Acaba de publicarse primorosamente editado. un libro titulado "El nacimiento del arte románico en Aragón", obra de tres jóvenes y prestigiosos profesores de la Universidad de Zaragoza, los doctores Esteban Lorente, Galtier Martí y García Guatas, a quienes es justo felicitar y agradecer su aportación al estudio de lo aragonés. Es un trabajo serio y encomiable, al que sin duda no se restarán méritos, aunque si se advierte alguna laguna, corno puede ser la omisión de un punto importante: la contemplación de las coordenadas culturales en la producción artística, en este caso de la arquitectura románica aragonesa.
De entrada se equivocaría probablemente quien, creyendo un todo culturalmente uniforme el naciente reino de Aragón, aplicara idénticos criterios analíticos al arte aragonés del siglo XI en el condado de Ribagorza, en la ribera del Cinca, en el condado de Sobrarbe, en el Serrablo y en el condado de Aragón. El pluralismo cultural, como aún puede constatarse en el mosaico lingüístico de la provincia de Huesca es uno de los factores más sugestivos di la historia aragonesa.
La liturgia romana entró en el condado de Aragón en la primera mitad del siglo I importada por los monjes fundadores de Siresa y Ciella, encuadrados en el renacimiento carolingio. Monjes que conocían Virgilio, Horacio, Juvenal y Porfirio, así como San Agustín, Adelelmo y la himnodia sagrada producida en la escuela palatina de Aquisgrán. Por diversas razones su influencia no se dejó sentir más allá del valle de Echo y del llano de Ansó, a no ser en la segunda decena del siglo X, en el monasterio serrablés de Cercito.
Se conserva un testimonio paleográfico, tardío, de la liturgia franco-romana del condado aragonés: un folio de un "Sacramentarium", escrito en excelente letra carolina del siglo X, con las oraciones y prefacios de unas pocas misas votivas.
La liturgia romana se observaba también en el condado de Ribagorza, pero habida de diferente centro cultural. Junto con Pallars había formado parte de la marca de Tolosa y pertenecido al obispado de UrgeIl hasta la consecución de su independencia, refrendada con la erección del obispado de Roda, integrado, al igual que las iglesias catalanas de Urgell, Vic, Gerona y Barcelona, en la provincia eclesiástica de Carbona, de cuya metrópoli dependió jurídica y culturalmente, como se comprueba por el "Pontificale Rotense", cuya edición crítica publicó Barriga Planas en 1975. Se trata de un códice escrito en letra carolina y notación musical diastemática de la llamada escuela catalana, hacia el año mil.
En el obispado de Pamplona, incluidos los monasterios navarro-aragoneses de Fuenfría y Maltray, sitos en los valles de Escá y Aragón, se practicaba la liturgia hispánica, conocida también como toledana y mozárabe. Se conservan de ésta, unidos al libro de San Voto, ocho folios de un "Antiphonarium", de minúscula visigótica y notación musical muzárabe, procedente probablemente de Maltrae, escrito en el siglo X, según el profesor Ubieto Arteta.
Por lo que respecta a la discutida región de Serrablo es conocida la noticia sobre libros litúrgicos hispánicos retirados en la sacristía del monasterio de Fanlo con motivo de la introducción de la liturgia romana en 1071. Una reliquia de estos códices es seguramente el fragmento de un "Psalniographus", estudiado por Pinell, con las oraciones que se rezaban después del canto de cuatro salmos.
Hay más. Las raíces árabes de Serrablo, concretamente sirias, se descubren históricamente en la nahiya de al-Yilliq. Su adscripción al área mozárabe de Huesca se comprueba a través de algunos signos.
La política eclesiástica de Serrablo difiere notablemente de la practicada en Aragón, Ribagorza y Navarra, donde las fundaciones de monasterios -Siresa y Ciella, Alaón y Obarra, Fuenfría y Maltruy- se debían a la protección del conde o del rey. En Serrablo -Fanlo, San Pelay, Gállego- fue la iniciativa privada la que, por su cuenta y sin privilegios, levantó los cenobios e iglesias.
La cultura de los monjes serrablenses participaba de la visigoda y de la mozárabe, como se desprende de los principales códices de la biblioteca de Fanlo: los diálogos del papa Gregorio Magno y el tratado sobre la virginidad de Santa María, obra de Ildefonso de Toledo; las vidas de los padres de Mérida y el comentario de beato de Liébana sobre el Apocalipsis.
Mozárabes y oscenses son las advocaciones de San Urbez -San Urbez de Gállego, San Urbez de Basarán- y San Pelayo, mártir cordobés del 925 -San Pelay de Gavín-, que implican la presencia de monjes de Nocito o de la Hoya de Huesca. La expansión de éstos en la segunda mitad del siglo X -quizá con ribetes de exilio- se detecta también en la traslación de las reliquias de santas Nunilo y Alodia al monasterio de Leyre, en la del cuerpo de San Victorián al extremo oriental de la Boletania y en la lejana fundación de Sant Urbici de Serrateix, en la comarca catalana del Berguedá.
El siglo XI introdujo nuevas corrientes culturales europeas. Fue la primera, hacia 1025, la del movimiento cluniacense del abad Odilón de Cluny, amigo de Sancho el Mayor y de sus hijos y sucesores en Navarra, Aragón y Castilla. Al rey y al abad se debe la benedictización del monasterio de Maltrae, desde donde se propagó la regla a otros monasterios, menos a Ribagorza, cuyos cenobios practicaban ya la de San Benito en el siglo X.
La liturgia hispánica no fue sustituida, como es bien sabido, hasta el año 1071, gracias a la protección del rey Sancho Ramírez de Aragón y a la acción de los cluniacenses y del segundo movimiento europeo, el de la reforma gregoriana promovida por la Santa Sede. Los primeros fundan los monasterios de San Juan de la Peña y San Victorián de Sobrarbe. Se debe a la segunda la creación de las canónicas de Loarre, Alquézar, Jaca, Lasieso y Montearagón. Y a la conjunción de las dos corrientes culturales, la floración del románico jaqués. Tampoco el gregorianismo se dejó sentir en Ribagorza de manera considerable: sólo lo admitió la catedral de Roda en fecha tardía, 1092, por obra del obispo Ramón Dalmacio y por presión de los legados pontificios.
Es importante, me parece, para el estudio del arte en Aragón el hecho de haber sido el naciente reino lugar de convergencia de varias culturas, felizmente recapituladas, incluida la árabe, alrededor del año 1100 en la escuela catedralicia de Huesca, en parte estudiada por Shoverffy.
HERALDO DE ARAGÓN