Semblanzas de mi lugar: Escartín

III.- INDUMENTARIA


El traje, tanto masculino como femenino, es similar al del resto de los pueblos del Pirineo y, en general, de Aragón. Acaso podemos constatar algunas diferencias referidas al material, formas y nombres dados a las prendas. El vestido tradicional se usó hasta la primera década del siglo actual, en que empezó a caer en desuso por las influencias modernistas (aculturación). Los primeros en abandonarlo fueron los jóvenes, mientras los ancianos se resistieron más y algunos terminaron sus días con él. En los últimos 50 años se observaba, sobre todo en los adultos el traje mixto (tradicional-moderno). Por sexos fue el masculino el primero en dejar de usar el traje antiguo. Sin embargo, siempre quedaron reminiscencias, más en las mujeres.

Traje femenino

Como peinado, el clásico moño de rosca y el pelo dividido en dos mitades por la raya. Cubría la cabeza la "toca" (pañuelo de cabeza) que se anudaba detrás, bajo el moño o bien por delante bajo la barbilla. El género era casi siempre el algodón y el color variaba según la edad o las circunstancias; las ancianas o de luto, el negro. Las demás colores variados, predominando los tonos grises o negros. Como ropa interior una enagua con tirantes, en el buen tiempo, bajo ella unos calzones blancos. En invierno, un refajo de luna blanca. Encima una saya ceñida a la cintura, ancho por abajo y larga hasta el tobillo. La saya era por fuera de colores oscuros, negro para las ancianas y por dentro de colores vivos. También una "faldriquera" de "pochas" o bolsillos.

La blusa ajustada al cuerpo, con cuello de estrecha titilla, cerrada por delante con botones y manga larga. También usaba la camisa ancha y cerrada, generalmente de cáñamo. En invierno una chaqueta de lana negra o teñida de colores variados. Para trabajar un delantal con peto sujeto por detrás o bien sayas viejas apedazadas (con remiendos).

Otras prendas de vestir eran los "chipones' (gabanes), entallados a la cintura, con botones por delante. La mantilla era de forma triangular, las esquinas redondeadas y alrededor una cenefa de terciopelo. Algunas llevaban un corsé-faja hasta la cintura, de cáñamo o lana según la época.

Calzaba abarcas, como el hombre, y para las fiestas alpargatas; de cáñamo negras o blancas. Las medias eran de lana blanca, sujetas con ligas y para las fiestas de algodón. Las abarcas eran de suela de bacal (cuero), más tarde de goma. La suela se llenaba de "tachetas" (tachuelas), remachadas por dentro, cuantas más mejor, para evitar el desgaste de la suela. Eran de factura sencilla: una pieza rectangular, doblada por delante en dos mitades triangulares cosidas haciendo dibujo y por detrás con dos tiras de cuero, que se ataban con varias vueltas a la pantorrilla. Martina de casa Valero de Basarán abastecía de abarcas a las mujeres de todo Sobrepuerto.

Traje masculino

El hombre usaba ''marinetas'' (calzoncillos) de cuadros, largas y atadas a la pantorrilla de cáñamo. Un calzón corto, por encima de la rodilla, con abertura lateral cerrada con trenzadera. Medias de lana con "estribera" (aro o tira por debajo del talón) y encima unas "pedaletas" (especie de calcetines de lana), cortas, con botones por el lado exterior, hechas la mayoría de las veces por el sastre, de "cordellate' (tela de lana fina). Sobre el calzón un ceñidor-faja de lana, algunos daban varias vueltas a la cintura.

Camisa de cáñamo con cuello de tira, chaleco y chaqueta corta de pana. A diario, calzaba abarcas, rústicas y sin adorno alguno y en las solemnidades alpargatas de cáñamo blancas. Los zuecos de madera, hechos en casa, se dejaban a la puerta de la cuadra y se ponían al entrar a dar de comer a las caballerías, sobre las abarcas, para evitar subir malos olores a las habitaciones. "Mayormente" cubrían la cabeza con la boina o el sombrero negro de Sástago, sustituidos después por los de paja, para el verano.

Hay que destacar la monotonía de las prendas de vestir, siempre las mismas. Cuando se rompían se apedazaban con retajos nuevos de la misma tela. Se aprovechaban las telas o materiales que podían obtenerse de los animales o de las plantas: lana, cuero, cáñamo, lino, cordellate...

Los "agüelos" usaban normalmente bastón, hecho por ellos mismos de varas rectas y delgadas de "escarronero" (arce): se calentaba en la llama la parte destinada a empuñadura hasta que permitía doblarse en arco sin quebrarse. Una vez conseguido se ataba con una cuerda durante un par de días, para que quedase suficientemente fijada la forma. Después se hacían dibujos y relieves con la navaja con hierros "rusientes" (incandescentes), según la maña de cada uno.

Los pastores y vaqueros llevaban siempre un palo de "avellanera", cuya longitud variaba según la estatura, normalmente de metro y medio. Se cortaban en el invierno y se dejaban a secar durante un tiempo, así su peso disminuía ostensiblemente. Una vara muy apreciada era la de "vetelaina", arbusto de ramas delgadas, resistentes y al mismo tiempo flexibles: era la preferida de los "tratantes" de ganado.

Prendas que se hacen en las casas.

Las únicas prendas personales en las que todo el proceso se realizaba en casa, eran las de lana, en sus distintas variedades de normal y fina: "jersés", chalecos, calcetines, "pedaletas", "refajos", fajas... Las mujeres en los ratos libres, sobre todo en las "veladas" invernales, iban realizando las distintas fases: "escarminar", cardar, hacer "copos", hilar con rueca y "fuso", hacer "chovillos" y, por último, tejer o "fer media" con "aujas" y ganchillos.

Otra fibra muy empleada era el cáñamo, que se cultivaba en los pequeños huertos de regadío, segándose a finales del verano. Se ataba en fajos, se "carriaba" y se extendía para secarse en la era. A continuación se "esforachaba". La "esforachadera" era un sencillo instrumento para machacarlo, consistente en un trozo cilíndrico de madera, de 1 m. de longitud aproximada, vaciado en 1/5 parte y apoyado sobre 4 patas. En dicho vaciado se encajada una madera más delgada, sujetada mediante un eje en uno de sus extremos y en el opuesto una pequeña empuñadura.

Se procuraba usar prendas realizadas con las fibras disponibles (lana y cáñamo), pero había que comprar telas de pana, percal, satén, viscosilla, etc., que proporcionaba el sastre ambulante o el arriero. Este último iba de pueblo en pueblo vendiendo telas una vez al año, normalmente a principios del verano. Había sastres ambulantes que sólo iban a coser, mientras otros también llevaban las telas. El sastre se hospedaba siempre en la misma casa, si bien las comidas las hacia con la familia a la que cosía. Cuando no llevaba telas, utilizaba las que previamente había adquirido la familia al arriero. No se limitaba a confeccionar prendas nuevas, a veces hacía también retoques, adaptaciones, por ejemplo de vestidos de adulto hacer otros para niños.

Las ropas de cama eran de lana y de cáñamo, confeccionadas por el tejedor de un pueblo próximo. Sobre el somier se colocaba un jergón de lino relleno de "milloca" (hojas secas de maíz), de unos 15 cm. de espesor. Por unos orificios se introducían las manos para ensanchar las hojas al hacer la cama. Encima un colchón de lana y sobre él un "linzuelo" (manta fina de lana). Para taparse una sábana gruesa de cáñamo, un "cobertor" (manta de lana), a veces otro "linzuelo" y, en la parte superior, un "cubre" (manta de lana de colores variados). El almohadón, relleno de lana, era de cotón (algodón). Los colchones se "paraban" cada, cierto tiempo, habitualmente a finales de primavera. El colchonero era también ambulante, mientras lavaban la tela, él "vareaba" la lana hasta dejarla suave y rehacía de nuevo el colchón. Exigía el pago en metálico casi siempre. La mayoría de ropas de cama se lavaban el día de la "colada", un par de veces al año.