Tensinos y biesquenses: Una historia de encuentros y desencuentros

Conferencia pronunciada en Sallent de Gállego el 21 de agosto de 2009

Hace ya muchos años, en los cursos de verano de Jaca, llegué a un pueblo de la Jacetania de cuyo nombre no quiero acordarme. Solo había dos casas habitadas: en una vivía un soltero y en la otra su hermana y su cuñado. Entablé conversación con él y le pregunté si en invierno se hacían compañía. "Qué va, me dijo, nos hacemos putadas. Cuando nos enfadamos, yo les corto la luz y ellos a mí, el agua". "Pero hombre, le respondí, son ustedes dos y se hacen faenas". "Sí, claro: siendo dos ¿para qué quiere que nos llevemos bien?".

Esta anécdota, tan terriblemente aragonesa, puede resumir lo que fueron a lo largo de los siglos las relaciones entre la Val de Tena y la Villa de Biescas. Los términos de las dos "universidades", en el sentido foral de "entidades locales", eran (y son) contiguos. Valle y Villa tenían muchos intereses en común y no podían vivir el uno sin la otra y viceversa. Pero de vez en cuando, con más frecuencia de la deseada, surgían reyertas que provocaban actos de violencia. Nuestros antepasados eran buena gente, pero de mucho temperamento: don Vincencio Blasco de Lanuza, que era sallentino y por tanto conocía a sus paisanos, los retrata como "hombres altos, robustos, ágiles, fuertes y naturalmente iracundos". Lupercio de Argensola escribía: "La gente de la montaña es semejante a la tierra donde se cría: robusta y de mucho trabajo, dada a inquietudes y revueltas, implacable en sus iras y venganzas". Y un documento oficial de cuando las alteraciones de Aragón decía: "Los montañeses, de su natural inclinación, son inquietos y aparejados a semejantes desasosiegos de los que ahora se suceden". Con estos antecedentes, no es de extrañar que sucediera lo que a continuación les referiré.

No hace falta decir aquí que la Val de Tena y la villa de Biescas, que por cierto entonces y hasta el siglo XVIII se llamaba Biescas Sobirón, quizás para distinguirla de Biescas de Obarra, en Ribagorza, están situadas sobre el Gállego, que, como decía Juan Lacasa en uno de sus bellos sonetos: "Praderíos y pueblos encadena – Gállego aquí su cinta demorada – en línea que dibuja la ordenada – bucólica y gentil Tierra de Tena". La villa era el paso obligado para el valle, éste a su vez era también paso obligado para los biesqueses que querían subir a Francia o para los bearneses y bigorreses que querían bajar a Aragón.

El valle era tierra de ganaderos, Biescas, por el contrario tenía una economía agrícola y maderera y sobre todo, se configuraba como centro artesanal y de servicios en la comarca. En 1563 la arrendación de la primicia de San Salvador enumera entre los productos que pagaban la décima panes (cereales) vinos, corderos mastos y hembras, lanas, quesos, uvas y otros fructos.

Hasta el siglo XVIII se cultivaban vides en sus términos, concretamente en los viñeros de San Pedro y San Salvador, en el Planiello bajo, parroquia de San Pedro y en las Vassas de la Peña. La producción debía ser considerable, pues en 1469 vivía en la villa el cubero Juan de Mena. El vino no debía ser excelente, los tensinos, que siempre fueron exigentes en materia de caldos, lo compraban en el Somontano de Huesca y no de sus vecinos.

La principal industria era la textil, a lo largo de todos los siglos aparecen en la documentación numerosos pelaires y tejedores. Y cuando a principios del otoño de 1787 una tremenda riada arrasó todo el Alto Gállego, se citan entre los destrozos dos batanes de la fábrica de estameñas de dicha villa, valorados en 220 libras jaquesas.

También trabajaban en ella numerosos artesanos, aparecen citados torneros, herreros, pelliceros, fusteros y sastres. También había cirujanos, médicos y albéitares o veterinarios, en 1720 los tensinos contrataban los servicios de Domingo Labadía, albéitar de Biescas para atender a sus ganados.

La coexistencia de ganado y cultivos siempre ha sido litigiosa, también lo fue en este caso como veremos más adelante. Y por otra parte, el Camino Real, que según los Fueros de Aragón, estaba abierto al libre tránsito de todos los caminantes, ganaderos y arrieros, era el cordón umbilical que permitía el abastecimiento de los tensinos en productos de primera necesidad, como vino, cereales, sal, aceite y todos los alimentos y materiales que no se producían en el valle y que, forzosamente, debían transitar por Biescas.

Un documento de 1455 nos describe a la villa como centro de comunicaciones y comercio entre los señoríos de Inglaterra (es decir, del suroeste de Francia, entonces dominado por los ingleses), condado de Foix, Bigorra, Bearn, Señorío de Gavín, y los valles de Broto, Basa, Sarrablo y Cortillas, además del de Tena. Estos forasteros pasaban por la villa dándoles (los biesqueses) posada, vendiéndoles pan, vino, carne con su dinero et aquesto tolerando los de Biescas.

Por ello, consta que desde al menos 1321, Biescas tenía un mercado quincenal que se celebraba cada dos jueves y al que acudían a aprovisionarse los montañeses de la redolada. Debía producir buenos beneficios a la Corona, ya que en ese año Jaime II concedía al maestro de su hijo el Infante 270 sueldos jaqueses de los beneficios del mercado biesqués y de los peajes de Jaca. En 1346 Pedro IV concedió también un mercado al Pueyo de Jaca, que se celebraba cada dos miércoles alternando con el de la villa. A lo largo de todo el siglo XV los documentos mencionan la plaza del Mercado o la plaza Real del Mercado y en 1472 aparece el arrendador de los pesos y medidas del Rey del mercado de Biescas, es decir, la persona que, mediante el pago de una cantidad anual a las arcas reales y el cobro de una cantidad a los comerciantes monopolizaba las operaciones de pesado y medición de las mercancías que allí se vendían, para proteger a los consumidores de posibles estafas. Y también residía en Biescas el comisario de la sal de Naval, que tenía el monopolio de distribución de este mineral de primera necesidad para seres humanos y ganados.

Y frecuentemente, en contratos entre oscenses y bearneses elegían Biescas como lugar de entrega de las mercancías: En 1525 Gil de Escartín nombró procuradores a dos tensinos para cobrar de Juhanot de Glera y de Guillén de Bat, naturales de Arrens, en Bigorra, cuatro y tres arrobas de lana respectivamente. Dos años después el mercader Pedro Compañero de Huesca vendió a Pedro de Arrós, de Laruns, 40 cargas de lana, 36 de las cuales debían ser depositadas en Biescas, donde las recogería el osalés. Otra noticia de contactos entre biesqueses y bearneses es la de los pleitos, debates, acciones y rancores, es decir, una pelea que terminó con el biesqués dando golpes, siquiere feridas e injurias a un francés.

También era almacén de mercancías para su venta a los lugares vecinos: en 1567 el concejo de Panticosa contrató con Juan de Lanuza de Biescas el suministro de aceite desde enero hasta Pentecostés. En tiempo de carnal debía suministrarlo de mes a mes, en el de cuaresma cada quince días. Tenemos aquí un ejemplo de almacenista, que compraba en grandes cantidades que revendía al por menor a los lugares de la comarca. Se le pagaba en especie, a razón de una libra de estambre por tres de aceite. Y en 1574, cuando el concejo del Pueyo hizo un contrato similar con el tensino Blasco de Lop, se fijó como precio lo que valiere en la villa al contado, lo que demuestra que Biescas era digamos la bolsa de la comarca donde se fijaban las cotizaciones de los productos.

Y esta situación geográfica hacía que Biescas fuera lo que llamaríamos hoy "ciudad de congresos", pues en ella se celebraban las vistas entre los valles de Broto y Tena. En 1447 se fijó el día de San Mateo, es decir el 21 de septiembre y en 1538 el uno de ese mes y se habla de juntarse asi et según han acostumbrado. En 1566, 1567 y 1581 se celebraron asambleas de los valles y villas desaforados para combatir el bandolerismo. Y prueba de que estos estatutos se aplicaban, es la petición que en julio de 1568 hicieron los biesqueses al concejo de Jaca pidiéndoles el envío del verdugo, pues habían capturado a tres bandoleros de Gascuña, de la banda de un tal Jaime Gralla y, como dicen castizamente los munícipes, queremos despachar al menos uno. Y añadían significativamente: Y tráigase el verdugo buen aparejo.

Los pleitos entre tensinos y biesqueses venían de lejos. En 1328 debió surgir uno importante, pues ambas partes enviaron sus procuradores o síndicos ante Alfonso IV para quejarse unos de otros, quizás con ocasión de la actuación ante un ataque de la otra vertiente de los Pirineos. El Rey, para evitar peligros a valle y villa, que, como dice, son exiguos y están situados en la frontera, ordenó que celebraran una junta para que se defiendan recíprocamente y se den defensa, auxilio y ayuda y se defiendan como hombres. En 1591 se dispuso la celebración de vistas anuales: un año en Polituara, en el valle, y otro en Santa Elena, en términos de Biescas, para solucionar problemas de confiscación de trigo a los tensinos y de paso de ganados

Hay que advertir que villa y valle eran tierras de realengo, es decir, solo sometidas al monarca y no a otro señor, por ello sus habitantes se titulaban orgullosamente vasallos del Rey. No sabemos por qué causa, a fines del siglo XIV los franceses invadieron el valle y llegaron hasta Biescas. En la primavera de 1391 Juan I reconocía los servicios que le prestaban los tensinos en la defensa del reino contra las invasiones de los vecinos reinos de Francia y de Inglaterra y del condado de Foix. Habla de una incursión del capitán de Lourdes al frente de los hombres de Bigorra, ayudados por gran número de gentes de armas que actuando hostilmente, causaron daños y dispendios al valle. Para compensarlos, les eximió de toda clase de impuestos, que enumera: peajes, pontajes y lezdas. Los invasores llegaron hasta Biescas, pues en otro privilegio el mismo monarca reconocía que la villa, tras las guerras en las montañas de Jaca, estaba destruida y despoblada. Por ello se comprometió a que nunca pudiera ser separada de la Corona y eximió de toda clase de impuestos a sus habitantes para que se repoblara. Aquí los vemos unidos en la fidelidad a su Rey y señor, como sucedió en 1573 en que hicieron estatutos conjuntos prohibiendo el comercio con Francia y Bearne de todas las cosas cuya exportación estaba prohibida por el Rey: cereales, aceite, armas, municiones, basándose en que nuestros vecinos estaban declarados herejes y luteranos por el Concilio de Trento. También estuvieron unidos en 1592, cuando la entrada de los bearneses en el valle, en que conquistaron Biescas, de donde fueron desalojados por el general Alonso de Vargas con ayuda de las milicias de las villas y ciudades aragonesas y de los señores de vasallos del Pirineo. Los Reyes conocían la fidelidad de los montañeses y confiaban plenamente en su valor y entrega para la defensa de sus fronteras, que recompensaban mediante privilegios. Y cuando la peste de 1564 amenazó al Alto Gállego, ambas universidades unieron sus fuerzas para contratar conjuntamente a médicos y adoptar medidas comunes contra el morbo.

Otro de los elementos de unión era el santuario de Santa Elena, con su fuente milagrosa: la Gloriosa. Hay noticias de su existencia al menos desde 1253, en que Jaime el Conquistador la mandó reedificar y le asignó 200 sueldos anuales con cargo a las aduanas de Jaca, Canfranc y Sallent, que consta se fueron pagando hasta al menos muy entrado el siglo XVII. Con este dinero se atendía al mantenimiento del fratre de Santa Elena que cuidaba del santuario. que aparece en un documento de 1447 y en los siglos XVIII y XIX, que también estaba encargado de recoger las limosnas cada año en un viaje con su mula por los pueblos.

En 1323, Juan XXII, papa en la obediencia de Aviñón, otorgaba una bula permitiendo que los obispos de Huesca-Jaca concedieran indulgencias a quienes rezaran en la ermita en determinadas fiestas, a quienes dijeran tres avemarías al oír sus campanas, a los moribundos que dejaren limosnas para fábrica, luminarias u otras cosas del santuario. Prueba de la devoción de los tensinos hacia la Santa son las abundantes legados testamentarios en favor de su ermita en metálico o en especie, como dos libras de aceite para la luminaria, un cirio de cinco sueldos, 40 sueldos para una bandeja de plata que legó Magdalena Guillén, esposa del notario de Tramacastilla Juan Lope, quien a su vez dejó la principesca suma de 200 sueldos en 1643. Y en el citado documento de 1455 se habla de las muchas personas que visitaban la ermita para ir a vegilia y fazer oracion, la qual es tan devotisima iglesia porque es obra tan meritoria.

También se lucraban de estas indulgencias yendo a las procesiones que organizaba el valle en honor de la santa. Allí los tensinos no se peleaban con los de aguas abajo, puestos a pelearse lo hacían entre ellos por cuestiones de precedencias. Acudían los once pueblos del valle, con sus cruces procesionales y pendones, como el que aún se conserva en la iglesia de Sallent. Hasta 1563 se celebraban el tercer día de Pascua Granada, es decir, de Pentecostés, a partir de ese año el 22 de mayo, cuando ya habían vuelto los rebaños. En 1609 hubo sus más y sus menos entre los pueblos por mor de las precedencias. La Junta estableció el orden: el primero Saqués como lugar más pequeño, luego Piedrafita-Búbal, Escarrilla-Hoz, Sandiniés Lanuza, El Pueyo-Tramacastilla y los últimos, Panticosa-Sallent. Panticosa cedía la derecha a Sallent, como cabeza del Valle de Tena, dicho sea para satisfacción de sallentinos. Las misas se repartirían por turnos entre los quiñones por orden de precedencia: Sallent, Panticosa y la Partagua. En 1683 la Junta impuso mil sueldos de multa a los sallentinos, por no haber acudido a la veneración y rogativa a Santa Elena ante la gran sequía que padecía el valle.

CONTINUARÁ

Puente romano de Sallent. - Fotografía de Antonio Aliende Santa Elena. - Colección R. Mur