La Ruta del Serrablo en el Camino de Santiago

El Camino de Santiago cuenta con más de un milenio de existencia desde que comenzara el culto al sepulcro del Apóstol Santiago. Su origen esta ligado al siglo IX cuando el Obispo Teodomiro señala el fin del mundo en Finisterre como el lugar donde estaba enterrado el Apóstol. En el lugar de su enterramiento, se construye la ciudad de Compostela, con la ayuda del Rey Asturiano Alfonso II “el casto”. El Papa León II ordena entonces la construcción de la primera iglesia de Santiago para albergar los restos del Apóstol.

Desde ese momento, la noticia de la aparición del cuerpo del Apóstol se difundió por todo el mundo cristiano y desde toda Europa llegaban gentes en peregrinación. Al parecer, uno de los motivos que contribuyo a esta gran repercusión fue el que su cuerpo se pudiera venerar en el occidente cristiano, ya que Jerusalén y los Santos Lugares quedaban muy lejos.

Las peregrinaciones a Santiago constituyeron uno de los fenómenos religiosos que produjeron más impacto en las poblaciones por donde transitaban los que iban camino de Compostela. Millones de peregrinos, impulsados por su devoción y fe, comenzaron su ruta desde los más recónditos lugares. La abadía francesa de Cluny fue una de las que más propicio las peregrinaciones, facilitando a los peregrinos el acceso al Camino de Santiago.

La peregrinación estaba relacionada con la fe del creyente y con el poder curativo del Apóstol.

En algunos casos el deseo era curar una enfermedad, muchas veces la entonces frecuente lepra, y en otros cumplir un voto. Muchos de los peregrinos eran pues enfermos que iban en busca de salud esperando el milagro del Santo, atribuyendo su curación a su intercesión. Algunos morían también por el camino, por eso proliferaban los albergues y hospitales por todo su recorrido.

La gran cantidad de peregrinos tanto españoles como transpirenaicos convirtieron pronto a Compostela, sin olvidar Jerusalén y Roma, en uno de los grandes centros de peregrinación cristiana.

Era el “Campus Stellae”, la Compostela, lugar donde durante siglos llegaron y llegan millones de personas movidas por la fe, desde reyes a monjes, desde príncipes de la Iglesia a Santos, desde hombres encumbrados en las sociedades de su tiempo hasta enfermos incurables procedentes de toda la cristiandad.

En Santiago se encontraba el gran Hospital de peregrinos construido por los reyes católicos, el obradoiro, el pórtico de la gloria, el botafumeiro y la gran catedral. Después del lavado ritual de pies y cuerpo e incluso de ropas en el rió de Lavacolla o en las Fuentes de la plaza, oleadas de gente penetraban por fin en el templo y en una confusión de lenguas se mezclaban gentes venidas de Francia, Alemania, Italia, u otras zonas de Europa con los nativos de todas las regiones de España y con ellos, muchos enfermos del cuerpo o del alma, y en especial cientos de leprosos en espera del milagro tras abrazar el busto de bronce del Santo Apóstol.

Por ello los caminos del norte de España se llenaron de peregrinos, en los siglos posteriores al descubrimiento de la tumba del Apóstol. En los tres siglos de mayor esplendor del Camino de Santiago casi medio millón de personas de toda índole y condición social peregrinaban anualmente.

Esto supuso la construcción y mantenimiento de distintas rutas, el levantamiento de puentes y la edificación de iglesias, hospitales y posadas a lo largo del camino. Todo ello bajo la ayuda y estímulo de los monarcas, las órdenes y los prelados de la época.

Es de suponer que los romeros medievales cuando decidían ir hasta Santiago llenaban un zurrón con algo de comida, normalmente queso, cecina y pan por su fácil conservación, una calabaza para el vino o agua, sandalias reforzadas, un bordón, un sombrero y una carta de presentación del cura de su parroquia que le garantizaban la hospitalidad y la exención de impuestos por el paso por villas y puentes. Para ello el camino atravesaba Monasterios, torres y atalayas situadas en lugares estratégicos elevados que servían de referencia al caminante, así como Hospitales de acogida al peregrino y alberguerías.

El paso de peregrinos por el camino jacobeo era pues incesante y la situación geográfica de Aragón hizo de nuestra tierra la de mayor oferta en rutas del camino de Santiago de toda la Península.

Ello se debía a su esencial situación como zona de paso desde Europa por los Pirineos. La verdad es que deberíamos decir, mejor que el Camino de Santiago, los caminos de Santiago ya que no había uno solo sino muchos ramales para llegar a Santiago de Compostela a través de los Pirineos como describiré a continuación.

Aragón tiene por tanto un rico patrimonio ligado a los caminos antiguos .Son los restos de las calzadas romanas, caminos de peregrinación, cabañeras y otras vías de comunicación entre los pueblos. La deliciosa guía de peregrinos “Liber Peregrinationis” que forma parte del Codex Calixtinus y que fue escrita en el siglo XII por el clérigo francés y Capellán de Vezelay, Aymerich Picaud menciona varias rutas para atravesar los pirineos.

Es verdad que la ruta más importante era la que partía de Oloron y remontaba el valle del Aspe hasta la cumbre pirenaica de Somport, el Summo Portu de los romanos, y discurría por el valle del Aragón llegando a Jaca. Es esta ruta la que empieza a adquirir mayor importancia en el siglo XI desde que Ramiro I, alrededor del año 1035 hace de Jaca la capital del Reino de Aragón.

Zona de recorrido de la ruta antigua del Camino

Desde antiguo los peregrinos europeos que atravesaban el Pirineo por su parte central utilizaban las viejas calzadas romanas aunque parece que a partir de la primera mitad del siglo XI el paso por el puerto de Somport tiene mas importancia ya que el auge del comercio continental, la mayor comodidad por ser un puerto más suave y el protagonismo de Jaca lo propician. Esta ruta era la alternativa del Camino más utilizada en Aragón, cruzando lugares como Canfranc, Villanúa, Castiello y Jaca y continuando luego hacia el oeste siguiendo el curso del río Aragón.

Otra ruta de nuestra tierra también utilizada por los peregrinos que atravesaban el Pirineo central y que entró en declive coincidiendo con el auge del paso de Somport, era la calzada romana Bearne- Cesaraugusta que atravesaba el puerto de El Palo, y bajaba hasta el monasterio de Siresa, del que se conserva la imponente iglesia románica. Descendía después por la Val d’Echo buscando la canal de Berdún. De la importancia que tuvo esta ruta hasta el año 1000 aproximadamente, hablan sobradamente los documentos de dicho Monasterio.

Emplazamiento del antiguo Hospital de SecotorNo obstante la que ahora centrará nuestra atención era una, que aunque menos utilizada si existía, y que procedente de Urdos y del Hospital de Gabas, cruzaba el Pirineo por Portalet. Esta ruta pasaba por el Hospital de Secotor y la localidad de Sallent y continuaba por el valle de Tena y la Val Ancha hasta unirse en Jaca con las anteriores. Es por ello que nuestra comarca alto aragonesa también fue en su día protagonista del paso de peregrinos aunque en menor cuantía, eso si, que otras rutas.

Los caminos y sus alternativas eran, desde luego, numerosos y la propia guía “Liber Peregrinationis”, de recomendable lectura para todo el que acometa alguna vez en su vida el Camino, describía rutas secundarias. Una de ellas era la de nuestra comarca del Serrablo, que cruzaba el Pirineo por Portalet y que se corresponde con la alternativa francesa de Ossau o del Piamonte. Esta ruta venia de Francia por Saint-Pé-de-Bigorre; Lestelle-Bétharram; Asson; Brujas; Hospital de Mifaget:, Sainte-Colome; Louvie-Juzon; Biela; Laruns; Hospital de Gabas y alcanzaba así el Col de Portalet.

Hay que decir que una vez establecido el camino principal cobraron también mayor desarrollo los que cruzaban el Pirineo por otras rutas, como ésta que entraba por Portalet descendiendo por el delicioso valle de Tena hasta el Serrablo y Sabiñanigo. El camino pasaba entonces junto a las iglesias mozárabes de Gavín, Susín, Busa y Larrede, para enlazar con Jaca.

Por estas vías de penetración fueron llegando influencias europeas, contribuyendo así a la formación del estilo románico, que en nuestra tierra se vio enriquecido por las aportaciones orientales de origen musulmán. Estas iglesias de nuestra comarca, de caracteres por tanto muy peculiares, proceden de la segunda mitad del siglo X, y en ellas se refugiaron, al parecer, los monjes mozárabes del Somontano, siendo testigos del paso de peregrinos del Camino.

Centraremos entonces nuestra atención en esta ruta primitiva que seguían los peregrinos, llamada tolosana (por Toulouse) y que partiendo de Oloron, atravesaba los Pirineos por la Gave d`Ôssau, para pasar el puerto del Portalet. Ya en nuestra tierra bajaba por el valle de Tena y por iglesias ya desaparecidas como Santa Maria de Lartosa, llegando a Biescas y tomando después dirección a Jaca. Esta es, como ya he dicho, la que atravesaba nuestra comarca del Serrablo.

Desde el valle bearnes de Ossau se franqueaba la cadena pirenaica a través del paso del Portalet, pasando por el hospital de Secotor. El camino llegaba a Sallent. Es por tanto curioso comprobar que en Valle de Tena existieron cuatro cofradías de infanzones, las de Sallent, Panticosa, Tramacastilla y Escarrilla todas ellas bajo la advocación del Señor Santiago por lo, que probablemente deban su nombre al paso de peregrinos por sus territorios.

La tradición del Camino Jacobeo a través del Valle de Tena viene avalada por la existencia en este valle de dos hospitales de peregrinos. Uno de ellos era el de Secotor, de enorme nave y descrito por el Padre Fray León Benito Marton en su libro “Sallent, cabeza del valle de Tena, sus antigüedades y varones insignes que ha tenido en armas y letras”. Este hospital estaba situado entre la frontera francesa y Sallent, en el actual “corral de las mulas” de Formigal y por tanto en la entrada al valle de Tena.

La ruta pasaba entonces por pueblos del Valle de Tena, como la Villa de Sallent, resguardada junto a la peña Foratata, y que en la edad media era la población más grande del valle. Tras vadear el río Aguas limpias, pasaba por Lanuza y por el fondo del valle, ahora anegado por el embalse, rodeaba el estrecho de Escarrilla hasta llegar a El Pueyo.

Desde el Pueyo, y coincidiendo probablemente con el trazado de la calzada romana que subía al Balneario de Panticosa, el camino cruzaba el río Gállego por el llamado puente nuevo, hoy bajo las aguas del embalse de Bubal, para llegar a Polituara. Aguas debajo de esta población, el puente del Milano, del que aún se aprecian restos, permitía volver a la orilla izquierda del Gállego.

Siguiendo por esta orilla y una vez atravesado el delicioso valle de Tena se llegaba al paso natural del congosto de Santa Elena. Aunque en aquella época no estaba el fuerte ni la ermita este bello paraje, donde el río Gallego se constriñe y lo atraviesa el puente de los Canónigos, ha sido lugar de paso obligado desde tiempo inmemorial y punto estratégico para todas las comunicaciones por el valle desde la Edad Media,

Aquí se construyeron dólmenes y se sacralizaron manantiales y cuevas, que al paso de los siglos fueron cristianizados, se edificó un hospital para el sosiego de los caminantes, peregrinos y viajeros y finalmente se fortificó el paso para hacer frente a posibles invasiones. Ahora el lugar sigue siendo a mi juicio un espacio singular donde se conjugan la naturaleza, la historia y los cultos heredados de épocas pretéritas.

Santa ElenaHay que decir aquí que en las cercanías del santuario de Santa Elena se han hallado vestigios, entre los que destaca casualmente un fragmento de concha de peregrino, que vienen a refrendar la teoría del trasiego de los peregrinos jacobeos. Además en esta zona existía el segundo hospital del Camino en el valle de Tena llamado de “San Martín de Closura”. De él no se conserva ningún resto arqueológico ni casi apenas referencias documentales pero se ubicaría seguramente muy cerca del actual emplazamiento del Santuario.

Podemos pensar que el hospital de San Martín de Closura se encontraba pues en algún punto situado en la margen derecha del río Gállego y en las cercanías de Santa Elena. Era propiedad del Hospital de Nuestra Señora de Secotor en Sallent y subsidiariamente del de Santa Cristina de Somport. Debió de ser una pequeña iglesia con albergue adosado donde se reconfortaban los peregrinos una vez rebasadas las fatigas pirenaicas y con un cementerio donde darían sepultura a los fallecidos en el camino.

Aunque su ubicación exacta aún nos sea desconocida es probable que perduren restos arqueológicos que algún día salgan a la luz. De hecho en el año 1932, a la vez que se excavaban dos restos megalíticos en la zona, D. Martín Almagro, profesor de Prehistoria de la Universidad de Madrid hizo una exploración somera de un cementerio allí situado, concluyendo que era de época medieval.

Posiblemente, en recuerdo a la pequeña congregación de monjes que allí hubo, el audaz puente que cruza el Gállego en esta zona se llama Puente de los Canonjes o Canónigos. Desde este punto, el camino cruzaría por este puente y alcanzaría la población de Santa Engracia, hoy desaparecida.

Una vez superados estos tortuosos estrechos pirenaicos el Camino seguiría la orilla izquierda del Gállego para llegar a Biescas, donde el valle se abre en una amplia y fértil vega. No obstante el cercano Monasterio medieval de San Pelay de Gavín, debió atraer seguramente también a numerosos peregrinos. Biescas ha gozado siempre de una privilegiada situación geográfica, en una encrucijada de calzadas romanas, caminos reales y vías de comunicación que atravesaban el único puente posible para acceder hacia Sabiñánigo.

El trazado del Camino se puede rastrear en los numerosos topónimos existentes y en la advocación de algunos templos. Así, las iglesias de Olivan, Cartirana, Latas y Arguisal, todas ellas en el itinerario jacobeo aquí descrito o muy cercanas a él, están dedicadas a San Martín, Santo galo cuyo culto fue difundido por los carolingios a partir del siglo IX.

Esta ruta que atravesaba longitudinalmente de norte a sur el valle de Tena, la tierra de Biescas y parte del Serrablo, pasaba por los pueblos de Oros Alto, Oros bajo, Olivan, Susin, San Juan de Busa, Larrede, Senegüe y Aurín . La localidad de Aurín era entonces una villa importante como demuestra que parte de su territorio fue concedido por el Rey Alfonso I, en 1131, a San Juan de la Peña.

El camino descrito seguía al menos en algunos tramos la antigua calzada romana que comunicaba el Balneario de Panticosa hasta la zona del Serrablo, Llegado al actual emplazamiento de Sabiñánigo, que como es lógico pensar no existía todavía en los tiempos de peregrinaciones, el camino viraría hacia el oeste, siguiendo la Bal Ancha para continuar luego hacia el oeste buscando a ya afamada localidad de Jaca.

En las cercanías del actual Sabiñánigo, este camino pasaría por la localidad serrablesa de Larrés.

En el siglo XI se construyó una torre defensiva aunque no sería hasta finales del siglo XIV y comienzos del XV cuando se levantó el actual castillo, que fue ampliado en el siglo XVI.

Posiblemente el Camino pasase también por lugares como el Monasterio de Santa María de Arrasul, ya que su construcción se realizo probablemente ya en el siglo XI. Se llegaba a él remontando el curso del río Aurín, en las cercanías de Larrés. En la margen izquierda del río Aurín están aún las ruinas del monasterio de Arrasul, en la pardina que conserva el topónimo de este cenobio prerrománico, siendo de sencilla hechura y de un románico muy arcaico.

La documentación de San Juan de la Peña da puntual noticia de este pequeño cenobio de fundación particular, y en ella consta que el mismo pertenecía a la familia del señor Jimeno Sanchones de Sabiñánigo y que su hija Lupa lo entregó con todos sus bienes, al de San Juan de la Peña en el año 1105. En 1620, el Abad Briz, cita a Santa María de Arrasul, en su obra “Historia de la fundación y Antigüedades de San Juan de la Peña”, como antiguo monasterio dependiente del mismo.

Por último en Jaca esta ruta enlazaba con la principal de Somport, por lo que se entiende la importancia de esta localidad en el Camino. Hay que señalar que el Rey Sancho Ramírez la convierte en la primera ciudad del Camino de Santiago y en la capital del reino de Aragón con estas palabras: “Sepan todos los hombres que están hasta Oriente, Occidente, Septentrión y Meridional, que yo quiero constituir una ciudad en mi villa que es llamada Jaca”.

Por ello se ha documentado que nuestra comarca del Serrablo, aun en tiempos pretéritos, fue testigo también del paso de peregrinos y de ello han quedado vestigios como se ha comentado. Es una pena que otras rutas originasen su declive pero en todo caso hay que decir aquí que nuestra comarca ha hecho también, de alguna manera, historia en el Camino.