Arrieros en Serrablo

La sal y el origen de la arriería (III):
Naval, centro salinero del Alto Aragón (II)

8. De Pedro IV a Pallarés: pérdida de los derechos de la Corona en Naval

El monarca no solía devolver en moneda los préstamos que recibía de judíos, banqueros o nobles sino en hipotecas o posibles derechos sobre cualquiera de las rentas de la Hacienda Real, encontrándose las salinas entre las más golosas (Arroyo, 1961). Por este motivo, y como se comentó en el capítulo anterior, en ocasiones se veía obligado a pignorar o arrendar las salinas para poder hacer frente a deudas; no obstante, el rey (o sus asesores) solía calcular bien la jugada de tal manera que, transcurrido cierto tiempo, volviera a tener el control total. Pero, en lo referente a las salinas de Naval, el asunto se les fue de las manos a Pedro IV y Juan I, tal y como explicaremos a continuación.

Pedro IV accede al trono en 1336 con 17 años, iniciando un largo reinado de 51 años, en el que no sólo consolidó el reino sino que consiguió reintegrar al mismo diferentes territorios que se habían desligado de la corona, en las sucesivas sucesiones. Uno de los reinos separados era el de Mallorca, conquistado en 1229 por Jaime I y que, tras su muerte, en 1274, pasó a manos de su segundo hijo, desligándose de la corona de Aragón. En 1343, Pedro IV inició el proceso de conquista, derrotando al rey mallorquín Jaime III, en la batalla de Llucmajor (1349), lo que supuso la definitiva recuperación de este reino, así como del Rosellón, que también había quedado integrado en el reino de Mallorca. A la vez, trato de asegurar su presencia en la isla de Cerdeña, fuertemente contestada por Génova que, de hecho promovía constantes revueltas en la isla. Para ello se valió de una doble política, militar y matrimonial. Gracias a la primera derrotó a la flota genovesa en 1352, con el apoyo de Venecia. Mediante la segunda legitimó su derecho al trono siciliano al casar con Leonor de Sicilia en 1349, vínculo que reforzó en 1379 al casar a su nieto Martín con María de Sicilia.

Estos conflictos se entrelazaban con otros en los que Aragón se vio envuelto. En Castilla pugnaban por el trono dos hijos de Alfonso XI, Pedro I (heredero legítimo) y Enrique II de Trastámara (hijo bastardo). Al igual que Francia, Aragón se puso de parte de Enrique II con el fin de debilitar a Castilla y favorecer su expansión por Murcia. Esta conjunción de intereses entre franceses y aragoneses, facilitó la acción de Aragón en Cerdeña y Mallorca. En aquellos momentos Castilla empezaba a convertirse en una potencia marítima en competencia con los catalana-aragoneses, tratando de lograr la hegemonía peninsular sobre la base de la dominación atlántica y la injerencia mediterránea.

Como es fácilmente imaginable, esta frenética actividad suponía un desgaste económico de tal magnitud que a duras penas lo podía soportar la Corona. Hacia 1380, el rey tuvo que solicitar una suma importante de dinero a algunos banqueros de Barcelona, como Pedro Pascasio, para garantizar la permanencia de Cerdeña dentro de la Corona de Aragón. Para hacer frente a la deuda, Pedro IV decidió que se enajenara la jurisdicción de Naval (y otros lugares) del Real Patrimonio (Cajal, 1969). De esta manera adjudicó la villa de Naval, con todos sus vasallos, términos, derechos y jurisdicción, a Jaime Ombau (alias Pallarés), noble y consejero real. La primera escritura de venta se establece el 29 de julio de 1381, en la Aljafería de Zaragoza, por una cantidad inicial de 3.000 florines que recibe el rey. La escritura se realizó a carta de gracia, por lo que tenía carácter reversible (ACAArchivo de la Corona de Aragón, Reg. 1001, fol. 138v). Pallarés se convierte, así, en el primer señor temporal de Naval. El 10 de diciembre de ese mismo año, el rey recibe 19.000 sueldos adicionales por la venta de Naval y, más tarde, en abril de 1383, su hijo (el infante don Juan) recibe, por el mismo concepto, otros 13.000 sueldos. Llegados a este punto, la Casa Real había acumulado una deuda de 110.656 sueldos con Pallarés, que incluía la cantidad pagada por los derechos sobre Naval y los emolumentos que se le debían por sus servicios (45.656 sueldos barceloneses). En 1387, y ante esta situación, el rey Juan I no tiene más remedio que reconocer su incapacidad para reintegrar Naval al Patrimonio Real por lo que firma la venta de la villa a perpetuidad por la cantidad a la que ascendía la deuda (110.656 sueldos) (ACA, Reg. 1972, fol. 27). No obstante, el rey trató de arañar un poco más de dinero y, tras un tira y afloja, la cifra final quedó establecida en 118.356 sueldos, firmándose una nueva escritura de venta a perpetuidad en 1391 (ACA, Reg. 1931, fol. 134).

Juan I de AragónPara hacernos una idea de tamaña deuda, baste citar que los cuantiosos bienes de Sibila de Forciá (última esposa del rey Pedro IV) en el Reino de Aragón ascendían a 66.059 sueldos cuando fueron confiscados por su hijastro Juan I. Todo parece indicar que con este rey, la suerte de la relación Naval-Corona estaba echada. De hecho, el breve reinado de Juan I contrasta notablemente con el de su padre. Monarca aficionado a la caza y a la astrología, amante de las letras y de las artes, fue en cambio débil e indolente para los negocios públicos, que en gran parte dejó en manos de su esposa. Al desorden fiscal existente y a la desastrosa política hacendística que venía arrastrando la Corona, se unían ahora los cuantiosos gastos de la corte y las prodigalidades de la reina. Ya en vida de Pedro IV, las Cortes de Monzón de 1383 habían denunciado las exacciones y corrupción Juan I de Aragón de los malos consejeros que rodeaban tanto al monarca como a su hijo y que, en gran medida, fueron responsables de la salida de Naval del Patrimonio Real. En el reinado de Juan I continuó la escalada de enajenaciones, hipotecas, asignaciones de las rentas pública a la nobleza, a entidades religiosas y a particulares, acumulándose las deudas de tal forma que los monarcas tuvieron que recurrir frecuentemente a préstamos usurarios (Ledesma, 1979; GEA, 2000).

El 4 de octubre de 1398, Pallarés vende el señorío de Naval (“castillo, salinas y lugar de Naval, con sus tierras y aldeas”) a don Pedro de Torrellas por 75.000 sueldos jaqueses. Don Pedro era Camarlengo del rey, cargo de la casa real de Aragón, también denominado gran camarlengo, camarlengo mayor o camarero mayor, entre cuyas funciones -reglamentadas por Pedro IV- destacaban las de custodiar la persona real, aconsejarle, darle la ofrenda en misa, dormir cerca de su cama, ordenar su mesa, guardar las llaves de palacio o de la casa que sirviera de alojamiento real, organizar la guardia para la tienda cuando se hallara en campaña, y otras actividades dentro de la misma línea de servicio al soberano. Nuevamente una persona muy próxima al soberano aparece en escena para quedarse con una posesión altamente productiva, por lo que parece que la denuncia de las Cortes de Monzón estaba totalmente justificada.

Pocos meses después, concretamente el 21 de enero de 1399, el rey Martín el Humano aprueba esta transacción entre Pallarés y Torrellas. Por si no eso bastara, el rey confirma la venta el 20 de mayo de 1399 (ACA, Reg. 2316, fol. 14) y renuncia a todos los derechos de la Corona sobre Naval. Aún así, los reyes Fernando I de Antequera (ACA, Reg. 2422, fol. 80) y Fernando el Católico siguen velando por los intereses de los navaleses. Este último confirma el privilegio de distrito para la venta de la sal de Naval en 1481. Debajo de su firma, se encuentran las de su segunda esposa, la reina Germana de Foix, quien ratifica el privilegio en 1512 y la de su nieto Carlos I que hace lo propio en 1537 (ACA, Reg. 3924, fol. 318).

9. Los Torrellas

Escudo de los TorrellasA partir de la renuncia de la corona, la documentación sobre las salinas se vuelve mucho más escasa, posiblemente por no haber disfrutado del grado de protección gozado por los documentos que actualmente integran el Archivo de la Corona de Aragón. No obstante, sabemos que la saga de los Torrellas estuvo ligada a Naval al menos hasta el primer cuarto del siglo XIX, como veremos posteriormente. Así, en 1482, y ante la apurada situación económica en la que se encontraban el Señor de Naval, don Juan López de Gurrea y Torrellas, y su madre la vizcondesa de Roda, la villa acude en su auxilio y les proporciona 40.500 sueldos, a entregar en siete anualidades, con la contrapartida de que se confirmen todos sus privilegios, tanto los obtenidos cuando la villa y sus salinas pertenecían al Patrimonio Real como los adquiridos con los sucesivos señores temporales (Cajal, 1969).

Durante el siglo XVI ostentaron el señorío de Naval, Juan de Torrellas y Bardaxí, Pedro de Torrellas, el Barón de la Roca y otro Juan de Torrellas (Cajal, 1969). A pesar de haber transcurrido más de cuatro siglos desde la reconquista definitiva de la villa de Naval, su morería seguía siendo más floreciente e importante que la de Barbastro; según un protocolo del año 1512, del notario Bernardo de Toledo, la Aljama mora de Naval se componía de los siguientes cabezas de familia: “Braym de Franco, alamín [que significa juez de pequeñas cosas, y por eso se llamaría “alamina” la multa que se imponía a los alfareros por cargar demasiado los hornos]; Zalema, otro alamín, Braym de Barrio, alias Cabero; Mahoma de Ceit; Mahoma Galter; Mahoma Dalbacar; Mahoma Ferrero; Iza Nabarro; Iza Cayton; Mahoma Galban; Mahoma Pasacalles; Mahoma Zalema; Amet Alamín; Juce de Calvo; Juce de Barrio; Alí de Barrio; Mahoma de Franquo Mayor; Mahoma de Franquo Menor; Mahoma Joyel; Brahem de Burro Menor; Joyel Cotón, y Monferriz Cotón” (Cabezudo, 1956). Algunos de ellos eran afamados arrieros de “largo recorrido”, pues hacían viajes regulares a Francia, y aparecerán en próximos capítulos. En contraste, la morería de Barbastro sólo contaba con diez familias de moros, de los cuales, dos eran caldereros, uno herrero, uno cantarero, y uno alfaquí de la mezquita, o doctor de la ley (Cabezudo, 1956).

La importancia de la sal seguía intacta y, de hecho, constituía un alimento tan vigilado que los comisarios de salinas llegaban a levantar las losas de los hornos de cocer pan para investigar si había un espesor de sal superior al normal en el suelo de los mismos. Es fácil imaginar las enormes molestias que tal celo causaba a los panaderos, que se debieron quejar amargamente ya que, en 1553, se añadió un nuevo fuero en Aragón por el que se prohibía desenlosar los hornos pasados seis años desde su construcción.

Naturalmente, uno de los picos de mayor consumo de sal se producía durante el invierno, al resultar esencial durante las matacías. Por eso, cuando en diciembre de 1571 se produjo una bajada de las ventas en Naval, las sospechas se centraron en la entrada de sal de otros orígenes en su “distrito” exclusivo. La reacción no se hizo de esperar y D. Pedro de Torrellas, de acuerdo con la villa, solicitó al Rey la aprehensión del distrito fijado a Naval en régimen de monopolio; es decir, se solicitaba que se vigilase la procedencia de la sal, de tal manera que quien estuviera facultado para vender tenía que exhibir los permisos correspondientes, y, en caso contrario, que se decomisara, como contrabando, toda la sal que no procediese de Naval. La solicitud no surtió efecto hasta el 23 de julio de 1703 (¡¡132 años después!!), fecha en la que el Rey nombró a don Esteban Abad y Ferrer (vecino de Estadilla) como Comisario para ejercer los derechos de aprehensión. Este hecho refleja que, por una parte, ya entonces la administración pública era desesperadamente lenta y, por otra, que un renovado interés de la Corona por el control de las salinas y su producción.

Escalereta de los moros de NavalEn 1579, Bernardino Gómez Miedes, Obispo de Albarracín, publicó un libro en latín titulado “Commentariorum de Sale” (Comentarios sobre la Sal), en el que elogiaba la sal de Naval: “en Huesca, dentro de la provincia tarraconense, no lejos de los montes Pirineos, existen unas salinas vulgo Nabalicas, o sea de Naval, de especiales cualidades, que al cuajar, tiene la sal viva semejanza a las flores llamadas violas, y no solo en el color, sino también en la fragancia; y que aventaja, por su excelencia, a cualesquiera otras sales conocidas”.

CONTINUARÁ