Las esquillas de Nay

"La diversidad de la lengua y las barreras políticas disimulan la profunda unidad de las sociedades pirenaicas. Su contenido étnico es indudablemente más uniforme de lo que han dicho los especialistas, y las formas de vida adaptadas al medio montañés han modelado una civilización rural que de uno a otro extremo únicamente difiere en algunos puntos de detalle"

Georges Viers: Les Pyrénées.

Conforme nos adentramos en la etnología del mundo pirenaico, cada vez nos damos más cuenta de las concomitancias que existen entre ambas vertientes; así llegamos a la conclusión de que el ancestral hombre del Pirineo debe ser estudiado sin acotaciones ni limites políticos.

La Paz de los Pirineos, establecía, en 1659, una barrera artificial en una vieja cordillera, donde ya en la época megalítica existía una circulación intervertientes lo suficientemente activa para que los especialistas hayan llegado hablar de una civilización uniforme llamada «de los Pirineos» y que se extendería por toda la cadena. Pero ese impedimento político no atajó los libres y naturales movimientos del montañés; así hasta comienzos de nuestro siglo han llegado vestigios de esa «osmosis humana», por citar algún ejemplo: Derechos de la Mancomunidad del Valle de Broto sobre pastos de Gavarnie, desde tiempos de Jaime II; famoso "Tributo de las tres vacas" entre el Valle de Barétous y el de Roncal, migraciones golondrina de los tiones altoaragoneses al Midi en la época invernal, el trasiego de mercancías que la Administración denominaría «contrabando» -relojes de pared de Pau, Tarbes, Olorón; paraguas de pastor de Pau, las famosísimas esquillas de Nay, etc.

Así ya hemos llegado a nuestro objeto de estudio. Nay siempre me trae el recuerdo de haber oído a mis mayores relatar las míticas correrías de un tal Antonio de Casa "Morilla", de Yosa de Broto, que burlando la oficialidad y las inclemencias del Collado de Bujaruelo, portaba desde Gabarnie inmensos fardos de esquillas apiladas.

El hecho es que los ganaderos de nuestro Pirineo se surtían de esquillas, al menos desde el siglo XIX, de esta población bearnesa y en menor escala de la producción navarra -antes de ese siglo las menguadas cabañas no habían generalizado este instrumento sonoro.

La villa de Nay

Nay se instala en tierra llana, allí donde el Pirineo ya sólo es horizonte blanco salpicado de alguna silueta señorial como el Midi D'Ossau; a la mitad, camino entre Lourdes y Pau, donde la "Gave de Pau" calma ya sus aguas. La fundación de Nay se remonta al siglo XII y se debió a los monjes del Hospital de Santa Cristina de Somport, que acordaron la protección de un grupo de colonos instalados cerca de un puente sobre el río. El siglo XIV marca el comienzo del auge económico "nayais", el artesanado y el comercio local van a ensanchar su zona de influencia, el comercio textil con Aragón enriquece a algunos negociantes como Pedro Sacaze, descendiente de bearneses instalados al otro lado de los Pirineos, que hizo construir la casa de estilo Renacimiento de la plaza de la República. Si el siglo XVII fue desastroso para la economía, los dos siguientes observaron un giro del artesanado que accedería al estadio industrial con la fabricación de boinas "tejido de los Pirineos", muebles y esquillas.

En casa de los Dabán

La pequeña industria está instalada en los bajos de una vivienda de dos plantas, perteneciente al siglo pasado. Sus cartas comerciales rezan: "Jean Dabán. Fabrique de Sonailles. 64800. Nay".

El primer sonnetier -así se denomina este oficio- de la familia se instaló en Nay sobre 1795; pesarían en su decisión el interés estratégico de la población en cuanto cruce de valles, que recogería el potencial mercado pirenaico; además de la abundante existencia de arcilla, precisa para el proceso de fabricación. Su nombre era Michel Daban y procedía de Rotes.

El negocio ha fluctuado en función de las relaciones fronterizas. En 1941 los Dabán tuvieron que conseguir un pasaporte para visitar a la clientela española y así recuperarla. La II Guerra Mundial marcó otro paréntesis del que pronto se reiniciaron por haber guardado previsoramente abundante hierro y cobre. De cualquier forma el negocio de las esquillas ha ido parejo al problema sociológico de la despoblación del Pirineo, por eso el año 36 marcó el cenit, pues proveían sin competencia con los talleres navarros y de las landas, al Pirineo francés, andorrano y español con más de 300 modelos.

Hoy todavía nos hablan de excelentes compradores españoles: la Ferretería Alfonso de Zaragoza, ganaderos de Sallent como Aznar, Fanlo, etcétera. Se quedó para la historia el paso "ilícito" de fardos por los puertos, atrás quedan las mediaciones del famoso guía de Gabarnie, Pierre Berges, con los pastores españoles. Hoy en nuestros desolados pueblos abandonados no leemos el anagrama de Nay en las esquillas, que ruedan por los suelos, y es que éste se comenzó a marcar en las grandes en 1920; los cuartizos y trucos de nuestros chotos son del siglo pasado, el actual con el éxodo de gentes y pérdidas de rebaños no dio tiempo a la renovación de los nuevos modelos.

El proceso de fabricación

Existe la creencia de que fabricar una esquilla es algo sencillo, sin embargo esto no es así.

Por sí solo, generalmente no da para vivir. El precio reducido de las esquillas; su duración que puede prolongarse durante generaciones; el estabulamiento y progresiva desaparición de la trashumancia a pie, hacen que en pocos lugares los artesanos puedan vivir exclusivamente de este oficio. Este no es el caso de Nay, hecho que se explica por el extenso mercado que sirve.

El proceso dura todo un año, ya que las actividades son estacionales: en invierno se forja y a partir de la primavera se llevan a la fragua. El hierro es el material básico, el rectángulo que constituirá la esquilla, antes se sacaba de una barra a golpes, hoy las planchas vienen de fábricas por espesores. Una vez que se ha cortado la chapa, según el tipo de esquilla, se va a la forja, de allí la esquilla sale con todos sus componentes, salvo el badajo; también las juntas -aún huecas- no dejan emitir sonido alguno.

Para ello es preciso acudir a la fragua. La esquilla se protege con un molde de arcilla sin arena y paja para que el latón bañe uniformemente a la chapa; antes para que el barro no se adhiera, es necesario bañar la superficie de ésta con aceite. Las esquillas están cocidas cuando la superficie del barro ha tomado un brillo intenso, hecho que coincide con la aparición de humo blanco por el agujero practicado en la boca para que pudiesen salir los gases.

Finalmente, ya solo falta afinar el sonido, para ello se retoca la forma de la boca, pues las que tienen forma ovalada producen sonidos graves y las redondas sonidos agudos.

Los modelos

Por tamaños destacan los "trucos" para los chotos, de línea convexa; los "cuartizos" de diseños cuadrangular y punteados a golpe según exigía a Nay la tradición altoaragonesa. De inferior tamaño, pero derivados, eran los "mediocuartizos" y "mediostrucos" de los carneros, y las "truquetas" de las ovejas. El modelo más generalizado era el de la "mediana" que llevaban las ovejas, luego quedarían las "carnaleras" que llevaban los carneros y las vacas  y las "esquilletas" de las borregas, que se dejaban para criar.

Señalemos que la terminología de las esquillas navarras era distinta: clasco, chacla, fultruca, racla, etcétera; sin embargo, en Urraul, Roncal, Lumbier y Salazar las dos piezas esenciales conservaban la terminología de Nay; son el "cuartizo" y la "truca".

El papel mágico

En este taller bearnés marcaban a los montañeses que lo solicitaban en pedido, las señales ganaderas de su casa; también en muchos modelos incluían en dibujo de una cruz punteada. Algunos de estos símbolos nos entroncan con la cultura pastoril pirenaica del Bronce.

Ya hablamos con amplitud del papel mágico-pagano que tienen las cañablas labradas -ver bibliografía- en las esquillas será su prolongación. Así, en el Alto Aragón al recién casado que no pagaba un "canon" por haberse llevado a una moza, los solteros le hacían junto a su cónyuge una cencerrada.

En el Pirineo navarro creen los pastores que si las ovejas se inclinan a comer hoja de boj, pronto llegará la nieve; pero si hacen sonar el cencerro dentro de la borda, nevará al día siguiente. En otros lugares la esquilla ejerce sobre el rebaño protección de las enfermedades; así, en Valcarlos ponían en un cencerro laurel bendecido, cera bendita y un hueso de ave de caza mojado en agua bendita y colocado en el umbral de la cuadra, para luego hacer pasar bajo él al rebaño.

Merecía la pena hablar de un útil fundamental en la cultura pastoril de nuestras montañas, que aunque venía de "fuera", procedía de tierras nada desconocidas y extrañas para nuestros ancestros. Hoy, tal vez, sea un pequeño símbolo a la idea  de la hermandad universal del hombre, enfrentada a veces con localismos segregacionistas.

Fuentes

  •  Artesanos Rurales. Temas de cultura popular. Diputación de Navarra. Número 333. Firmado Videgáin Agós.
  •  La fabricación de la esquila en Mora de Rubielos. Colegio Universitario de Teruel, 1981.
  •  Les Pyrénées. Oikos-Tau. Que sais-je?. Georges Viers.
  •  La cañabla. Obra cumbre de nuestra artesanía pastoril. Serrablo, número 44. Enrique Satué Oliván.
  •  Guide des Pyrénées mystérieuses. Editions Tchou Princesse, 1978. Bernard Duhourcau.
  •  Visita personal al taller de Nay.