa Waldeska, el del Santo Cristo y el retablo mayor que es una espléndida muestra renacentista. También tiene cofradía laical, la del Santo Rosario que celebra tres misas por hermano difunto, y algunas piezas de orfebrería como la cruz procesional de plata, el cáliz o las reliquias. Tiene maestro y sus gentes van de romería a la ermita de San Miguel, también denominada de San Cosme y San Damián.

Borrés tiene once casas y su iglesia tres altares el del titular dedicado a la Asunción de la Virgen, el del Rosario y el de San José. Cartirana tiene alrededor de 70 vecinos y una iglesia dedicada a San Martín. Cercana a Cartirana hay una ermita con su ermitaño: la de Santa Lucía, que aún se conserva. A los chavales de estos pueblos los atiende un maestro que cobra a "escote entre los vecinos y niños que concurren a su clase.

LA VAL DE AHORNES

Cuando el río sale a las tierras del Gállego, se encuentra con las llanuras del lugar de Aurín, el pueblo que da nombre al río. En el siglo XV tenía tres Casas y en 1833 cuatro. Es lugar del señorío del monasterio de San Juan de la Peña y, en ese año, tenía una iglesia "vieja y ruinosa" que está presidida por el altar de su patrón San Esteban. La estructura administrativa la ha dotado de un lugar anexo: el de Satué que -según decía el cura- "dista dos horas" por "camino montañoso" y dificultado por ríos. Este enclave de Satué tiene tres casas y es señorío de la Condesa viuda de Berbedel. Su iglesia dedicada a San Andrés se escribe que "aunque vieja está con decencia".

Cerca de Aurín está Sabiñánigo, en el límite de Ahornes, con diez camas y un maestro de primeras letras cuya dotación es tan corta "que no se puede mantener". Su anexo es el lugar de El Puente cuya iglesia está dedicada a San Nicolás y tiene cuatro capillas. En general estos dos lugares, en 1833, "están pobres por haber sido robados por los soldados de Napoleón". La iglesia de Sabiñánigo, dedicada a San Hipólito, tiene cinco capillas: la del Rosario, San Feliciano, San Francisco de Asís, Santa Orosia y el dedicado a Santa María Magdalena.

Más arriba quedaba Senegüé, con 37 casas, que pertenece una parte al señorío del Rey y otra al del Conde de Berbedel. Un lugar en el que el prelado Manuel Gómez de las Ribas recordaría a su antecesor, el obispo Pedro Rodríguez y Miranda, que había muerto en Senegüé el 28 de agosto de 1831.