Se afirma que la escritura de las personas deja al descubierto su forma de ser. Existe la grafología como ciencia útil, indispensable para determinadas actividades. Conocer a las personas por sus hechos, por sus escritos, por sus manifestaciones en una palabra, tiene un marcado paralelismo con e1 conocer a las civilizaciones por sus obras.
Conocemos de la Prehistoria rudimentarios instrumentos, adornos, monumentos que traslucen una inteligencia en vías de desarrollo; seres con complejo defensivo, sin duda castigados duramente por la Naturaleza, aún no dominada ni en sus más elementales manifestaciones.
El mundo de los clásicos griegos, con sus grandes dosis de fantasía y sus formas de hacer y de decir, parecen indicar mentalidades de niños. Juegan a guerras fantásticas, alternan con los dioses y con los monstruos y sin embargo son capaces de fijar una pauta a la Humanidad futura, tal vez buscando la inmortalidad como sus dioses, dioses sabiamente racionalizados que bien pudieran ser fruto de ayunos crónicos y de sacrificios "espartanos". Sus soluciones, tan sublimes como crueles semejan a esos niños que, al amparo de su fantasía, construyen y destruyen, aciertan y fallan en un intento pueril de darse a conocer de algún modo, de que se hable de ellos, y que cuando no llegan piden el auxilio de su papá Zeus o de su mamá Minerva...
Vamos en la Galera de los siglos a Roma y conocemos la plenitud del género humano, mezcla de poder, valentía, recursos, inteligencia, gusto por la vida... El círculo es su símbolo, las cosas les salen redondas, orondas. El laurel lo hacen corona, las puertas y ventanas arcos perfectos, redondos son los circos, el circulo preside sus estandartes, los moños de sus matronas y el abdomen de sus emperadores...
Con los bárbaros (que parece ser no eran tan bárbaros) vienen los Godos, y en sus obras se adivina lo que tal vez vinieron a buscar al Imperio Romano (que entonces era algo así como el primer Mercado Común): la espiritualidad que de algún modo encontraron en Roma, complementada con el "Boom" del Cristianismo.
Los arcos romanos se hacen menos orondos y apuntan al cielo, a Dios, el Gótico se adorna y sus remates aerodinámicos apuntan hacia arriba en busca de la Verdad, que dando vueltas en círculo no encontraron...
Los árabes, que vienen por debajo empujando, supersticiosos, como buenos moros, hacen de la herradura su símbolo, que los montañeses (nosotros los montañeses) taladran y con ellas calzan a los caballo. Durante ocho siglos cada español se construye su castillo y hace guerra por su cuenta, muchos se "ponen las botas" quitándoles herraduras a los moros...; por fin a Boabdil le falla el Granada. El mundo se viste de lunares y España exporta cultura e importa oro para forrar un siglo.
Mozárabe no significa que fuera hecho por árabes mozos; más bien fue el fruto de la colaboración, lo que ahora se llama intercambio cultural, concordato, tratado y lazo de amistad, etc.
Un buen día nació el Renacimiento, que llegó a aburrir. El Barroco y el Rococó (como sus nombres indican) lo complicaron, llegando al paroxismo con Churriguera, quien de puro retorcer sacó agua del mármol, hasta que Herrera cortó por lo sano. Hizo tanto arte como el que más y no se complicó la vida.
Lo funcional (de función) es decir, líneas limpias, sin ornamento ni complicados detalles se impuso y aún va durando.
Ahora, que cada uno de ustedes defina a nuestra civilización por sus obras... aunque también es una solución esperar unos siglos a que unos "amigos del espacio" fijen unas cualidades a nuestro estilo... pudiera ser que sigan reconstruyendo iglesias Románicas...