Allué: un año de trabajo

En la margen izquierda del río Basa, a medio camino entre Sabiñánigo y Yebra de Basa y sobre su altozano, se erige el pueblo de Allué. Esta localidad serrablesa, situada dentro de las tierras de la Val del Basa, que en el siglo XV contaba con una población de seis vecinos, hoy día se halla -y desde hace unos diez años- en un abandono parcial. Sus calles ya no muestran el ajetreo de otros tiempos cuando había que ir a segar, o labrar o con el ganado, sino que sus calles se llenan de una maraña de matorrales que las inundan. No obstante, sus casas aún se mantienen en pié y sus campos aún se trabajan por sus antiguos moradores que en la actualidad residen en Sabiñánigo.

El pueblo
Allué constaba con unas diez camas -familias- en el momento de su abandono, además de otras construcciones destinadas a usos agrícolas.

La arquitectura popular es la semejante a otras zonas de Serrablo. Presentan la tan usual distribución en tres plantas, a saber:


  • Planta baja (acceso desde el exterior), donde se encuentran -según casos- la bodega, cuadra y la escalera de acceso al siguiente piso.

  • Planta primera o "noble": en la cual se incluyen las siguientes estancias: cocina-hogar, salón-comedor y la alacena -despensa-.

  • Tercera planta, lugar destinado para descanso, es decir, para las alcobas.
    Culmina toda la casa, por su interior, con la "falsa", lugar destinado a guardar todas aquellos utensilios y demás enseres en desuso.


Así mismo, exteriormente, se aprecia el tejado -algo inclinado para la evacuación de la nieve- de losas y las impresionantes chimeneas tronco-cónicas, con la salida de humos y el espantabrujas (de las dos o tres que subsisten en Allué, ninguna de las mismas conserva este último elemento).

Igualmente, son de destacar algunas bordas dentro de los confines del pueblo, aunque la mayoría ya totalmente en ruinas, de las que se puede entresacar la sita a la entrada como la más representativa de todo el grupo.

Horno de pan
Pero, quizá, un elemento o edificio -de reducidas dimensiones- que puede presentar mayor interés dentro de la arquitectura popular, es el horno de pan ubicado al lado de la iglesia ( y que, asimismo, ha sido restaurado y rescatado de su ruina inminente -chimenea truncada y muros a punto de "eslurtarse"-). Presenta una estructura rectangular, adosado o pegado a un muro o cerca de piedra, cuya boca está soportada por un impresionante arquitrabe de forma -casi- trapezoidal; el interior es una magnífica bóveda semicircular erigida basado en lascas -ya inutilizable por hallarse totalmente calcinada-. También, a los pies de la boca del horno, se sitúa el cenicero (lugar destinado a evacuar las cenizas del interior del horno). Y la chimenea, con una semejanza a las sitas en las casas particulares.

La restauración de este edificio (de especial interés etnológico por hallarse exento -y no dentro- de la casa) ha consistido en la consolidación de los muros y bóveda, rehacer el tejado de la chimenea. Gracias a ella, se puede apreciar un edificio de verdadero interés, consolidado y visible a los visitantes y curiosos que se acerquen por Allué.

Descripción de la iglesia
La iglesia de Allué es, en su práctica totalidad, un edificio románico fechable en el siglo XII. Posteriormente sufrió diversas ampliaciones y aditamentos a lo largo de los siglos.

Presenta una nave rectangular y ábside semicircular con bóveda de horno, separada una y otra parte por una imposta en forma de caveto o nacela; por el exterior se aprecia una serie de canecillos sin decorar que soportan el tejaroz y una ventana en el centro de doble derrame. En el siglo XVI se le añadió -por su lado derecho y abierta por un gran arco un tanto peraltado- una nave de reducidas dimensiones cuyo único interés es una gran portada dovelada y decorada a la usanza renacentista. También pertenece al siglo XVI la sacristía -lado izquierdo-, teniendo una entrada de arco casi carpanel decorado a base de un haz de pequeñas arquivoltas muy al uso de la época, inscrita en un gran arco cegado. Ya en el siglo XVII se erige la torre (con sus grandes vanos para la colocación de las campanas) y se construye una lonja de aspecto muy simple en la puerta anteriormente citada.

Entre los elementos, que podríamos calificar de menores, destacan el altar medieval -con su correspondiente ara-, una diminuta ventana gótica -posiblemente del XIV- con bellas tracerías a un lado del ábside -justo en la unión con la nave del XVI-, y los restos de pintura murales francogóticas de inicios del siglo XIV (muy deterioradas e incompletas a causa del incendio ocurrido en 1936) en donde se aprecia una figura inscrita en una decoración de arcos lobulados típicamente góticos.

Restauración
La restauración de la iglesia de Allué, que comenzó a finales de mayo de 1982 y se concluyó hacia finales de junio, principios de julio de 1983, se ha conseguido por el trabajo que invirtieron entre sus muros -durante los fines de semana- dos grupos de la Asociación: por un lado el grupo infatigable de Sabiñánigo y que tantas horas ha "metido", y por otro el recién incorporado de Zaragoza.

Entre los trabajos realizados descollan los siguientes: picado total del interior de la nave -que se encontraba encalada-; limpieza exterior de la iglesia -inaccesible por la maraña de matorrales y zarzas que la invadían-; descubrir el altar hasta encontrar el original medieval -que se encontraba totalmente tabicado y encalado-; consolidación de los muros que estaban en mal estado; enlosado de la parte del ábside; restauración y consolidación de los restos de pinturas murales francogóticas; derribo de la casa abadial aneja a la iglesia -y que por su inminente ruina hacia peligrar parte del templo-; restauración de la losa en el tejado correspondiente a la lonja y reenlosado en la parte del ábside y sacristía (para una segunda fase de la restauración está previsto el cambio de las tejas árabes rojas -colocadas en 1936 tras el incendio- por la típica y usual losa del Pirineo, en la zona de la nave y de la torre).

Así, de esta forma, y tras el esfuerzo de unas personas procedentes de dos puntos de partida -los ya aducidos de Sabiñánigo y Zaragoza- se ha conseguido una nueva restauración de un edificio eclesial que pasa a engrosar el ampuloso número de las ya consolidadas. Ahora, sólo falta esperar a las siguientes: Arto, Otal o Arruaba. Aún queda "tajo", pero también entusiasmo para continuar con la labor emprendida hace ahora trece años.