La entrañable iglesia de Escartín

SITUACION, CRONOLOGÍA Y VALOR.


Escartín es un pueblecito de Sobrepuerto, que desde el año 1965 está abandonado; José Mª Satué nos viene aportando a esta revista unas valiosísimas notas etnológicas, realzada por el hecho de constituir vivencias directas de su primera juventud.

Escartín contaba en el siglo XV con 7 fuegos, en el censo de 1.846 de Madoz, poseía ya 24; de esta forma reflejaba el ser junto a Cortillas el núcleo de economía más pujante de Sobrepuerto. Formaba parte de la Mancomunidad del Valle de Broto y como tal tenía derechos desde Jaime II de Aragón en las montañas francesas de Gabarnie; de él diría Ignacio de Asso en el siglo XVIII, que era famoso por su manteca.

Pero estos datos nos hablan de abundancia en la pobreza y por eso, ver hoy detenidamente la iglesia nos emociona; es increíble como una aldea colgada en la pendiente, a base de increíbles abancalamientos, pudo dar estos detalles artísticos a su iglesia.

La obra no pertenece a ningún estilo clásico, fechable a finales del s. XVII, es el resultado de un arte popular animado por la recuperación económica, que de aquí en adelante reestructurará a todos los pueblos de nuestra montaña -la fecha más antigua que aparece en el pueblo es la de 1.612-.

EL CONJUNTO.-

Dedicada a San Julián -el siete de enero, era la fiesta pequeña- se situaba en el lugar más dominante del pueblo. Junto al cementerio, la abadía y la escuela encierra una "plazoleta" a la que se accede por una puerta con dovelas de perfecto acabado, cuya clave presenta una custodia bien trabajada(6)-motivo acorde con la cronología general-. Del conjunto destaca un gran chopo, tozudo superviviente de descargas eléctricas.

LA PLANTA.-

Es rectangular, 12 x 8 m. Aunque hay tres ábsides rectangulares -uno principal y dos secundarios-, sólo hay una nave. El ábside central resalta parcialmente en planta y se orienta, como es común, hacia el Este. En el hastial del Mediodía, se abren la entrada y una ventana abocinada, se nos hablan de fechas anteriores al conjunto -S. XIV?-; en la fachada N. se abren dos capillas, una de las cuales, sin altar, da cabida a la pila bautismal. A Poniente se sitúa el coro.

DESCRIPCION POR ELEMENTOS.-

Cabecera.- Los tres ábsides son de bóveda de medio punto, en contraste con la nave, que es ligeramente apuntada. En el ábside principal se instalaba al altar mayor dedicado a San Julián y que debía ser barroco, por los restos que se conservaban en la abadía; el conjunto estaba presidido por un gran Cristo. Todo se destruyó en la Guerra Civil.

También existía una imagen de la Virgen con el Niño en alabastro, de forma casi ovoide, que se salvó del expolio; aunque en los años 50 el obispo de Jaca la mandó llevar al Museo Diocesano, ubicación que hay que investigar.

Nave.- De bóveda ligeramente apuntada, está fabricada en ligera "tosca" -toba-; se ilumina a través de dos pequeños vanos cuadrangulares, instalados, uno sobre el ábside central y otro en el coro.

Contiene tres arcos fajones que se apoyan en pilastras de decoración cordal. La clave del arco perpiñao central (3) tiene una interpretación curiosa de un Agnus Dei que porta un crismón.

Evidentemente el escultor popular de esta iglesia no tenía gran imaginación y repetía insaciablemente los modelos -en especial las caras redondeadas que aparecen en distintos lugares de la iglesia-.

Los capiteles de las seis pilastras no siguen un orden decorativo, así cinco contienen del Espíritu Santo y dos caras (4) y sólo uno se sale de la norma (7): un personaje que "es sólo cara" coge en sus dos manos sendos pergaminos (?), a sus lados dos zoomorfos que parecen representar al diablo. No acertamos a comprender la simbología global.

Llama la atención, por una parte el esfuerzo invertido en una construcción popular como ésta y por otro lado la mala administración artística de él: tosquedad y falta de ritmo decorativo.

El suelo es de grandes losas, en una de ellas se lee: "sepulturas de Pedro Escartín i los suios", era la familia infanzona del pueblo y el último inhumado fue el abuelo de la Casa, muerto en la grave gripe de principios de este siglo

Capillas.- Coincidiendo con los espacios que dejan los arcos fajones y sus respectivas pilastras, se abren en el lado del Evangelio dos pequeñas capillas, una de ellas contiene la pila bautismal (10), fechable al igual que el resto de la iglesia en el siglo XVII; además tiene un pequeño motivo decorativo consistente en una cara, de distinta factura al modelo tan repetido en la iglesia; otra pila exactamente igual a ésta tenemos en el pueblecito cercado de Yosa de Broto, este edificio, según reza una inscripción es también del siglo XVII. ¿Quienes serían estos modestos "piqueros" que iban dejando sus humildes obras por estos apartados pueblos...?.

La entrada de cada capilla está decorada con un grueso sogueado, que en forma de arco de medio punto, descansa en dos ménsulas con la forma de la cabeza ya tan repetida (5).

Coro.- Ocupa un cuarto de la longitud de la nave, arranca a la altura del último arco fajón; su estructura adintelada queda sustentada por dos ménsulas y un pilar octogonal, que descansa en basa cuadrangular. Las ménsulas son curiosas, la del Evangelio (1) es de piedra y presenta el típico sogueado que tanto se repite; la de la Epístola, presenta una extraña forma zoomorfa y es de madera. El coro posee tina artística cadiera corrida y un buen ejemplar de sillón (8) que desapareció a comienzos de l.982.

Portada.- La puerta de acceso a la Iglesia presenta tres arquivoltas planas, que descansa en sendas jambas en derrame (9), contiene una mandorla con una pequeña cruz simple. Aunque esta estructura nos habla del siglo XIV, también hay que pensar en lo retardatario del arte popular.

Torre.- Es de una sillería bastante regular y en su planta se instala una lonja de bóveda de medio punto, claramente peraltada, que arranca de una moldura de dientes alternos (9); a modo de clave, hay una rosa de 6 puntas, elemento muy corriente en nuestro arte popular pirenaico. Adosada a la lonja hay una pequeña estancia con una pila para guardar el aceite del Santísimo, esta construcción oculta una ventana abocinada de medio punto, de línea similar a la portada. La lonja, de clara función social, puede ser junto al conjunto del campanario, posterior.

Aunque la torre tiene huecos para cuatro campanas, hoy sólo queda una ("El silencio de una campana". Jose Mª Satué. Serrablo nº 41"); según rezan sus bajorrelieves: "se hizo siendo párroco Don Manuel Solano", "San Julián y Santa Bárbara rogad por nosotros"; queda decorada por un sagrado corazón de Jesús, un clavario y la imagen de Santa Bárbara, todo rodeado de franjas de filigrana.

VIVENCIAS

Allá en el "cobalto" del pueblo queda en pié otro de los testimonios de una vida que allí hubo; la iglesia. Levantada con el esfuerzo de tantas gentes, en una época en que la vida rural estaba en pleno apogeo ha quedado solitaria desierta, recordándonos la fe de aquellos que la hicieron.

Tuvieron que "carriar" la piedra con los "esturrazos" por aquellos empinados caminos, las "losas" de su gran tejado o las "toscas" de la bóveda. Asesorados y ayudados por piqueros venidos de otros lugares, ¡Cuantas horas pusieron para edificar tan magna obra!.

Cuando la terminaron se haría una gran fiesta, con volteo de campanas. Habría "levantadera" a costa de alguna "añisca", bien mojada con "poncho". Rondarían los mozos y al final baile en una era, como era costumbre. Durante mucho tiempo se hablaría del acontecimiento en "carasoles" y "veladas".

Indudablemente eran otros tiempos, otras mentalidades y con unas metas en la vida bien distintas. Había cura en el pueblo, vivía en la abadía, adosada a la iglesia, incluso tenía pueblos anejos. Desde principios de siglo venia el cura de Bergua o el de Cortillas y en los últimos años el de Fiscal.

Hemos oído hablar mucho de la religiosidad de aquellos antepasados, sobre todo los ancianos, que allá donde se encontrase labrando, paraban la yunta y se ponían de rodillas en el "sulco" para rezar el Angelus. En plena trilla, con la "pallada" tendida, el trillo no podía parar por miedo a la tormenta de la tarde, se quedaba ino trillando y los demás iban a misa. Y cuando venía una fea "tronada" iban a tocar las campanas para que sus sonidos la desviasen fuera de los campos con la mies madura.

A algunos les decía poco, para la mayoría significaba mucho. En los momentos difíciles todos tuvieron sus pensamientos en ella. Conocidos algunos "juradores" que entremezclaban plegarias e indiferentes que en sus últimos momentos oraban.

Recordamos sus altares repletos de imágenes y pinturas: un retablo presidido por Cristo Crucificado, S. Julián, Santa Orosia y Santa Bárbara. Todos sucumbieron en el fuego a manos de unos desalmados ignorantes, venidos de fuera, en nuestra última contienda. A partir de entonces, por escasez de medios, sólo San Julián, patrón del pueblo, fue rehabilitado.

En la iglesia se guardaba la bandera, con una larga asta, que era llevada por los mozos todos los años a la romería de Santa Orosia.

Cualquier ceremonia celebrada en la iglesia era el acontecimiento más importante del pueblo. Las campanas convocaban a los vecinos. Todos corrían a "mudarse": los hombres con sus negros trajes de pana, las mujeres con sus largas "sayas" negras y sus grandes mantillas.

Era curiosa la forma de sentarse o situarse las "dueñas" y las mozas se colocaban en el espacio que por costumbre estaba reservado a cada familia. Los hombres subían siempre al coro, donde había unas grandes y artísticas cadieras, permanecían apoyados en la barandilla, al menos los mozos, desde donde seguían la celebración y "ojeaban" las mozas desde lo alto.

A la salida, las mujeres se iban rápidamente a casa y los hombres permanecían de tertulia en la lonja o en la "placeta", "charrando" de las ultimas noticias, más tarde se incorporaba también el cura.

Con el abandono del pueblo, ha quedado allí como una reliquia más de un pasado todavía reciente. Lugar sagrado, siempre admirado y respetado, guía de generaciones... Pocos pasarán por el pueblo sin hacerle una visita. Hemos visto cómo dejan manojos de flores, resto de una vela quemada..., demostración de sus sentimientos y recuerdos. Impresiona que esté ahora misteriosamente vacía..., pero todavía sigue albergando a Alguien en quien creyeron las generaciones que nos precedieron y en los que seguimos llevándola en el recuerdo.