Don Ángel y el pueblo redimido (I)

Hasta el plan 1967, la asignatura de Agricultura siempre estuvo presente en los estudios de los futuros maestros. Dejó de estarlo porque lo que pretendía la nueva Ley General de Educación era formar para lograr una España moderna, fundamentada en el sector de los servicios y en el de la industria.

Don Ángel García Benedito.. Fotografía facilitada por su nieto José Ángel García Landa

Hasta entonces, en un país agrario y pobre, el Estado esperaba que el maestro fuese un agente de cambio y de modernización del mundo rural, de allí que dicha asignatura fuera de estudio obligado.

El maestro don Ángel García Benedito obtuvo en Agricultura, en el segundo curso de la carrera, la calificación de “sobresaliente”, pero cuando aplicó aquellos conocimientos a la vida profesional, alcanzó una reconocida excelencia. Y, hoy, con la perspectiva que da el paso del tiempo, todos podemos convenir que su ejemplo ennoblece el largo caminar del género humano.

De él ya se ha escrito pero faltaba una visión global, no polarizada entorno al horror de la guerra, y más centrada en su labor humana y pedagógica.

De haber conocido esta historia el escritor Manuel Rivas, no me cabe la menor duda que su bello relato La lengua de las mariposas, más tarde convertido en película, hubiera tenido a Don Ángel como protagonista.

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La información oral para hacer este artículo la recogí entre los años 2000 y 2015. Y, como nos suele pasar a los que amamos la etnohistoria, lo hice sin fin alguno, en principio sólo por curiosidad. Trabajé con siete informantes básicos, nacidos entre 1903 y 1925, pero he recogido información de algunos más.

Ni que decir tiene que la documentación escrita, la oral y el trabajo de campo se han aliado a última hora con las ventajas que hoy proporciona internet.

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Ángel García Benedito nació y creció entre maestros, lo que facilitó que su destino fuera la docencia. Según el libro siete de bautizados, de la villa pirenaica de Berdún, vino al mundo el 2 de agosto de 1878. Sus progenitores hundían los orígenes en la Jacetania, el norte de la provincia de Zaragoza y en la limítrofe Navarra. El padre era maestro de instrucción primaria y, al morir joven, el municipio permitió que su madre ocupase durante un tiempo su puesto para sacar adelante la prole. Objetivo que logró, pues sus hijos Amadeo, Agustina y, finalmente, Ángel conseguirían también ejercer como maestros.

Amadeo obtuvo destino en la villa pirenaica de Biescas en 1892 y se casó con Maximina Jordán Cutié, maestra de dicha localidad. Desde aquellos años haría las funciones de tutor de su hermano Ángel, al tiempo que promovía y facilitaba sus estudios de maestro.

En el Archivo Universitario de la Universidad de Zaragoza, en el edificio del Paraninfo, en particular, podemos consultar su expediente.

El ingreso y primer curso los realizó de modo libre en el año escolar 1892-93, con quince años y residiendo en Biescas, para lo que tuvo que aportar al director de la Escuela Normal Superior de Maestros de Zaragoza un certificado en el que su hermano Amadeo hacía constar que había realizado prácticas escolares, con el debido aprovechamiento, en la escuela que este regentaba.

Tanto el ingreso como el primer curso los superó con discreción y hoy llama la atención el taxativo dictado que tuvo que escribir en la primera prueba: “Para seguir con aprovechamiento la carrera de Magisterio de primera enseñanza, es condición saber bien las materias que abraza el programa de la primaria, de lo contrario se pierde el tiempo inútilmente”.

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En cambio, el segundo curso lo efectuó de modo oficial, domiciliado en casa de una tía materna, en la calle San Clemente, nº 2, 2º piso, al tiempo que figuraba como fiador, frente a la Escuela Normal, Marcelino Pérez Ornat, residente en el Coso, nº 168, 3º. Al parecer, fruto de aquellas relaciones, sería la correspondencia epistolar que Ángel mantendría toda su vida con el militar Ricardo Aguirre Benedito y con el alcalde de Zaragoza, Miguel López de Gera.

En este curso su expediente mejoró ostensiblemente, destacando en Escritura, Gramática, Geometría, Dibujo y, especialmente, en Geografía e Historia de España, y Agricultura, donde obtendría “sobresaliente”.

La reválida la realizó a final de este curso, tanto en su fase oral como escrita. La última constaba de tres problemas en los que intervenían raíces cuadradas y quebrados, un ejercicio de caligrafía sobre una cuartilla pautada del método Iturzaeta, un dictado acerca del papel que ejercían los montes en la economía y, finalmente, un tema de pedagogía que giraba alrededor de la enseñanza moral y religiosa, que don Ángel estructuró muy bien, ejercitándose de modo especial al explicar cómo justificaría ante los escolares la existencia de Dios.

Finalmente, aunque terminó los estudios en el curso 1893- 1894, no solicitó la expedición del título de Maestro de Primera Enseñanza Elemental hasta 1898.

Sello de la Escuela Normal Superior de maestros de Zaragoza.

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De su juventud conocemos pocas cosas, tan sólo en el Diario de Huesca del 20 de julio de 1901, he localizado un artículo titulado: “Biescas, una villa que progresa. Mejoras. La luz eléctrica. Programa de festejos”. En el texto, el corresponsal, desarrolla la idea de cómo la villa “tras largos años de apatía y estancamiento, sacude su indiferencia y entra de lleno y con seguro paso en la senda del progreso”. Firma la crónica “A. García Benedito”, lo cual induce a duda puesto que bien pudiera tratarse de su hermano Amadeo, el maestro titular de la villa. De ser Ángel el autor, en aquel momento tendría veintitrés años.

A través de la revista El Magisterio de Aragón y de su número 98, del año 1924, sabemos que Don Ángel comenzó a trabajar en el oficio durante el año 1904. Obtuvo destino por oposiciones en la población riojana de Aguilar del río Alhama, no lejos de Tarazona y, finalmente, “tomó posesión” como titular de la escuela de Escuer en el año 1918.

El Magisterio de Aragón, nº 98, de 1924.

Por otra parte, el siguiente hito importante que conocemos lo aporta un trabajo hecho por su hijo Ángel, también apreciado maestro, en la obra colectiva titulada Maestras, editada por PRAMES S.A. en 2004. En él relata cómo la joven maestra Eusebia Pomar Guillen, hija de un comerciante ambulante y una sallentina, se uniría en matrimonio con su padre en el año 1925.

Eusebia, nacida en 1892, también había estudiado Magisterio gracias a la tutela de Amadeo García, hermano mayor de Ángel, y de su esposa Maximina Jordán, “matrimonio pedagógico” que ejercían en Biescas desde el año 1890. Antes de casarse, Eusebia ejercería como maestra en la perdida aldea de Otal para, en 1922, obtener en propiedad la escuela de Belver de Cinca, destino en el que solicitaría la excedencia para casarse y vivir con su esposo en Escuer. Finalmente, en 1930, reingresaría al obtener destino en Biescas.

Como complemento, y aunque no es objeto de este trabajo, hay que resaltar la enorme voluntad y humanismo cristiano con que Doña Eusebia sacó adelante su familia, tras la trágica muerte de su marido, en agosto de 1936. A título de ejemplo, merece la pena añadir que unos meses más tarde de la tragedia, junto a su cuñada Maximina, se ocuparía de una buena parte de la infancia de Biescas, llevada por la 130 Brigada republicana, a la colonia escolar de las Vilas del Turbón.

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Aspillera de la Torraza de Escuer. Escuer, a comienzos del siglo XX era una pequeña aldea colgada en la morrena lateral derecha del antiguo glaciar del Valle de Tena. Se arremolinaba, con semblante medieval, alrededor de una torre-fortaleza que los montañeses atribuían a los “moros”. Estaba situada en un elevado cuenco deforestado, donde los deslizamientos de tierra eran contenidos a base de abancalar con paredes de piedra campos diminutos.

Este era el emplazamiento secular que había conformado, generación tras generación, el espíritu conservador y resignado de sus habitantes.

Abajo, en el fondo del valle, junto a la carretera que subía a Biescas y al Valle de Tena, estaban el molino -adjudicado cada cinco años al mejor postor- las huertas, unas cuantas bordas y, sobre todo, el progreso, término difícil de intuir y valorar por gentes hechas para sobrevivir con los esquemas de siempre.

Por eso, tuvo que ser un elemento externo, un maestro, quien con el apoyo de dos sacerdotes –Maximino Galindo Gil, primero (Jaca, 1873) y Gregorio Esparz Lacuey, después (Sos del Rey Católico, 1902)- dinamizase el proceso de bajada del viejo núcleo hasta la orilla de la carretera , no sin los lógicos resquemores por parte de algunos vecinos y la colaboración de otros, como la del que haría de alcalde durante la época álgida de la migración: Simón Bescós Ainsa, correoso montañés, que en la época de siega era capaz de bajar en el día, como jornalero, a la Hoya de Huesca.

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Dicho esto, seguiremos un poema maravilloso, manuscrito por Miguela Sanromán Escartín, nacida en el molino de Escuer en 1923, huérfana prematura de padre y que tuvo en Don Ángel un auténtico sustituto. Ella lo tituló “A Don Ángel García, nuestro querido maestro” y nosotros lo partiremos para que dé entrada a los siguientes apartados: la bajada del pueblo, la obra pedagógica de Don Ángel, la social, y el reconocimiento que su obra ha tenido.

Miguela Sanromán Escartín, delante de un cuadro al óleo que reproduce el antiguo molino de Escuer, lugar donde nació..

Al entrar muchos preguntan/ ¿quién ha organizado el pueblo?/ y todos les contestamos/ nuestro maestro tan bueno.
Escuer, pueblo nuevo/ con mucha alegría/ nos ayudó a construirlo/ Don Ángel García.
Bien puesto llevaba el nombre./ Muy bien le correspondía,/ que fue un Ángel para Escuer/ y para el que lo conocía.

Efectivamente, también el artículo “La redención de un pueblo por el esfuerzo de un Maestro nacional”, escrito en El Magisterio de Aragón, nº 98, de 1924, está en la misma línea. Lo redacta el profesor de la Escuela Normal de Zaragoza José Mateos y Sánchez, y comienza así:

Conozco, desde hace muchos años, a un maestro culto y modesto, trabajador y laborioso como pocos que, en el corto espacio de tiempo que lleva regentando una Escuela rural, ha logrado la completa transformación moral y material de un pueblo del Alto Aragón, llevando a feliz término una obra de incalculable valor social, pedagógico y práctico.
Este maestro, joven y animoso, aunque lleva más de veinte años de buenos servicios a la Patria, es D. Ángel García Benedito, maestro nacional del pueblo de Escuer, en el partido de Jaca.