Al igual que Darwin, Cajal resulta ser uno de esos científicos poco frecuentes, que tienen muy claros los límites de la ciencia en relación a asuntos como la religión. En el siguiente párrafo de su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias de Madrid, algo de eso se recoge:
6. La vida y la estructura van más allá de nuestros recursos amplificantes y de la potencia reveladora de nuestros métodos...
7. La interpretación fisiológica de los órganos y tejidos no acaba forzosamente allí donde termina la aplicación de nuestros conocimientos de las ciencias auxiliares, hasta hoy legítimamente aprovechadas para el esclarecimiento del mecanismo vital....No queramos, por tanto, aplicar constantemente á la interpretación de los fenómenos celulares hipótesis físico-químicas.
En la ausencia de datos suficientes para formular una explicación racional, cuando la inextricable estructura de un órgano, ó el mecanismo de una función, opongan insuperable resistencia á nuestros métodos, abstengámonos de imaginar hipótesis; que vale más confesar paladinamente nuestra impotencia, que no lisonjearnos con la cándida ilusión de haber resuelto un problema, del cual ni siquiera hemos sabido barruntar la extraordinaria dificultad. De esta pueril manía de cazar leones con mostacilla, si nos es lícito lo vulgar de la expresión; de esta excesiva confianza en los recursos teóricos que para la resolución del supremo enigma de la vida pueden ofrecernos las ciencias auxiliares, adolecen casi todos los modernos creadores de teorías biológicas generales, aunque éstos tengan nombres tan justamente célebres como Herbert Spencer, Darwin, Haeckel, Heitzmann, Bütschli, Noegeli, Altmann, Weissmann, etc. En el presente estado de la Ciencia, las buenas explicaciones ó teorías biológicas sólo pueden abarcar grupos relativamente restringidos de fenómenos. La Biología es una ciencia joven, apenas posesionada de sus principales métodos de estudio. Temeridad, y grande, es acometer la síntesis suprema cuando ni siquiera se hallan acopiados los primeros materiales con los cuales se ha de construir el gran edificio de aquella ciencia. La incomprensión de tan patente dificultad, el ciego afán de encerrar el Universo en un sencillo esquema, proviene á veces de un superior espíritu filosófico; pero dimana más á menudo de estrechez de miras y de pereza de pensamiento. Las cabezas impacientes, pero ambiciosas, no parecen percatarse de la pobreza de nuestros recursos mentales, para llegará la síntesis suprema; y, en su natural deseo de ahorrar trabajo analítico y fatiga de memoria, gustan formarse la ilusión de poder condensar, en fórmula sencilla y arquitectural, la serie inacabable de los hechos particulares. No caen en la cuenta de que, en vez de resolverlo, han descartado el problema: que, en lugar de abarcar con su mirada el horizonte entero de la Creación, sólo han logrado explorar un grano de arena perdido en la inmensidad de la playa, desde el cual, y sin penetrarse del engaño, proyectan sobre el Universo la verdad parcial, hallada por su fatigosa é insignificante labor.
Discurso de Ingreso en la Real Academia de Ciencias del Sr. D. Santiago Ramón Y Cajal (1895), Fundamentos racionales y condiciones técnicas de la investigación biológica, V. Marcha de la investigación misma
En el texto hace una valoración de Darwin, incluyéndolo en un grupo de científicos a los que considera algo excesivos en sus planteamientos. Este otro texto, perteneciente a una carta por él escrita [“Cajal. Vida y Obra”, de los autores García Durán Muñoz y Francisco Alonso Burón, publicados ambos en Barcelona en 1983 por la Ed. Científico Médica, p.443-], presenta una opinión en la que puede verse que Cajal es consciente de los límites de la ciencia, y manifiesta que no quiere ir más allá, lo que le permite compaginar su yo religioso y su yo científico:
“Siento que algún sacerdote se alarme por la tendencia del último capítulo. Los escamones olvidan sin duda dos cosas: Primero: Que yo no trato de sentar doctrinas, sino de hacer historia de ideas pensadas y de sentimientos pretéritos. Segundo: Que aún en las proposiciones que podrían pasar por doctrinas (críticas de la noción corriente de sujeto-objeto, el problema crítico, etc.), dejo alrededor un ancho margen para la admisión de una sustancia inmaterial, puesto que, siguiendo a ilustres y muy expertos pensadores, evito reducir a condiciones físico-químicas esa enigmática actividad que late en el fondo del yo y manje y guía la complicada máquina del pensar.
Claro es que no puedo garantizar, para lo futuro, una ortodoxia pulcrísima; y si Dios me da salud bastante para acabar algunos libros filosóficos que tengo pergeñados, me veré arrastrado acaso a sostener una tesis arriesgada confinante con el escepticismo y nominalismo exagerado, ya con el positivismo crítico, ya con el evolucionismo interpretado acaso con alguna novedad. Entre descarrilar alguna vez y no caminar ni poco ni mucho, que es lo que en España pasa, la elección no es dudosa.”
También se conservan escritos en los que manifestó aspectos de la religión en general y del catolicismo en particular, que no consideraba precisamente positivos. En manuscrito de la Primera edición de “Recuerdos de mi vida”, [guardado en Carpeta de autógrafos, en la biblioteca Durán-Ramón y Cajal, citado en “Cajal. Vida y Obra”, de los autores García Durán Muñoz y Francisco Alonso Burón, publicados ambos en Barcelona en 1983 por la Ed. Científico Médica, p.443-], recoge lo siguiente:
“Diálogo en el cielo y en el año 3000.
-San Pedro.- ¿Cómo un español por aquí?
-No, soy hispano-americano. Pero ¿porqué os choca?
-Porque hace 500 años no entra uno ni para un remedio. Antes, en los siglos XVI y XVII daba gusto, casi todos venían por su propio pié.
-¿Y qué ha ocurrido?
-Muy sencillo. A fuerza de preocuparse del cielo se han dejado arrebatar la tierra...”
O esta dolorida afirmación, [ídem], donde claramente el patriotismo va ganando terreno o se demuestra lo tiene todo ganado, al catolicismo y la religión:
“Estamos dormidos, hipnotizados con la felicidad eterna, mientras más avisadas, las razas del norte, por si tras la muerte no hay nada, hace tres siglos que no piensan sino en repartirse este planeta y explotar científica e industrialmente-con ideas e industrias originales a todos los pueblos”.
Entiendo que no es antirreligiosa, sino más bien crítica con algo que estima no es bueno. O esta otra en la misma línea donde, aunque habiendo algo de verdad, se extrema la valoración [ídem]:
“Hubo una equivocación en la apreciación de los valores morales. La apologética, la moral cristiana, la teología, la escolástica, el misticismo, etc., son buenos para naciones inclinadas hacia la mente; las naciones orientadas hacia la vida y donde el protoplasma humano está en fermentación creadora, estudian las ciencias y las artes”.
Entiende que la religión es menos limitada que la ciencia a la hora de ofrecer consuelo. Era un católico no practicante, que a veces rayó el panteísmo.
En el mismo sentido está esta otra cita [ídem]:
“Somos aún demasiado supersticiosos. Miles de años de fe ciega y sobrenatural, parecen haber creado en el cerebro algo así como un ganglio religioso. Desaparecido casi enteramente en algunas personas y caído en atrofia en otras, persiste pujante en las más”
O esta otra:
“¿Quién sabe si los sabios del porvenir demostrarán algún día que el Génesis de la vida, que las tradiciones de los pueblos nos pintan con poéticos colores, cual obra de un creador omnipotente, surgida en el grandioso teatro de la naturaleza virgen, bajo los rayos de un sol joven y como nunca esplendente y entre los hosannas de los ángeles y querubines..., quién sabe, repito, si la ciencia logrará probar que la vida tuvo más humildes orígenes, iniciándose en los tenebrosos senos del mar, sin más protagonista que los átomos con su perpetuo palpitar, sin más testigos que las fuerzas físico-químicas?
Recuerdos de mi vida, 1917, Tomo II, pag. 59).
En hojas manuscritas utilizadas en la redacción de “El mundo visto a los 80 años” se encuentra una cuartilla (p. 460) [“Cajal. Vida y Obra”, de los autores García Durán Muñoz y Francisco Alonso Burón, publicados ambos en Barcelona en 1983 por la Ed. Científico Médica, p.457-] en la que se recoge la siguiente reflexión:
“La religión no debe ser sustituida de golpe por la ciencia, porque ésta no tiene aún fórmulas definitivas, ni sabe consolar suficientemente a los hombres”.
Todas sus críticas no le hacen perder el respeto más profundo por los no creyentes, a los que tal vez en algún sentido, en el fondo envidia (p. 461):
“No te burles de los creyentes fervorosos si eres escéptico. Ten piedad de tus antepasados que fueron cristianos sinceros numerosas centurias. Sería ingratitud imperdonable olvidar que tu corazón y tu cerebro están enraizados en un protoplasma milenariamente cristiano y espiritualista. Pecarás, por tanto, de sacrílego y descastado, mofándote de tus antepasados, a quienes debes la vida”.
Se trasluce que, con el paso del tiempo, la heterodoxia se suaviza sin llegar a la plena convicción católico-practicante, pero no cabe duda de que está convencido de que la ciencia no puede sustituir a la religión. No parece estar contento por haber perdido la fé católica, y lo expresa en varios escritos.
Otro episodio que habla en el mismo sentido es el recogido La casa del médico, año I, nº 5, cuando Royo Villanova afirma:
“Fue entonces cuando, glosando la oración ignaciana, publicamos en Los jueves eucarísticos unos comentarios al Anima Christi, bajo el título de Coloquios. Por indicación del Padre Zacarías, insigne agustino que regía por aquel entonces la mitra de Santiago de Galicia, enviamos a D. Santiago un ejemplar del folleto editado con aquellas musitaciones. D. Santiago nos escribió una carta admirable, como todas las suyas y en la que, entre otras cosas, nos decía: ¡Dichoso tú, que has encontrado tu camino de Damasco! Cuando el insigne prelado leyó aquella carta lloró como un niño”.
citado en “Cajal. Vida y Obra”, de los autores García Durán Muñoz y Francisco Alonso Burón
Barcelona 1983, Ed. Científico Médica
La cita que a continuación recogemos es de una carta, en la que corrobora la envidia sana, y la imposibilidad de pasar a la fé. ¿Qué impide a los hombres creer? El responde a ésta pregunta de una forma biológica, con el siguiente escrito [citado en “Cajal. Vida y Obra”, de los autores García Durán Muñoz y Francisco Alonso Burón, publicados ambos en Barcelona en 1983 por la Ed. Científico Médica. Carpeta de autógrafos en biblioteca Durán-Ramón y Cajal]:
“Nadie cae en la cuenta del hecho fisiológico que hay cabezas refractarias a la fé. No se trata de tener o no razón, sino de la fatalidad mental de no poder ser de otro modo”.
Muchos de sus amigos eran excelentes católicos, pero él no pudo no por falta de ganas, tal vez por cuestiones de incapacidad mental. Por ejemplo estos sería D. Benito Hernando, su más íntimo amigo y médico, de quien escribiría:
“..educado por un tío sacerdote, creía firmemente en Dios”.
Recuerdos de mi vida. 1923. p. 249
También Royo Villanova, el párroco de San Nicolás asiduo a la peña del café, su pariente canónigo D. Pío Gil, Fray Zacarías Martínez, Obispo que fue de Huesca y Arzobispo de Santiago. El mundo que rodeó a Cajal no fue escéptico, ni mucho menos ateo, dentro del momento poco religioso del siglo XIX, por educación, por la familia, por amigos, y él no lo rehuyó. Se mantuvo en contacto con la Iglesia y, por como él mismo decía, tenía una indisposición mental para creer en sus dogmas.
Tal vez Cajal sea uno de tantos talentos roídos por la tristeza de no poder tener fé. Para los católicos, descreído, para los ateos, creyente.
Otro texto similar sería el siguiente:
“Sólo la inmortalidad integral, es decir, la persistencia del alma y del cuerpo, nos satisface plenamente...A pesar de mi respeto y veneración hacia la ortodoxia cristiana, hay dogmas, por ejemplo, el de la resurrección de la carne, que me sumen en un mar de confusiones”
“Charlas de café”, 1923. En “Cajal. Vida y Obra”, de los autores García Durán Muñoz y Francisco Alonso Burón, publicados ambos en Barcelona en 1983 por la Ed. Científico Médica, p.457-
... o estos otros:
“Tan glorioso me parece un católico de talento y henchido de fe robusta, como un patricio y emérito racionalista. Después de todo, en cierta materia, nuestra razón está demasiado condicionada para autorizar un juicio severo. Porque ambos, creyentes y heterodoxos, son hechuras del ambiente histórico y de la fatalidad arquitectónica del cerebro”.
“No aconsejo al provecto los libros de filosofía y de religión, disconformes con sus íntimos anhelos e inveteradas convicciones. Ciertamente las obras cuyo espíritu y tendencia estén en desacuerdo no le persuadirán; pero acaso turben su tranquilidad y conmuevan sus esperanzas de ultratumba. Empero, tal recomendación parece redundante. A los setenta y cinco años, y mayormente a los ochenta, las conversiones son imposibles; el cerebro ha cristalizado definitivamente en una estructura y una ideología invariable...”
Cajal. Vida y Obra”, de los autores García Durán Muñoz y Francisco Alonso Burón
“El mundo visto a los 80 años”, Barcelona, 1983 Ed. Científico Médica
Hay una incapacidad humana en darse la fé. Él cree tener la autoridad suficiente para dar una explicación biológica que todavía hoy no se puede negar científicamente, dado el inmenso conjunto de conocimientos que sobre el cerebro todavía se desconocen.
Obras que se encuentran por él mencionadas como leídas o en su biblioteca son algunas de San Francisco de Sales ( “Introducción a la vida docente”), o de San Agustín ( “Confesiones”), existiendo en la misma un ejemplar de este último con anotaciones del propio Cajal) [ “Cajal. Vida y Obra”, de los autores García Durán Muñoz y Francisco Alonso Burón, publicados ambos en Barcelona en 1983 por la Ed. Científico Médica].
Los textos de sus testamentos corroboran su evolución personal los temas religiosos, catolicismo e Iglesia Católica, en alguna medida:
Testamento abierto de 22-12-1903 (con 51 años).
Archivo General de Protocolos de Madrid. Nº 1158.
“1.Declara que profesa la religión católica, apostólica, romana, en cuya fé ha vivido y profesa morir. 2. Encomienda su alma a Dios, que la creó...”.
[“Cajal. Escritos inéditos”, de los autores García Durán Muñoz y Francisco Alonso Burón, publicados ambos en Barcelona en 1983 por la Ed. Científico Médica, p.311-312].
Idem. 8-2-1927 (con 75 años).
Archivo General de Protocolos de Madrid. Nº 489.
Además de no hacer mención a su religión, ni a su alma, dice
“...Dispongo que mi entierro sea puramente civil”.
[“Cajal. Escritos inéditos”, de los autores García Durán Muñoz y Francisco Alonso Burón, publicados ambos en Barcelona en 1983 por la Ed. Científico Médica, p.318].
En unas Últimas Disposiciones para que las cumplan sus albaceas (A la hora de su muerte se encontró este codicilo dentro de un sobre) [“Cajal. Escritos inéditos”, de los autores García Durán Muñoz y Francisco Alonso Burón, publicados ambos en Barcelona en 1983 por la Ed. Científico Médica, p.334]:
“Mi entierro será modesto y laico...junto a mi esposa o en cementerio laico...”.
Todos los documentos, libros y papeles, referentes a Cajal a la tras su fallecimiento, fueron recogidos y depositados en el Instituto Cajal, siendo director de él Juan Marcilla, que creo el Museo Cajal, y todavía hoy se siguen aumentando.
FIN