Lecciones de la visita de Ramón y Cajal a los Estados Unidos.

Figura 2. Parte de la tabla de contenido de las memorias del decenario de la Universidad Clark.Poco después de la guerra hispano-estadounidense de 1898, don Santiago Ramón y Cajal recibió una honrosa invitación de la Universidad Clark, sita en Worcester, para participar como conferenciante en la celebración del decenario de la fundación de dicha casa de estudios, llevado a cabo entre el 4 y el 10 de julio de 1899. Además de Cajal, otros científicos europeos invitados fueron Émile Picard, Ludwig Boltzmann, Angelo Mosso y August Forel, como cabe ver en el espléndido libro de memorias publicado con motivo de tal decenario. No fue cualquier evento académico, puesto que la prensa científica de la época lo consignó en sus medios, como las revistas Science y The British Medical Journal. En general, las memorias respectivas son un documento valioso en la historia de la ciencia, sobre todo por dos de los invitados: Boltzmann y Cajal. Y, no menos interesante, hay un gazapo primoroso en la respectiva tabla de contenido en la información sobre Cajal: “Santiago Ramón y Cajal, Professor of Histology and Rector of the University of Madrid”.

Al principio, Cajal dudó en aceptar la invitación dada la delicada situación diplomática existente entre España y Estados Unidos. Pero, tras consultar, entre otras personas, con el Ministro de Fomento, el Marqués de Pidal, decidió aceptarla. De facto, fue su única visita al coloso del norte, un suceso que ha merecido un artículo reciente de Duane E. Haines.

Ahora bien, lo consignado por Cajal acerca de esa visita permite hacer algún análisis sobre la historia del modo de producción capitalista, puesto que, en esos días, recién había fenecido la Primera Revolución Industrial, basada en el carbón y la máquina de vapor, y estaba en sus primeros tiempos la Segunda Revolución Industrial, basada en el petróleo y el motor de combustión interna, la cual, justamente, está agonizando en nuestra época. Por lo demás, conviene comprender bien este modo de producción, habida cuenta que, como aclara Immanuel Wallerstein, se trata de un experimento socioeconómico inherentemente inestable.

En la segunda parte de Recuerdos de mi vida, encontramos este primer fragmento significativo al respecto: “Mediado el mes de julio, arribábamos a Nueva York, la estupenda ciudad de los rascacielos, de los multimillonarios, de los trusts avasalladores y del calor sofocante”. Como vemos, este pasaje sugiere una apreciación crítica del capitalismo por parte de Cajal. Además, muestra el auge urbanístico estadounidense de aquellos días, puesto que los rascacielos fueron justo la expresión del crecimiento vertical acelerado de las urbes norteamericanas gracias al auge del acero fomentado por el monopolio de Andrew Carnegie. Luego, en una nota a pie de página, topamos con este otro fragmento pertinente: “Que ya entonces era notorio el imperialismo yanqui y su anhelo de anexionarse los países limítrofes”. De manera, pues, que pasajes como éstos sugieren una mirada crítica de Cajal al respecto.

No obstante, hay otras declaraciones de Cajal que contrastan con ejemplos como los antedichos. Botón de muestra, destaca como un hecho venturoso la fundación de universidades en Estados Unidos por obra y gracia de la iniciativa de multimillonarios como aquellos asociados al auge capitalista en el coloso del norte, como lo reflejan estas palabras suyas: “Imposible describir aquí estas admirables Instituciones, casi todas fundadas y sostenidas por los donativos de hijos preclaros de la ciudad o de discípulos agradecidos a las enseñanzas del Alma mater”.

Figura 1. Fotografía de Cajal en el decenario de la Universidad Clark.

Este contraste queda magnificado cuando tomamos en cuenta lo dicho por Charles Sanders Peirce, el mayor filósofo pragmatista en la historia norteamericana, por la misma época acerca del decenario de la Universidad Clark. En primera instancia, decía Peirce a la sazón: “El administrador medio de una universidad americana considerará muy recomendable que un profesor emplee todo el tiempo del que pueda disponer en ganar dinero; pero, si dedica mucha energía a una investigación puramente teórica, los administradores le mirarán con recelo, como a un malgastador de sus oportunidades, apenas respetable”. Así mismo, destacaba esto: “Nuestras escuelas científicas distribuyen circulares en las que se entretienen sobre todo en las generosas rentas que están ganando sus antiguos alumnos”. Y resaltaba también el gran Peirce “la pobreza espiritual del típico libro de texto americano”, que consideraba extrema. De esta suerte, resulta llamativo el contraste señalado a propósito de las impresiones de Cajal con motivo de su visita al coloso del norte. Así, pues, no las perdamos de vista.

Así las cosas, cabe preguntarse con sensatez: ¿Por qué Cajal quedó deslumbrado por las universidades estadounidenses? Para responder a esto, consideremos que, por una parte, la visita de Cajal a los Estados Unidos fue breve, cuestión de unos días, un período insuficiente para conocer a fondo la cultura de un país, mucho menos de uno tan grande como los Estados Unidos. Podemos contrastar esto con la experiencia de Alexis de Tocqueville en los Estados Unidos, una estancia de más o menos un año, lo cual le permitió escribir una de las obras más representativas de la filosofía política: La democracia en América.

De otra parte, al buscar una explicación al descalabro español en la guerra contra los Estados Unidos, Cajal elogió la superioridad de las instituciones científicas e industriales estadounidenses, criticando de paso el atraso español en esos frentes dado su indudable compromiso regeneracionista. Ahora bien, conviene tener claro que esa superioridad no lo era tanto de un pueblo, el estadounidense, como de las ambiciones de la clase corporativa correspondiente. De facto, la historia industrial norteamericana muestra que el capitalismo de los llamados robber barons fue posible gracias a la explotación de la clase trabajadora mediante el pago de pésimos salarios y la puesta en práctica de largas jornadas laborales, junto con el entonces novísimo método de la morganización, hoy llamado flexibilización, debido a la iniciativa de J. P. Morgan. En esto radica el secreto del auge de los Estados como potencia mundial al despuntar el siglo XX.

Figura 3. Diploma del Doctorado Honoris Causa otorgado a Cajal.En La psicología de los artistas, Cajal analiza los errores de la guerra de Cuba. De facto, daba por descontado que la victoria sobre los Estados Unidos era imposible, como se ve en estas palabras: “La media ciencia es, sin disputa, una de las causas más poderosas de nuestra ruina. A la hora de manejar los cañones no les han faltado a nuestros artilleros conocimientos matemáticos, sino la práctica de dar en el blanco”. Por tanto, Cajal, dada la efervescencia regeneracionista, veía en la tecnociencia y la industria una panacea para los males españoles, percepción reforzada por el deslumbramiento causado en su visita por el boyante industrialismo estadounidense.

Empero, hoy día, pese al intento de copia hecho en el mundo hispano de los modelos tecnocientíficos del mundo altamente industrializado, nuestras sociedades distan mucho de haber incorporado la cultura científica, su desarrollo humano, visto como promoción de capacidades centrales de las personas, no es maduro, y han ignorado la sabia advertencia de José Ortega y Gasset: “Búsquese en el extranjero información, pero no modelo”, más válida hoy cuando los Estados Unidos, como demuestra Morris Berman, están en franco declive cultural. De suerte que hay dos lecciones valiosas surgidas del análisis de la visita de Cajal a Norteamérica: (1) la internacionalidad de la ciencia, que supera los impasses bélicos y diplomáticos; y (2) el replanteamiento urgente del desarrollo tecnocientífico y humano en el mundo hispano, máxime cuando están en entredicho, por intelectuales como Amartya Sen y Martha Nussbaum, los esquemas de desarrollo basados en el producto interno bruto y otros enfoques afines de dudosa jaez. En fin, el industrialismo a ultranza no es la solución óptima, pues, como bien decía Baltasar Gracián, ciencia sin seso, locura doble.

Figura 4. Los Robber Barons.

Fuentes

  • Berman, M. (2011). El crepúsculo de la cultura americana. Madrid: Sexto Piso.
  • Haines, D.E. (2007). Santiago Ramón y Cajal at Clark University, 1899; his only visit to the United States. Brain Research Reviews, 55, 463-480.
  • Josephson, M. (1934). The Robber Barons: The Great American Capitalists: 1861-1901. New York: Harcourt.
  • Nussbaum, M.C. (2012). Crear capacidades: Propuesta para el desarrollo humano. Barcelona: Paidós.
  • Ortega y Gasset, J. (1960). Misión de la Universidad y otros ensayos afines. Madrid: Ed. Revista de Occidente.
  • Peirce, C.S. (2010). Recensión de Clark University, 1889-1899, Decennial Celebration. Extraído el 25 de junio de 2013 desde http://www.unav.es/gep/ClarkUniversity89-99.html.
  • Ramón y Cajal, S. (1972). La psicología de los artistas. Madrid: Espasa-Calpe.
  • Ramón y Cajal, S. (1981). Recuerdos de mi vida: Historia de mi labor científica. Madrid: Alianza.
  • Story, W.E. y Wilson, L.N. (Eds.). (1899). Clark University, 1889-1899: Decennial Celebration. Worcester: Norwood Press.