I. INTRODUCCIÓN.
El Museo de Arte de Cataluña está instalado en el palacio de Montjuich y alberga la mejor colección peninsular de arte románico -aunque posiblemente le supere Jaca en la variante de pintura mural.
Este palacio nació según un proyecto de 1924, realizado por los arquitectos Cerdoya y Catá i Catá, se inauguró en Octubre de 1934; la revuelta militar de ese mismo año y la suspensión del Estatuto hasta febrero de 1936, paralizó el montaje. Fue realmente en 1936 cuando se inaugura con la visita del presidente Companys; en este acto, el presidente de la Junta de Museos diría: "He aquí una obra que es totalmente nuestra, porque ha sido creada con el solo esfuerzo de los catalanes".
Sin embargo esto no era así de sencillo; a comienzos de siglo, una verdadera pléyade de anticuarios comenzaron a batir sistemáticamente nuestras aldeas, paralelamente al auge que tomaba el románico. La incultura y las necesidades parroquiales serían sus mayores aliados, las obras compradas encontraron rápida demanda en grandes coleccionistas de la burguesía catalana: Boch Catarineu, que adquirió el Frontal de Gésera; Lluis Plandiura, que lo hizo con el Pantocrator de Basarán; Santiago Espona, Joan Prats, Fontana, Muntadas y Gil serían algunos de los que hicieron legados a este Museo.
Así llegarían las obras románicas de nuestra provincia y que podemos ver en sus salas: Bierge (sala 3), Sigena (26 y 34), Gésera (30), Casbas (34), Roda (34), Chía (29), Güell (34) y Basarán (sala 20).
II. EL PUEBLO DE BASARÁN.
Como paso previo, y para insertar en el medio que le dio luz a la talla románica, daremos un rápido recorrido por este lugar, que junto a Ainielle, Otal, Escartín, Cillas, Cortillas y Sasa, formaba parte de Sobrepuerto - encrucijada entre el Gállego y el Ara y toda ella entre los 2.000 y 1.200 m -.
Basarán se sitúa a espaldas del monte Oturia (1.920 m), que preside la meseta de Santa 0rosia, y queda separado de Escartín por un congosto valle que parte del circo de Otal. La comunicación entre estos dos pueblos era salvada por un puente ciclópeo de una gran losa - era el "puente d´as crabas" -; a raíz de las talas forestales de la Pardina de Niablas y de una gran riada, éste desapareció.
Los macrotopónimos de su monte eran: Os Coronazos, Trasierra, Cubiella, A Cotel, Escarrón, Trasocuello, Foncañons, Espinablar y Sandurbez (término, que como veremos, nos habla de Historia). Basarán fue rectoría del priorato de Rava, durante toda la Edad Media, con seis vecinos en el siglo XV; en esa época contribuía a las Cortes con 96 sueldos, que junto a Cillas y Sasa eran las cifras más bajas de Sobrepuerto. Con esos mismos fuegos se mantuvo hasta la elaboración del Diccionario de Pascual Madoz, quien en 1846 le da 7 vecinos y 106 almas; añadiendo esta producción: "trigo, guisantes, judías, lentejas, hierbas de pasto, todo con escasez; cría de ganado lanar, vacuno y cabrío en muy corto número. Caza de perdices y liebres".
A la Guerra Civil llegaron 14 casas: Pepe, Cosme, Loren, Ezquerra, Miguel d'Allué, Miguel Franco, Miguel Lobez, Casaus, Valero, Marco, Tapia, Sampietro, Agustín y Francho. En 1960 fue comprado junto a Ainielle y Cillas por el Patrimonio Forestal del Estado, y la emigración se dirigió esencialmente hacia los núcleos fabriles de Monzón y Sabiñánigo (2 y 5 casas respectivamente; el resto se diversificó entre pueblos de colonización (uno), Barcelona (una) y Tierra Baja (dos).
Los habitantes de Basarán acudían a tres romerías: Santa Orosia, Santa Elena y San Blas (ermita hoy en ruinas, que se sitúa en la "güeya" con Cortillas y a la que acudían ambos pueblos).
La fiesta mayor era para la Virgen de Septiembre - una vez finalizada la cosecha - y la "chica", para San Lorenzo. Basarán era uno de los pueblos más humildes de Sobrepuerto, situado en una planicie inhóspita y con poca participación en el puerto de la Estiva; el ap odo de "picholos" genializaba su condición. Así no era raro que para bajar el ganado a Tierra Baja, tuviesen que unir las cabezas a las de Ainielle, para así, poder formar cabaña, y que algunas casas tuviesen que buscar una actividad complementaria para su menguada hacienda: era el caso de Casa Marco, en la que hacían "zoquetas, picos de carriar leña, retabillos, fusos, etc." y que la señora Francisca, natural de Sobás, vendía por toda la Galleguera a cambio de judías y lentejas.
También estaba muy generalizada la emigración temporal del tionaje al Midi Francés en la época invernal, de esta forma entregó su vida Angel Ramón Montes, que a los 55 años y a comienzos de siglo, no pudo con la ventisca del Portalet.
Basarán como el resto de pueblos de Sobrepuerto formó parte de la mancomunidad del valle de Broto - "Faja Basarán", en la rivera Otal de Bujaruelo - que desde el siglo XIV, con Jaime II, tenían derecho sobre montañas francesas y del alto Ara.
El cont inente de la obra artística que vamos a analizar -la Iglesia- pertenece según Don Antonio Durán Gudiol al primer mozárabe, es decir, como el ramillete de ejemplares más bellos del conjunto serrablés: San Bartolomé, Lárrede, Susín, Busa, etc.
Su construcción acaecería en la segunda mitad del siglo X, entre la encrucijada de la expansión navarra hasta Sobrarbe y las razzias de Almanzor, que respetaron Serrablo. Actualmente, tras el traslado, podemos admirarla en Formigal.
El carácter monástico de Basarán nos viene dado sobre la base de documentos adulterados(2) en los que consta también la intervención de Ramiro I. Según estos habría en Basarán un monasterio dedicado a San Urbez, dependiente de San Pedro de Rava. La partida "SANDURBEZ" nos lo ratifica, y al igual que hice con San Pelayo de Gavín, analizaré qué vestigios quedan -pero eso será tema de otro próximo artículo.
III. EL PANTOCRATOR DE BASARÁN.
Fue adquirido por el primer coleccionista de art e románico Lluis Plandiura, quien en 1932, junto a otras obras, lo donó al Museo de Arte de Cataluña.
Se expone tras vitrina de la sala nº 20, junto al arranque de la exposición de cerámica. Su número de inventario es el 3.927 y sus medidas: 0,56 x 0,20 m.
Este Salvador Coronado, formaría parte de un frontal del cual sería figura clave y que adornaría como delantal al altar de la Iglesia de Basarán.
Generalizando, el frontal pertenece al mobiliario litúrgico medieval y en nuestra Península se solían ceñir al área nororiental -es decir, Cataluña y Aragón-.
En Europa Occidental solían ser obras suntuarias de orfebrería y piedras preciosas, en nuestra área se intentó imitar este empaque: o bien -si era pintura- aplicando sobre el estaco una fina lámina metálica, dando barniz translúcido sobre láminas de plata o estaño; o bien, si se constituía a base de esculturas -caso de Basarán- policromándolas. De cualquier manera, el frontal sustituyó en su finalidad didáct ica a la pintura mural -más compleja y que exigía el traslado de artistas- mientras que aquél procedía de un taller a veces muy distante del lugar al que iba destinado, por lo que se abocó a la producción seriada y repetición de convencionalismos.
El frontal en talla podía salir integro del soporte o bien se añadían las piezas a aquél con clavos, siendo por supuesto, el dorso de las figuras plano -en el Salvador de Basarán se notan muy bien los dos agujeros que lo agarraban-. Este frontal debió de tener el mismo planteamiento que otros del área de Tahull, que se repiten en el Museo: en el centro un pantocrátor similar al de Basarán, pero menos tosco; mandorla envolvente con la simbología de los cuatro Evangelistas y cuatro casillas en el resto de la tabla con tres apóstoles en cada una. Walter Cook diría de él: "A pesar de que desde un punto de vista geográfico estricto, queda fuera del ámbito de la escuela de Roda, el Pantocrátor de Basarán (Museo de Barcelona), en el extremo occidental de Sobrarbe, puede ser incluido dentro de su círculo estilístico. Es una obra correspondiente al momento arcaico del siglo XII y que presenta trazos cuya proximidad a las soluciones características del taller de Erill resulta sorprendente". Para este investigador, la escuela de Roda -apéndice de la catalana de los talleres de Lérida- se caracterizará esencialmente por: la justeza del gesto, sobriedad y realismo incisivo, corrección y regularidad de las facciones, esquema de la figura muy racionalizado con pliegues muy firmes y en suma, clasicismo manifiesto.
En cambio la de Jaca-Huesca: "son figuras de poco cuerpo, con los pliegues expresados con gran simplicidad de líneas suaves y volúmenes poco acusados; el gracioso ritmo de ciertas tallas policromadas de la región comprendida entre Jaca y Huesca, que con toda seguridad podemos atribuir al siglo XII, acusan una escuela conceptualmente opuesta a la que produjo los impresionantes grupos escultóricos de Taüll, Erill y Durro". Nuestro Salvador, que tiene abundante carcoma en cara y pies, conserva restos de pintura carmesí en la manga y el Evangelio, así como en el pómulo; de igual forma, parece haber sido ennegrecido por los humos. Aunque el cuidado de pliegues y cabellos no es tan admirable como en el frontal de Santa María de Tahüll y contornos: pliegues que no encuentran correspondencia simétrica, barba y bigote que solo se intuyen etc.; globalmente, sus rasgos, expresión y pose, encuadran tal como señala Cook en el área de influencia rodense. Y hasta aquí, el intento al menos, de rescatar para nuestro conocimiento una de los cientos de piezas que engrosaron el riquísimo patrimonio artístico serrablés.